Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

domingo, 25 de agosto de 2013

OBSERVACIONES GENERALES - Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Observaciones Generales
 
 
A diferencia de Paracelso, algunos antiguos compartían la opinión de que los reinos elementales eran capaces de hacer guerras unos sobre otros, y en las batallas de los elementos reconocían desacuerdos entre estos reinos de los espíritus de la Naturaleza.  Cuando un relámpago golpeaba una roca y la fragmentaba, los antiguos creían que las salamandras estaban atacando a los gnomos.  Como no podían atacarse unos a otros en el plano de sus propias y peculiares esencias etéricas, debido al hecho de que no había correspondencia vibratoria alguna entre los cuatro éteres de los cuales se componían estos reinos, tenían que atacar a través de un denominador común, es decir, la substancia material del universo físico sobre el cual tenían una cantidad específica de poder.
 
Las guerras también se peleaban dentro de los mismos grupos; un ejército de gnomos atacaba a otro ejército, y podría darse una guerra civil entre ellos.  Los filósofos de hace mucho tiempo atrás resolvían los problemas de las aparentes inconsistencias de la Naturaleza individualizando y personificando todas sus fuerzas, acreditándoles temperamentos que no eran diferentes a los humanos y esperando que exhibieran típicas inconsistencias humanas.  Los cuatro signos fijos del zodíaco les fueron asignados a los cuatro reinos de elementales.  Se dice que nos gnomos eran de la naturaleza de Tauro; las ondinas eran de la naturaleza de Escorpio; las salamandras ejemplificaban la constitución de Leo; mientras que los silfos manipulaban las emanaciones de Acuario.
 
La Iglesia Cristiana reunía a todas las entidades elementales bajo el título de demonio.  Este es un nombre inapropiado que tiene consecuencias de gran alcance ya que para la mente promedio la palabra demonio significa una cosa mala, y los espíritus de la Naturaleza no son, en esencia, más malévolos que los minerales, plantas y animales.  Muchos de los antiguos Padres de la Iglesia afirmaban haber conocido y debatido con elementales.
 
Como ya se ha dicho antes, los espíritus de la Naturaleza no tienen esperanza de inmortalidad, aunque algunos filósofos han sostenido que, en casos aislados, la inmortalidad era conferida sobre ellos por adeptos e iniciados que entendían algunos principios sutiles de los mundos invisibles.  De la misma forma que la desintegración se lleva a cabo en el mundo físico, también se lleva a cabo en la contraparte etérea de la substancia física.  Bajo condiciones normales en la muerte, un espíritu de la Naturaleza simplemente se disuelve dentro de la primordial esencia transparente de la cual originalmente se individualizó.  Cualquier crecimiento evolutivo que se haya hecho está registrado únicamente en la conciencia de esa esencia o elemento primordial, y no en la entidad temporeramente individualizada del elemental.  Al estar sin el organismo compuesto del hombre y al carecer de sus vehículos espirituales e intelectuales, los espíritus de la Naturaleza son subhumanos en su inteligencia racional, pero de sus funciones   ---que están limitadas a un elemento---   ha resultado una clase especializada de inteligencia que está más adelantada del hombre en aquellas líneas de investigación peculiares al elemento en el cual existen.
 
