Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

martes, 8 de mayo de 2012

LA FE DEL ISLAM - 3ra. Parte





LA  FE  DEL  ISLAM



Manly P. Hall





3ra. Parte



Con relación al carácter de Mahoma se han formulado las ideas más equivocadas.  No existe evidencia  que apoye los cargos de extrema crueldad y libertinaje por los que se le acuso.  Por otra parte, mientras  más estrechamente los investigadores imparciales escudriñen la vida de Mahoma, se volverán más evidentes las cualidades más bellas de su naturaleza.  En palabras de Carlyle:



“Después de todo lo que se pueda decir sobre él; como tal, Mahoma no era un hombre sensual.  Erramos grandemente al considerar a este hombre como un común voluptuoso, principalmente concentrado en placeres   ---no, en ningún tipo de placeres.  Su domicilio era uno de los más frugales, su dieta común consistía de pan de cebada y agua.  Había meses en los cuales no hubo un fuego encendido en su hogar.***   Un hombre que gustaba de vivir en la escases, trabajador y mortificado por enfermedad; que no le importaba aquello por lo que los hombres vulgares se afanaban.***  Dices que fue llamado un Profeta?  Porque  él estuvo allí cara a cara con ellos; no estaba consagrado a ningún misterio, visiblemente influenciado por su propio manto, preparando sus propios zapatos, peleando, aconsejando, ordenando en medio de ellos, que deben haber visto la clase de hombre que él era; llámenlo como ustedes quieran!  Ningún emperador con sus tiaras fue obedecido tanto como este hombre con el manto de su propia potencia.”



Confundido por la aparentemente desesperanzada tarea de reconciliar la vida del Profeta con las absurdas declaraciones que por mucho tiempo fueron aceptadas como auténticas, Washington Irving lo sopesa en la balanza de la equidad.



“Sus triunfos militares no despertaron orgullo o vanagloria, como lo hubieran  hecho si hubiesen sido realizados para propósitos egoístas.  Para la época de su más grande poder, él mantuvo la misma simpleza en su forma y apariencia al igual que en los días de su adversidad.***  Es esta perfecta abnegación del yo, conectada con esta evidente  sincera devoción que corre por las diferentes fases de su riqueza, la que deja perplejo a uno a la hora de hacer un justo estimado del carácter de Mahoma.  ***Cuando se colocó sobre el lecho de muerte de su hijo Ibrahim, bajo esta vehemente aflicción, su conducta exhibió resignación a la voluntad de Dios; y la esperanza de reunirse pronto con su hijo en el Paraíso era su consolación.”  (Véase Mahoma y Sus Sucesores).



Cuando, tras la muerte del Profeta, se le pregunto a A’isha con relación a sus costumbres, esta respondió que el remendaba su propia ropa, arreglaba su propio calzado y la ayudaba con los deberes del hogar.  Cuan alejada de los conceptos de occidente sobre el carácter sanguinario de Mahoma esta la simple admisión de A’isha de que a él le gustaba coser!  El también aceptaba las invitaciones de los esclavos y se sentaba a comer con los sirvientes, autoproclamándose uno de ellos.  La mentira era el vicio que el más odiaba.  Antes de su muerte, liberó a todos sus esclavos.  Nunca permitió que su familia usara para propósitos personales  cualquiera de las limosnas o dinero de diezmo que la gente le ofrecía.  Siempre estaba lleno de golosinas y utilizaba el agua de lluvia para beber.  Dividía su tiempo en tres partes, a saber: la primera se la dedicaba a Dios, la segunda a su familia y la tercera a sí mismo.  Sin embargo, esta última parte la sacrificó al servicio de su pueblo.  Generalmente vestía de blanco, pero también usaba rojo, amarillo y verde.  Mahoma entró a la Meca vestido con un turbante negro y portando un estandarte negro.  Solo utilizaba la ropa más simple, declarando que el vestido suntuoso y llamativo no era piadoso, y no removía sus zapatos al momento de orar.  Estaba especialmente preocupado con la limpieza de sus dientes; y, a la hora de su muerte, cuando ya casi no podía hablar, indicó su deseo por un palillo de dientes.  Cuando tenía miedo de que se le olvidara algo, el Profeta amarraba una cuerda a su anillo.  El tenia un anillo de oro muy fino pero, al percatarse de que sus seguidores habían tomado la costumbre de portar anillos  similares para imitarlo, se removió el suyo y lo tiró para que sus seguidores no volvieran a tomar tan mala costumbre.  (Véase La Vida de Mahoma).



