Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

viernes, 4 de mayo de 2012

LA FE DEL ISLAM - Ira. Parte





LA  FE  DEL  ISLAM



Manly P. Hall


1ra. Parte



Representativo de la actitud del cristianismo hacia el islam, al menos hasta años recientes, es el epílogo a la versión anglicista de Alexander Ross, publicado en 1649, de la traducción en francés del Corán de Sieur Du Ryer.  El autor del epílogo dirige los siguientes improperios contra Mahoma y el Corán:



“Buen Lector, finalmente, después de mil años, el gran Impostor árabe, por medio de Francia, llego a Inglaterra, y su Alcorán, o aglomeración de errores,  (un mocoso tan deformado como el padre, y tan lleno de herejías como su cabeza escaldada estaba llena de escorbuto) ha  aprendido a hablar ingles.***  Si observas brevemente el Alcorán, puedes encontrar que este es una mescolanza de cuatro elementos: 1. Contradicciones.  2. Blasfemia.  3. Fabulas ridículas.  4. Mentiras.”



La acusación de blasfemia contra Mahoma se enfatiza por el hecho de que él afirmó que Dios, aun sin casarse, era incapaz de tener un Hijo!  Sin embargo, la falacia de este argumento es aparente de las propias visiones del Profeta sobre la naturaleza de Dios contenidas en el segundo sura del Corán:



“A Alá [Dios] pertenecen el este y el oeste; por lo tanto, por dondequiera que ustedes vayan a orar, allí está el rostro de Alá; ya que Alá es omnipresente y omnisciente.   Dicen, Alá tuvo hijos: Alá no lo quiera!  A él pertenece todo lo que está en el cielo y sobre la tierra; el todo lo posee, el es el Creador del cielo y la Tierra; y cuando el decreta una cosa, solo dice, Sea, y es.”  En otras palabras, al Dios del islam no le queda más que desear y el objeto de ese deseo de pronto se convierte en un ser, mientras el Dios de Alexander Ross debe proceder conforme a las leyes de la generación humana!



Mahoma, Profeta del islam, “el deseado de todas las naciones”, nació en Meca, en el año 570 d.C. (?) y murió en Medina, en el año 632 d.C., o en el undécimo año después del Hégira.  Washington Irving describe las señales y maravillas que acompañan el nacimiento del Profeta de esta forma:



“Su madre no sufrió ninguna de las punzadas del parto.  Al momento de su llegada al mundo, una luz celestial iluminó el pueblo que lo rodeaba, y, al elevar sus ojos al cielo, el recién nacido exclamó: ‘Dios es grande!  No hay mas Dios sino Dios, y yo soy su profeta!’  Estamos seguros de que el cielo y la Tierra se agitaron con su llegada.  El Lago Sawa volvió a sus fuentes secretas, dejando sus bordes secos; mientras que el Tigris, saliéndose de sus límites, inundó las tierras vecinas.  El palacio de Khosru, el rey de Persia, se estremeció sobre sus cimientos y varias de sus torres cayeron a la tierra.***  En esa misma noche repleta de acontecimientos, el fuego sagrado de Zoroastro que, mientras era custodiado por los Magos, había quemado ininterrumpidamente por hasta mil años, fue súbitamente extinguido y todos los ídolos del mundo cayeron.”  (Véase Mahoma y Sus Sucesores).



Mientras el Profeta aun era solo un bebé, el Ángel Gabriel, con setenta alas, llegó hasta él y, abriendo al niño, le sacó el corazón.  Gabriel lo limpió de la gota negra de pecado original que está en cada corazón humano por causa de la deslealtad de Adán y entonces regresó el órgano a su lugar correcto en el cuerpo del Profeta.  (Véase comentario al margen en la traducción del Qur’an de E. H. Palmer).


En su juventud, Mahoma viajo con las caravanas de la Meca, en una ocasión, fungió como cargador de armaduras para su tío y paso un tiempo considerable entre los beduinos, de quienes aprendió muchas de las tradiciones religiosas y filosóficas de la antigua Arabia.  Mientras viajaba con su tío, Abu Taleb, Mahoma se puso en contacto con los cristianos nestorianos, que cierta noche habían acampado cerca de uno de sus monasterios.  Aquí el joven a ser Profeta aseguro mucha de su información con relación al origen y las doctrinas de la fe cristiana.



