LA FE
DEL ISLAM
Manly
P. Hall
2da.
Parte
Si los escritos que se le atribuyen a
Mahoma se consideran como simples alucinaciones epilépticas ---y por esa razón son descartados--- sus detractores cristianos entonces deberían
tener cuidado con las doctrinas del Profeta que socavan las enseñanzas que
ellos mismos afirman, ya que se sabe que muchos de los discípulos, apóstoles y
santos de la antigua iglesia han estado sujetos a desórdenes nerviosos. La primera conversa de Mahoma fue su propia
esposa, Khadijah, que fue seguida por otros miembros de su familia inmediata,
circunstancia que motivó que Sir William Muir señalara:
“Es fuertemente corroborativo de la
sinceridad de Mahoma el hecho de que los primeros conversos al islam no solo
tenían un carácter correcto, sino que su seno de amigos y el pueblo de su
familia, quienes estaban íntimamente familiarizados con su vida privada, no
podían de manera alguna haber errado en detectar aquellas discrepancias que más
o menos existen entre las declaraciones de un hipócrita engañador en el
exterior, y sus acciones dentro del hogar”.
(Véase La Vida de Mahoma).
Entre los primeros en aceptar la fe del
islam estaba Abu Bekr, que se convirtió en el amigo más cercano y fiel de
Mahoma; de hecho, en su yo reformado. Abu Bekr, un hombre de brillantes logros,
contribuyó materialmente al éxito de la iniciativa del Profeta, y de acuerdo
con el deseo expresado del Profeta, se convirtió en el líder de los fieles tras
la muerte de este. A’isha, la hija de
Abu Bekr, mas tarde se convirtió en la esposa de Mahoma, de esta forma
cimentando aun más el lazo de hermandad entre los dos hombres. Callada, pero laboriosamente, Mahoma promulgo
sus doctrinas entre un pequeño círculo de poderosos amigos. Cuando el entusiasmo de sus seguidores
finalmente forzó su mano y públicamente anunció su misión, el ya era el líder
de una facción fuerte y bien organizada.
Temiendo el creciente prestigio de Mahoma, la gente de la Meca,
renunciando a la tan honrada tradición de que la sangre no podía derramarse
dentro de la ciudad santa, decidieron exterminar el islam asesinando al
Profeta. Todos los diferentes grupos se
combinaron en esta acometida para que la culpa por el delito pudiera, por lo
tanto, ser distribuida de forma más pareja.
Al descubrir el peligro a tiempo, Mahoma dejo a su amigo Ali en su lecho
y huyo de la ciudad con Abu Bekr, y tras hábilmente eludir a los pobladores de
la Meca, se reunió con su cuerpo principal de seguidores que lo habían precedido
hasta Yathrib (que posteriormente fue llamado Medina). El sistema cronológico islámico ---llamado el Hégira o “vuelo”--- se
fundamenta en este suceso.
Fechado desde el Hégira, el poder del
Profeta creció constantemente hasta el octavo año cuando Mahoma entró a la Meca tras prácticamente haber obtenido
una victoria sin sangre, y la estableció como el centro espiritual de su
fe. Plantando su estandarte al norte de
la Meca, entro a la ciudad, y tras dar vuelta por siete veces a la Kaaba sagrada, ordenó que las 360 imágenes
dentro de sus recintos fuesen arrojadas.
Entonces, entró hasta la propia Kaaba, la limpió de todas sus
asociaciones idolatras y le rededicó la estructura a Ala, el Dios monoteísta del
islam. Seguidamente, Mahoma concedió amnistía
a todos sus enemigos por sus intentos para destruirlo. Bajo su protección la Meca aumento en poder y
gloria, convirtiéndose en el punto focal de un gran peregrinaje anual, que aun
hoy día se eleva en el desierto en los meses de peregrinaje e incrementa tres
mil veces su puntaje.
En el decimo año después del Hégira, Mahoma
guió el peregrinaje de clausura y, por última vez, estuvo a la cabeza de los
fieles mientras recorría el camino sagrado que conducía hasta la Meca y hasta
la Piedra Negra. Como la premonición de
su muerte era fuerte sobre él, deseó que este peregrinaje fuese el modelo
perfecto para todos los miles que seguirían.
Washington Irving escribe: “Consciente
de que la vida estaba desvaneciéndose dentro de el, Mahoma, durante su último viaje a la
ciudad sagrada de su fe, tenía que grabar sus doctrinas profundamente en las
mentes y en los corazones de sus seguidores.