Los Padres de la Iglesia han aplicado indiscriminadamente los términos íncubos y súcubos  a los elementales.  Sin embargo, los íncubos  y los súcubos  son creaciones malignas y no naturales, mientras que elementales es un término colectivo para todos los habitantes de las cuatro esencias elementales.  Según Paracelso, los íncubos y los súcubos (que son masculinos y femeninos respectivamente) son criaturas parasitarias que subsisten sobre los pensamientos y emociones malignas del cuerpo astral.  Estos términos también se aplican a los organismos superfísicos de los hechiceros y magos negros.  Aunque estas larvas no son seres imaginarios, son, sin embargo, los vástagos de la imaginación.  Los antiguos sabios reconocían a estas larvas como la causa invisible de los vicios, ya que ellas se desplazaban en los éteres que rodeaban a los moralmente débiles y continuamente los incitaban a cometer excesos de una naturaleza degradante.  Por esta razón frecuentaban la atmósfera de las madrigueras de marihuana, las tabernas y los burdeles, donde se adherían  a aquellos desafortunados que se habían rendido a la iniquidad.  Al permitir que sus sentidos se amortigüen por medio de la indulgencia a las drogas que causan hábito o a los estimulantes alcohólicos, el individuo temporeramente se relaciona con estos habitantes del plano astral.  La mujer bella y seductora vista  por el adicto al hachís o el opio y los morbosos monstruos que persiguen a la víctima de delirium tremens son ejemplos de seres submundanos, visibles solo para aquellos cuyas prácticas malignas son el imán de su atracción.
 
El vampiro, que Paracelso define como el cuerpo astral de una persona viva o muerta (usualmente se refiere al último estado), difiere ampliamente de los elementales y también de los íncubos y los súcubos.  El vampiro busca prolongar la existencia sobre el plano físico al robar las energías vitales de los vivos y al apropiarse indebidamente de estas energías para sus propios fines.
 
En su De Ente Spirituali, Paracelso escribe lo siguiente sobre estos seres malignos: “Estos seres no pueden volver obsesivas a las personas saludables y puras, porque estas Larvas solo pueden actuar sobre los hombres si estos últimos hacen espacio para ellas en sus mentes.  Una mente saludable es un castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su amo; pero si estas larvas son autorizadas a entrar, levantan las pasiones de los hombres y las mujeres, les crean deseos, producen malos pensamientos que actúan nocivamente sobre el cerebro; afilan el intelecto animal y sofocan el sentido moral.  Los espíritus malignos solo obsesionan a aquellos seres humanos en quienes predomina la naturaleza animal.  Las mentes que son iluminadas por el espíritu de la verdad no pueden ser poseídas; solo aquellos que habitualmente se dejan llevar por sus propios bajos impulsos pueden estar sujetos a sus influencias”.  (Ver Paracelso, por Franz Hartmann).
 
Un extraño concepto,  que de alguna forma difiere del concepto convencional,  es el que el Conde de Gabalis desarrolló con relación a la inmaculada concepción, es decir, que representa la unión de un ser humano con un elemental.  Entre los vástagos de estas uniones, el Conde menciona a Hércules, Aquiles, Eneas, Teseo, Melquisedec, el divino Platón, Apolonio de Tiana y Merlín el Mago.
 
 
Fin de este Capítulo
 

Traducción del original en inglés General Observations, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 


domingo, 18 de agosto de 2013

SILFOS, LOS - Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
 
Los Silfos
 
 
Mientras los sabios decían que la cuarta clase de elementales, o silfos, vivían en el elemento del aire, no se referían a la atmósfera natural de la Tierra, más bien al invisible e intangible medio espiritual   ---una substancia etérea similar en composición a nuestra atmósfera, pero mucho más sutil.  En el último discurso de Sócrates, según fue preservado por Platón en su Phædo, el condenado filósofo dice:
 
“Y sobre la tierra hay animales y hombres, algunos están en una región central, otros [elementales] moran alrededor del aire de la misma forma que moramos alrededor del mar; otros están en islas que el aire envuelve, cerca del continente; y en una palabra, ellos utilizan el aire de la misma forma que nosotros utilizamos el agua y el mar, y para ellos el éter es lo que el aire es para nosotros.  Por otra parte, el temperamento de sus estaciones es tal que no tienen enfermedades [Paracelso discute ésto], y viven por mucho más tiempo que nosotros, y tienen visión y audición y olfato y todos  los otros sentidos en una perfección mucho mayor de la misma forma que el aire es más puro que el agua o de la misma forma que el éter es más puro que el aire.  También tienen templos y lugares sagrados en donde los dioses realmente moran y escuchan sus voces y reciben sus respuestas; y están conscientes de ellos y conversan con ellos; y ven el sol, la luna y la estrellas como realmente son, y sus otras bendiciones son un pedazo de esto”.  Mientras se creía que los silfos vivían entre las nubes y el aire que las rodeaba, su verdadero hogar estaba sobre las cúspides de las montañas.
 
