Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

viernes, 30 de octubre de 2026

LAS ONDINAS - Los Elementos y sus Habitantes

 


LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Las Ondinas
 
De la misma forma que la función de los gnomos se limitaba a los elementos de la tierra, así también las ondinas (un nombre otorgado a la familia de los elementales del agua) funcionaban en la esencia invisible y espiritual llamada éter húmedo (o líquido).  En su proporción vibratoria, esto se acerca al elemento del agua; por esta razón, las ondinas son capaces de controlar, hasta un grado mayor, el curso y la función de este fluido en la Naturaleza.  La belleza parece ser la clave de los espíritus del agua.  Dondequiera que se muestren en el arte o en las esculturas, abundan en simetría y gracia.  Debido al hecho de que controlan el elemento del agua   ---que siempre ha sido un símbolo femenino---   es natural que los espíritus del agua con frecuencia sean simbolizados como femeninos.
 
Hay muchos grupos de ondinas.  Algunas habitan en las cascadas, donde pueden verse en el rocío; otras son nativas de los ríos que corren rápidamente; algunas tienen su hábitat en las empapadas y rebosadas turberas o humedales; mientras que otros grupos moran en los claros lagos de las montañas.  Según los filósofos de la antigüedad, cada fuente tenía su ninfa; cada ola del océano tenía su oceánida.  Los espíritus del agua se conocían bajo nombres como oréades, nereidas, limnades, náyades, duendecillos del agua, doncellas del mar, sirenas y potámides.  Con frecuencia, las ninfas del agua derivaban sus nombres de las corrientes, lagos o mares en los cuales moraban.
 
Al describir a las ondinas, los antiguos concordaban en algunas características destacadas.  En general, casi todas las ondinas tenían una estrecha semejanza en apariencia y tamaño con los seres humanos; aunque las que habitaban en pequeñas corrientes y fuentes tenían proporciones correspondientemente menores.  Se creía que estos espíritus del agua en ocasiones eran capaces de adoptar la apariencia de seres humanos normales y que realmente se asociaban con hombres y mujeres.  Hay muchas leyendas sobre esos espíritus y sobre su adopción por las familias de pescadores, pero en casi todos los casos, las ondinas escuchaban el llamado de las aguas y regresaban al reino de Neptuno, el Rey del Mar.
 
No se conoce prácticamente nada con relación a las ondinas masculinas.  Los espíritus del agua no establecían hogares como lo hacían los gnomos; más bien vivían en cuevas de corales debajo del océano o entre los juncos que creían en las riberas de los ríos o de los lagos.  Entre los celtas existe una leyenda al efecto de que antes de la llegada de sus actuales habitantes, Irlanda fue poblada por una extraña raza de criaturas semidivinas; con la llegada de los modernos celtas, esta raza se retiro a los pantanos y tuberas, donde aún permanecen.  Diminutas ondinas vivían debajo de nenúfares y en pequeñas casas de musgo rociado por cascadas.  Las ondinas trabajaban con las esencias vitales y los líquidos en plantas, animales y seres humanos, y estaban presentes en todo lo que contenía agua.  Cuando eran observadas, las ondinas generalmente se asemejaban a las diosas del estatuario griego.  Salían del agua envueltas en rocío y no podían existir por mucho tiempo alejadas de ella.
 
Hay muchas familias de ondinas, cada una con sus peculiares limitaciones.  En este capítulo es imposible considerarlas en detalle.  Aman y honran, y le sirven incansablemente, a su gobernante, Necksa.  Se dice que su temperamento es vital, y a ellas le ha sido otorgado como su trono el lado oeste de la creación.  Son seres emocionales, amigos de la vida humana y le sirven con cariño a la humanidad.  A veces, se muestran cabalgando sobre delfines u otros grandes peces y aparentan tener un amor especial hacia las flores y hacia las plantas, a quienes sirven casi tan devota e inteligentemente de la misma forma que lo hacen los gnomos.  Los antiguos poetas han dicho que las canciones de las ondinas eran escuchadas en el viento del oeste y que sus vidas se consagraban al embellecimiento de la tierra material. 
 
 
Traducción del original en inglés The Undines del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 

UNA SALAMANDRA - Imagen - Los Elementos y sus Habitantes

 



De Auslegung von 30 magischen Figuren de Paracelso.
 
 
UNA SALAMANDRA, SEGUN PARACELSO.
 