Con el paso de los años, Mahoma obtuvo un marcado éxito en los negocios; y cuando tenía más o menos veintiséis años de edad, se casó con una de sus empleadoras, una viuda adinerada que era casi quince años mayor que él.  La viuda, de nombre Khadijah, aparentemente era una mercenaria, ya que, como encontraba a su joven gerente de negocios más eficiente, resolvió retenerlo con esa habilidad de por vida!  Khadijah era una mujer de mentalidad excepcional y a su integridad y devoción se le debe adscribir el pronto éxito de la causa islámica.  Por causa de su matrimonio, Mahoma fue elevado de una posición de comparable pobreza a una de gran riqueza y poder, y su conducta era tan ejemplar que fue conocido por toda la Meca como “el fiel y verdadero”.



Mahoma hubiese vivido y muerto como un honorable y respetado hombre de la Meca si no hubiese tendido a  sacrificar tanto su riqueza como su posición social al servicio del Dios cuya voz  escuchó mientras meditaba en la caverna del Monte Hira en el mes del Ramadán.  Año tras año  Mahoma subió las rocosas y desoladas laderas de Monte Hira (entonces llamadas Jebel Nur, “la montana de luz”) y aquí, en su soledad, le pidió a Dios que nuevamente le revelara la religión pura de Adán, aquella doctrina espiritual que perdió la humanidad a través de los desacuerdos de las facciones religiosas.  Khadijah, preocupada por las prácticas ascéticas de su esposo que estaban deteriorando su salud física, a veces lo acompañaba en su cansada vigilia, y, con intuición femenina, percibió la aflicción de su alma.  Finalmente,  una noche en su cuadragésimo año, mientras yacía sobre el suelo de la caverna envuelto en su manto, una gran luz se posó sobre él.  Dominado por un sentido de perfecta paz y entendimiento en la bendición de la presencia celestial, perdió la conciencia.  Cuando volvió en si nuevamente, el Ángel Gabriel se presento ante él, exhibiendo un sedoso manto con misteriosos caracteres dibujados sobre este.  De estos caracteres, Mahoma obtuvo las doctrinas básicas que más tarde fueron plasmadas en el Corán.  Entonces, Gabriel habló con una voz clara y maravillosa, declarando que Mahoma era el Profeta del Dios viviente.

Sobrecogido y temblando, Mahoma corrió hasta Khadijah, temiendo que la visión fuese inspirada por los mismos malos espíritus que le servían a los magos paganos que el tanto despreciaba.  Khadijah le aseguró que su propia vida de virtudes seria su protección y que no tenía nada por lo cual temer.  Con esto en mente, el Profeta esperó por posteriores visitas de Gabriel.  Sin embargo, al estas no llegar, su alma se llenó de tanta decepción que intentó autodestruirse, solo para ser detenido cuando iba a lanzarse sobre un valle por la súbita reaparición de Gabriel, quien de nuevo le aseguró  al Profeta que las revelaciones que su pueblo necesitaba  le serian dadas mientras surgía la necesidad.


Posiblemente, como resultado de sus periodos solitarios de meditación, aparentemente Mahoma fue objeto de desmayos extáticos.  En las ocasiones cuando los diferentes suras del Corán fueron dictados, se dice que el Profeta caía inconsciente, e independientemente del frio del aire que lo rodeaba, el estaba cubierto con gotas de sudor.  A veces, estos ataques llegaban sin avisar; otras veces, el estaba sentado,  envuelto en una sabana para cubrirse del frio que provenía de la copiosa sudoración, y mientras estaba aparentemente inconsciente, recitaba los diferentes pasajes que un pequeño círculo de amigos confiables o se aprenderían de memoria o bajarían a escritos.  En una ocasión en la vida posterior, cuando Abu Bekr hacía referencia a los cabellos grises de su barba, Mahoma, al levantar el extremo inferior de esta y mirarla, dijo que su blancura se debía a la agonía física asociada a sus periodos de inspiración.


Continúa…


 

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Traducción del original en inglés The Faith of Islam del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sanchez&Rivera, Traductoras.  2012, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com


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