LA FE
DEL ISLAM
Manly
P. Hall
3ra.
Parte
Con relación al carácter de Mahoma se
han formulado las ideas más equivocadas.
No existe evidencia que apoye los
cargos de extrema crueldad y libertinaje por los que se le acuso. Por otra parte, mientras más estrechamente los investigadores
imparciales escudriñen la vida de Mahoma, se volverán más evidentes las
cualidades más bellas de su naturaleza.
En palabras de Carlyle:
“Después de todo lo que se pueda decir
sobre él; como tal, Mahoma no era un hombre sensual. Erramos grandemente al considerar a este
hombre como un común voluptuoso, principalmente concentrado en placeres ---no, en ningún tipo de placeres. Su domicilio era uno de los más frugales, su dieta
común consistía de pan de cebada y agua.
Había meses en los cuales no hubo un fuego encendido en su hogar.*** Un hombre que gustaba de vivir en la escases,
trabajador y mortificado por enfermedad; que no le importaba aquello por lo que
los hombres vulgares se afanaban.*** Dices
que fue llamado un Profeta? Porque él estuvo allí cara a cara con ellos; no
estaba consagrado a ningún misterio, visiblemente influenciado por su propio
manto, preparando sus propios zapatos, peleando, aconsejando, ordenando en
medio de ellos, que deben haber visto la clase de hombre que él era; llámenlo como
ustedes quieran! Ningún emperador con
sus tiaras fue obedecido tanto como este hombre con el manto de su propia
potencia.”
Confundido por la aparentemente desesperanzada
tarea de reconciliar la vida del Profeta con las absurdas declaraciones que por
mucho tiempo fueron aceptadas como auténticas, Washington Irving lo sopesa en
la balanza de la equidad.
“Sus triunfos militares no despertaron
orgullo o vanagloria, como lo hubieran hecho si hubiesen sido realizados para propósitos
egoístas. Para la época de su más grande
poder, él mantuvo la misma simpleza en su forma y apariencia al igual que en
los días de su adversidad.*** Es esta
perfecta abnegación del yo, conectada con esta evidente sincera devoción que corre por las diferentes
fases de su riqueza, la que deja perplejo a uno a la hora de hacer un justo
estimado del carácter de Mahoma.
***Cuando se colocó sobre el lecho de muerte de su hijo Ibrahim, bajo
esta vehemente aflicción, su conducta exhibió resignación a la voluntad de Dios;
y la esperanza de reunirse pronto con su hijo en el Paraíso era su consolación.” (Véase Mahoma
y Sus Sucesores).
Cuando, tras la muerte del Profeta, se
le pregunto a A’isha con relación a sus costumbres, esta respondió que el
remendaba su propia ropa, arreglaba su propio calzado y la ayudaba con los deberes
del hogar. Cuan alejada de los conceptos
de occidente sobre el carácter sanguinario de Mahoma esta la simple admisión de
A’isha de que a él le gustaba coser! El también
aceptaba las invitaciones de los esclavos y se sentaba a comer con los
sirvientes, autoproclamándose uno de ellos.
La mentira era el vicio que el más odiaba. Antes de su muerte, liberó a todos sus
esclavos. Nunca permitió que su familia
usara para propósitos personales cualquiera de las limosnas o dinero de diezmo
que la gente le ofrecía. Siempre estaba
lleno de golosinas y utilizaba el agua de lluvia para beber. Dividía su tiempo en tres partes, a saber: la
primera se la dedicaba a Dios, la segunda a su familia y la tercera a sí
mismo. Sin embargo, esta última parte la
sacrificó al servicio de su pueblo.
Generalmente vestía de blanco, pero también usaba rojo, amarillo y
verde. Mahoma entró a la Meca vestido
con un turbante negro y portando un estandarte negro. Solo utilizaba la ropa más simple, declarando
que el vestido suntuoso y llamativo no era piadoso, y no removía sus zapatos al
momento de orar. Estaba especialmente
preocupado con la limpieza de sus dientes; y, a la hora de su muerte, cuando ya
casi no podía hablar, indicó su deseo por un palillo de dientes. Cuando tenía miedo de que se le olvidara
algo, el Profeta amarraba una cuerda a su anillo. El tenia un anillo de oro muy fino pero, al
percatarse de que sus seguidores habían tomado la costumbre de portar anillos similares para imitarlo, se removió el suyo y
lo tiró para que sus seguidores no volvieran a tomar tan mala costumbre. (Véase La
Vida de Mahoma).
