Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

martes, 7 de junio de 2011

INTRODUCCION (Parte I) - The Secret Teachings of All Ages, Ed. Jubileo de Diamante




INTRODUCCION

(Parte I)

 
Manly P. Hall
 

 
La filosofía es la ciencia de estimar valores.  La superioridad de cualquier estado o substancia sobre otra, está determinada por la filosofía.  Al asignarle una posición de primer orden a lo que queda cuando todo lo que es secundario ha sido removido, entonces la filosofía se convierte en el verdadero índice de prioridad o énfasis en el reino del pensamiento especulativo.  La misión de la filosofía a priori es establecer la relación de las cosas manifestadas a su última causa o naturaleza invisible.
 
 
Sir William Hamilton escribe: “La filosofía ha sido definida [como]: La ciencia de las cosas divinas y humanas, y de las causas dentro de las cuales están contenidas [Cicerón]; La ciencia de los efectos por sus causas [Hobbes]; La ciencia de las razones suficientes [Leibntz]; La ciencia de las cosas posibles, mientras sean posibles [Wolf]; La ciencia de las cosas que, evidentemente, se deducen desde los primeros principios [Descartes]; La ciencia de las verdades sensibles y abstractas [de Condillac];  La aplicación de la razón a sus objetos legítimos [Tennemann]; La ciencia de las relaciones de todo conocimiento a los fines necesarios de la razón humana [Kant]; La ciencia de la forma original del ego o del yo mental [Krug]; La ciencia de ciencias [Fichte]; La ciencia de lo absoluto [von Schelling]; la ciencia de la indiferencia absoluta de lo ideal y lo real [von Schelling];  ---o, la identidad de la identidad y de la no identidad [Hegel]”.  (Ver Lecturas sobre Metafísica y Lógica ).

 
Los seis puntos bajo los cuales comúnmente están clasificadas las disciplinas de la filosofía son:  metafísica, que tiene que ver con temas tan abstractos como la cosmología, la teología y la naturaleza del ser; lógica, que tiene que ver con las leyes que gobiernan el pensamiento racional, o, como se le ha denominado, “la doctrina de las falacias”; ética, que es la ciencia de la moralidad, la responsabilidad individual y el carácter  ---mayormente relacionadas a un esfuerzo para determinar la naturaleza del bien; psicología, que está consagrada a la investigación y clasificación de aquellas formas de los fenómenos que se refieren a un origen mental; epistemología, que es la ciencia que se relaciona mayormente con la naturaleza del conocimiento en sí y la pregunta de si existe en una forma absoluta; y aestética, que es la ciencia de la naturaleza y las reacciones despertadas por lo bello, lo armonioso, lo elegante y lo noble.

 
Platón definió la filosofía como la bondad más grande que se haya impartido por la Divinidad al hombre.  Sin embargo, en el Siglo 20 ésta se ha convertido en una laboriosa y complicada estructura de nociones arbitrarias e irreconciliables   ---cada una substanciada por una lógica casi incuestionable.  Los teoremas dominantes de la antigua Academia, que Iamblico comparó al néctar y la ambrosia de los dioses,  han sido tan adulterados por la opinión  
---que Heráclito declaró que eran una epilepsia de la mente---   que el prado celestial ahora estaría irreconocible para este gran neoplatonista.  El rumbo persistente hacia el materialismo es la evidencia convincente de la creciente superficialidad  del pensamiento científico y filosófico moderno.  Cuando el gran astrónomo Laplace fue cuestionado por Napoleón sobre el por qué él no mencionó a Dios en su Traite de la Mecanique Celeste (Tratado de la Mecánica Celeste), el matemático cándidamente ripostó: “Señor, no tuve necesidad de hacer esa hipótesis!”

 
En su tratado sobre el Ateísmo, Sir Francis Bacon escuetamente resume así la situación: “Un poquito de filosofía inclina la mente del hombre hacia el ateísmo; pero la profundidad en la filosofía lleva a las mentes de los hombres hacia la religión”.  La Metafísica de Aristóteles comienza con estas palabras: “Por naturaleza, todos los hombres desean conocer”.  Para satisfacer esta urgencia común el desarrollado intelecto humano ha explorado las extremidades del espacio imaginable fuera de, y las extremidades del yo imaginable dentro de, buscando estimar la relación entre el uno y el todo; el efecto y la causa; la Naturaleza y el fundamento de la Naturaleza; la mente y el origen de la mente; el espíritu y la substancia del espíritu; la ilusión y la realidad.