En sus notas editoriales de las Ciencias Ocultas de Salverte, Anthony Todd Tomson dice: “Evidentemente, los Elfos y las Hadas son de origen escandinavo, aunque se supone que el nombre Hada se derive de, o más bien [sea] una modificación del Peri persa, un imaginario ser benevolente, cuya competencia era proteger a los hombres de las maldiciones de los espíritus malignos; pero es muy probable que se refiera al Fagur gótico, de la misma forma que el término Elfos se deriva de Alfa, el apodo general de toda la tribu.  Si esta derivación del  nombre Hada es aceptada, podemos fechar el comienzo de la creencia popular en las Hadas británicas en el período de la conquista danesa.  Se suponía que estas hadas fuesen diminutos seres aéreos, bellos, dinámicos y beneficiosos en su intercambio con los mortales, que habitaban una región llamada Tierra de Hadas, Alf-heinner; que comúnmente aparecían en intérvalos sobre la tierra   ---cuando dejaban rastros de sus visitas en  bellos aros verdes, donde la capa cubierta de rocío había sido pisada en sus bailes a la luz de la luna”.
 
A los silfos, los antiguos les  otorgaron el trabajo de moldear los copos de nieve y de reunir nubes.  Esto último lo lograron con la cooperación de las ondinas, quienes proveían la humedad.  Los vientos eran su vehículo particular y los antiguos se referían a ellos como los espíritus del aire.  Son los elementales más altos  y su elemento nativo era el más alto en proporción vibratoria.  Viven cientos de años, a veces llegaban a vivir mil años y parecería que nunca envejecerían.  El líder de los silfos se llama Paralda, de quien se dice que mora en la montaña más alta de la Tierra.  Los silfos femeninos fueron llamados sílfides.
 
Se cree que los silfos, las salamandras y las ninfas tenían mucho que ver con los oráculos de los antiguos; de hecho, ellos eran quienes hablaban desde las profundidades de la Tierra y desde lo más alto en el aire.
 
Con frecuencia  los silfos adoptan formas humanas, pero aparentemente, solo lo hacen por cortos períodos de tiempo.  Su tamaño varía, pero en la mayoría de los casos no son más altos que los seres humanos y a veces son considerablemente más pequeños que los seres humanos.  Se dice que los silfos han aceptado a los seres humanos dentro de sus comunidades y les han permitido vivir allí por un período considerable; de hecho, Paracelso escribió sobre este suceso, pero por supuesto, esto no pudo haber ocurrido mientras el extranjero humano estaba en su cuerpo físico.  Algunos creen que las Musas de los griegos fueron silfos, ya que se dice que estos espíritus se reunían alrededor de la mente del soñador, del poeta y del artista y lo inspiraban con su íntimo conocimiento de las bellezas y los trabajos de la Naturaleza.  A los silfos se les otorgó el rincón este de la creación.  Su temperamento es alegre, cambiante y excéntrico.  Supuestamente, las cualidades peculiares que les son comunes a los hombres de genio son el resultado de la cooperación de los silfos, cuya ayuda también trae, con esta cooperación, la inconsistencia sílfica.  Los silfos trabajan con los gases del cuerpo humano y, de forma indirecta, con el sistema nervioso, donde su inconsistencia nuevamente se vuelve aparente.  No tienen domicilio fijo, más bien se trasladan de lugar a lugar   ---son nómadas elementales, poderes invisibles, pero siempre presentes en la actividad inteligente del universo.
 