La acusación más frecuente, y
aparentemente la más dañina, que se hizo contra Mahoma es la de poligamia. Aquellos que sinceramente creen que el harén
no estaba de acuerdo con la espiritualidad, deben consistentemente impulsar la expurgación
de los Salmos de David y los Proverbios de Salomón de la lista de escritos
inspirados, ya que el harén del Profeta del Islam era insignificante comparado
con el del rey más sabio de Israel y el considerado preferido del Altísimo! La concepción popular de que Mahoma enseñó
que las mujeres no tenían alma y que podían llegar al cielo sólo a través del
matrimonio, no está confirmada por las palabras y actitud del Profeta durante
su periodo de vida. En un documento
titulado La Influencia del Islam en las
Condiciones Sociales, leído en el Parlamento Mundial de Religiones que tuvo
lugar en Chicago en el año 1893, Mohammed Webb presenta y responde al cargo de
esta forma:
“Se ha dicho que Mahoma y el Corán le
negaban el alma a la mujer y la posicionaba con los animales. El Corán la coloca en perfecta y completa igualdad
con el hombre, y las enseñanzas del Profeta a veces la colocan en una posición superior
al hombre en algunos casos.” El Sr. Webb
justifica su posición al citar el trigesimoquinto verso del trigesimotercer sura del Corán:
“Ciertamente, los musulmanes de ambos
sexos, y los verdaderos creyentes de ambos sexos, y los hombres devotos, y las
mujeres devotas, y los hombres de veracidad, y las mujeres de veracidad, y los
hombres pacientes, y las mujeres pacientes, y los hombres humildes, y las
mujeres humildes, y los dadores de limosna de ambos sexos, y los hombres que
ayunan, y las mujeres que ayunan, y los hombres castos, y las mujeres castas, y
aquellos de ambos sexos que frecuentemente recuerdan a Alá: para ellos Alá
preparó el perdón y una gran recompensa.”
Aquí, claramente se establece el objetivo de llegar al cielo como un
problema cuya única solución es aquella que tiene un merito individual.
El día de su muerte, Mahoma le dijo a Fátima,
su amada hija, y a Safiya, su tía: “Trabajen en todo lo que les pueda ganar aceptación
con el Señor: ya que realmente en ninguna manera tengo poder con Él para salvarlas.” El Profeta no le dijo a ninguna de las dos
mujeres que confiaran en las virtudes de sus maridos y, de ninguna forma, índico
que la salvación de la mujer dependería de la fragilidad humana de su esposo.
Nada contrario a esto se sostiene;
Mahoma no es responsable de las contradicciones e inconsistencias del Corán, ya
que el volumen no estaba recopilado ni asumió su forma actual hasta más de
veinte años después de su muerte. En su
estado actual, el Corán es, mayormente, una mezcla de testimonios a través de
los cuales ocasionalmente brilla un ejemplo de verdadera inspiración. De lo que se conoce del hombre Mahoma, es
razonable suponer que estas porciones más nobles y bellas representan las
verdaderas doctrinas del Profeta; el resto son obvias interpolaciones, algunas
salen de la falta de entendimiento y otras son falsificaciones directas,
calculadas para satisfacer las ambiciones temporeras de conquistar el
islam. Sobre este tema, Godfrey Higgins
habla con su usual perspicacia:
“Aquí tenemos el Corán de Mahoma y de
los primeros cuatro sinceros y fervientes patriarcas, y el Corán de los
conquistadores y magníficos sarracenos
---henchidos de orgullo y vanidad.
El Corán del filósofo ecléctico probablemente no se ajustaba a los
conquistadores de Asia. Se debe injertar
un nuevo Corán sobre el antiguo, para encontrar una justificación a sus
complejidades.” (Véase Anacalipsis).
Continúa…
Traducción del original en
inglés The Faith of Islam del libro The
Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sanchez&Rivera,
Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
gracias por poner esto!
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