Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

jueves, 25 de octubre de 2012

PARACELSO DE HOHENHEIM - Alquimia y sus Exponentes




ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall

Paracelso de Hohenheim

El más famoso de los filósofos alquímicos y Herméticos fue Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von Hohenheim.  Este hombre, que se hacía llamar Paracelso, dijo que algún día todos los médicos de Europa se apartarían de las otras escuelas y, siguiéndolo, lo admirarían por encima de los demás médicos.  La fecha admitida del nacimiento de Paracelso es el 17 de diciembre de 1493.  Fue hijo único.  Tanto su padre como su madre estaban interesados en la medicina y en la química.  Su padre fue médico y su madre fue superintendente de un hospital.  Aún en su adolescencia, Paracelso tuvo un gran interés en los escritos de Isaac de Holanda, y decidió reformar la ciencia médica de su época.

A los veinte años de edad comenzó una serie de viajes que continuaron por aproximadamente doce años.  Visitó muchos países europeos, incluyendo Rusia.  Es posible que, incluso, llegara a Asia.  Fue en Constantinopla que los adeptos árabes le confiaron el gran secreto de las artes Herméticas.  Probablemente obtuvo su conocimiento de los espíritus de la Naturaleza y de los habitantes de los mundos invisibles de los Brahmanes de India, con los cuales se contactó ya fuese directamente o a través de sus discípulos.  Se convirtió en un médico del ejército, y su entendimiento y habilidad lo condujeron hacia un gran éxito.

A su regreso a Alemania, comenzó su tan soñada reformación de las artes y las ciencias médicas.  Por todos lados se opuso y criticó sin misericordia.  Sin duda, su violento temperamento y su profundamente fuerte personalidad provocaron muchas tempestades sobre su cabeza que pudieron haberse evitado si él hubiese tenido una disposición menos mordaz.  Desolló  a los boticarios  argumentando que estos no usaban los ingredientes correctos en sus prescripciones y tampoco consideraban las necesidades de sus pacientes; éstos solo deseaban recolectar exorbitantes honorarios por sus brebajes. 

Los notables remedios que Paracelso realizó solo provocaron que sus enemigos lo odiaran más duramente  debido a que no podían duplicar los aparentes milagros que éste realizaba.  No solo curó las enfermedades más comunes de su época, sino que se dice que realmente curó la lepra, el cólera y el cáncer.  Sobre todo, sus amigos decían que resucitaba a los muertos.  Sin embargo, sus sistemas de curación eran tan heterodoxos que lenta pero seguramente sus enemigos lo abrumaban; y una y otra vez lo obligaban a dejar los campos de su trabajo y a buscar refugio donde no fuese conocido.

Existe mucha controversia con relación a la personalidad de Paracelso.  No hay duda de que éste tenía una irritable disposición.  Su aversión  por los médicos y por las mujeres llegaba a la locura; para ellos no había más que insultos.  De lo que se sabe, nunca existió un amorío en su vida.  Sus adversarios siempre estaban en contra de su peculiar apariencia y su inmoderado sistema de vida.  Se cree que sus anomalías físicas fueron las responsables de todo el resentimiento que él tenía contra la sociedad durante toda su intolerante y tempestuosa vida.

Su supuesta intemperancia le provocó aún más persecuciones, ya que se decía que aún durante la época de su profesorado en la Universidad de Basel casi nunca estaba sobrio.  Es difícil entender dicha acusación en vista de la maravillosa claridad mental que exhibía en todo momento.  La amplia cantidad de escritos que realizó (la Edición Estrasburgo de sus trabajos coleccionados está en tres grandes tomos, cada uno contiene varios cientos de páginas) es una monumental contradicción de los relatos relacionados a su uso excesivo de alcohol.

Sin duda, muchos de los vicios de los cuales se le acusa eran puros inventos de sus enemigos quienes, no estando satisfechos con la contratación de personas para asesinarlo, buscaban mancillar su memoria después de haber terminado con su vida en venganza.  La forma en la cual Paracelso murió es incierta, pero el relato más creíble es que éste murió como resultado indirecto de un enfrentamiento con varios asesinos que habían sido contratados por algunos de sus enemigos profesionales para deshacerse de aquél que había expuesto sus artimañas.