Con este propósito, el predicó frecuentemente en la Kaaba desde el
pulpito, o al aire libre desde el lomo de su camello. El diría, ‘Escuchen mis palabras ya que no se si después de este año deberíamos
reunirnos aquí otra vez. Oh, mis oyentes,
soy solo un hombre al igual que ustedes; en cualquier momento, el ángel de la
muerte puede aparecer, y debo obedecer su llamado’”. Mientras predicaba, se dice que los cielos se
abrieron y que la voz de Dios hablo, diciendo: “En este día, he perfeccionado
tu religión, y en ti logre mi gracia”.
Cuando estas palabras fueron pronunciadas, la multitud se arrodillo en adoración
y el camello de Mahoma también se arrodillo.
(Véase Mahoma y Sus Sucesores). Habiendo completado el peregrinaje de
clausura, Mahoma regresó a Medina.
En el séptimo año después del Hégira
(A.H. 7) se hizo un intento en Kheibar para envenenar al Profeta. Mientras Mahoma tomó el primer bocado del
alimento envenenado, el maléfico esquema le fue revelado, ya fuese por el sabor de la carne o, como lo
creen los fieles, por intercesión divina.
Sin embargo, el ya se había tragado una pequeña porción del alimento, y
por el resto de su vida sufrió casi constantemente los efectos del veneno. En A.H. 11,
cuando le sobrevino su última dolencia, Mahoma insistió que los sutiles
efectos del veneno eran la causa indirecta del final que le sobrevenía. Se cuenta que durante su última enfermedad,
el se levanto una noche y visitó un
cementerio en las afueras de Medina, evidentemente creyendo que el también
seria incluido entre los muertos. Para
este tiempo él le dijo a un asistente que tenía dos opciones: continuar su vida
física o irse con su Señor; y que el había escogido reunirse con su Creador.
Mahoma sufrió grandemente de su cabeza y
costado, y también de fiebres, pero el 8 de junio, parecía convalecer. Reunió a sus seguidores en oración y, sentándose
en el patio, les habló a los fieles con
una voz clara y poderosa. Aparentemente,
el sobrecargo su fuerza, ya que se hizo necesario ayudarlo a llegar a la casa
de A’isha, expuesta en el patio de la mezquita. Aquí, sobre una dura plataforma recostada
sobre el suelo, el profeta del islam pasó sus últimas dos horas sobre la Tierra. Cuando vio que su anciano esposo estaba
pasando por un dolor intenso, A’isha
---que para ese entonces tan solo tenía veinte años de edad--- levantando la grisácea cabeza del hombre que
había conocido desde la infancia y que parecía más un padre que un esposo, lo
tomó en sus brazos hasta el final. Sintiendo la muerte sobre él, Mahoma oro: “Oh,
Señor, Te suplico, ayúdame en las agonías de la muerte”. Entonces, casi en un susurro, repitió tres
veces: “Gabriel, acércate a mi”. (Para
detalles, consúltese La Vida de Mahoma
por Sir William Muir). En El Héroe como Profeta, Tomas Carlyle
escribe sobre la muerte de Mahoma de la siguiente forma: “Sus últimas palabras
fueron una plegaria, entrecortados lanzamientos hacia su Creador de un corazón que
combate con temblorosa esperanza”.
Mahoma fue enterrado debajo del suelo
del lugar en donde murió. El estado
actual de la tumba se describe de la siguiente manera:
“Sobre el Hujrah hay una bóveda verde,
coronada por una gran luna creciente dorada, que sale de una serie de
orbes. Dentro del edificio están las
tumbas de Mahoma, Abū Bakr y ‘Umar, con un espacio reservado para la tumba de
nuestro Señor Jesucristo, que los musulmanes dicen que visitara de nuevo la
Tierra, y que morirá y será enterrado en Al-Madīnah. Se supone que la tumba de Fátima, la hija del
Profeta, este en un lugar separado del edificio, aunque algunos dicen que fue
enterrada en Baqī’. Se dice que el
cuerpo del Profeta fue estirado por completo sobre el lado derecho, con la
palma derecha apoyando la mejilla derecha, y el rostro de frente a la Meca. Bien cerca, detrás de el, esta Abū Bakr, cuyo
rostro se encuentra con el hombro de Mahoma, y entonces esta ‘Umar, que ocupa
la misma posición con respecto a su predecesor.
Hay un relato popular entre los historiadores cristianos al efecto de
que los mahometanos creían que el ataúd de su Profeta estaba suspendido en el
aire; pero esto no tiene ninguna base en la literatura musulmana, y Niebuhr
piensa que el relato debe haber salido de los groseros cuadros que les fueron
vendidos a los extranjeros”. (Véase Diccionario del Islam).
Continúa…
Traducción del original en
inglés The Faith of Islam del libro The
Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sanchez&Rivera,
Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
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