Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

viernes, 18 de mayo de 2012

SIMBOLISMO NATIVO-AMERICANO - Introduccion





SIMBOLISMO NATIVO-AMERICANO
  
Manly P. Hall
  
INTRODUCCION

Por naturaleza, el nativo norteamericano es un simbolista, un místico y un filósofo.  Al igual que muchos pueblos aborígenes, su alma estaba en relación con los agentes cósmicos que se manifestaban a su alrededor.  Sus Manidos no solo controlaban la creación desde sus exaltados asientos sobre las nubes, sino que también descendían al mundo de los hombres y se mezclaban con sus hijos rojos.  Las nubes grises que estaban sobre el horizonte eran el humo de las cañas sagradas de los dioses, que podían hacer fuego de la madera petrificada y usar un cometa como llama.  Los nativos americanos poblaron los bosques, ríos y el cielo con innumerables seres superfisicos e invisibles.  Existen leyendas de tribus completas de nativos que vivían en las profundidades de los lagos; de razas que nunca fueron vistas en el día pero que, cuando salían de sus cuevas ocultas, recorrían la tierra por la noche y acechaban a los viajeros incautos; también hay leyendas de Nativos Murciélagos, con cuerpos humanos y alas semejantes a las de un murciélago, que vivían en bosques tenebrosos y acantilados inaccesibles y dormían colgados, de grandes ramas y de afloramientos rocosos, con la cabeza hacia abajo.  Aparentemente, la filosofía del hombre rojo que habla sobre las criaturas elementales es el resultado de su contacto íntimo con la Naturaleza, cuyas maravillas inexplicables son la causa generativa de dichas especulaciones metafísicas.

Al igual que los antiguos escandinavos, los nativos de Norteamérica consideraban a la tierra (la Gran Madre) como un plano intermedio, delimitado en la parte superior por una esfera celestial (la morada del Gran Espíritu) y en la parte inferior por un oscuro y aterrador mundo subterráneo (la morada de las sombras y de los poderes submundanos).  Al igual que los caldeos, ellos dividían el intérvalo entre la superficie de la tierra y la del cielo en diferentes estratos, uno que consistía de nubes, otro de los caminos de los cuerpos celestiales, y así sucesivamente.  El submundo estaba dividido de una forma similar, y, al igual que en el sistema griego, para el iniciado representaba la Casa de los Misterios Menores.  Aquellas criaturas que eran capaces de funcionar en dos o más elementos, eran consideradas mensajeros entre los espíritus de estos diferentes planos.  Se cree que la morada de los muertos estaba en un lugar distante: en los altos cielos, debajo de la tierra, en los distantes rincones del mundo, o a lo largo de los anchos mares.  A veces, un rio fluye entre el mundo de los muertos y el de los vivos, asemejándose, en este respecto, a la teología egipcia, griega y cristiana.  Para el nativo, el numero cuatro era una santidad peculiar, presumiblemente porque el Gran Espíritu creó Su universo en un marco cuadrado.  Esto sugiere la veneración de acuerdo a la tétrada de los pitagóricos, quienes sostenían que este era un símbolo digno del Creador.  Las legendarias narrativas de las extrañas aventuras de los intrépidos héroes, quienes, mientras estaban en el cuerpo físico, penetraban los reinos de los muertos, evidencian, más allá de toda duda, la presencia de cultos de Misterio entre los hombres rojos norteamericanos.  Por dondequiera que los Misterios se establecían, fueron reconocidos como los equivalentes filosóficos de la muerte, ya que todos aquellos que pasaban por los rituales experimentaban condiciones después de la muerte mientras aun estaban en el cuerpo físico.  Cuando se consumaba el ritual, el iniciado realmente obtenía la capacidad de pasar a voluntad hacia adentro y hacia afuera de su cuerpo físico.  Esta es la base filosófica para las alegorías de las aventuras en la Tierra Indígena de las Sombras, o Mundo de Fantasmas.

Hartley Burr Alexander escribe, “De costa a costa, la Caña sagrada es el altar del indígena, y su humo es la ofrenda adecuada para el Cielo.”  (Véase Mitología de Todas las Razas).  En las Notas de la misma obra, se da la siguiente descripción de la ceremonia de la pipa:

“El maestro de ceremonias, poniéndose de nuevo en pie, llenó e iluminó con su propio fuego la pipa de la paz.  Dando tres bocanadas, una detrás de la otra, sopló la primera hacia el cenit, la segunda hacia la tierra, y la tercera hacia el Sol.  Con el primer acto, agradeció al Gran Espíritu por conservar su vida durante el pasado año, y por permitírsele estar presente en este ayuntamiento.  Con el segundo, le agradeció a su Madre, la Tierra, por sus diferentes productos que obraron para su sustento.  Y con el tercero, le agradeció al Sol por su infalible luz, que siempre brilla sobre todos.”

