SIMBOLISMO
NATIVO-AMERICANO
Manly
P. Hall
INTRODUCCION
Por naturaleza, el nativo norteamericano
es un simbolista, un místico y un filósofo.
Al igual que muchos pueblos aborígenes, su alma estaba en relación con los agentes cósmicos que
se manifestaban a su alrededor. Sus Manidos no solo controlaban la creación
desde sus exaltados asientos sobre las nubes, sino que también descendían al
mundo de los hombres y se mezclaban con sus hijos rojos. Las nubes grises que estaban sobre el
horizonte eran el humo de las cañas
sagradas de los dioses, que podían hacer fuego de la madera petrificada y
usar un cometa como llama. Los nativos americanos
poblaron los bosques, ríos y el cielo con innumerables seres superfisicos e
invisibles. Existen leyendas de tribus
completas de nativos que vivían en las profundidades de los lagos; de razas que
nunca fueron vistas en el día pero que, cuando salían de sus cuevas ocultas,
recorrían la tierra por la noche y acechaban a los viajeros incautos; también
hay leyendas de Nativos Murciélagos, con cuerpos humanos y alas semejantes a
las de un murciélago, que vivían en bosques tenebrosos y acantilados
inaccesibles y dormían colgados, de grandes ramas y de afloramientos rocosos,
con la cabeza hacia abajo.
Aparentemente, la filosofía del hombre rojo que habla sobre las
criaturas elementales es el resultado de su contacto íntimo con la Naturaleza,
cuyas maravillas inexplicables son la causa generativa de dichas especulaciones
metafísicas.
Al igual que los antiguos escandinavos,
los nativos de Norteamérica consideraban a la tierra (la Gran Madre) como un
plano intermedio, delimitado en la parte superior por una esfera celestial (la
morada del Gran Espíritu) y en la parte inferior por un oscuro y aterrador
mundo subterráneo (la morada de las sombras y de los poderes submundanos). Al igual que los caldeos, ellos dividían el
intérvalo entre la superficie de la tierra y la del cielo en diferentes
estratos, uno que consistía de nubes, otro de los caminos de los cuerpos
celestiales, y así sucesivamente. El
submundo estaba dividido de una forma similar, y, al igual que en el sistema
griego, para el iniciado representaba la Casa de los Misterios Menores. Aquellas criaturas que eran capaces de
funcionar en dos o más elementos, eran consideradas mensajeros entre los espíritus
de estos diferentes planos. Se cree que
la morada de los muertos estaba en un lugar distante: en los altos cielos,
debajo de la tierra, en los distantes rincones del mundo, o a lo largo de los
anchos mares. A veces, un rio fluye
entre el mundo de los muertos y el de los vivos, asemejándose, en este
respecto, a la teología egipcia, griega y cristiana. Para el nativo, el numero cuatro era una
santidad peculiar, presumiblemente porque el Gran Espíritu creó Su universo en
un marco cuadrado. Esto sugiere la
veneración de acuerdo a la tétrada de
los pitagóricos, quienes sostenían que este era un símbolo digno del
Creador. Las legendarias narrativas de
las extrañas aventuras de los intrépidos héroes, quienes, mientras estaban en
el cuerpo físico, penetraban los reinos de los muertos, evidencian, más allá de
toda duda, la presencia de cultos de Misterio entre los hombres rojos
norteamericanos. Por dondequiera que los
Misterios se establecían, fueron reconocidos como los equivalentes filosóficos
de la muerte, ya que todos aquellos que pasaban por los rituales experimentaban
condiciones después de la muerte mientras aun estaban en el cuerpo físico. Cuando se consumaba el ritual, el iniciado
realmente obtenía la capacidad de pasar a voluntad hacia adentro y hacia afuera
de su cuerpo físico. Esta es la base
filosófica para las alegorías de las aventuras en la Tierra Indígena de las
Sombras, o Mundo de Fantasmas.
Hartley Burr Alexander escribe, “De
costa a costa, la Caña sagrada es el altar del indígena, y su humo es la
ofrenda adecuada para el Cielo.” (Véase Mitología de Todas las Razas). En las Notas
de la misma obra, se da la siguiente descripción de la ceremonia de la
pipa:
“El maestro de ceremonias, poniéndose de
nuevo en pie, llenó e iluminó con su propio fuego la pipa de la paz. Dando tres bocanadas, una detrás de la otra,
sopló la primera hacia el cenit, la segunda hacia la tierra, y la tercera hacia
el Sol. Con el primer acto, agradeció al
Gran Espíritu por conservar su vida durante el pasado año, y por permitírsele
estar presente en este ayuntamiento. Con
el segundo, le agradeció a su Madre, la Tierra, por sus diferentes productos
que obraron para su sustento. Y con el
tercero, le agradeció al Sol por su infalible luz, que siempre brilla sobre
todos.”
