PREAMBULO
Es un honor haber sido invitado a escribir este Preámbulo. Mi meta debe ser exponer brevemente lo que en el transcurso de los años ha significado para mí un cuidadoso estudio de este importante volumen.
Desde los tiempos antiguos, asociaciones de hombres y mujeres ligados por juramentos y obligaciones dentro de las hermandades esotéricas han transmitido y dado testimonio de una inclinación natural a perpetuar creencias que condujeron hacia el bien la humanidad.
Con el crecimiento de la conciencia social, estas sociedades secretas pasaron a ser los custodios de los más altos conceptos culturales. Sus ritos de iniciación eran representaciones simbólicas, adecuadas para inspirar veneración hacia los Misterios Divinos, y admiración hacia los poderes de la naturaleza y de Dios. Originalmente, la mayoría de las mitologías de las naciones clásicas eran rituales de sociedades secretas; y es un error asumir que las culturas más antiguas aceptaban como literal la teología y las elaboradas leyendas encontradas en sus tradiciones.
Históricamente, las sociedades secretas estaban estrechamente identificadas con las religiones de estado. Se cree que el conocimiento básico había sido conferido por los dioses en una época remota. Las filosofías esotéricas siempre han sido enseñadas por medio de organizaciones secretas en las cuales los candidatos eran aceptados solo después de haber recibido una preparación adecuada y ritos de iniciación. Estas hermandades espirituales de eruditos, sabios y místicos han abundado entre todos los pueblos, antiguos y modernos, y en todas las partes del mundo.
En el plan de los Misterios, cada individuo debía desarrollarse dentro de la comprensión de la verdad. Antes de ser encomendado a los poderes divinos de la mente y la voluntad, el hombre debe aceptar el conocimiento como una responsabilidad hacia su Creador y su mundo, más que una oportunidad para el adelanto de sus ambiciones personales. Los maestros de los Misterios enseñaban prácticas y disciplinas secretas a través de las cuales los estudiantes debidamente cualificados podían desarrollar las potentes y latentes capacidades dentro del alma y así llegar a la comunicación consciente con las realidades espirituales.
A los iniciados de las sociedades filosóficas se les atribuía poseer facultades y poderes extraordinarios. Disfrutaban el premio especial de las divinidades, hacían milagros, y fueron merecedores del título “Dos Veces Nacido”, ya que habían vuelto a nacer desde la matriz de los Misterios. Estos adeptos-filósofos eran seres humanos realmente evolucionados. La mayoría de las artes y ciencias que enriquecieron al mundo moderno fueron descubiertas, desarrolladas y en muchos casos perfeccionadas por estos filósofos y sacerdotes iniciados.
El saber fue reconocido como la búsqueda más adecuada para las capacidades del hombre. Pero el saber era siempre el medio, nunca el fin. El fin de las ciencias sagradas era la abstracción del alma humana desde la esclavitud a los sentidos y su preparación para recibir dentro de ella la luz de las amplias verdades. Algunos hombres son naturalmente adaptables hacia el aprendizaje superior ya que poseen la integridad de motivación, la paciencia del esfuerzo y la visión de los fines ---estas trabajaban hacia el mejoramiento del alma y protegían el progreso iluminador sobre cualquier otra consideración. Aquellos de diferente opinión se oponían a las Escuelas de los Misterios.
Era inevitable que los iniciados de los Misterios debían unirse en contra de las fuerzas que buscaban su extinción. Así que aunque la doctrina secreta, con su cuerpo de discípulos, funcionaba más o menos abiertamente en la sociedad antigua, más tarde paso casi por completo del quehacer público. Esta circunstancia no debe ser interpretada como una desviación de algún plan o propósito. Las escuelas esotéricas permanecieron como una poderosa fuerza para la regeneración de las instituciones humanas.
Aquellos que no entienden las ciencias espirituales cuestionan su uso de símbolos, mitos y figuras inusuales empleadas para ocultar la enseñanza esencial. Recordemos que estas “nubes” no eran parte de la doctrina original, más necesariamente fueron hechas por la intolerancia y el fanatismo. El uso de comunicación indirecta estaba completamente basado en consideraciones prácticas. Permanecer en el anonimato era la mejor forma de prevenir una repetición del desastre que le ocurrió a los Caballeros Templarios. Los “velos” que ocultaban el arcano de los Misterios no fueron utilizados para encubrir la ignorancia, sino para proteger la sabiduría, y en Europa, ésta fue protegida por mil años.
