EL ZODIACO Y SUS SIGNOS
Manly P. Hall
Parte V - Final
La antigüedad del zodiaco es muy discutida. Sostener que el zodiaco se origino unos pocos mil años antes de la era cristiana es un error colosal de parte de aquellos que han buscado recopilar información con relación a su origen. Necesariamente, el zodiaco debe ser lo suficientemente antiguo como para retroceder hasta aquel periodo cuando sus signos y símbolos coincidían exactamente con las posiciones de las constelaciones cuyas diferentes criaturas en sus funciones naturales ejemplificaban los aspectos sobresalientes de la actividad del sol durante cada uno de los doce meses. Tras muchos años de profundos estudios sobre el tema, un autor pensó que el concepto del hombre sobre el zodiaco tenia, al menos, cinco millones de anos de edad. Con toda probabilidad, esta es una de las muchas cosas por las cuales el mundo moderno está en deuda con la civilización Atlante o la Lemuria. Aproximadamente diez mil años antes de la era cristiana, hubo un periodo de muchos años cuando el conocimiento de toda materia fue suprimido, las tablas fueron destruidas, los monumentos fueron derribados, y cada vestigio de material disponible relacionado con las civilizaciones previas fue completamente destruido. Solo unos pocos cuchillos de cobre, algunas puntas de flechas, y crudos tallados sobre las paredes de cuevas son testigos silentes de aquellas civilizaciones que precedieron esta era de destrucción. Por todos lados han persistido unas pocas estructuras gigantes que, como los extraños monolitos de la Isla de Pascua, son evidencia de las artes y las ciencias perdidas, así como de las razas perdidas. La raza humana es extremadamente antigua. La ciencia moderna tiene su edad en decenas de miles de años; el ocultismo, en decenas de millones. Hay un dicho que establece que la “Madre Tierra ha movido muchas civilizaciones de su espalda”, y no está fuera de la razón que los principios de la astrología y la astronomía evolucionaron millones de años antes de que el primer hombre blanco apareciera.
Los ocultistas del mundo antiguo tenían un entendimiento muy significativo del principio de la evolución. Ellos reconocían que toda la vida estaba en varias etapas de conversión. Ellos creían que los granos de arena estaban en el proceso de convertirse en humanos en conciencia, mas no necesariamente en forma; que las criaturas humanas estaban en el proceso de convertirse en planetas; que los planetas estaban en el proceso de convertirse en sistemas solares; y que los sistemas solares estaban en el proceso de convertirse en cadenas cósmicas; y así sucesivamente sin fin. Una de las etapas entre el sistema solar y la cadena cósmica fue llamada zodiaco; por lo tanto, ellos mostraron que por cierto tiempo, un sistema solar se rompe y forma un zodiaco. Las casas del zodiaco se convierten en los tronos para las doce Jerarquías Celestiales, o como señalan algunos antiguos, diez Ordenes Divinas. Pitágoras mostro que el 10, o la unidad del sistema decimal, era el más perfecto de todos los números, y el simbolizo el número diez por el tetractys menor, una disposición de diez puntos en forma de un triangulo vertical.
Tras dividir el zodiaco en sus respectivas casas, los primeros astrólogos señalaron que las tres estrellas más brillantes de cada constelación eran los correinantes de esa casa. Entonces, ellos dividieron la casa en tres secciones de diez grados cada una, a las cuales llamaron jefes de diez. En lo sucesivo, estas se dividieron a la mitad, resultando en el rompimiento del zodiaco en setenta y dos parejas de jefes de diez, de cinco grados cada una. Sobre cada una de estas parejas de jefes de diez, los hebreos colocaron una inteligencia celestial, o ángel, y de este sistema resulto la disposición cabalística de los setenta y dos nombres sagrados, que corresponden a las setenta y dos flores, botones, y almendros sobre el Candelabro del Tabernáculo de siete ramificaciones, y los setenta y dos hombres que fueron escogidos de las Doce Tribus para representar a Israel.
Los únicos dos signos que aun no se han mencionado son Géminis y Sagitario. Generalmente, la constelación de Géminis está representada con dos niños pequeños, quienes, según los antiguos, nacieron de huevos, posiblemente aquellos huevos que el Toro rompió con sus cuernos. Las historias relacionadas a Castor y Pólux, y a Rómulo y Remo, pueden ser el resultado de la amplificación de los mitos de estos Gemelos celestiales. Los símbolos de Géminis han pasado por muchas modificaciones. La que los árabes usaron fue el pavo real. Dos de las estrellas importantes de la constelación de Géminis aun tienen los nombres de Castor y Pólux. Se supone que el signo de Géminis fuese el patrón de la adoración fálica, y los dos obeliscos, o pilares frente a templos e iglesias tienen el mismo simbolismo que tienen los Gemelos.