Los egipcios, caldeos y persas a veces confundían a las salamandras con dioses debido a su radiante esplendor y gran poder.  Siguiendo el ejemplo de antiguas naciones, los griegos deificaron a los espiritus del fuego y en su honor mantenían incienso y altares de fuego quemando perpetuamente.
 
 

Traducción del original en inglés A Salamander, According to Paracelsus, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 


LAS SALAMANDRAS - Los Elementos y sus Habitantes

 


LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Las Salamandras
 
 
El tercer grupo de elementales es el de las salamandras, o espíritus de fuego, que viven en ese atenuado y espiritual éter que es el invisible elemento del fuego en la Naturaleza.  El fuego material no puede existir sin ellas; un cerillo no puede ser golpeado, ni la piedra ni el hierro podrán dar su chispa sin la ayuda de una salamandra que inmediatamente aparece (así lo creían los místicos medievales), evocada por la fricción.  El hombre es incapaz de comunicarse exitosamente con las salamandras debido al elemento ardiente en el cual ellas moran, ya que todo se reduce a cenizas para volver a su existencia.  Los filósofos del mundo antiguo fabricaban muchas clases de inciensos por medio de compuestos de hierbas y perfumes especialmente preparados.  Cuando el incienso era quemado, los vapores que salían servían especialmente como medio de expresión de estos elementales quienes, al tomar prestado el efluvio etéreo del humo del incienso, eran capaces de hacer que se sintiera su presencia.
 
Las salamandras son tan variadas en su agrupación y disposición como las ondinas y los gnomos.  Hay muchas familias de estas salamandras que se diferencian en apariencia, tamaño y dignidad.  A veces, las salamandras eran visibles como pequeñas bolas de luz.  Paracelso dice: “Las salamandras han sido vistas con forma de ardientes bolas, o lenguas de fuego, corriendo sobre los campos o acompañando en casas”.  (Filosofía Oculta, traducido por Franz Hartmann).
 
Los investigadores medievales de los espíritus de la Naturaleza opinaban que la forma más común de las salamandras era la forma de un lagarto, de un pie o más de longitud, tan visible como una brillante Urodela, retorciéndose y gateando en medio del fuego.  Otro grupo de salamandras fue descrito como enormes gigantes flameantes con fluidas vestimentas, protegidos con hojas de ardiente armadura.  Algunas autoridades medievales, entre las cuales está el Abad de Villars, decían que Zarathustra (Zoroastro) era el hijo de Vesta (que se creía  era la esposa de Noé) y la gran salamandra  Oromasis.  Por consiguiente, desde esa época en adelante, se han mantenido fuegos eternos sobre los altares persas en honor al ardiente padre de Zarathustra.
 
Una subdivisión muy importante de las salamandras era la de los Acthnici.  Estas criaturas solo aparecían como orbes borrosos.  Se suponía que estos flotaran de noche sobre el agua y que en ocasiones aparecieran como horquillas de llamas de fuego sobre los mástiles y aparejos de los barcos (el fuego de San Elmo).  Las salamandras eran los elementales más fuertes y poderosos, y tenían como gobernante un magnifico espíritu ardiente llamado Djin, que tenía terrible y sorprendente apariencia.  Las salamandras eran peligrosas y los sabios fueron advertidos a apartarse de ellas debido a que los  beneficios derivados de investigarlas a veces no eran acordes con el precio que se tenía que pagar.  Como los antiguos asociaban el calor con el Sur, este rincón de la creación le fue asignado a las salamandras como su trono; y estas ejercían una especial influencia sobre todos los seres de temperamento ardiente o tempestuoso.  Tanto en los animales como en los hombres, las salamandras obran a través de la naturaleza emocional por medio del calor del cuerpo, del hígado y el flujo sanguíneo.  Sin su ayuda, no existiría el calor.
 
 
Traducción del original en inglés The Salamanders del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 
 
 
Fuego de San Elmo   -   Arte de Enrique García Lozano
 

UN SILFO - Imagen - Los Elementos y sus Habitantes

 


 

De un boceto realizado por Howard Wookey.
  
 
UN SILFO.
 
Los silfos eran entidades volátiles y cambiantes que iban y venían con la rapidez de un relámpago.  Trabajaban a través de los gases y éteres de la Tierra y tenían una amable disposición hacia los seres humanos.  Casi siempre eran representados con alas, en otras ocasiones  se representaban como pequeños querubines, y en otras ocasiones como delicadas hadas.
 