Para el nativo, era necesario asegurar
la piedra roja para su caña sagrada de
la cantera de piedras para pipa donde, en algún remoto pasado, el Gran Espíritu
había venido y, tras fabricar con Sus propias manos una gran pipa, había exhalado
su humo hacia los cuatro rincones de la
creación e instituyó esta tan sagrada ceremonia. Decenas de tribus nativas ---algunas de estas viajaban miles de
millas--- aseguraron la piedra sagrada
de esta sencilla cantera, donde se había decretado un mandato del Gran Espíritu
que decía que la paz eterna debía reinar.
El nativo no adora al sol; sino que
considera a este brillante orbe como un símbolo apropiado del Gran y Buen Espíritu
que siempre les irradia vida a sus hijos rojos.
En el simbolismo nativo, la serpiente
---especialmente la Gran Serpiente---
corrobora otra evidencia que señala hacia la presencia de los Misterios
en el continente norteamericano. La
serpiente voladora es el signo Atlante de los iniciados. La serpiente con siete cabezas representa las
siete grandes islas Atlantes (las ciudades de Chibola?) y también las siete
grandes escuelas prehistóricas de la filosofía esotérica. Más aun, quién puede dudar de la presencia de
la doctrina secreta en las Américas cuando echa un vistazo sobre el montículo
de la gran serpiente en el Condado Adams, en Ohio, donde el enorme reptil está
representado como si estuviese arrojando el Huevo de la Existencia? Muchas tribus nativo-americanas son
reencarnacionistas, algunas son transmigracionistas. Incluso, llamaban a sus hijos por los nombres
que se supone hubiesen cargado en una vida anterior. Existe un relato de un caso en donde un
padre, inadvertidamente, le dio a su hijo el nombre incorrecto, haciendo que
este llorara incesantemente hasta que el error fue corregido! La creencia en la reencarnación también
prevalece entre los esquimales. Con
frecuencia, los esquimales ancianos se
matan ellos mismos para reencarnar en la familia de algún ser amado recién
casado.
Los nativo-americanos reconocen la
diferencia entre el fantasma y el alma verdadera de una persona fallecida, un
conocimiento restringido sólo para los iniciados de los Misterios. Al igual que los platónicos, ellos también
entendían los principios de una esfera arquetípica donde existen los patrones
de todas las formas que se manifiestan en el plano terrenal. También comparten la teoría de los Espíritus de Grupo, o de los Espíritus
Mayores que supervisan a las especies animales.
La creencia del hombre rojo en los espíritus custodios habría calentado
el corazón de Paracelso. Cuando ellos logran
entender la importancia de ser protectores de tribus o clanes completos, estos
custodios son llamados tótems. En algunas tribus, impresionantes ceremonias
marcan la ocasión cuando los hombres jóvenes son enviados al bosque a ayunar y
orar, permaneciendo allí hasta que su espíritu custodio se les manifieste. Cualquier criatura que allí aparezca se
convierte en su genio peculiar, a quien recurren cuando se avecinan los
problemas.
El héroe sobresaliente del folclor
nativo-norteamericano es Hiawatha, un nombre que, según Lewis Spence, significa
“aquél que busca el cinturón wampum”. Hiawatha disfruta la distinción de anticipar,
por varios siglos, el adorado sueño de una Liga de Naciones del ya fallecido
Woodrow Wilson. Siguiendo los pasos del
Educador, Longfellow confundió al histórico Hiawatha de los iroqueses con
Manabozho, un héroe mitológico de los algonquinos y de los ojibwas. Tras muchos reveces y decepciones, Hiawatha,
un jefe de los iroqueses, tuvo éxito al unir las cinco grandes naciones de los iroqueses
dentro de la “Liga de las Cinco Naciones”.
El propósito original de la liga
---abolir la guerra al sustituirla por concilios de arbitraje--- no tuvo éxito del todo, pero el poder de la
“Cadena de Plata” confirió sobre los iroqueses una solidaridad que ninguna otra
confederación de nativos-norteamericanos podía lograr. Sin embargo, Hiawatha enfrentó la misma
oposición que ha enfrentado cada gran idealista, independientemente de tiempo o
raza. Los chamanes volcaron su magia contra él y, según cuenta una leyenda,
crearon un ave maligna que, cuando descendió en picada del cielo, despedazo a
su propia hija ante sus ojos. Cuando
Hiawatha, tras haber completado su misión, navegó en su canoa autopropulsada
por el camino de la puesta del sol, su gente se dio cuenta de la verdadera
grandeza de su benefactor al punto de elevarlo a la dignidad de un
semi-dios. En la Canción de Hiawatha de Longfellow, el poeta ha puesto al gran
estadista indígena en un escenario encantador de magia y ensueño. Aun así, a través del asombro de los símbolos
y las alegorías, puede verse tenuemente la figura de Hiawatha el iniciado ---la personificación del hombre rojo y de
su filosofía.
Traducción de la Introducción del original
en ingles American Indian Symbolism del libro The Secret Teachings of All Ages
de Manly P. Hall. ®Sanchez&Rivera,
Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
Monticulo de la Gran Serpiente, Condado Adams, Ohio, Estados Unidos
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