Para el nativo, era necesario asegurar la piedra roja para su caña sagrada de la cantera de piedras para pipa donde, en algún remoto pasado, el Gran Espíritu había venido y, tras fabricar con Sus propias manos una gran pipa, había exhalado su  humo hacia los cuatro rincones de la creación e instituyó esta tan sagrada ceremonia.  Decenas de tribus nativas   ---algunas de estas viajaban miles de millas---   aseguraron la piedra sagrada de esta sencilla cantera, donde se había decretado un mandato del Gran Espíritu que decía que la paz eterna debía reinar.

El nativo no adora al sol; sino que considera a este brillante orbe como un símbolo apropiado del Gran y Buen Espíritu que siempre les irradia vida a sus hijos rojos.  En el simbolismo nativo, la serpiente   ---especialmente la Gran Serpiente---   corrobora otra evidencia que señala hacia la presencia de los Misterios en el continente norteamericano.  La serpiente voladora es el signo Atlante de los iniciados.  La serpiente con siete cabezas representa las siete grandes islas Atlantes (las ciudades de Chibola?) y también las siete grandes escuelas prehistóricas de la filosofía esotérica.  Más aun, quién puede dudar de la presencia de la doctrina secreta en las Américas cuando echa un vistazo sobre el montículo de la gran serpiente en el Condado Adams, en Ohio, donde el enorme reptil está representado como si estuviese arrojando el Huevo de la Existencia?   Muchas tribus nativo-americanas son reencarnacionistas, algunas son transmigracionistas.  Incluso, llamaban a sus hijos por los nombres que se supone hubiesen cargado en una vida anterior.  Existe un relato de un caso en donde un padre, inadvertidamente, le dio a su hijo el nombre incorrecto, haciendo que este llorara incesantemente hasta que el error fue corregido!  La creencia en la reencarnación también prevalece entre los esquimales.  Con frecuencia, los esquimales ancianos  se matan ellos mismos para reencarnar en la familia de algún ser amado recién casado.

Los nativo-americanos reconocen la diferencia entre el fantasma y el alma verdadera de una persona fallecida, un conocimiento restringido sólo para los iniciados de los Misterios.  Al igual que los platónicos, ellos también entendían los principios de una esfera arquetípica donde existen los patrones de todas las formas que se manifiestan en el plano terrenal.  También comparten la  teoría de los Espíritus de Grupo, o de los Espíritus Mayores que supervisan a las especies animales.  La creencia del hombre rojo en los espíritus custodios habría calentado el corazón de Paracelso.  Cuando ellos logran entender la importancia de ser protectores de tribus o clanes completos, estos custodios son llamados tótems.  En algunas tribus, impresionantes ceremonias marcan la ocasión cuando los hombres jóvenes son enviados al bosque a ayunar y orar, permaneciendo allí hasta que su espíritu custodio se les manifieste.  Cualquier criatura que allí aparezca se convierte en su genio peculiar, a quien recurren cuando se avecinan los problemas.

El héroe sobresaliente del folclor nativo-norteamericano es Hiawatha, un nombre que, según Lewis Spence, significa “aquél que busca el cinturón wampum”.  Hiawatha disfruta la distinción de anticipar, por varios siglos, el adorado sueño de una Liga de Naciones del ya fallecido Woodrow Wilson.  Siguiendo los pasos del Educador, Longfellow confundió al histórico Hiawatha de los iroqueses con Manabozho, un héroe mitológico de los algonquinos y de los ojibwas.  Tras muchos reveces y decepciones, Hiawatha, un jefe de los iroqueses, tuvo éxito al unir las cinco grandes naciones de los iroqueses dentro de la “Liga de las Cinco Naciones”.  El propósito original de la liga   ---abolir la guerra al sustituirla por concilios de arbitraje---   no tuvo éxito del todo, pero el poder de la “Cadena de Plata” confirió sobre los iroqueses una solidaridad que ninguna otra confederación de nativos-norteamericanos podía lograr.  Sin embargo, Hiawatha enfrentó la misma oposición que ha enfrentado cada gran idealista, independientemente de tiempo o raza.  Los chamanes volcaron su magia contra él y, según cuenta una leyenda, crearon un ave maligna que, cuando descendió en picada del cielo, despedazo a su propia hija ante sus ojos.  Cuando Hiawatha, tras haber completado su misión, navegó en su canoa autopropulsada por el camino de la puesta del sol, su gente se dio cuenta de la verdadera grandeza de su benefactor al punto de elevarlo a la dignidad de un semi-dios.  En la Canción de Hiawatha de Longfellow, el poeta ha puesto al gran estadista indígena en un escenario encantador de magia y ensueño.  Aun así, a través del asombro de los símbolos y las alegorías, puede verse tenuemente la figura de Hiawatha el iniciado   ---la personificación del hombre rojo y de su filosofía.




Traducción de la Introducción del original en ingles American Indian Symbolism del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sanchez&Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com

 

Monticulo de la Gran Serpiente, Condado Adams, Ohio, Estados Unidos



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