 
Una vez un filósofo antiguo dijo: “Aquél que no tiene siquiera un conocimiento de las cosas comunes es un bruto entre los hombres.  Aquél que tiene un conocimiento adecuado de las cosas humanas es un hombre entre los brutos.  Pero aquél que conoce todo lo que puede ser conocido por la energía intelectual es un Dios entre los hombres”.   Por lo tanto, el estatus del hombre en el mundo natural está determinado por la calidad de su pensamiento.  Aquél cuya mente está esclavizada a sus instintos bestiales no es filosóficamente superior al bruto; aquél cuyas facultades racionales deliberan los asuntos humanos es un hombre; y aquél cuyo intelecto se eleva a la consideración de las realidades divinas ya es un semidiós, ya que su ser participa de la luminosidad con la cual su razón lo ha traído a la proximidad.  En su elogio hacia “la ciencia de ciencias”, Cicerón es llevado a exclamar: “Oh filosofía, guía de vida!  Oh buscadora de virtud y expulsora de vicios!  Qué hubiésemos sido sin ti?  Has producido ciudades; le has dicho a los hombres que se esparzan dentro del disfrute social de la vida”.

 
A estas alturas la palabra filosofía tiene poco sentido a menos que sea acompañada por algún otro término calificativo.  La sustancia de la filosofía se ha roto en varios ismos, más o menos antagonistas, y estos han estado tan estrechamente relacionados a un esfuerzo por refutar cada una de las falacias,  que los asuntos más sublimes del orden divino y el destino humano han sufrido una negligencia deplorable.  La función ideal de la filosofía es servir como influencia estabilizadora en el pensamiento humano.  Por virtud de su naturaleza intrínseca, ésta debe prevenir al hombre de siquiera establecer códigos irracionales de vida.  Sin embargo, en su ensimismamiento, los mismos filósofos han frustrado los fines de la filosofía al sobrepasar aquellas mentes sin entrenar a quienes se supone que lleven en el camino directo y estrecho del pensamiento racional.  Enumerar y clasificar a cualquiera de las ahora reconocidas escuelas de filosofía más importantes está fuera de los límites de espacio de este volumen.  El área amplia de la especulación cubierta por la filosofía será mejor apreciada después de una breve consideración de un par de los sistemas sobresalientes de la disciplina filosófica que han regido al mundo del pensamiento durante los últimos veintiseis siglos.

 
La escuela griega de la filosofía tuvo su inicio con los siete pensadores inmortalizados a quienes se les confirió el apodo de Sofos, “el sabio”.  Según Diogenes Laertius, estos eran Thales, Solón, Chilón, Pittacus, Bias, Cleobulus y Periander.  Según Thales, el agua era el primer principio de los elementos sobre el cual la Tierra flotaba como un barco y los terremotos eran el resultado de disturbios en este mar universal.  Como Thales era jónico, la escuela que perpetuaba sus doctrinas fue llamada Jónica.  El falleció en el año 546 a.C. y fue sucedido por Anaximander, a quien le siguió Anaxímenes, Anaxágoras y Archelaus, con quienes concluyó la escuela Jónica.  Contrario a su maestro Thales, Anaximander declaró la  infinidad inmensurable e indefinible como el principio desde el cual se generaban todas las cosas.  Anaxímenes declaró que el aire era el primer elemento del universo; que las almas, y aún la Deidad en sí, estaban compuestas de él. 

 
Anaxágoras (cuya doctrina tiene la cualidad del atomismo) dijo que Dios era “una mente infinita en movimiento; que esta Mente divina infinita, que no está encerrada dentro de ningún cuerpo, es la causa eficiente de todas las cosas; más allá del asunto infinito que consiste de partes similares, y todo siendo hecho según sus especies por la mente divina, la cual, cuando todas las cosas fueron confusamente disminuidas, fueron reducidas al orden”.  Archelaus dijo que el principio de todas las cosas era doble: la mente (que era incorpórea) y el aire (que era corpóreo), el enrarecimiento y la condensación del segundo resulto en fuego y agua, respectivamente.  Según Archelaus, las estrellas eran ardientes placas de hierro.  Heráclito (quien vivió desde el año 536 hasta el 470 a.C., y a veces está incluido en la escuela Jónica) en su doctrina de cambio y flujo eterno dijo que el fuego era el primer elemento y también el estado dentro del cual el mundo sería, en última instancia, reabsorbido.  El dijo que el mundo era una exhalación de sus partes húmedas y también que el flujo y reflujo del mar fueron causados por el sol.