En la escritura de Paracelso existen pocos manuscritos, ya que este les dicto la mayoría de sus trabajos a sus discípulos,  quienes los escribieron.  El Profesor John Maxson Stillman, de la Universidad de Stanford, le rinde el siguiente tributo a su memoria: “Cualquiera que sea el juicio final de la relativa importancia de Paracelso en la edificación de la ciencia y la práctica médica, debe reconocerse que él entró a su carrera en Basel con el entusiasmo y la seguridad de uno que se creía inspirado por una gran verdad  y destinado a realizar un adelanto en la ciencia y la práctica de la medicina.  Por naturaleza, él era un observador agudo y de mente abierta de cualquier cosa que estuviese bajo su estudio, aunque probablemente no era un analista muy crítico del fenómeno observado.  Evidentemente él era un inusual e independiente pensador, aunque el grado de originalidad en su pensamiento puede ser un asunto de legítimas diferencias de opinión.  Ciertamente, habiendo encontrado lo que para su mente era un substituto satisfactorio de los antiguos dogmas en su propia modificación de la filosofía neo-Platónica, no vaciló en quemar las naves tras él una vez que formó su mente, de cualquier combinación de influencias, para rechazar la sacralidad de la autoridad de Aristóteles, Galen y Avicenna.

“Habiéndose liberado del Galenismo dominante de su época, decidió predicar y enseñar que la base de la ciencia médica del futuro debía ser el estudio de la naturaleza, la observación del paciente, la experimentación y la experiencia; y no los dogmas infalibles de autores que habían fallecido hacía ya mucho tiempo.  Sin duda, en la soberbia y autoconfianza de su entusiasmo de adolescente, no estimó correctamente la extraordinaria fuerza del conservadurismo contra el cual dirigió sus ataques.  Si esto es así, su experiencia en Basel seguramente lo desilusionó.  Desde ese tiempo hasta ahora él nuevamente fue peregrino, a veces en gran pobreza, a veces en moderada comodidad, pero manifiestamente desilusionado con el éxito inmediato de su campaña; aunque nunca dudó de su éxito final   ---porque para su mente, sus nuevas teorías y prácticas de la medicina estaban unidas con las fuerzas de la naturaleza, que eran la expresión de la voluntad de Dios y, eventualmente, debían prevalecer”.

Este extraño hombre, cuya naturaleza era un conglomerado de contradicciones, tenía un estupendo genio que brillaba como una estrella a través de la oscuridad filosófica y científica de la Europa medieval; batallando contra la envidia de sus colegas al igual que contra la irascibilidad de su propia naturaleza, luchó por el bien de los muchos que estaban contra el dominio de los pocos.  Fue el primer hombre que escribió libros científicos en el idioma de la gente común para que todos pudiesen leerlos.

Aún en la muerte, Paracelso no encontró descanso.  Una y otra vez sus huesos fueron desenterrados y reenterrados en otro lugar.  La lápida de mármol sobre su tumba tiene la siguiente inscripción: “Aquí yace enterrado Philip Theophrastus el famoso Doctor en Medicina que con maravilloso Conocimiento curó Heridas, Lepra, Gota, Hidropesía y otras incurables Enfermedades del Cuerpo y ofreció sus Bienes para que fuesen divididos y distribuidos entre los Pobres.  En el Año 1541, el 24to. día de septiembre intercambió la Vida por la Muerte.  A la Paz Viviente, al Sepulcral Eterno Descanso”.

En su Vida de Paracelso, A. M. Stoddart ofrece un importante testimonio del amor que la gente le tenía al gran médico.  Al hacer referencia a su tumba, ella escribe: “Hoy día los pobres rezan allí.  La memoria de Hohenheim ha ‘florecido en el polvo’ hacia la santidad porque los pobres lo han canonizado.  Cuando el cólera amenazó a Salzburgo en 1830, el pueblo realizó un peregrinaje hacia su monumento y le rezó para que lo alejara de sus hogares.  El mortífero azote pasó lejos de ellos y asoló  a Alemania y al resto de Austria”.  Se suponía que un antiguo profesor de Paracelso fue un misterioso alquimista que se hacía llamar Solomon Trismosin.  Nada se sabe con relación a esta persona salvo que, después de algunos años de peregrinaje, obtuvo la fórmula de la transmutación y dijo haber realizado amplias cantidades de oro.  Un bellamente iluminado manuscrito de este autor, fechado de 1582 y llamado Splendor Solis, se encuentra en el Museo Británico.  Trismosin dijo haber vivido hasta la edad de 150 años como resultado de su conocimiento de la alquimia.  Una declaración muy importante aparece en sus Peregrinajes Alquímicos, cuyo trabajo se supone que relate su búsqueda de la Piedra Filosofal: “Estudia lo que eres, de dónde eres, lo que conoces de este arte; esto es realmente lo que eres.  Todo lo que está fuera de ti también está dentro de ti; así escribió Trismosin”.