 
 
Traducción del original en inglés The Sylphs, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 



SILFO - Imagen - Elementos y sus Habitantes


 
 

De un boceto realizado por Howard Wookey.
  
 
UN SILFO.
 
Los silfos eran entidades volátiles y cambiantes que iban y venían con la rapidez de un relámpago.  Trabajaban a través de los gases y éteres de la Tierra y tenían una amable disposición hacia los seres humanos.  Casi siempre eran representados con alas, en otras ocasiones  se representaban como pequeños querubines, y en otras ocasiones como delicadas hadas.
 
 
Traducción del original en inglés A Sylph, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 


jueves, 15 de agosto de 2013

SALAMANDRAS, LAS - Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Las Salamandras
 
 
El tercer grupo de elementales es el de las salamandras, o espíritus de fuego, que viven en ese atenuado y espiritual éter que es el invisible elemento del fuego en la Naturaleza.  El fuego material no puede existir sin ellas; un cerillo no puede ser golpeado, ni la piedra ni el hierro podrán dar su chispa sin la ayuda de una salamandra que inmediatamente aparece (así lo creían los místicos medievales), evocada por la fricción.  El hombre es incapaz de comunicarse exitosamente con las salamandras debido al elemento ardiente en el cual ellas moran, ya que todo se reduce a cenizas para volver a su existencia.  Los filósofos del mundo antiguo fabricaban muchas clases de inciensos por medio de compuestos de hierbas y perfumes especialmente preparados.  Cuando el incienso era quemado, los vapores que salían servían especialmente como medio de expresión de estos elementales quienes, al tomar prestado el efluvio etéreo del humo del incienso, eran capaces de hacer que se sintiera su presencia.
 
Las salamandras son tan variadas en su agrupación y disposición como las ondinas y los gnomos.  Hay muchas familias de estas salamandras que se diferencian en apariencia, tamaño y dignidad.  A veces, las salamandras eran visibles como pequeñas bolas de luz.  Paracelso dice: “Las salamandras han sido vistas con forma de ardientes bolas, o lenguas de fuego, corriendo sobre los campos o acompañando en casas”.  (Filosofía Oculta, traducido por Franz Hartmann).
 
Los investigadores medievales de los espíritus de la Naturaleza opinaban que la forma más común de las salamandras era la forma de un lagarto, de un pie o más de longitud, tan visible como una brillante Urodela, retorciéndose y gateando en medio del fuego.  Otro grupo de salamandras fue descrito como enormes gigantes flameantes con fluidas vestimentas, protegidos con hojas de ardiente armadura.  Algunas autoridades medievales, entre las cuales está el Abad de Villars, decían que Zarathustra (Zoroastro) era el hijo de Vesta (que se creía  era la esposa de Noé) y la gran salamandra  Oromasis.  Por consiguiente, desde esa época en adelante, se han mantenido fuegos eternos sobre los altares persas en honor al ardiente padre de Zarathustra.
 
Una subdivisión muy importante de las salamandras era la de los Acthnici.  Estas criaturas solo aparecían como orbes borrosos.  Se suponía que estos flotaran de noche sobre el agua y que en ocasiones aparecieran como horquillas de llamas de fuego sobre los mástiles y aparejos de los barcos (el fuego de San Elmo).  Las salamandras eran los elementales más fuertes y poderosos, y tenían como gobernante un magnifico espíritu ardiente llamado Djin, que tenía terrible y sorprendente apariencia.  Las salamandras eran peligrosas y los sabios fueron advertidos a apartarse de ellas debido a que los  beneficios derivados de investigarlas a veces no eran acordes con el precio que se tenía que pagar.  Como los antiguos asociaban el calor con el Sur, este rincón de la creación le fue asignado a las salamandras como su trono; y estas ejercían una especial influencia sobre todos los seres de temperamento ardiente o tempestuoso.  Tanto en los animales como en los hombres, las salamandras obran a través de la naturaleza emocional por medio del calor del cuerpo, del hígado y el flujo sanguíneo.  Sin su ayuda, no existiría el calor.
 