 
Traducción del original en inglés A Sylph, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com



SILFOS, LOS - Los Elementos y sus Habitantes

 


LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
 
Los Silfos
 
 
Mientras los sabios decían que la cuarta clase de elementales, o silfos, vivían en el elemento del aire, no se referían a la atmósfera natural de la Tierra, más bien al invisible e intangible medio espiritual   ---una substancia etérea similar en composición a nuestra atmósfera, pero mucho más sutil.  En el último discurso de Sócrates, según fue preservado por Platón en su Phædo, el condenado filósofo dice:
 
“Y sobre la tierra hay animales y hombres, algunos están en una región central, otros [elementales] moran alrededor del aire de la misma forma que moramos alrededor del mar; otros están en islas que el aire envuelve, cerca del continente; y en una palabra, ellos utilizan el aire de la misma forma que nosotros utilizamos el agua y el mar, y para ellos el éter es lo que el aire es para nosotros.  Por otra parte, el temperamento de sus estaciones es tal que no tienen enfermedades [Paracelso discute ésto], y viven por mucho más tiempo que nosotros, y tienen visión y audición y olfato y todos  los otros sentidos en una perfección mucho mayor de la misma forma que el aire es más puro que el agua o de la misma forma que el éter es más puro que el aire.  También tienen templos y lugares sagrados en donde los dioses realmente moran y escuchan sus voces y reciben sus respuestas; y están conscientes de ellos y conversan con ellos; y ven el sol, la luna y la estrellas como realmente son, y sus otras bendiciones son un pedazo de esto”.  Mientras se creía que los silfos vivían entre las nubes y el aire que las rodeaba, su verdadero hogar estaba sobre las cúspides de las montañas.
 
En sus notas editoriales de las Ciencias Ocultas de Salverte, Anthony Todd Tomson dice: “Evidentemente, los Elfos y las Hadas son de origen escandinavo, aunque se supone que el nombre Hada se derive de, o más bien [sea] una modificación del Peri persa, un imaginario ser benevolente, cuya competencia era proteger a los hombres de las maldiciones de los espíritus malignos; pero es muy probable que se refiera al Fagur gótico, de la misma forma que el término Elfos se deriva de Alfa, el apodo general de toda la tribu.  Si esta derivación del  nombre Hada es aceptada, podemos fechar el comienzo de la creencia popular en las Hadas británicas en el período de la conquista danesa.  Se suponía que estas hadas fuesen diminutos seres aéreos, bellos, dinámicos y beneficiosos en su intercambio con los mortales, que habitaban una región llamada Tierra de Hadas, Alf-heinner; que comúnmente aparecían en intérvalos sobre la tierra   ---cuando dejaban rastros de sus visitas en  bellos aros verdes, donde la capa cubierta de rocío había sido pisada en sus bailes a la luz de la luna”.
 
A los silfos, los antiguos les  otorgaron el trabajo de moldear los copos de nieve y de reunir nubes.  Esto último lo lograron con la cooperación de las ondinas, quienes proveían la humedad.  Los vientos eran su vehículo particular y los antiguos se referían a ellos como los espíritus del aire.  Son los elementales más altos  y su elemento nativo era el más alto en proporción vibratoria.  Viven cientos de años, a veces llegaban a vivir mil años y parecería que nunca envejecerían.  El líder de los silfos se llama Paralda, de quien se dice que mora en la montaña más alta de la Tierra.  Los silfos femeninos fueron llamados sílfides.
 
Se cree que los silfos, las salamandras y las ninfas tenían mucho que ver con los oráculos de los antiguos; de hecho, ellos eran quienes hablaban desde las profundidades de la Tierra y desde lo más alto en el aire.
 
Con frecuencia  los silfos adoptan formas humanas, pero aparentemente, solo lo hacen por cortos períodos de tiempo.  Su tamaño varía, pero en la mayoría de los casos no son más altos que los seres humanos y a veces son considerablemente más pequeños que los seres humanos.  Se dice que los silfos han aceptado a los seres humanos dentro de sus comunidades y les han permitido vivir allí por un período considerable; de hecho, Paracelso escribió sobre este suceso, pero por supuesto, esto no pudo haber ocurrido mientras el extranjero humano estaba en su cuerpo físico.  Algunos creen que las Musas de los griegos fueron silfos, ya que se dice que estos espíritus se reunían alrededor de la mente del soñador, del poeta y del artista y lo inspiraban con su íntimo conocimiento de las bellezas y los trabajos de la Naturaleza.  A los silfos se les otorgó el rincón este de la creación.  Su temperamento es alegre, cambiante y excéntrico.  Supuestamente, las cualidades peculiares que les son comunes a los hombres de genio son el resultado de la cooperación de los silfos, cuya ayuda también trae, con esta cooperación, la inconsistencia sílfica.  Los silfos trabajan con los gases del cuerpo humano y, de forma indirecta, con el sistema nervioso, donde su inconsistencia nuevamente se vuelve aparente.  No tienen domicilio fijo, más bien se trasladan de lugar a lugar   ---son nómadas elementales, poderes invisibles, pero siempre presentes en la actividad inteligente del universo.
 
