SIMBOLISMO
NATIVO-AMERICANO
Manly
P. Hall
LOS
MISTERIOS DE XIBALBA
(1ra.
Parte)
Los príncipes de Xibalba (así lo cuenta
el Popol Vuh) enviaron a sus cuatro
búhos mensajeros a Hunhun-ahpu y Vukub-hunhun-ahpu,
ordenándoles que llegaran de una vez hasta el lugar de iniciación en las
resistencias de las montanas guatemaltecas.
Al fracasar en las pruebas impuestas por los príncipes de Xibalba, los
dos hermanos ---según la costumbre
antigua--- pagaron con sus vidas por
sus fallas. Hunhun-ahpu y
Vukub-hunhun-ahpu fueron enterrados juntos, pero la cabeza de Hunhun-ahpu fue
colocada entre los tallos de la sagrada calabaza que crecía en el centro del
camino que conducía a los espantosos Misterios de Xibalba. Inmediatamente, la calabacera se cubrió de
frutos y la cabeza de Hunhun-ahpu “no volvió a aparecer; ya que se volvió a
unir con los otros frutos de la calabacera”.
Ahora, Xquiq era la hija virgen del príncipe Cuchumaquiq. De su padre, ella conoció la calabacera, y
deseando poseer algo de su fruto, viajo sola hasta el sombrío lugar donde esta creció. Cuando Xquiq extendió su mano para tomar el
fruto de la calabacera, le cayó un poco de saliva de la boca de Hunhun-ahpu en
la mano, y la cabeza le hablo, diciendo: “Esta saliva y espuma es la posteridad
que te acabo de dar. Ahora mi cabeza
dejara de hablar, ya que solo es la cabeza de un cuerpo, que ya no posee más
piel.”
Siguiendo las advertencias de
Hunhun-ahpu, la joven regresó hasta su casa.
Tras su padre, Cuchumaquiq, descubrir que ella estaba a punto de
convertirse en madre, le cuestionó con relación al padre de su hijo. Xquiq respondió que el niño fue concebido
mientras observaba la cabeza de Hunhun-ahpu en la calabacera, y que no había
conocido hombre alguno. Rehusando creer
su historia, e instigado por los príncipes de Xibalba, Cuchumaquiq pidió su
corazón dentro de una urna. Conducida
por sus verdugos, Xquiq suplicó que la dejaran permanecer con vida, hecho al
cual accedieron, al sustituir su corazón por el fruto de un árbol específico
(caucho) cuya savia era roja y tenía la consistencia de sangre. Cuando los príncipes de Xibalba colocaron el
supuesto corazón sobre los carbones del altar para que se consumiera, todos se
maravillaron por el aroma que de allí emergió, ya que no sabían que estaban
quemando el fruto de una planta aromática.
Xquiq dio a luz gemelos, que fueron
llamados Hunahpu y Xbalanque, y cuyas vidas estaban dedicadas a vengar las
muertes de Hunhun-ahpu y Vukub-hunhun-ahpu.
Los años pasaron, y los dos niños crecieron hasta convertirse en hombres
y sus obras fueron grandiosas. En
especial, sobresalieron en un juego específico llamado tennis, pero que era muy
parecido al hockey. Escuchando las
proezas de los jóvenes, los príncipes de Xibalba preguntaron: “Entonces,
quienes son estos que ahora comienzan de nuevo a jugar sobre nuestras cabezas,
y que sin escrúpulos mueven (la tierra)?
No son Hunhun-ahpu y Vukub-hunhun-aphu muertos, que deseaban exaltarse
ante nuestro rostro?” Entonces, los
príncipes de Xibalba enviaron a los dos jóvenes, Hunahpu y Xbalanque, para que también
los destruyeran en los siete días de los Misterios. Antes de marcharse, los dos hermanos se
despidieron de su abuela, cada uno colocando en el centro de la casa una caña,
diciendo que mientras esta viviera, su abuela sabría que ellos estaban
vivos. “Oh, abuela, Oh, madre, no
llores; observa la señal de nuestra palabra que permanece con contigo.” Entonces, Hunahpu y Xbalanque se marcharon,
cada uno con su sabarcan (soplete), y
por muchos días viajaron por el camino arriesgado, descendiendo por tortuosos
barrancos y a lo largo de precipitados acantilados, pasaron por delante de
extrañas aves y fuentes de aguas calientes, hacia el santuario de Xibalba.
