Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

sábado, 5 de mayo de 2012

LA FE DEL ISLAM - 2da. Parte





LA  FE  DEL  ISLAM

Manly P. Hall


2da. Parte


Si los escritos que se le atribuyen a Mahoma se consideran como simples alucinaciones epilépticas   ---y por esa razón son descartados---   sus detractores cristianos entonces deberían tener cuidado con las doctrinas del Profeta que socavan las enseñanzas que ellos mismos afirman, ya que se sabe que muchos de los discípulos, apóstoles y santos de la antigua iglesia han estado sujetos a desórdenes nerviosos.  La primera conversa de Mahoma fue su propia esposa, Khadijah, que fue seguida por otros miembros de su familia inmediata, circunstancia que motivó que Sir William Muir señalara:

“Es fuertemente corroborativo de la sinceridad de Mahoma el hecho de que los primeros conversos al islam no solo tenían un carácter correcto, sino que su seno de amigos y el pueblo de su familia, quienes estaban íntimamente familiarizados con su vida privada, no podían de manera alguna haber errado en detectar aquellas discrepancias que más o menos existen entre las declaraciones de un hipócrita engañador en el exterior, y sus acciones dentro del hogar”.  (Véase La Vida de Mahoma).

Entre los primeros en aceptar la fe del islam estaba Abu Bekr, que se convirtió en el amigo más cercano y fiel de Mahoma; de hecho, en su yo reformado.  Abu Bekr, un hombre de brillantes logros, contribuyó materialmente al éxito de la iniciativa del Profeta, y de acuerdo con el deseo expresado del Profeta, se convirtió en el líder de los fieles tras la muerte de este.  A’isha, la hija de Abu Bekr, mas tarde se convirtió en la esposa de Mahoma, de esta forma cimentando aun más el lazo de hermandad entre los dos hombres.  Callada, pero laboriosamente, Mahoma promulgo sus doctrinas entre un pequeño círculo de poderosos amigos.  Cuando el entusiasmo de sus seguidores finalmente forzó su mano y públicamente anunció su misión, el ya era el líder de una facción fuerte y bien organizada.  Temiendo el creciente prestigio de Mahoma, la gente de la Meca, renunciando a la tan honrada tradición de que la sangre no podía derramarse dentro de la ciudad santa, decidieron exterminar el islam asesinando al Profeta.  Todos los diferentes grupos se combinaron en esta acometida para que la culpa por el delito pudiera, por lo tanto, ser distribuida de forma más pareja.  Al descubrir el peligro a tiempo, Mahoma dejo a su amigo Ali en su lecho y huyo de la ciudad con Abu Bekr, y tras hábilmente eludir a los pobladores de la Meca, se reunió con su cuerpo principal de seguidores que lo habían precedido hasta Yathrib (que posteriormente fue llamado Medina).  El  sistema cronológico islámico   ---llamado el Hégira o “vuelo”---   se fundamenta en este suceso.

Fechado desde el Hégira, el poder del Profeta creció constantemente hasta el octavo año cuando Mahoma entró  a la Meca tras prácticamente haber obtenido una victoria sin sangre, y la estableció como el centro espiritual de su fe.  Plantando su estandarte al norte de la Meca, entro a la ciudad, y tras dar vuelta por siete veces a la Kaaba sagrada, ordenó que las 360 imágenes dentro de sus recintos fuesen arrojadas.  Entonces, entró hasta la propia Kaaba, la limpió de todas sus asociaciones idolatras y le rededicó la estructura a Ala, el Dios monoteísta del islam.  Seguidamente, Mahoma concedió amnistía a todos sus enemigos por sus intentos para destruirlo.  Bajo su protección la Meca aumento en poder y gloria, convirtiéndose en el punto focal de un gran peregrinaje anual, que aun hoy día se eleva en el desierto en los meses de peregrinaje e incrementa tres mil veces su puntaje.

En el decimo año después del Hégira, Mahoma guió el peregrinaje de clausura y, por última vez, estuvo a la cabeza de los fieles mientras recorría el camino sagrado que conducía hasta la Meca y hasta la Piedra Negra.  Como la premonición de su muerte era fuerte sobre él, deseó que este peregrinaje fuese el modelo perfecto para todos los miles que seguirían.