 
Traducción del original en inglés The Sylphs, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 

NO JUZCO, RECONOZCO.

 


NO JUZGO, RECONOZCO.




OBSERVACIONES GENERALES - Los Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Observaciones Generales
 
 
A diferencia de Paracelso, algunos antiguos compartían la opinión de que los reinos elementales eran capaces de hacer guerras unos sobre otros, y en las batallas de los elementos reconocían desacuerdos entre estos reinos de los espíritus de la Naturaleza.  Cuando un relámpago golpeaba una roca y la fragmentaba, los antiguos creían que las salamandras estaban atacando a los gnomos.  Como no podían atacarse unos a otros en el plano de sus propias y peculiares esencias etéricas, debido al hecho de que no había correspondencia vibratoria alguna entre los cuatro éteres de los cuales se componían estos reinos, tenían que atacar a través de un denominador común, es decir, la substancia material del universo físico sobre el cual tenían una cantidad específica de poder.
 
Las guerras también se peleaban dentro de los mismos grupos; un ejército de gnomos atacaba a otro ejército, y podría darse una guerra civil entre ellos.  Los filósofos de hace mucho tiempo atrás resolvían los problemas de las aparentes inconsistencias de la Naturaleza individualizando y personificando todas sus fuerzas, acreditándoles temperamentos que no eran diferentes a los humanos y esperando que exhibieran típicas inconsistencias humanas.  Los cuatro signos fijos del zodíaco les fueron asignados a los cuatro reinos de elementales.  Se dice que los gnomos eran de la naturaleza de Tauro; las ondinas eran de la naturaleza de Escorpio; las salamandras ejemplificaban la constitución de Leo; mientras que los silfos manipulaban las emanaciones de Acuario.
 
La Iglesia Cristiana reunía a todas las entidades elementales bajo el título de demonio.  Este es un nombre inapropiado que tiene consecuencias de gran alcance ya que para la mente promedio la palabra demonio significa una cosa mala, y los espíritus de la Naturaleza no son, en esencia, más malévolos que los minerales, plantas y animales.  Muchos de los antiguos Padres de la Iglesia afirmaban haber conocido y debatido con elementales.
 
Como ya se ha dicho antes, los espíritus de la Naturaleza no tienen esperanza de inmortalidad, aunque algunos filósofos han sostenido que, en casos aislados, la inmortalidad era conferida sobre ellos por adeptos e iniciados que entendían algunos principios sutiles de los mundos invisibles.  De la misma forma que la desintegración se lleva a cabo en el mundo físico, también se lleva a cabo en la contraparte etérea de la substancia física.  Bajo condiciones normales en la muerte, un espíritu de la Naturaleza simplemente se disuelve dentro de la primordial esencia transparente de la cual originalmente se individualizó.  Cualquier crecimiento evolutivo que se haya hecho está registrado únicamente en la conciencia de esa esencia o elemento primordial, y no en la entidad temporeramente individualizada del elemental.  Al estar sin el organismo compuesto del hombre y al carecer de sus vehículos espirituales e intelectuales, los espíritus de la Naturaleza son subhumanos en su inteligencia racional, pero de sus funciones   ---que están limitadas a un elemento---   ha resultado una clase especializada de inteligencia que está más adelantada del hombre en aquellas líneas de investigación peculiares al elemento en el cual existen.
 