Siete era el número de las pruebas
existentes. Como prueba preliminar, los
dos aventureros cruzaron un río de lodo y una corriente de sangre, realizando estas
dificultosas tareas usando sus sabarcanes
como puentes. Continuando su camino,
llegaron a un punto donde convergían cuatro carreteras ---una negro, una blanco, una roja y una
verde. Ahora, Hunahpu y Xbalanque
supieron que su primera prueba consistiría de ser capaces de diferenciar entre
los príncipes de Xibalba y las estatuillas de madera vestidas de forma parecida
a ellos; también supieron que deben llamar a cada uno de los príncipes por su
nombre correcto sin habérsele dado la información. Para asegurar esta información, Hunahpu haló
un cabello de su pierna, que se convirtió en un extraño insecto llamado Xan; dando zumbidos por la carretera negra, el Xan entró a la cámara de concilio
de los príncipes de Xibalba y picó la pierna de la figura que estaba más cerca
de la puerta, y que resultó ser un maniquí. Por este mismo artificio, la segunda figura
resultó ser de madera, pero tras picar la tercera, hubo una respuesta
inmediata. Al picar en turno a cada uno
de los doce príncipes congregados, el insecto reveló el nombre de cada uno de
ellos, ya que se llamaban por nombres cuando discutían el motivo de las
misteriosas picadas. Habiendo asegurado
la información deseada de tan nobel manera, el insecto voló de regreso hasta
Hunahpu y Xbalanque, quienes habiéndose fortalecido, se acercaron sin miedo
hasta el umbral de Xibalba y se presentaron ante los doce príncipes
congregados.
Cuando se les ordenó que adoraran al rey, Hunahpu y Xbalanque se
rieron, ya que sabían que la figura que los señalaba era el maniquí sin
vida. Entonces, los jóvenes aventureros
se dirigieron a los doce príncipes por sus nombres de esta forma: “Salve,
Hun-came; salve, Vukub-came; salve, Xiquiripat; salve, Cuchumaquiq; salve,
Ahalpuh; salve, Ahalcana; salve, Chamiabak; salve, Chamaiaholom; salve,
Quiqxic; salve, Patan; salve, Quiqre; salve, Quiqrixqaq.” Cuando los xibalbios invitaron a Hunahpu y
Xbalanque a sentarse sobre un gran banco de piedra, estos últimos declinaron
hacerlo, argumentando que sabían muy bien que la piedra se calentaba para
quemarlos hasta la muerte si se sentaban sobre ella. Entonces, los príncipes de Xibalba ordenaron
a Hunahpu y Xbalanque a descansar por el resto de la noche en la Casa de las
Sombras. Esta acción completó el primer
grado de los Misterios Xibalbios.
La segunda prueba tuvo lugar en la Casa
de las Sombras, en donde a cada candidato se le ofrecía una antorcha de pino y
un cigarro, con el requerimiento de que ambas se mantuvieran encendidas por
toda la noche y que cada una debía ser regresada a la próxima mañana sin
consumirse. Sabiendo que la muerte era
la consecuencia del fracaso en la prueba, los jóvenes quemaron plumas de aves
exóticas que reemplazaron las astillas de pino (a las cuales estas se parecen
mucho) y también colocaron luciérnagas en las puntas de los cigarros. Aquellos que veían las luces estaban seguros
de que Hunahpu y Xbalanque habían caído en la trampa. Pero cuando se acercó la mañana, las
antorchas y los cigarros le fueron regresados a los custodios sin consumirse y
aun encendidos. Asombrados, los
príncipes de Xibalba observaron las astillas y los cigarros que no se
consumieron, ya que nunca antes estos habían sido regresados intactos.
Continúa…
Traducción del tema The Mysteries of Xibalba del
capítulo American Indian Symbolism del libro The Secret Teachings of All Ages
de Manly P. Hall. ®Sanchez&Rivera,
Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
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