Washington Irving escribe: “Consciente de que la vida estaba desvaneciéndose dentro de  el, Mahoma, durante su último viaje a la ciudad sagrada de su fe, tenía que grabar sus doctrinas profundamente en las mentes y en los corazones de sus seguidores.  Con este propósito, el predicó frecuentemente en la Kaaba desde el pulpito, o al aire libre desde el lomo de su camello.  El diría, ‘Escuchen mis palabras  ya que no se si después de este año deberíamos reunirnos aquí otra vez.  Oh, mis oyentes, soy solo un hombre al igual que ustedes; en cualquier momento, el ángel de la muerte puede aparecer, y debo obedecer su llamado’”.  Mientras predicaba, se dice que los cielos se abrieron y que la voz de Dios hablo, diciendo: “En este día, he perfeccionado tu religión, y en ti logre mi gracia”.  Cuando estas palabras fueron pronunciadas, la multitud se arrodillo en adoración y el camello de Mahoma también se arrodillo.  (Véase Mahoma y Sus Sucesores).  Habiendo completado el peregrinaje de clausura, Mahoma regresó a Medina.

En el séptimo año después del Hégira (A.H. 7) se hizo un intento en Kheibar para envenenar al Profeta.  Mientras Mahoma tomó el primer bocado del alimento envenenado, el maléfico esquema le fue revelado,  ya fuese por el sabor de la carne o, como lo creen los fieles, por intercesión divina.  Sin embargo, el ya se había tragado una pequeña porción del alimento, y por el resto de su vida sufrió casi constantemente los efectos del veneno.  En A.H. 11,  cuando le sobrevino su última dolencia, Mahoma insistió que los sutiles efectos del veneno eran la causa indirecta del final que le sobrevenía.  Se cuenta que durante su última enfermedad, el se levanto una noche y visitó  un cementerio en las afueras de Medina, evidentemente creyendo que el también seria incluido entre los muertos.  Para este tiempo él le dijo a un asistente que tenía dos opciones: continuar su vida física o irse con su Señor; y que el había escogido reunirse con su Creador.

Mahoma sufrió grandemente de su cabeza y costado, y también de fiebres, pero el 8 de junio, parecía convalecer.  Reunió a sus seguidores en oración y, sentándose en el patio, les habló  a los fieles con una voz clara y poderosa.  Aparentemente, el sobrecargo su fuerza, ya que se hizo necesario ayudarlo a llegar a la casa de A’isha, expuesta en el patio de la mezquita.  Aquí, sobre una dura plataforma recostada sobre el suelo, el profeta del islam pasó sus últimas dos horas sobre la Tierra.  Cuando vio que su anciano esposo estaba pasando por un dolor intenso, A’isha   ---que para ese entonces tan solo tenía veinte años de edad---   levantando la grisácea cabeza del hombre que había conocido desde la infancia y que parecía más un padre que un esposo, lo tomó en sus brazos hasta el final.   Sintiendo la muerte sobre él, Mahoma oro: “Oh, Señor, Te suplico, ayúdame en las agonías de la muerte”.  Entonces, casi en un susurro, repitió tres veces: “Gabriel, acércate a mi”.  (Para detalles, consúltese La Vida de Mahoma por Sir William Muir).  En El Héroe como Profeta, Tomas Carlyle escribe sobre la muerte de Mahoma de la siguiente forma: “Sus últimas palabras fueron una plegaria, entrecortados lanzamientos hacia su Creador de un corazón que combate con temblorosa esperanza”.

Mahoma fue enterrado debajo del suelo del lugar en donde murió.  El estado actual de la tumba se describe de la siguiente manera:

“Sobre el Hujrah hay una bóveda verde, coronada por una gran luna creciente dorada, que sale de una serie de orbes.  Dentro del edificio están las tumbas de Mahoma, Abū Bakr y ‘Umar, con un espacio reservado para la tumba de nuestro Señor Jesucristo, que los musulmanes dicen que visitara de nuevo la Tierra, y que morirá y será enterrado en Al-Madīnah.  Se supone que la tumba de Fátima, la hija del Profeta, este en un lugar separado del edificio, aunque algunos dicen que fue enterrada en Baqī’.  Se dice que el cuerpo del Profeta fue estirado por completo sobre el lado derecho, con la palma derecha apoyando la mejilla derecha, y el rostro de frente a la Meca.  Bien cerca, detrás de el, esta Abū Bakr, cuyo rostro se encuentra con el hombro de Mahoma, y entonces esta ‘Umar, que ocupa la misma posición con respecto a su predecesor.  Hay un relato popular entre los historiadores cristianos al efecto de que los mahometanos creían que el ataúd de su Profeta estaba suspendido en el aire; pero esto no tiene ninguna base en la literatura musulmana, y Niebuhr piensa que el relato debe haber salido de los groseros cuadros que les fueron vendidos a los extranjeros”.  (Véase Diccionario del Islam).


Continúa…



Traducción del original en inglés The Faith of Islam del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sanchez&Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com

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