 
Traducción del original en inglés The Salamanders del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 
 
Fuego de San Elmo   -   Arte de Enrique García Lozano
 



SALAMANDRA, UNA - Imagen - Elementos y sus Habitantes





De Auslegung von 30 magischen Figuren de Paracelso.
 
 
UNA SALAMANDRA, SEGUN PARACELSO.
 
Los egipcios, caldeos y persas a veces confundían a las salamandras con dioses debido a su radiante esplendor y gran poder.  Siguiendo el ejemplo de antiguas naciones, los griegos deificaron a los espiritus del fuego y en su honor mantenían incienso y altares de fuego quemando perpetuamente.
 
 

Traducción del original en inglés A Salamander, According to Paracelsus, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  riverafarrell@gmail.com
 


martes, 13 de agosto de 2013

ONDINAS, LAS - Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Las Ondinas
 
De la misma forma que la función de los gnomos se limitaba a los elementos de la tierra, así también las ondinas (un nombre otorgado a la familia de los elementales del agua) funcionaban en la esencia invisible y espiritual llamada éter húmedo (o líquido).  En su proporción vibratoria, esto se acerca al elemento del agua; por esta razón, las ondinas son capaces de controlar, hasta un grado mayor, el curso y la función de este fluido en la Naturaleza.  La belleza parece ser la clave de los espíritus del agua.  Dondequiera que se muestren en el arte o en las esculturas, abundan en simetría y gracia.  Debido al hecho de que controlan el elemento del agua   ---que siempre ha sido un símbolo femenino---   es natural que los espíritus del agua con frecuencia sean simbolizados como femeninos.
 
Hay muchos grupos de ondinas.  Algunas habitan en las cascadas, donde pueden verse en el rocío; otras son nativas de los ríos que corren rápidamente; algunas tienen su hábitat en las empapadas y rebosadas turberas o humedales; mientras que otros grupos moran en los claros lagos de las montañas.  Según los filósofos de la antigüedad, cada fuente tenía su ninfa; cada ola del océano tenía su oceánida.  Los espíritus del agua se conocían bajo nombres como oréades, nereidas, limnades, náyades, duendecillos del agua, doncellas del mar, sirenas y potámides.  Con frecuencia, las ninfas del agua derivaban sus nombres de las corrientes, lagos o mares en los cuales moraban.
 
Al describir a las ondinas, los antiguos concordaban en algunas características destacadas.  En general, casi todas las ondinas tenían una estrecha semejanza en apariencia y tamaño con los seres humanos; aunque las que habitaban en pequeñas corrientes y fuentes tenían proporciones correspondientemente menores.  Se creía que estos espíritus del agua en ocasiones eran capaces de adoptar la apariencia de seres humanos normales y que realmente se asociaban con hombres y mujeres.  Hay muchas leyendas sobre esos espíritus y sobre su adopción por las familias de pescadores, pero en casi todos los casos, las ondinas escuchaban el llamado de las aguas y regresaban al reino de Neptuno, el Rey del Mar.
 
No se conoce prácticamente nada con relación a las ondinas masculinas.  Los espíritus del agua no establecían hogares como lo hacían los gnomos; más bien vivían en cuevas de corales debajo del océano o entre los juncos que creían en las riberas de los ríos o de los lagos.  Entre los celtas existe una leyenda al efecto de que antes de la llegada de sus actuales habitantes, Irlanda fue poblada por una extraña raza de criaturas semidivinas; con la llegada de los modernos celtas, esta raza se retiro a los pantanos y tuberas, donde aún permanecen.  Diminutas ondinas vivían debajo de nenúfares y en pequeñas casas de musgo rociado por cascadas.  Las ondinas trabajaban con las esencias vitales y los líquidos en plantas, animales y seres humanos, y estaban presentes en todo lo que contenía agua.  Cuando eran observadas, las ondinas generalmente se asemejaban a las diosas del estatuario griego.  Salían del agua envueltas en rocío y no podían existir por mucho tiempo alejadas de ella.
 