Traducción del original en inglés Paracelsus of Hohenheim del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Indira Sánchez- Rivera, Traductora.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com


N. de la T.  Puede ver un resumen (en inglés, incluye 22 reproducciones de las imágenes alegóricas originales) del proceso alquímico de Solomon Trismosin en:  http://www.rexresearch.com/splsol/trismosin.htm



 Paracelso de Hohenheim

sábado, 20 de octubre de 2012

JOHN CREMER, PORTADA DE UN MANUSCRITO ALQUIMICO ATRIBUIDO A - Imagen








De Museo Hermético Reformado y Amplifcado.



PORTADA DE UN MANUSCRITO ALQUIMICO ATRIBUIDO A JOHN CREMER.


John Cremer, el mítico Abad de Westminster, es un personaje interesante de la confusión alquímica del Siglo Catorce.  Como hoy en día es razonablemente seguro que ningún abad que tuviese este nombre ocupó la Procuraduría de Westminster; la pregunta surge naturalmente, "Quién era la persona que ocultaba su identidad bajo el seudónimo de John Cremer?"  Personajes ficticios tales como John Cremer ilustran dos importantes prácticas de los alquimistas medievales:  (1) muchas personas de alto rango político o religioso estaban secretamente comprometidas en la investigación química Hermética; pero, temiendo ser perseguidos y ridiculizados, publicaron sus hallazgos bajo diferentes seudónimos; (2) por miles de años fue costumbre de aquellos iniciados que poseían la verdadera llave al gran arcano Hermético el perpetuar su sabiduría creando personas imaginarias, involucrándolas en episodios de la historia contemporánea y, de esta forma, estableciendo estos seres no existentes como prominentes miembros de la sociedad   ---incluso, en algunos casos, realizando completas genealogías para lograr dicho fin.   Los nombres por los cuales estos personajes ficticios eran conocidos no le revelaban nada al desinformado.  Sin embargo, para el iniciado, significaban que la personalidad que se les asignaba no tenía otra existencia que no fuera simbólica.  Estos cronistas iniciados cuidadosamente ocultaban su arcano en las vidas, pensamientos, palabras y hechos atribuidos a estas personas imaginarias y, de esta forma, a través de las épocas transmitían, de forma segura, los secretos más profundos del ocultismo como escritos que, para el no familiarizado, no eran nada más que biografías.


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Traducción del original en inglés Title Page of Alchemical Tract Attributed to John Cremer del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Indira Sánchez- Rivera, Traductora.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 

viernes, 19 de octubre de 2012

NICHOLAS FLAMMEL - Alquimia y sus Exponentes





ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall

Nicholas Flammel

En la última parte del Siglo Catorce, en París vivió un hombre cuyo negocio era esclarecer manuscritos y redactar escrituras y documentos.  El mundo está en deuda con Nicholas Flammel por su saber de un tomo muy notable, el cual le compró, por una suma insignificante, a un negociante de libros que estuvo en contacto con él debido a su profesión de escribano.  La historia de este curioso documento, llamado el Libro de Abraham el Judío, se narra mejor en sus propias palabras, según preservadas en sus Figuras Jeroglíficas:

“Por lo tanto, yo, Nicholas Flammel, Notario, tras el deceso de mis padres, le dediqué mi vida a nuestro arte de escribir, realizando inventarios, preparando informes y resumiendo los gastos de tutores y pupilos; cayó en mis manos, por la suma de dos florines, un libro dorado, muy antiguo y grande.  A diferencia de otros libros, no era de papel, tampoco era de pergamino; más bien solo estaba hecho de delicadas cortezas (según mi apreciación) de arboles tiernos y jóvenes.  La cubierta era de metal, bien encuadernado, todo grabado en letras o extrañas figuras; y de mi parte, pienso que muy bien podrían ser caracteres griegos, o algún lenguaje antiguo similar.  De esto estoy seguro.  No podía leerlos, y se bien que no eran notas o cartas escritas en latín o galo, aunque entendemos poco de estos idiomas.

“En cuanto a aquello que había dentro de este libro, las páginas de corteza estaban grabadas y escritas con admirable diligencia con un puntaje de hierro, en claras y ordenadas letras latinas coloreadas.  Contenía tres veces siete páginas, porque así fueron numeradas  en su parte superior; y siempre, en cada séptima página, estaba pintada una virgen con una serpiente tragándosela.  En las segundas siete, había una cruz donde estaba crucificada una serpiente; y en las últimas siete, habían desiertos pintados, en cuyo centro habían fuentes claras, de donde salía un número de serpientes que corrían por todos lados.  Sobre la primera de las páginas estaba escrito, con grandes letras mayúsculas de oro, Abraham el Judío, Príncipe, Sacerdote, Levita, Astrólogo y Filósofo, a la Nación de los Judíos, que por el Furor de Dios fueron dispersados entre los Galos, envía Salud. Después de esto se llenó de grandes maldiciones y hechizos (con la palabra Maranatha, que allí a veces se repetía) contra cada persona que pusiera sus ojos sobre éste,  si no era Sacrificador o Escriba.