 
Después de Pitágoras de Samos, su fundador, la escuela Itálica o Pitagórica de los números tuvo entre sus representantes más distinguidos a  Empédocles, Epicharmus, Archytas, Alcmaeon, Hippasus, Philolaus y Eudoxus.  Pitágoras (580-500? a.C.) dijo que las matemáticas eran las más sagradas y exactas de todas las ciencias y exigió de todos los que vinieran a estudiar una cierta familiaridad con la aritmética, la música, la astronomía y la geometría.  El puso un énfasis especial sobre la vida filosófica como prerrequisito para la sabiduría.  Pitágoras fue uno de los primeros maestros que estableció una comunidad en donde todos sus miembros se ayudaban mutuamente para el logro común de las ciencias superiores.  El también introdujo la disciplina de la retrospección como un elemento esencial para el desarrollo de la mente espiritual.  El pitagorismo puede ser resumido como un sistema de especulación metafísica que tiene que ver con las relaciones entre los números y los medios causales de la existencia.  Esta escuela también expuso la teoría de la armonía celestial o “la música de las esferas”.  John Reuchlin dijo que Pitágoras no les enseñaba nada a sus discípulos antes de la disciplina del silencio, el cual era el principal estado de la contemplación.  En su Sofista, Aristóteles acredita a Empédocles con el descubrimiento de la retórica.  Tanto Pitágoras como Empédocles aceptaron la teoría de la transmigración; y el segundo dijo: “Fui un niño, después me convertí en adolescente; una planta, un pájaro, y un pez; y nade en el ancho mar”.   Archytas fue acreditado por la invención del tornillo y la grúa.  El dijo que el placer era una pestilencia, ya que se oponía a la continencia de la mente; él consideraba que un hombre sin artificios era tan raro como un pez sin huesos.

 
La secta Eleática fue fundada por Xenophanes (570-480 a.C), quien sobresalía por sus ataques a las fábulas cosmológicas y teogónicas de Homero y Hesiodo.  Xenophanes dijo que Dios era “uno e incorpóreo en sustancia y figura y que de ninguna forma se parecía al hombre; que El es todo visión y oído, pero que no respira; que El es todas las cosas, la mente y la sabiduría, no generadas sino eternas, impasibles, inmutables y racionales”.  Xenophanes pensaba que todas las cosas existentes eran eternas, que el mundo no tenía principio ni fin y que todo lo que se generaba estaba sujeto a ser corrompido.  El vivió hasta su vejez y se dice que enterró a sus hijos con sus propias manos.  Parménides estudio con Xenophanes pero nunca comulgó completamente con sus doctrinas.  Parménides dijo que los sentidos eran inciertos y que la razón era el único criterio para la verdad.  También dijo que la Tierra era redonda y que dividía su superficie en zonas de calor y frío.

 
Melissus, el cual está incluído en la escuela Eleática, tuvo muchas opiniones similares a las de Parménides.  El dijo que el universo era inmutable porque, ya que ocupaba todo el espacio, no había lugar para el cual éste fuera movido.  Rechazó la teoría de un vacío en el espacio.  Zeno de Elea también sostuvo que no podía existir tal vacío.  Rechazando la teoría del movimiento, él dijo que solo había un Dios, que era un Ser eterno y no generado.  Como Xenophanes, él decía que la Deidad tenía forma esférica.  Leucippus dijo que el Universo consistía de dos partes: una llena y la otra vacía.  Desde el Infinito, una multitud de cuerpos diminutos y fragmentados descendió al vacío donde,  a través de la agitación contínua, se organizaron en esferas de substancia. 
 

En cierta forma el gran Demócrito amplió la teoría atómica de Leucippus.  Demócrito decía que los principios de todas las cosas dobles: los átomos y el vacío.  También decía que ambos eran infinitos   ---los átomos en número y el vacío en magnitud.  Así que todos los cuerpos deben de estar compuestos o de átomos o de vacío.  Los átomos poseían dos propiedades, forma y tamaño, ambos se caracterizaban por su variedad infinita.  Demócrito también decía que el alma era atómica en estructura y propensa a su disolución con el  cuerpo.  El creía que la mente estaba compuesta de átomos espirituales.  Aristóteles da a entender que Demócrito obtuvo su teoría atómica de la doctrina pitagórica de la Mónada.  Dentro de los Eleáticos también se encontraban Protágoras y Anaxarchus.