Hay muchas familias de ondinas, cada una con sus peculiares limitaciones.  En este capítulo es imposible considerarlas en detalle.  Aman y honran, y le sirven incansablemente, a su gobernante, Necksa.  Se dice que su temperamento es vital, y a ellas le ha sido otorgado como su trono el lado oeste de la creación.  Son seres emocionales, amigos de la vida humana y le sirven con cariño a la humanidad.  A veces, se muestran cabalgando sobre delfines u otros grandes peces y aparentan tener un amor especial hacia las flores y hacia las plantas, a quienes sirven casi tan devota e inteligentemente de la misma forma que lo hacen los gnomos.  Los antiguos poetas han dicho que las canciones de las ondinas eran escuchadas en el viento del oeste y que sus vidas se consagraban al embellecimiento de la tierra material. 
 
 
Traducción del original en inglés The Undines del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 


SIRENA - Imagen - Elementos y sus Habitantes






De Prodigiorum Ac Ostentorum Chronicon.
 
 
UNA SIRENA.
 
Probablemente, las más famosas de las ondinas fueron las mitológicas sirenas, con las cuales los antiguos marineros poblaron los Siete Mares.  La creencia en la existencia de estas criaturas, que tenían la parte superior de sus cuerpos con formas humanas y la inferior con forma de pez, pudo haber sido inspirada por grupos de pingüinos vistos a gran distancia, o posiblemente por focas.  En las descripciones medievales de las sirenas también se afirmaba que su cabello era verde como las algas y que utilizaban coronas de brotes torcidos de plantas subacuosas y anémonas de mar.
 
 
Traducción del original en inglés A Mermaid del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com



Una Sirena   -   Arte de J. W. Waterhouse (1901)

 


domingo, 11 de agosto de 2013

GNOMOS, LOS - Los Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Los Gnomos
 
 
Los elementales que moran en ese cuerpo atenuado de la Tierra que es denominado como el éter terreno, están agrupados bajo la sección general de gnomos.  (Probablemente, el nombre se deriva del griego genomus  que significa morador de la tierra.  (Ver Nuevo Diccionario Inglés).
 
De la misma forma que hay muchas clases de seres humanos que evolucionan a través de los elementos físicos objetivos de la Naturaleza, también hay muchas clases de gnomos que evolucionan a través del cuerpo subjetivo etéreo de la Naturaleza.  Estos espíritus de la tierra trabajan en un elemento tan cercano en proporción vibratoria a la tierra material que tienen un inmenso poder sobre sus rocas y flora, y también sobre los elementos minerales en los reinos animal y humano.  Algunos, como los pigmeos, trabajan con las piedras, gemas y metales; y se supone que sean los custodios de los tesoros ocultos.  Viven en cuevas, debajo de lo que los escandinavos llamaban la Tierra de los Nibelungos.  En el maravilloso ciclo de la ópera de Wagner, El Anillo de los Nibelungos, Alberich se autoproclama Rey de los Pigmeos y obliga a estas pequeñas criaturas a recolectar para él los tesoros ocultos debajo de la superficie de la tierra.
 