Los Padres de la Iglesia han aplicado indiscriminadamente los términos íncubos y súcubos  a los elementales.  Sin embargo, los íncubos  y los súcubos  son creaciones malignas y no naturales, mientras que elementales es un término colectivo para todos los habitantes de las cuatro esencias elementales.  Según Paracelso, los íncubos y los súcubos (que son masculinos y femeninos respectivamente) son criaturas parasitarias que subsisten sobre los pensamientos y emociones malignas del cuerpo astral.  Estos términos también se aplican a los organismos superfísicos de los hechiceros y magos negros.  Aunque estas larvas no son seres imaginarios, son, sin embargo, los vástagos de la imaginación.  Los antiguos sabios reconocían a estas larvas como la causa invisible de los vicios, ya que ellas se desplazaban en los éteres que rodeaban a los moralmente débiles y continuamente los incitaban a cometer excesos de una naturaleza degradante.  Por esta razón frecuentaban la atmósfera de las madrigueras de marihuana, las tabernas y los burdeles, donde se adherían  a aquellos desafortunados que se habían rendido a la iniquidad.  Al permitir que sus sentidos se amortigüen por medio de la indulgencia a las drogas que causan hábito o a los estimulantes alcohólicos, el individuo temporeramente se relaciona con estos habitantes del plano astral.  La mujer bella y seductora vista  por el adicto al hachís o el opio y los morbosos monstruos que persiguen a la víctima de delirium tremens son ejemplos de seres submundanos, visibles solo para aquellos cuyas prácticas malignas son el imán de su atracción.
 
El vampiro, que Paracelso define como el cuerpo astral de una persona viva o muerta (usualmente se refiere al último estado), difiere ampliamente de los elementales y también de los íncubos y los súcubos.  El vampiro busca prolongar la existencia sobre el plano físico al robar las energías vitales de los vivos y al apropiarse indebidamente de estas energías para sus propios fines.
 
En su De Ente Spirituali, Paracelso escribe lo siguiente sobre estos seres malignos: “Estos seres no pueden volver obsesivas a las personas saludables y puras, porque estas Larvas solo pueden actuar sobre los hombres si estos últimos hacen espacio para ellas en sus mentes.  Una mente saludable es un castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su amo; pero si estas larvas son autorizadas a entrar, levantan las pasiones de los hombres y las mujeres, les crean deseos, producen malos pensamientos que actúan nocivamente sobre el cerebro; afilan el intelecto animal y sofocan el sentido moral.  Los espíritus malignos solo obsesionan a aquellos seres humanos en quienes predomina la naturaleza animal.  Las mentes que son iluminadas por el espíritu de la verdad no pueden ser poseídas; solo aquellos que habitualmente se dejan llevar por sus propios bajos impulsos pueden estar sujetos a sus influencias”.  (Ver Paracelso, por Franz Hartmann).
 
Un extraño concepto,  que de alguna forma difiere del concepto convencional,  es el que el Conde de Gabalis desarrolló con relación a la inmaculada concepción, es decir, que representa la unión de un ser humano con un elemental.  Entre los vástagos de estas uniones, el Conde menciona a Hércules, Aquiles, Eneas, Teseo, Melquisedec, el divino Platón, Apolonio de Tiana y Merlín el Mago.
 
 
Fin de este Capítulo
 

Traducción del original en inglés General Observations, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 


MAGO INVOCANDO ELEMENTALES - Imagen

 



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Con Derecho de Reproducción de Manly P. Hall.



MAGO INVOCANDO ELEMENTALES.


Habiendo trazado su círculo, aquí se muestra al mago invocando los diferentes seres elementales, que salen de sus respectivas guaridas. De la tierra a sus pies, vienen los gnomos; del agua, las ondinas; del fuego, las salamandras; y del aire, las aladas sílfides. Un extraño demonio, parecido a un espectro, también responde al llamado del mago. En La Venida de las Hadas, Sir Arthur Conan Doyle defiende la existencia de los espíritus de la Naturaleza; quienes por siglos, han sido considerados como simples invenciones de la imaginación.


En los Misterios antiguos se enseñaba que, para ser gobernante sobre las criaturas elementales, el nigromante no debía temerle a los elementos como tales. Aquél que le temiera al fuego, nunca podía controlar a las salamandras que allí moraban; aquél que le temiera al agua, no podía esperar el obtener poder sobre las ondinas, o espíritus del agua. Por lo tanto, muchos de los rituales paganos de los Misterios incluían pruebas severas dentro de las cuales los diferentes elementos estaban involucrados. Por eso, en la iniciación de la tierra, el candidato vagaba por cavernas sombrías; en la iniciación del agua, navegaba por un mar misterioso en un bote abierto o nadaba por una corriente llena de remolinos y vorágines; en la iniciación del fuego, pasaba por un anillo de humo y llamas; y en la iniciación del aire, era colgado de anillos sobre un abismo, o subía al borde de algún precipicio paralelo a un camino estrecho y tortuoso. Además, se afirmaba que nadie en cuya naturaleza se encontraban los vicios característicos de los planos elementales podía controlar a los elementales. Aquél que no podía controlar sus pasiones, era un juguete de las salamandras, y aquél que estaba impulsado por la codicia, no podía gobernar a los gnomos, que solo obedecían a aquellos en quienes no existía el egoísmo. Los gnomos deben ser controlados con generosidad alentadora; las ondinas, con firmeza; las salamandras, con tranquilidad; y las sílfides, con constancia. (Ver Las Ciencias Ocultas por A. E. Waite)