La acusación más frecuente, y aparentemente la más dañina, que se hizo contra Mahoma es la de poligamia.  Aquellos que sinceramente creen que el harén no estaba de acuerdo con la espiritualidad, deben consistentemente impulsar la expurgación de los Salmos de David y los Proverbios de Salomón de la lista de escritos inspirados, ya que el harén del Profeta del Islam era insignificante comparado con el del rey más sabio de Israel y el considerado preferido del Altísimo!  La concepción popular de que Mahoma enseñó que las mujeres no tenían alma y que podían llegar al cielo sólo a través del matrimonio, no está confirmada por las palabras y actitud del Profeta durante su periodo de vida.  En un documento titulado La Influencia del Islam en las Condiciones Sociales, leído en el Parlamento Mundial de Religiones que tuvo lugar en Chicago en el año 1893, Mohammed Webb presenta y responde al cargo de esta forma:



“Se ha dicho que Mahoma y el Corán le negaban el alma a la mujer y la posicionaba con los animales.  El Corán la coloca en perfecta y completa igualdad con el hombre, y las enseñanzas del Profeta a veces la colocan en una posición superior al hombre en algunos casos.”  El Sr. Webb justifica su posición al citar el trigesimoquinto verso del trigesimotercer sura del Corán:



“Ciertamente, los musulmanes de ambos sexos, y los verdaderos creyentes de ambos sexos, y los hombres devotos, y las mujeres devotas, y los hombres de veracidad, y las mujeres de veracidad, y los hombres pacientes, y las mujeres pacientes, y los hombres humildes, y las mujeres humildes, y los dadores de limosna de ambos sexos, y los hombres que ayunan, y las mujeres que ayunan, y los hombres castos, y las mujeres castas, y aquellos de ambos sexos que frecuentemente recuerdan a Alá: para ellos Alá preparó el perdón y una gran recompensa.”  Aquí, claramente se establece el objetivo de llegar al cielo como un problema cuya única solución es aquella que tiene un merito individual.



El día de su muerte, Mahoma le dijo a Fátima, su amada hija, y a Safiya, su tía: “Trabajen en todo lo que les pueda ganar aceptación con el Señor: ya que realmente en ninguna manera  tengo poder con Él para salvarlas.”  El Profeta no le dijo a ninguna de las dos mujeres que confiaran en las virtudes de sus maridos y, de ninguna forma, índico que la salvación de la mujer dependería de la fragilidad humana de su esposo.



Nada contrario a esto se sostiene; Mahoma no es responsable de las contradicciones e inconsistencias del Corán, ya que el volumen no estaba recopilado ni asumió su forma actual hasta más de veinte años después de su muerte.  En su estado actual, el Corán es, mayormente, una mezcla de testimonios a través de los cuales ocasionalmente brilla un ejemplo de verdadera inspiración.  De lo que se conoce del hombre Mahoma, es razonable suponer que estas porciones más nobles y bellas representan las verdaderas doctrinas del Profeta; el resto son obvias interpolaciones, algunas salen de la falta de entendimiento y otras son falsificaciones directas, calculadas para satisfacer las ambiciones temporeras de conquistar el islam.  Sobre este tema, Godfrey Higgins habla con su usual perspicacia:



“Aquí tenemos el Corán de Mahoma y de los primeros cuatro sinceros y fervientes patriarcas, y el Corán de los conquistadores y magníficos sarracenos   ---henchidos de orgullo y vanidad.  El Corán del filósofo ecléctico probablemente no se ajustaba a los conquistadores de Asia.  Se debe injertar un nuevo Corán sobre el antiguo, para encontrar una justificación a sus complejidades.”  (Véase Anacalipsis).





Continúa…







Traducción del original en inglés The Faith of Islam del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sanchez&Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com




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