Además de los pigmeos, existen otros gnomos que son llamados duendes de los árboles y los bosques.  A este grupo pertenecen los silvestres, sátiros, pan, dríades, hamadríades, “durdalis”, elfos, duendecillos y pequeños ancianos de los bosques.  Paracelso decía que los gnomos construían casas con substancias semejantes en sus constituciones al alabastro, mármol y cemento; pero al no tener contraparte en la naturaleza física, se desconoce la naturaleza de estos materiales.  Algunas familias de gnomos se reúnen en comunidades, mientras que otras son nativas de las substancias con las cuales y en las cuales trabajan.  Por ejemplo, las hamadríades viven y mueren con las plantas o árboles de los cuales son parte.  Se dice que cada arbusto y flor tiene su propio espíritu de la Naturaleza  que a veces utiliza el cuerpo físico de la planta como su habitación.  Al reconocer el principio de la inteligencia que se manifiesta en cada departamento de la Naturaleza, los antiguos filósofos creían que la cualidad de la selección natural exhibida por las criaturas que no poseían mentalidades organizadas, en realidad expresaban las decisiones de los espíritus de la Naturaleza en sí.
 
 
En Los Mitos Clásicos, C. M. Gayley dice: “En el antiguo paganismo, era un rasgo atractivo  el hecho de que amaban trazar el agente de la deidad en cada operación de la naturaleza.  La imaginación de los griegos poblaba las regiones de la tierra y el mar con divinidades, a cuyos agentes se les atribuye el fenómeno que nuestra filosofía le adscribe a la operación de la ley natural”.  Por lo tanto, en nombre de la planta con la cual trabajaba, el elemental aceptaba y rechazaba los elementos alimenticios, depositaba materia de colores en la planta, preservaba y protegía las semillas y realizaba muchos otros trabajos beneficiosos.  Cada especie era servida por una clase diferente, pero correspondiente, de algún espíritu de la Naturaleza.  Por ejemplo, quienes trabajaban con arbustos venenosos, tenían una apariencia ofensiva.  Se dice que los espíritus de la Naturaleza de la venenosa cicuta se asemejan mucho a pequeños esqueletos humanos finamente cubiertos por una piel semitransparente.  Viven en y a través de la cicuta; y si se corta, permanecen con los brotes quebrados hasta que muere; pero mientras haya una leve evidencia de vida en el arbusto, mostrará la presencia del custodio elemental. 
 
Los grandes árboles también tienen sus espíritus de la Naturaleza, pero estos son mucho más grandes que los elementales de las plantas más pequeñas.  Los trabajos de los pigmeos incluyen el corte de los cristales en las rocas y el desarrollo de venas de minerales.  Cuando los gnomos están trabajando con animales o seres humanos, su trabajo se limita a los tejidos que corresponden con sus propias naturalezas.  Por lo tanto, ellos trabajan con los huesos, que pertenecen al reino mineral, y los antiguos creían que era imposible reconstruir miembros quebrados sin la cooperación de los elementales. 
 
Los gnomos son de diferentes tamaños   ---algunos de ellos son mucho más pequeños que los seres humanos, aunque algunos tienen el poder de cambiar su estatura  a voluntad.  Este es el resultado de la extrema movilidad del elemento en el cual funcionan.  Con relación a ellos, el Abad de Villars escribió: “La tierra está prácticamente llena hasta su centro con Gnomos, gente de leve estatura que son los custodios de tesoros, minerales y piedras preciosas.  Son ingeniosos, amigos del hombre y fáciles de gobernar”.
 
No todas las autoridades concuerdan con relación a la amigable disposición de los gnomos.  Muchos dicen que estos tienen una naturaleza astuta y maliciosa, son difíciles para manejar y son traicioneros.  Sin embargo, los escritores concuerdan en que cuando ganan confianza son fieles y verdaderos.  Los filósofos e iniciados del mundo antiguo fueron instruídos con relación a esta pequeña gente misteriosa así como a comunicarse con ellos y obtener su cooperación en tareas de importancia.  Sin embargo, a los magos siempre se les advirtió a nunca traicionar la confianza de los elementales porque si lo hacían, las criaturas invisibles que trabajaban a través de la naturaleza subjetiva del hombre, podrían causarles infinitas penas y probablemente causarían una destrucción absoluta.  Mientras el místico le servía a otros, los gnomos le servían al místico; pero si este buscaba utilizar su ayuda de forma egoísta para obtener poder temporero, los gnomos le darían la espalda con una furia implacable.  Lo mismo era cierto si el místico buscaba engañarlos.
 