“Quien me vendió este libro no sabía lo que valía, tampoco conocía más que yo cuando lo compré; creo que fue robado o tomado de los afligidos judíos, o encontrado en alguna parte del antiguo lugar de su morada.  Dentro del libro, en la segunda página, consoló a su nación, aconsejándole que abandonaran sus vicios y que, sobre toda idolatría, esperaran con dulce paciencia la llegada del Mesías que vencería a todos los reyes de la Tierra y que reinaría con Su pueblo en gloria eterna.  Sin duda, este era un hombre muy sabio y con entendimiento.

“En la tercera página, y en todos los demás escritos que le seguían, para ayudar a su cautiva nación a rendirle tributo a los emperadores romanos, y a hacer otras cosas, de las cuales no hablaré, en palabras comunes les enseñó la transmutación de metales; pintó las vasijas por los lados y les advirtió sobre los colores y sobre todo lo demás, salvo por el primer agente, del cual no dijo ni una sola palabra, sin embargo, solo (como él dijo) en la cuarta y quinta página lo pintó, y lo adornó con gran astucia y terminación: porque aunque estaba bien y legiblemente adornado y pintado, aún así ningún hombre podía ser capaz de entenderlo sin estar diestro en su Cábala, que sigue por tradición, y sin haber estudiado bien sus libros.

“La cuarta y quinta página no tenían escritura; más bien estaban llenas de claras e iluminadas figuras, o lo que parecían claras e iluminadas figuras; el trabajo era muy exquisito.  Primero pintó a un hombre joven con alas en sus tobillos, sosteniendo en su mano un bastón Caduceo, con dos serpientes retorcidas, equilibradas sobre un yelmo que cubría su cabeza.  Para mi poco entendimiento, parecía ser el Dios Mercurio de los paganos: contra él salió corriendo y volando con sus alas abiertas un magnífico anciano que tenía sobre su cabeza un ajustado reloj de arena, y en su mano, igual que la muerte, tenía un libro (o guadaña) con el cual, de forma espantosa y enfurecida, le cortó los pies a Mercurio.  Al otro lado de la cuarta página, pintó una clara flor en la parte superior de una montaña muy alta que estaba herida y sacudida por el viento del Norte; tenía el pie azul, las flores eran blancas y rojas, las hojas brillaban como oro fino: y alrededor de ésta, los dragones y buitres del Norte construyeron sus nidos y moradas.

“En la quinta página, había un claro rosal que florecía en medio de un encantador jardín; subiendo un cavernoso roble, a sus pies hervía una fuente de agua muy blanca que corrió por las profundidades; sin embargo, primero pasó entre las manos de infinitas personas que cavaban la tierra buscando esta fuente; pero debido al hecho de que estaban ciegos, ninguno conocía esta fuente, excepto uno que consideraba su peso por todos lados.  En el último lado de la quinta página había un rey con una gran sable que hizo que en su presencia algunos soldados asesinaran a una gran multitud de niños pequeños, cuyas madres gemían a los pies de los desvergonzados soldados: la sangre de estos infantes fue más tarde recolectada por otros soldados; y fue colocada en un gran recipiente donde se bañaban el sol y la luna.
“Y por esto, esta historia representaba la mayor parte de los inocentes asesinados por Herodes; y con este libro aprendí la mayor parte del arte; esta fue una de las razones por las cuales coloqué en el jardín de su iglesia estos Símbolos Jeroglíficos de esta ciencia secreta.  Y de esta forma pueden ver aquello que estaba en las primeras cinco páginas.

“No les presentaré aquello que fue escrito en buen y legible latín en todas las demás páginas escritas, porque Dios me castigaría por cometer una gran perversidad, aquél que (como se dice) deseaba que todos los hombres del Mundo tuviesen una sola cabeza para cortar de un golpe.  Por lo tanto, teniendo conmigo este claro libro, no hice nada más por el día y por la noche que no fuera estudiarlo; entendiendo muy bien todas las operaciones que mostraba; mas no sabía con cual asunto comenzar; ésto me volvió muy laborioso y solitario, y me hizo buscar suspiros.  Mi esposa Perrenella, a quien amé tanto como a mí mismo, y con quien más tarde me casé, se asombró mucho con esto, consolándome y preguntándose encarecidamente si podía, de alguna forma, sacarme de este problema.  Quizás, no podía callarme; se lo dije todo, y le mostré este claro libro del cual, en el mismo instante que lo vió, se enamoró tanto como yo, tomando, con gozo extremo, el observar la clara cubierta, los grabados, imágenes y retratos que, sin embargo, entendía tan poco como yo: aún así, fue un gran consuelo para mí el hablarle, y el entretenerme en lo que debíamos hacer para tener sus interpretaciones”.