 
Sócrates (469-399 a.C.), el fundador de la secta Socrática, siendo fundamentalmente un Escéptico, no imponía sus opiniones sobre las de los demás, pero a través del medio de preguntar provocaba que cada hombre le diera expresión a su propia filosofía.  Según Plutarco, Sócrates decía que cada lugar era tan apropiado para enseñar que el mundo entero era una escuela de virtud.  El decía que el alma existía antes del cuerpo y que, antes de su inmersión, estaba dotada de todo conocimiento; que cuando el alma entraba dentro de la forma material se volvía estupefacta pero que  disertaciones sobre objetos sensibles eran la causa de que recobrara y despertara a su conocimiento original.  Sobre estas premisas estaba basado su intento por estimular el poder del alma a través de la ironía y la razón inductiva.  Se dice de Sócrates que el único tema de su filosofía era el hombre.  El mismo decía que la filosofía era el camino a la verdadera felicidad y que su propósito era doble: (1) contemplar a Dios, y (2) alejar al alma del sentido corpóreo.

 
El decía que los principios de todas las cosas eran tres: Dios, los asuntos, y las ideas.  Sobre Dios dijo: “Lo que El es no conozco; lo que El no es, conozco”.  El definía los asuntos como el tema de la generación y la corrupción; la idea como una substancia incorruptible   ---el intelecto de Dios.  El consideraba que la sabiduría era la suma de las virtudes.  Entre los miembros prominentes de la secta Socrática estaban Xenophon, Aeschines, Crito, Simón, Glauco, Simmias y Cebes.  El profesor Zeller, la gran autoridad de las filosofías antiguas, recientemente dijo que las escrituras de Xenophon que tenían que ver con Sócrates eran falsificaciones.  Cuando Las Nubes de Aristophanes, una comedia escrita para ridiculizar las teorías de Sócrates, fue presentada por primera vez el propio gran Escéptico asistió a la puesta en escena.  Durante la actuación, que lo caricaturizaba sentado en un cesto en el aire estudiando al sol, Sócrates se levantó lentamente de su asiento para permitir que los espectadores atenienses compararan sus propios rasgos poco atractivos con la máscara grotesca que el actor que lo personificaba tenía puesta.

 
La secta de Elea fue fundada por Phaedo de Elis, un joven de familia noble que fue comprado de la esclavitud por instigación de Sócrates y quien fue su devoto discípulo.  Platón admiraba tan grandemente la mentalidad de Phaedo que llamó El Phaedo a uno de sus más famosos discursos.  Este fue sucedido en su escuela por Plisthenes, quien más tarde fue sucedido por Menedemus.  Poco se conoce de las doctrinas de la secta de Elea.  Se presume que Menedemus se inclinó hacia las enseñanzas de Stilpo y la secta Megaria.  Cuando a Menedemus se le cuestionó sobre sus  opiniones, éste respondió que él era libre, dando a entender de esta forma que la mayoría de  los hombres estaban esclavizados a sus opiniones.  Aparentemente, Menedemus tenía un temperamento algo beligerante y a veces regresaba muy golpeado de sus disertaciones.  La más famosa de sus propuestas dice así: Aquello que no es lo mismo es diferente de aquello con lo cual no es lo mismo.  Siendo este punto admitido, Menedemus continuó: Beneficiar no es lo mismo que el bien, por lo tanto, el bien no beneficia.  Después de la época de Menedemus la secta de Elea se convirtió en la Eretrian.  Sus exponentes denunciaban todas las propuestas negativas y todas las teorías complejas y recónditas, declarando que solo doctrinas afirmativas y sencillas podían ser verdaderas.
 
