PIEDRAS,
METALES Y GEMAS
Manly P.
Hall
Introducción
Parte I
Según fue enseñado por
los antiguos filósofos, cada uno de los
cuatro elementos principales tiene su análogo en la cuaternaria constitución terrestre
del hombre. Las rocas y la tierra
corresponden a los huesos y la carne; el agua corresponde a los diferentes
fluidos; el aire corresponde a los gases y el fuego al calor corporal. Como los huesos son el marco que sostiene la
estructura corpórea, estos pueden ser vistos como un emblema adecuado del espíritu
---ese fundamento divino que sostiene
la estructura compuesta de la mente, el alma y el cuerpo. Para el iniciado, el esqueleto de la muerte
que sostiene en sus dedos óseos la guadaña del segador, representa a Saturno (Cronos),
el padre de los dioses que lleva consigo la hoz con la cual mutiló a Urano, su
propio progenitor.
En el lenguaje de los
Misterios, los espíritus de los hombres son los
huesos pulverizados de Saturno. Esta
deidad siempre fue adorada bajo el símbolo de la base o fundamento, ya que fue considerada como la subestructura
que sostiene a la creación. El mito de
Saturno tiene su fundamento histórico en los fragmentados registros preservados
por los antiguos griegos y fenicios con relación a un rey que tenía ese nombre
y quien gobernó el antiguo continente de Hiperbórea. Debido a que yacen enterrados debajo de los
continentes y océanos del mundo moderno, Polaris, Hiperbórea y Atlantis
frecuentemente han sido simbolizados como rocas que sostienen sobre sus anchas
superficies nuevas tierras, razas e imperios.
Según los Misterios escandinavos, las piedras y acantilados se formaron
de los huesos de Ymir, el principal gigante de la arcilla hirviente; mientras
que para los místicos helénicos las rocas eran los huesos de la Gran Madre,
Gaia.
Tras el diluvio enviado
por los dioses para destruir a la humanidad en la parte final de la Edad de
Hierro, solo Deucalión y Pyrrah quedaron vivos.
Cuando entraron a orar a un santuario en ruinas, un oráculo les indicó
que salieran del templo y que, con las cabezas con velos y las vestimentas sin
atar, lanzaran tras ellos los huesos de
su madre. Interpretando que el mensaje críptico
del dios se refería a que la Tierra era la Gran Madre de todas las criaturas,
Deucalión recogió rocas sueltas y, pidiéndole a Pyrrah que hiciera lo mismo,
las lanzó tras él. De estas rocas salió una
nueva e inquebrantable raza de seres humanos; las rocas lanzadas por Deucalión
se convirtieron en hombres y las que fueron lanzadas por Pyrrah se convirtieron
en mujeres. En esta alegoría se
epitomiza el misterio de la evolución humana debido a que cuando el espíritu anima
a la materia, éste se convierte en el
poder morador que gradualmente, pero en secuencia, eleva a los minerales al
estado de las plantas; las plantas al plano de los animales; los animales a la
dignidad del hombre y al hombre al estado de los dioses.
El sistema solar se
organizó por medio de fuerzas que
obraban desde el gran anillo de la esfera saturnina; y debido a que los
comienzos de todas las cosas estaban bajo el control de Saturno, la inferencia más
razonable es que las primeras formas de adoración fueron dedicadas a él y a su
peculiar símbolo ---la piedra. Por lo tanto, la naturaleza intrínseca de
Saturno es sinónimo de esa roca espiritual que es el fundamento duradero del
Templo Solar, y tiene su antitipo u octava inferior en esa roca terrestre ---el planeta Tierra--- que sostiene sobre su irregular superficie
los géneros diversificados de la vida mundana.
Aunque se desconoce su
origen, sin duda alguna la litolatría constituye una de las primeras formas de expresión
religiosa. Godfrey Higgins escribe: “A través
de todo el mundo, el primer objeto de la Idolatría parece haber sido una piedra
plana y en bruto colocada en la tierra como un emblema de los poderes
generativos o procreativos de la naturaleza”.
(Ver Los Druidas Celtas). Restos de adoración a las piedras están distribuidos
sobre la mayor parte de la superficie de la Tierra; un notable ejemplo de esto
son los menhires de Carnac, en Bretaña, donde existen varios miles de piedras
gigantescas y sin cortar dispuestas en once filas ordenadas. Muchos de estos monolitos están a sobre
veinte pies fuera de la arena en la cual fueron incrustados, y se estima que
algunos de los más grandes pesan tanto como 250,000 libras. Algunos creen que muchos de los menhires
marcan la localización de los tesoros enterrados; pero la visión más admisible
es la que toma a Carnac como un monumento
del conocimiento astronómico de la antigüedad. Esparcidos a través de todas las Islas Británicas
y Europa, estas esferas, dólmenes, menhires y cistas sirven de mudos y a la vez
elocuentes testigos de la existencia y logros de las razas que hoy día ya no
existen.
De interés particular
son los dólmenes o piedras de acceso que evidencian la habilidad mecánica de
estos pueblos antiguos. Estas reliquias
consisten de enormes bloques de piedra colocados sobre uno o dos pequeños
puntos de forma tal que la tensión más leve los puede balancear; pero el mayor
esfuerzo no es suficiente para derribarlos.
Los griegos y latinos los llamaron piedras vivientes; las más famosas son las piedras gregorianas localizadas
en el Estrecho de Gibraltar. Aunque están
tan perfectamente balanceadas que pueden
moverse con el tallo de un narciso, estas rocas no pueden ser afectadas por el
peso combinado de muchos hombres. Existe
una leyenda que dice que Hércules colocó un peñón sobre las tumbas de los dos
hijos de Bóreas, a quienes había asesinado en
un combate. Esta piedra estaba
tan delicadamente colocada que se mecía con el viento; pero ninguna aplicación de
fuerza la podía derribar. Un gran número
de piedras de acceso fueron encontradas en Bretaña; trazos de una que ya no
existe fueron descubiertos en Stonhenge.
(Ver Los Druidas Celtas). Es interesante señalar que se cree que las piedras verdes que
formaban el anillo interior de Stonhenge fueron traídas desde África.
Continúa…
Traducción del original en
inglés Stones, Metals, and Gems del
libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera, Traductoras. 2013, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.