Nicholas Flammel pasó muchos años estudiando el misterioso libro.  Incluso pintó los cuadros que éste contenía por todas las paredes de su casa y realizó numerosas copias que les mostró a los eruditos con los que se contactó, pero ninguno podía explicar su significado secreto.  Finalmente, determinó salir en búsqueda de un adepto, o sabio, y tras muchos vagabundeos conoció a un físico   ---de nombre Maestro Canches---   que de inmediato se interesó en los diagramas y solicitó ver el libro original.  Comenzaron en París, y en el camino, el físico adepto le explicó a Flammel muchos de los principios de los jeroglifos, pero antes de que su travesía llegara a su fin, el Maestro Canches se enfermó y murió.  Flammel lo enterró en Orleans, pero habiendo meditado profundamente en la información que había obtenido durante su breve relación, fue capaz, con la ayuda de su esposa, de trabajar en la fórmula para transmutar metales básicos en oro.  Realizó el experimento varias veces con perfecto éxito, y antes de su muerte ocasionó que un número de figuras jeroglíficas fuesen pintadas sobre un arco en el jardín de la iglesia de San Inocencio en París, en donde ocultó la fórmula completa según le fuera revelada del Libro de Abraham el Judío.



Traducción del original en inglés Nicholas Flammel del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com

ABRAHAM EL JUDIO, LOS SIMBOLOS DE - Imagen




De Figuras Jeroglíficas de Flammel



LOS SIMBOLOS DE ABRAHAM EL JUDIO


En una nota al pie de página de su reimpresión de las Figuras Jeroglíficas por Nicholas Flammel, Robert H. Fryar dice: “Algo que parece evidenciar la realidad de esta historia, mas allá de toda disputa, es que este libro de ‘Abraham’ el Judío, con las anotaciones de ‘Flammel’, que escribió de las instrucciones que recibió de este físico, realmente cayó en las manos del Cardenal Richelieu, según el Conde de Cabrines le dijo a Borel, quien lo vió y lo examinó”.



Traducción del original en inglés The Symbols of Abraham the Jew del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com

lunes, 15 de octubre de 2012

CONDE BERNARDO DE TREVISO - Alquimia y Sus Exponentes




ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall

CONDE BERNARDO DE TREVISO

De todos aquellos que buscaban el Elixir de la Vida y la Piedra Filosofal, solo unos pocos pasaron por la cadena de decepciones de la que fue víctima el Conde Bernardo de Treviso, quien nació en Padua en 1406 y murió en 1490.  Su búsqueda por la Piedra Filosofal y por el secreto de la transmutación de metales comenzó cuando solo contaba con catorce años de edad.  Este no solamente gastó toda una vida, sino que también gastó  una fortuna en su búsqueda.  El Conde Bernardo pasó de un alquimista y filósofo a otro, quienes le revelaron algunos teoremas domésticos que ávidamente él aceptó y experimentó, pero que no tenían el resultado deseado.  Su familia creía que estaba loco y decían que estaba desgraciando su casa con sus experimentos, que rápidamente lo estaban reduciendo a un estado de miseria.  Viajó por muchos países, esperando encontrar en lugares distantes a hombres sabios capaces de ayudarlo.  Finalmente, llegó a su septuagesimosexto año, y fue recompensado con muchos éxitos.  A él le fueron revelados los grandes secretos del Elixir de la Vida, la Piedra Filosofal y la transmutación de metales.  Escribió un pequeño libro que describía los resultados de sus trabajos, y mientras vivió solo unos pocos años para disfrutar el fruto de su descubrimiento, él estaba bien satisfecho de que el tesoro que había encontrado era digno de toda la vida que gastó en su  búsqueda.  Se puede encontrar un ejemplo de la aplicación y la perseverancia mostrada por él en uno de los procesos que algún necio pretencioso lo alentó a intentar y que tuvieron como resultado que éste pasara veinte años calcinando cascarones de huevo y casi el mismo período destilando alcohol y otras substancias.  En la historia de la investigación alquímica, nunca ha habido un discípulo más paciente y perseverante del Gran Arcano.

Bernardo dijo que el proceso de disolución, que no se logra por medio de fuego, sino por medio de mercurio, era el secreto supremo de la alquimia.


Traducción del original en inglés Count Bernard of Treviso del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com

sábado, 13 de octubre de 2012

ALBERTO MAGNO - Imagen







De Vitae Illustrium Virorum de Jovius.

ALBERTO MAGNO.