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Traducción del original en inglés Magician Invoking Elementals del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. Sánchez & Rivera, Traductoras. 2013, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
 


miércoles, 28 de octubre de 2026

UNA ESPOSA ES LA VERDADERA TESTIGO DE SU MARIDO - Psicología

 


Quien realmente presencia el carácter de un marido, sea bueno o malo, es su esposa.

Ni sus hermanos.  Ni siquiera sus padres.

Y ciertamente, ni sus amigos.

Porque sólo una esposa ve quién es realmente cuando no hay nadie más alrededor.

Cómo se comporta cuando está enojado.

Cómo habla cuando está decepcionado.

Cómo trata a la persona que vive a su lado todos los días.

El mundo puede verlo como un gran hombre:

educado, alegre o serio, pero su hogar sabe quién es realmente.

Porque dentro del hogar nada puede ocultarse realmente.

Por eso las palabras del Profeta Mahoma son tan ciertas:

la medida de la bondad de un marido no es cuan amable es con los demás, sino cuán bueno es su carácter hacia su esposa.


martes, 27 de octubre de 2026

TU ESPOSA NO ES UNA INVITADA... - Publicado por Constelaciones Familiares

 


TU ESPOSA NO ES UNA INVITADA EN TU FAMILIA.

Al hombre...
Tu esposa no es una persona que llegó a ocupar un lugar secundario en tu vida familiar. Ella es el fundamento de todo lo que estás construyendo, la mujer con quien decidiste compartir tu camino y formar un hogar. Por eso, cuando alguien le falta al respeto, también está faltándote al respeto a ti y al compromiso que asumiste con ella.
Un hombre fracasa cuando permite que otros maltraten a su esposa y permanece al margen, como si no fuera asunto suyo. Protegerla no significa entrar en conflictos innecesarios, sino establecer límites claros y demostrar, con tus acciones, que su dignidad no es negociable. Cuando ella tiene que defenderse sola frente a las faltas de respeto de tu propia familia, la obligas a preguntarse si realmente puede contar contigo.
Y es que, cuando una mujer debe enfrentarse constantemente a situaciones en las que su esposo no la respalda, comienza a perder la confianza en él. Si ella tiene que luchar por su lugar dentro de la familia que ambos están construyendo, termina sintiéndose desprotegida. Poco a poco, aquello que tendría que ser un vínculo de seguridad se convierte en una fuente de incertidumbre.
Cuando una mujer deja de sentirse protegida, también deja de sentirse segura dentro de su matrimonio. Ya no sabe si su esposo pondrá límites, si defenderá el respeto que merece o si tendrá que resolver sola cada situación que la lastime. Y una mujer que no se siente segura difícilmente puede confiar plenamente en su compañero, porque la confianza no se sostiene únicamente con palabras, sino con decisiones que demuestran compromiso y lealtad.
Porque el amor sin protección es solo una promesa vacía. Amar a tu esposa también significa darle su lugar, respaldarla cuando sea necesario y construir con ella una relación en la que ninguno tenga que competir por el respeto de su propia familia. El matrimonio necesita límites sanos con las familias de origen para que la pareja pueda consolidarse y construir su propio hogar.

Honro el hogar que construyo con mi pareja. Pongo límites donde hace falta.
Cuando una pareja no establece límites con su familia de origen, el matrimonio puede terminar cargando conflictos que no le corresponden.

sábado, 10 de octubre de 2026

LA LUZ DE DIOS EN LA TIERRA

 


Los elegidos por la Divinidad

son atacados desde que nacen.

Son abusados, ridiculizados y apartados.

Sufren multitud de tormentos

hasta que destruyen su ego

prácticamente en su totalidad.

Entonces ocurre el milagro.

Reconectan con su propósito divino,

despliegan sus dones

y sus alas como flor en primavera

y se convierten en lo que son:

LA LUZ DE DIOS EN LA TIERRA