En ciertas épocas del año, los espíritus de la tierra se reunían en grandes conclaves, como Shakespeare lo sugiere en su Sueño de una Noche de Verano, en donde todos los elementales se reunían para regocijarse en la belleza y armonía de la Naturaleza y en las posibilidades de una excelente cosecha.  Los gnomos son gobernados por un rey a quien aman y reverencian grandemente.  Su nombre es Gob; por esto sus súbditos son llamados con frecuencia “goblins”.  Los místicos medievales les otorgaban un rincón de la creación (uno de los puntos cardinales) a cada uno de los cuatro reinos de los espíritus de la Naturaleza; y, debido a su carácter terreno, los gnomos fueron asignados al Norte   ---el lugar que los antiguos reconocían como la fuente de la oscuridad y de la muerte.  Una de las cuatro principales divisiones de la disposición humana también les fue asignada a los gnomos; y debido a que muchos de ellos moraban en la oscuridad de las cuevas y en la penumbra de los bosques, se dice que su temperamento era melancólico, penumbroso y pesimista.  Esto no quiere decir que ellos tienen esa disposición, más bien que tienen un control especial sobre los elementos que tienen una consistencia similar.
 
Los gnomos se casan y tienen familias, y los gnomos femeninos son llamados gnomides.  Algunos utilizan vestimentas bordadas con el elemento en el cual viven.  En otras ocasiones, sus vestimentas son parte de ellos mismos y crecen con ellos, como el pelaje de los animales.  Se dice que los gnomos tienen apetitos insaciables y que pasan la mayor parte del tiempo comiendo, pero se ganan su comida por su labor diligente y escrupulosa.  Muchos de ellos tienen un temperamento mezquino y guardan cosas en lugares secretos.  Hay abundante evidencia del hecho de que los niños pequeños a veces pueden ver a los gnomos porque su contacto con el lado material de la Naturaleza aún no está completo y funcionan más o menos conscientemente en los mundos invisibles.
 
Según Paracelso: “El hombre vive en los elementos exteriores y los Elementales viven en los elementos interiores.  Estos últimos tienen sus propias moradas y vestimentas, modales y costumbres, idiomas y gobiernos de la misma forma que las abejas tienen sus reinas y que las manadas de animales tienen sus líderes”.  (Filosofía Oculta, traducido por Franz Hartmann).
 
En cierto modo, Paracelso difiere de los místicos griegos con relación a las limitaciones ambientales impuestas sobre los espíritus de la Naturaleza.  El filósofo suizo representa a estos espíritus de la Naturaleza con éteres sutiles e invisibles.  Según esta hipótesis, estos espíritus serian visibles solo en ciertas épocas y solo a aquellos que están en armonía con sus vibraciones etéreas.  Por otro lado, aparentemente los griegos creían que muchos espíritus de la Naturaleza tenían constituciones materiales capaces de funcionar en el  mundo físico.  Muchas veces, el recuerdo de un sueno es  tan vívido que, al despertar, una persona realmente cree haber pasado por una experiencia física.  La dificultad de juzgar adecuadamente el fin de la vista física y el comienzo de la visión etérea pudiera explicar estas diferencias de opinión.
 
Sin embargo, incluso esta explicación no justifica satisfactoriamente al sátiro que, según San Jerónimo, fue capturado vivo y exhibido al pueblo durante el reinado de Constantino.  Este sátiro tenía forma humana con cuernos y patas de cabra.  Tras su muerte, fue preservado en sal y llevado hasta el Emperador para que este último pudiese atestiguar su realidad.  (Es dentro de los límites de la probabilidad que esta curiosidad era lo que la ciencia moderna conoce como monstruosidad).
 
 
Traducción del original en inglés The Gnomes del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com