Alberto de Groot nació alrededor del año 1206 y murió a la edad de 74.  De él se ha dicho que era “magno en magia, grande en filosofía, máximo en teología”.  Fue miembro de la orden Dominica y mentor de Sto. Tomás de Aquino en alquimia y filosofía.  Entre otras posiciones de dignidad ocupadas por Alberto Magno estaba la de Obispo de Regensburg.  Fue beatificado en 1622.  Alberto fue un filósofo Aristotélico, astrólogo y un exhaustivo estudiante de medicina y física.  Durante su adolescencia fue considerado como de mentalidad deficiente, pero su sincero servicio y devoción fueron recompensados por una visión en la cual la Virgen María se le apareció y le confirió grandes poderes filosóficos e intelectuales.  Habiéndose convertido en maestro de las ciencias mágicas, Alberto comenzó la construcción de un curioso autómata, al cual le confirió los poderes de la oratoria y el pensamiento.  El Androide, como fue llamado, se componía de metales y substancias desconocidas, elegidas según las estrellas, y estaba dotado de cualidades espirituales por fórmulas e invocaciones mágicas; y el trabajo sobre él consumió sobre treinta años.  Pensando que el artefacto era un mecanismo diabólico, Sto. Tomás de Aquino lo destruyó, frustrando de esta forma el trabajo de toda una vida.  A pesar de este acto, Alberto Magno le dejó a Sto. Tomás de Aquino sus fórmulas alquímicas, incluyendo (según una leyenda) el secreto de la Piedra Filosofal.
En una ocasión, Alberto Magno invitó a Guillermo II, Conde de Holanda y Rey de los Romanos, a una fiesta de jardín en pleno invierno.  La tierra se cubrió de nieve, pero Alberto había preparado un suntuoso banquete en los espacios abiertos de su monasterio en Colonia.  Los invitados quedaron sorprendidos con la imprudencia del filósofo, pero mientras se sentaban a comer Alberto lanzó unas pocas palabras, la nieve desapareció, el jardín se llenó de flores y aves que cantaban y el aire se calentó con las brisas del verano.  Para sorpresa de los nobles congregados, la nieve regresó tan pronto la fiesta terminó. (Para detalles, ver Las Vidas de los Filósofos Alquímicos).


Traducción del original en inglés Albertus Magnus del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com



viernes, 12 de octubre de 2012

ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES - Introducción




ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall

Introducción

Es posible la transmutación de los metales básicos en oro?  Será una idea de la cual el erudito del mundo moderno puede burlarse?  La alquimia era más que un arte especulativo: también era un arte operativo.  Desde la época del inmortal Hermes, los alquimistas han afirmado (y no sin pruebas fundamentadas) que ellos podían hacer oro del estaño, la plata, el plomo y el mercurio.  Aún estando completamente confundidos en este punto, no se sostiene que en todos los demás problemas de la filosofía y la ciencia sean completamente sensatas y racionales la infinidad de mentes brillantes, filosóficas y científicas, quienes en un periodo de dos mil años afirmaban la realidad de la transmutación y multiplicación metálica.  Tampoco es razonable que los cientos que dicen haber visto y realizado transmutaciones de metales puedan haber sido timadores, imbéciles o mentirosos.

Aquellos que piensan que todos los alquimistas eran de mentalidad irracional estarían obligados a colocar en esta categoría a casi todos los filósofos y científicos de los mundos antiguos y medievales.  Emperadores, príncipes, sacerdotes y ciudadanos comunes han atestiguado el aparente milagro de la metamorfosis metálica.  Ante los testimonios existentes, cualquiera tiene el privilegio de quedar no convencido, pero el burlador elige ignorar evidencias dignas de respetuosas consideraciones.  Muchos grandes alquimistas y filósofos Herméticos ocupan un lugar distinguido en el Salón de la Fama, mientras que sus numerosos críticos quedan desconocidos.  Es imposible hacer una lista de todos estos sinceros buscadores del gran arcano de la Naturaleza, pero bastará con mencionar unos pocos para familiarizar al lector con la clase de inteligencia superior que se interesaba en este recóndito tema.

Entre los nombres más prominentes están el de Thomas Norton, Isaac de Holanda, Basil Valentine (el supuesto descubridor del antimonio), Jean de Meung, Roger Bacon, Alberto Magno, Quercetanus Gerber (el árabe que, a través de sus escritos, llevó el conocimiento de la alquimia hasta Europa), Paracelso, Nicholas Flammel, John Frederick Helvetius, Raymond Lully, Alexander Sethon, Michael Sendivogius, Conde Bernardo de Treviso, Sir George Ripley, Picus de Mirandola, John Dee, Henry Khunrath, Michael Mier, Thomas Vaughan, J. B. von Helmont, John Heydon, Lascaris, Thomas Charnock, Synesius (Obispo de Tolemais), Morieu, el Conde de Cagliostro y el Conde de St. –Germain.  Existen leyendas al efecto de que el Rey Salomón y Pitágoras eran alquimistas y que el primero elaboró, por medios alquímicos, el oro utilizado en su templo.