 
La secta Megaria fue fundada por Euclides de Megara (que no era el célebre matemático), un gran admirador de Sócrates.  Los atenienses pasaron una ley decretando la muerte para cualquier ciudadano de Megara que se encontrara en la ciudad de Atenas.  Sin ser intimidado,  Euclides, vistiendo ropa de mujer se iba por las noches a estudiar con Sócrates.  Después de la muerte cruel de su maestro, los discípulos de Sócrates, temiendo un destino similar, se fueron a Megara donde fueron recibidos con gran honor por Euclides.  La escuela Megaria aceptaba que la doctrina Socrática de la virtud era sabiduría, añadiendo del concepto Eleático que la bondad era unidad absoluta y que todo cambio era una ilusión de los sentidos.  Euclides decía que el bien no tenia oposición y que, por lo tanto, la maldad no existe.  Siendo cuestionado sobre la naturaleza de los dioses, se auto declaró  ignorante de su estado,  a menos que ellos odiaran a las personas curiosas.
 

Ocasionalmente los megarios estaban incluidos entre los filósofos dialécticos.  Euclides (quien falleció en el año 374? a.C.) fue sucedido en su escuela por Eubulides, entre cuyos discípulos estaban Alexinus y Apolonio Cronus.  Euphantus, quien vivió hasta su vejez y escribió muchas tragedias, estaba entre los seguidores más importantes de Eubulides.  Diodorus usualmente está incluído en la escuela Megaria, ya que el asistía a las disertaciones de Eubulides.  Según la leyenda, Diodorus murió de pena porque no pudo contestar rápidamente algunas preguntas que Stilpo, quien en una época fue maestro de la escuela Megaria, le hizo.  Diodorus decía que nada puede ser movido, ya que, para ser movido debe ser sacado del lugar del cual está y colocado en el lugar en el cual no está; lo cual es imposible ya que todas las cosas siempre deben estar en el lugar donde están.

 
Los Cínicos eran una secta fundada por Antistenes de Atenas (444-365? a.C.), un discípulo de Sócrates.  Su doctrina puede ser descrita como un individualismo extremo que considera que el hombre solo existe para sí mismo y defiende el que éste se rodee de desarmonía, sufrimiento y de una terrible necesidad para que pueda,  por lo tanto,  ser conducido a retirarse por completo a su propia naturaleza.  Los Cínicos renunciaban a todas las posesiones del mundo, viviendo en las chozas más primitivas, y subsistiendo con la comida más sencilla y ordinaria.  Asumiendo que los dioses no querían nada, los Cínicos afirmaban que aquellos cuyas necesidades eran pocas, en consecuencia, se acercaban más a las divinidades.  Al preguntársele cómo se ganaba la vida con la filosofía, Antistenes contestó que él había aprendido a conversar consigo mismo.


Diógenes de Sinopis es principalmente recordado por el balde en el Metroum que, por muchos años, le sirvió de hogar.  El pueblo de Atenas amaba al filósofo-mendigo y cuando un joven, en tono de broma, hacia hoyos en el balde los ciudadanos  obsequiaban  a Diógenes con  uno nuevo y castigaban al joven.  Diógenes creía que nada en la vida podía ser debidamente conseguido sin esfuerzo.  El sostenía que todo en el mundo pertenecía a los sabios, una declaración que él demostró haciendo la siguiente lógica: “Todas las cosas le pertenecen a los dioses; los dioses son amigos de los sabios; todas las cosas son comunes entre los amigos; por lo tanto, todas las cosas le pertenecen a los sabios”.  Entre los Cínicos están Monimus, Onesicritus, Crates, Metrocles, Hipparchia (que se casó con Crates), Menippus y Menedemus.

 
La secta Cirenaica, fundada por Aristippus de Cirene (435-356? a.C.), proclamaba la doctrina del hedonismo.  Conociendo la fama de Sócrates, Aristippus viajó a Atenas y se aplicó a las enseñanzas del gran Escéptico.   Afligido por las tendencias voluptuosas y mercenarias de Aristippus, Sócrates trabajó en vano para reformar a este joven.  Aristippus se distinguió por ser consistente con sus principios y prácticas, ya que él vivía en perfecta armonía con su filosofía de que la búsqueda del placer era el propósito principal de la vida.  Las doctrinas de los Cirenaicos pueden ser resumidas así: Todo lo que se conoce en la actualidad, relacionado a cualquier objeto o condición, es el sentimiento que despierta en la propia naturaleza del hombre.  En la esfera de la ética, aquello que despierta el sentimiento más placentero se tiene que estimar, en consecuencia, como el bien más grande.  Las reacciones emocionales están clasificadas como placenteras o agradables, dañinas y malas.  El fin de la emoción agradable es el placer; el fin de la emoción dañina, la tristeza; el fin de las malas emociones, nada.