El signo de Sagitario consiste de lo que los antiguos griegos llamaron un centauro ---una criatura compuesta, cuya parte inferior de su cuerpo tenia forma de caballo, y la parte superior era humana. Generalmente, el centauro se muestra con un arco y flecha en sus manos, apuntando una saeta hacia las estrellas. Entonces tenemos que Sagitario representa dos principios diferentes: primero, representa la evolución espiritual del hombre, ya que la forma humana surge del cuerpo de la bestia; en segundo lugar, es el símbolo de la aspiración y la ambición, ya que como la criatura apunta su flecha a las estrellas, de igual forma, cada criatura humana apunta hacia una marca superior que él puede alcanzar.
En Los Signos y Símbolos del Hombre Primordial, Albert Shurchward resume la influencia del zodiaco sobre el simbolismo religioso con las siguientes palabras: “Aquí la división [esta] en doce partes, los doce signos del Zodiaco, doce tribus de Israel, doce puertas del cielo mencionadas en Revelaciones, y doce entradas o portales que se deben pasar cuando se camina por la Gran Pirámide, antes de finalmente alcanzar el grado más alto, y doce Apóstoles en las doctrinas cristianas, y los doce puntos originales y perfectos de la Masonería”.
Los antiguos creían que la teoría del ser humano hecho a la imagen de Dios tenía que entenderse literalmente. Ellos sostuvieron que el universo era un gran organismo que no era diferente al cuerpo humano, y que cada fase y función del Cuerpo Universal tenía una correspondencia en el hombre. La más preciada Llave a la Sabiduría que los sacerdotes les comunicaron a los nuevos iniciados fue lo que ellos denominaron la ley de la analogía. Por lo tanto, para los antiguos, el estudio de las estrellas era una ciencia sagrada, ya que ellos vieron en los movimientos de los cuerpos celestiales la actividad siempre presente del Padre Infinito.
Muchas veces, los pitagóricos fueron criticados, sin merecerlo, por promulgar la llamada doctrina de la metempsicosis, o la transmigración de las almas. Este concepto, que circulaba entre los no iniciados, meramente estaba ciego, sin embargo ocultaba una verdad sagrada. Los místicos griegos creían que la naturaleza espiritual del hombre descendía a la existencia material desde la Vía Láctea ---la semilla molida de las almas--- a través de una de las doce puertas de la gran banda zodiacal. Por lo tanto, se dice que la naturaleza espiritual encarnaba en forma de la criatura simbólica que los astrólogos Mágicos formaron para representar las diferentes constelaciones zodiacales. Si el espíritu encarnaba a través del signo de Aries, se dice que había nacido en el cuerpo de un carnero. Si fue en Tauro, en el cuerpo del toro celestial. De esta forma, todos los seres humanos fueron simbolizados por doce criaturas misteriosas a través de cuyas naturalezas fueron capaces de encarnar hacia el mundo material. La teoría de la transmigración no era aplicable al cuerpo material visible del hombre, sino que le aplicaba al espíritu material invisible que vagaba por el camino de las estrellas y que en lo sucesivo, y en el curso de la evolución, asumía las formas de los sagrados animales zodiacales.
En el Tercer Libro del Mathesis de Julius Firmicus Maternus aparece el siguiente extracto con relación a las posiciones de los cuerpos celestiales en el tiempo del establecimiento del universo inferior: “Por lo tanto, según Escolapio y Anubio, a quien especialmente la divinidad Mercurio le confirió los secretos de la ciencia astrológica, la genitura del mundo es como sigue: Ellos constituyeron al Sol en la 15ta parte de Leo, la Luna en la 15ta parte de Cáncer, a Saturno en la 15ta parte de Capricornio, a Júpiter en la 15ta parte de Sagitario, a Marte en la 15ta parte de Escorpio, a Venus en la 15ta parte de Libra, a Mercurio en la 15ta parte de Virgo, y al Horóscopo en la 15ta parte de Cáncer. Por lo tanto, de conformidad con esta genitura, a estas condiciones de las estrellas, y los testimonios que ellos aducen de conformidad con esta genitura, ellos opinan que los destinos de los hombres, también están dispuestos de acuerdo con la disposición antes mencionada, como puede saberse de aquel libro de Escolapio que se llama Μυριογενεσις, i.e. (Diez Mil, o una multitud innumerable de Genituras), para que nada en las diferentes genituras del hombre pueda sonar discordante con la antes mencionada genitura del mundo”. Las siete épocas del hombre están bajo el control de los planetas en el siguiente orden: infancia, la luna; niñez, Mercurio; adolescencia, Venus; adultez, el sol; edad madura, Marte; edad avanzada, Júpiter; y senilidad y desintegración, Saturno.
Traduccion del original en ingles The Zodiac and Its Signs del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sánchez & Rivera, Traductoras. 2011, Puerto Rico. madias85@yahoo.com