Albert Pike respaldó a los filósofos alquímicos al declarar que el oro de los Herméticos era una realidad.  El dice: “La ciencia Hermética, al igual que todas las verdaderas ciencias, es matemáticamente demostrable.  Sus resultados, incluso los materiales, son tan rigurosos como los de una correcta ecuación.  El Oro Hermético no solo es un verdadero dogma, una luz sin Sombra, una Verdad sin mezcla de falsedad; es también un oro material, real, puro, el más preciado que puede encontrarse en las minas de la Tierra”.  Por el ángulo Masónico.

Guillermo y María ascendieron juntos al trono de Inglaterra en 1689, época para la cual los alquimistas abundaban en el reino, ya que durante el primer año de su reinado, estos anularon un Acta realizada por el Rey Enrique IV en la cual dicho soberano dijo que la multiplicación de metales era un delito en contra de la corona.  En la Colección de Manuscritos Alquímicos del Dr. Segismundo Bacstrom, hay una copia escrita a mano del Acta aprobada por Guillermo y María, copiada del Capítulo 30 de los Estatutos en General del primer año de su reinado.  El Acta lee como sigue:

“Acta para anular el Estatuto realizado en el 5to. año del reinado de Enrique IV, fallecido rey de Inglaterra, [en el cual] fue decretado, entre otras cosas, en estas palabras, o a este efecto, a saber: ‘que en adelante nadie debe multiplicar Oro o Plata, o usar el arte de la multiplicación, y si alguien hace lo mismo, puede incurrir en el acto de delito grave’.  Y considerando que, desde la creación de dicho estatuto, diferentes personas han tenido una gran destreza y perfección en el arte de fundir y refinar metales, por su estudio, aplicación y aprendizaje, y mejorándolos y multiplicándolos a estos y a sus minerales, que tanto abundan en este reino, y extrayendo oro y plata con el mismo, pero que no se atreven ejercitar dicha destreza dentro de este reino por temor a caer bajo la penalidad de dicho estatuto, pero ejercitan dicho arte en lugares extraños, para la gran pérdida y detrimento de este reino: por lo tanto, sea aprobada por las mas excelentes majestades del Rey y la Reina, por y con el consejo y el consentimiento de los Señores y Comunes espirituales y temporeros en este presente parlamento congregado, que de aquí en adelante la rama, articulo u oración antes mencionada y contenida en dicho acto, y cada palabra, asunto y cosa contenida en dicha rama u oración, debe ser derogada, anulada, revocada y para siempre anulada, cualquier cosa en dicha acta, a lo contrario, en cualquier manera, de ningún modo, no obstante.  Siempre provisto, y que sea promulgado por la autoridad antes mencionada, que todo el oro y la plata que sea extraída por el antes mencionado arte de fundir o refinar metales, y de mejorar y multiplicar estos y sus minerales, como se estableció anteriormente, no sea de aquí en adelante empleado para ningún otro uso que no sea aumentar dinero; y que el lugar aquí citado para su disposición sea el cuño de sus Majestades, dentro de la Torre de Londres, en cuyo lugar van a recibir el completo y verdadero valor de su oro y plata, tan procurado, de tiempo en tiempo, según su ensayo y fineza, y así, para cualquier peso mayor o menor, y que nada de ese metal de oro y plata tan refinado y procurado pueda ser usado o desechado en cualquier otro lugar dentro de los dominios de sus Majestades”.  Después que esta medida anulante se volvió efectiva, Guillermo y María fomentaron un mayor estudio de la alquimia.

El Dr. Franz Hartmann ha recolectado evidencia confiable con relación a cuatro diferentes alquimistas que transmutaron metales básicos en oro, no solo una vez, sino muchas veces.  Uno de estos relatos tiene que ver con un monje de la Orden de San Agustín llamado Wenzel Seiler, quien descubrió una pequeña cantidad de un misterioso polvo rojo en su convento.  En presencia del Emperador Leopoldo I, Rey de Alemania, Hungría y Bohemia, éste transmutó grandes cantidades de estaño en oro.  Entre otras cosas que él sumergió dentro de su misteriosa esencia había una gran medalla de plata.  Aquella parte de la medalla que hizo contacto con la substancia que producía oro fue  transmutada en la calidad más pura del más preciado metal.  El resto se quedó en plata.  Con relación a esta medalla, el Dr. Hartmann escribe:

“La evidencia más indiscutible (si las apariencias pudieran evidenciar algo) de la posibilidad de transmutar metales básicos en oro, puede ser vista por cualquiera que visite Viena; esta evidencia es una medalla preservada en la cámara Imperial del tesoro, y se dice que esta medalla, que originalmente era de plata, fue parcialmente transformada en oro, por medios alquímicos, por el mismo Wenzel Seiler, a quien más tarde el Emperador Leopoldo I convirtió en caballero y le otorgó el título Wenzeslaus Ritter von Reinburg”.  (En el Pronaos del Templo de la Sabiduría).