Obviamente, los secretos de los Misterios son metafísicos, filosóficos y esotéricos; y están relacionados con procesos que se llevan a cabo dentro de los campos de la psiquis humana durante la práctica de las disciplinas espirituales. El discipulado termina con el logro de una capacidad interna apropiada para la realización de la tradición esotérica. Por conciencia expandida, las disciplinas le dan al iniciado la supremacía práctica sobre aquello que se aprende y la conciencia constante del uso adecuado del aprendizaje superior.
Si estas academias sagradas solo enseñaran doctrinas científicas, intelectuales, éticas o culturales adelantas a su época, solo podrían producir eruditos. Los iniciados de la tradición esotérica nunca fueron considerados meramente como intelectuales brillantes. Desde el Memphis de paredes blancas hasta el Ellora labrada en piedra, estos fueron honrados por practicar una dimensión superior del conocimiento esencial. La historia conserva los registros de numerosas personas, que vivían en épocas diferentes y en varios lugares, que han exhibido un conocimiento y destrezas que no pueden ser explicadas según los actuales estándares del conocimiento. No podemos ignorar los testimonios de hombres tan sabios como Pitágoras, Buda y Plotino. La mayoría de los miembros más nobles de nuestra raza han expresado su profunda admiración por las instituciones esotéricas que abundaban para su propia época. No reconocer las ciencias esotéricas es despreciar mucho de lo que se ha contribuido para el adelanto y el mejoramiento del estado humano durante los últimos cinco mil años. Hay una orden divina para el aprendizaje que es superior al conocimiento mundano y está disponible ---esta época es la más adecuada para la posterior restauración de esta tradición sagrada.
El adeptado es el estado de completa madurez espiritual, mientras esto le sea posible a un miembro de la familia humana. La insuficiencia en nada es necesaria para una vida de sabiduría; el adepto es suficiente para sus propias necesidades y capaz de determinar ese camino de acción personal que es más propenso a contribuir con la iluminación. Los adeptos anuncian el estado de humanidad cuando éste haya logrado la completa libertad de sus facultades y poderes. Por ende, el adepto es el que verdaderamente más ha evolucionado dentro de nuestra especie. Por consiguiente, los adeptos, considerados como los ciudadanos de un imperio invisible de los elegidos filosóficos, constituyen los hermanos mayores heróicos, los custodios y protectores de la humanidad. Como intérpretes de los Misterios, son los verdaderos educadores e iluminadores. Como redimidos, los servidores del propósito Divino; constituyen una fuerza poderosa, creativa y de dirección en el mundo.
Por lo tanto, la ciencia de la vida es la ciencia suprema; y el arte de vivir, la más bella de las artes. Siempre han habido buscadores de la verdad que quieren reconocer la soberanía de lo eterno sobre lo temporero. Estos se han dedicado a la supremacía de la vida y han perpetuado, de generación en generación, el conocimiento y destreza que han acumulado. Este cuerpo de conocimiento esencial es la tradición esotérica. Las instituciones que perpetuaron esta tradición son las Escuelas de los Misterios y los graduados de estas escuelas son los adeptos.
Este volumen revela que el saber y leyenda del mundo, las escrituras y los libros sagrados y los grandes sistemas filosóficos dicen la misma historias La ambición humana puede producir al tirano; la aspiración divina producirá al adepto. Entonces, me parece que este es el mensaje importante del tomo enciclopédico de Manly P. Hall. Así que mi más sincero deseo es que esta contribución de nuestro amigo pueda significar mucho para su vida, como lo significa para la mía.
Henry L. Drake, Vicepresidente
The Philosophical Research Society
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Traducción del original en inglés Foreword de la Edición Jubileo de Diamante del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. Sánchez & Rivera, Traductoras. Junio 2011, Revisado Septiembre 2014. madias85@yahoo.com
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