 
A través de la depravación mental, algunos hombres no desean el placer.  Sin embargo, en la realidad, el placer (especialmente si es de naturaleza física) es el verdadero fin de la existencia y sobrepasa, en todas las formas, los disfrutes mentales y espirituales.  Además, el placer está completamente limitado al momento; el ahora es el único momento.  El pasado no puede ser contemplado sin arrepentimiento, y el futuro no puede ser enfrentado sin temor; por lo tanto, ninguno conduce al placer.  Ningún hombre debe apenarse, ya que la pena es la más grave de todas las enfermedades.  La naturaleza le permite al hombre hacer cuanto desee; él está limitado solo por sus propias leyes y costumbres.  Un filósofo es un individuo libre de envidia, amor y superstición, y cuyos días son un gran círculo de placer.   Para Aristippus, entre las virtudes, la complacencia estaba en una posición muy elevada.  Además, él decía que los filósofos diferían grandemente de otros hombres en el sentido de que, si todas las leyes del hombre fueran abolidas,  ellos solos no cambiarían el orden de sus vidas.  Entre los prominentes filósofos influenciados por las doctrinas Cirenaicas estaban Hegesias, Anniceris, Teodoro y Bion.

 
La secta de los filósofos Académicos, instituida por Platón (427-347 a.C.) se dividía en tres partes principales   ---la Academia antigua, la intermedia y la nueva.  Entre los antiguos Académicos estaban Speusippus, Zenocrates, Poleman, Crates y Crantor.  Arcesilaus instituyó la Academia intermedia y Carneades fundó la nueva.  Entre los maestros más grandes de Platón estaba Sócrates.  Platón viajó ampliamente y fue iniciado por los egipcios dentro de las profundidades de la filosofía Hermética.  El también derivaba la mayoría de las doctrinas de los pitagóricos.  Cicerón describe la triple constitución de la filosofía Platónica como la ética, la física y la dialéctica comprensible.  Platón definió el bien como una triple constitución del carácter: bien en el alma, expresado a través de las virtudes; bien en el cuerpo, expresado a través de la simetría y la resistencia de las partes; y bien en el mundo externo, expresado a través de la posición social y la compañía.  En El Libro de Speusippus sobre las Definiciones Platónicas, aquel gran platónico define a Dios así: “Un ser que vive inmortalmente por medio de Sí mismo, que es suficiente para Su propia bendición, la Esencia eterna, la causa de Su propia bondad”.  Según Platón, el Uno es el término más apropiado para definir lo Absoluto, ya que el todo precede a las partes y la diversidad depende de la unidad, pero la unidad no depende de la diversidad.  Además, el Uno está antes del ser, así que ser es un atributo o condición del Uno.

 
La filosofía platónica está basada en la postulación de tres órdenes del ser: aquello que mueve lo inamovible, aquello que se mueve por sí mismo y aquello que es movido.  Aquello que es inamovible, pero se mueve, es anterior a aquello que se mueve por sí mismo, que de igual forma es anterior a aquello que mueve.  Aquello en lo cual el movimiento es inherente no puede ser separado de  su fuerza de movimiento; por lo tanto, es incapaz de disolverse.  Los inmortales cargan esta naturaleza.  Aquello que tiene movimiento impartido  desde otro movimiento puede ser separado del origen de su principio animado; por lo tanto, está sujeto a disolverse.  Los seres mortales tienen esta naturaleza.  En mayor grado que los mortales y los inmortales está aquella condición que se mueve continuamente aunque no se mueva.  El poder de la adhesión le es inherente a esta constitución; por lo tanto, es la Permanencia Divina sobre la cual se establecen todas las cosas. Siendo aún más noble que el movimiento en sí, el Motor inamovible es la primera de todas las dignidades.  La disciplina Platónica se fundó desde la teoría de que realmente el aprendizaje es reminiscencia, o traer a la objetividad el conocimiento anteriormente adquirido por el alma en un estado de previa existencia.  En la entrada de la escuela Platónica en la Academia, se escribieron las palabras: “Que ningún ignorante de la geometría entre a este lugar”.

 

 Continúa...
 
 
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Traducción del original en inglés Introduction del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  Sánchez & Rivera, Traductoras.  Julio 2011, Puerto Rico.  Revisada, Octubre 2014.  riverafarrell@gmail.com
 
 
 

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