Las limitaciones de espacio imposibilitan que se realice una discusión más detallada de los alquimistas.  Un breve esbozo de las vidas de estos cuatro alquimistas puede servir para mostrar los principios generales sobre los cuales trabajaban, el método mediante  el cual obtuvieron su conocimiento, y el uso que le dieron.  Estos cuatro alquimistas eran Grandes Maestros de esta ciencia secreta; y las historias de sus andanzas y esfuerzos, según fueron registradas por sus propias plumas y por discípulos contemporáneos del arte Hermético, son tan fascinantes como cualquier romance de ficción.


Traducción del original en inglés Alchemy and Its Exponents  (Introduction) del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com



N. de las T.  Los cuatro alquimistas a los cuales se refiere Mr. Hall son: Paracelso de Hohenheim, Raymond Lully, Nicholas Flammel y el Conde Bernardo de Treviso.  Los esbozos de sus vidas son los temas que continúan.


martes, 9 de octubre de 2012

PARACELSO - Imagen






De Los Escritos Completos de Paracelso de Hohenheim.


PARACELSO.


En su Biografía Antigua,  Francis Barrett le añade al nombre de Paracelso los siguientes títulos de distinción: “El Príncipe de los Físicos y los Filósofos por el Fuego; Gran Físico Paradójico; El Trismegisto de Suiza; Primer Reformador de la Filosofía Química; Adepto en Alquimia, Cábala y Magia; Fiel Secretario de la Naturaleza; Maestro del Elixir de la Vida y La Piedra Filosofal”, y el “Gran Monarca de los Secretos Químicos”.




 
Traducción del original en inglés Paracelsus del capítulo Alchemy and Its Exponents del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com


PARACELSO REALIZANDO EL EXPERIMENTO DE PALINGENESIA - Imagen







Con derecho de reproducción de Manly P. Hall.


PARACELSO REALIZANDO EL EXPERIMENTO DE PALINGENESIA.



Para los Estoicos y Pitagóricos, el término “palingenesia” era el equivalente de la metempsicosis o reencarnación.  Al reconstruir plantas desde sus propias cenizas, los alquimistas no solo buscaban evidenciar que la conciencia y la inteligencia sobreviven a la aniquilación de la estructura física, sino que también buscaban evidenciar que estas retienen la individualidad que anteriormente poseían y permanecen como fuerzas organizadas.  El término palingenesia también fue utilizado para indicar el renacimiento del universo de su sueño periódico o la renovación de la tierra tras un cataclismo, como lo es, por ejemplo, el Diluvio.  Considerando al planeta como un organismo viviente, los antiguos filósofos le atribuían a éste aquellas diferentes fases de la vida a través de las cuales, aparentemente, todas las formas pasan: nacimiento, crecimiento y deterioro.  En India, los períodos alternativos de actividad cósmica y de inercia son definidos como los Días y las Noches de Brahma.  Schopenhauer utilizó el término palingenesia para representar la supervivencia de la voluntad y su manifestación en nuevas personalidades.  Algunos estudiantes de filosofía Hermética afirman que por medio de la palingenesia sería posible resucitar el cuerpo humano, incluso en un largo intervalo después de la muerte.  Aquellos que intentaban este experimento abordaban su problema sin tener un entendimiento adecuado de los asuntos involucrados, porque ninguna fórmula Hermética debe ser tomada de forma literal.  En realidad, la palingenesia es la resurrección del alma espiritual del organismo material y racional.  El cuerpo humano es la botella Hermética.  El Árbol del Alma es quemado por la degeneración humana; sin embargo, por medio de la palingenesia, se evidencia que, independientemente de cuán bajo el hombre pueda descender en vicios y degradaciones, los elementos espirituales no se pierden; más bien, pueden volverse a ensamblar por medio del arte alquímico, y el Árbol de la Vida puede crecer nuevamente dentro de la naturaleza humana.



 Traducción del original en inglés Paracelsus Performing the Experiment of Palingenesis del capítulo Alchemy and Its Exponents del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com