Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

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MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

miércoles, 2 de abril de 2014

ISIS, La Tabla Bembine de - Introducción - M. Palmer Hall



LA TABLA BEMBINE DE ISIS
 
Manly P. Hall
 
INTRODUCCION
 
 
Un manuscrito de Thomas Taylor contiene el siguiente importante párrafo:
 
“Platón fue iniciado a los ‘Misterios Superiores’ a la edad de 49.  La iniciación se llevó a cabo en uno de los vestíbulos subterráneos de la Gran Pirámide de Egipto.  La TABLA ISIACA formaba el altar ante el cual estaba el Divino Platón cuando recibió aquello que siempre fue suyo, pero que la ceremonia de los Misterios avivó y trajo de su estado durmiente.  Con este ascenso, después de tres días en el Gran Vestíbulo, fue recibido por el Hierofante de la Pirámide (el Hierofante solo podía ser visto por aquellos que habían pasado los tres días, los tres grados, las tres dimensiones) y verbalmente le fueron dadas las Más Altas Enseñanzas Esotéricas, cada una acompañada con Su Símbolo correspondiente.  Tras haber pasado tres meses adicionales en los vestíbulos de la Pirámide, el Iniciado Platón fue enviado al mundo para hacer el trabajo de la Gran Orden, igual que lo hicieron Pitágoras y Orfeo”.
 
Antes del saqueo de Roma en 1527, no existe mención histórica alguna del Mensa Isiaca (Tableta de Isis).  Para esa época, la Tableta estaba bajo la posesión de un cerrajero o herrero, que se la vendió por un precio exorbitante al Cardenal Bembo, un famoso anticuario, historiador de la República de Venecia y bibliotecario de San Marcos.  Tras su muerte en 1547, la Tableta Isiaca fue adquirida por la Casa de Mantua, en cuyo museo permaneció hasta 1630, cuando las tropas de Fernando II capturaron la ciudad de Mantua.  Varios antiguos escritores del tema han asumido que la Tableta fue demolida por los soldados ignorantes debido a la planta que contenía.  Sin embargo, la presunción fue errónea.  La Tableta cayó en las manos del Cardenal Pava, quien se la presentó  al Duque de Savoy, quien más tarde se la presentó  al Rey de Cerdeña.  Cuando los franceses conquistaron a Italia en 1797, la Tableta fue llevada a París.  Al escribir sobre la Mensa Isiaca en 1809, Alexandre Lenoir dijo que ésta estaba en exhibición en la Biblioteca Nacional.  Tras el establecimiento de la paz entre  los dos países, fue regresada a Italia.  En su Guía del Norte de Italia, Karl Baedeker describe la Mensa Isiaca como si estuviese en el centro de la Galería II en el Museo de Antigüedades de Turín.
 
Una fiel reproducción de la Tableta original fue hecha en 1559 por el famoso Æneas Vicus de Parma; y el Canciller del Duque de Bavaria llevó una copia del tallado al Museo de los Jeroglíficos.  Atanasio Kircher describe  la Tableta midiendo  “cinco palmas de largo y cuatro de ancho”.  W. Wynn Westcott  dice que mide 50 pulgadas por 30 pulgadas.  Fue hecha de bronce y estaba decorada con pirograbado y esmalte y con una incrustación de plata.  Fosbroke añade: “Las figuras están cortadas de manera muy superficial, y el contorno de la mayoría de ellas está rodeado por hilos de plata.  Las bases sobre las cuales estas figuras estaban sentadas o reclinadas, y que fueron dejadas en blanco en los impresos, eran de plata y están arrancadas”.  (Ver Enciclopedia de Antigüedades).
 
Quienes están familiarizados con los principios fundamentales de la filosofía Hermética, reconocerán en la Mensa Isiaca la clave de la teología caldea, egipcia y griega.  En sus Antigüedades, el erudito Benedictino, Padre Montfaucon, acepta su incapacidad para familiarizarse con las complejidades de su simbolismo.  Por consiguiente, él duda que los emblemas sobre la Tableta posean alguna importancia digna de consideración y ridiculiza a Kircher, diciendo que él es más oscuro que la Tableta en sí.  Laurentius Pignorius reprodujo la Tableta en conjunto con un ensayo descriptivo en 1605, pero sus tímidamente adelantadas explicaciones demostraron su ignorancia con relación a la verdadera interpretación de las figuras.
 
En su Œdipus Ægyptiacus, publicado en 1654, Kircher abordó el problema con característica avidez.  Al estar peculiarmente cualificado para dicha tarea por medio de años de investigación en asuntos pertinentes a las doctrinas secretas de la antigüedad, y con la ayuda de un grupo de eminentes eruditos, Kircher logro mucho en cuanto a una exposición de los misterios de la Tableta.  Sin embargo, el secreto maestro lo eludió incluso a él, como Eliphas Levi hábilmente lo señaló en su Historia de la Magia.
 
Levi escribe, “El erudito jesuita evidenció que esta Tableta contenía la clave jeroglífica para los alfabetos sagrados, aunque fue incapaz de desarrollar la explicación.  Esta Tableta está  dividida en tres compartimientos iguales; en la parte superior están las doce casas del cielo y en la inferior están las correspondientes distribuciones de la labor [períodos de trabajo] a través del año, mientras que en el centro hay veintiún signos sagrados que responden a las letras del alfabeto.  En el centro de todo hay una figura sentada del IYNX pantomórfico, emblema del ser universal y que corresponde, como tal, al Yod hebreo, o a esa única letra de la cual todas las demás letras se formaron.  El IYNX está rodeado por la triada Ofita, que responde a las Tres Letras Madres de los alfabetos egipcios y hebreo.  A la derecha están las triadas Ibimórficas y Serápicas; a la izquierda están las de Nepthys y Hecate, que representan lo activo y lo pasivo, lo fijo y lo volátil, el fuego fructificador y el agua generadora.  Cada par de triadas, en conjunto con la del centro, produce un septenario, y hay un septenario en el centro.  Los tres septenarios proporcionan el número absoluto de los tres mundos, así como el número completo de las letras primitivas, al cual se le añade un signo complementario, como el cero a los nueve numerales”.
 
La pista de Levi puede ser interpretada como una referencia de que las veintiuna figuras en la sección central de la Tabla representan las veintiuna cartas de triunfo del Tarot.  Si esto es así, no es la carta cero, causa de mucha controversia, la corona sin nombre de la Mente Suprema  que está simbolizada por la triada oculta en la parte superior del trono en el centro de la Tabla?   No podrá la primera emanación de esta Mente Suprema estar bien simbolizada por un malabarista o mago con los símbolos de los cuatro mundos inferiores esparcidos sobre una mesa ante él: el bastón, la espada, la copa y la moneda?  Considerando esto, la carta cero no pertenece a ningún lado entre las demás, pero de hecho,  es el cuarto punto dimensional del cual todos los demás emanaron y, consecuentemente, está dividido en las veintiuna  cartas (letras) que, cuando se unen, producen el cero.  La cifra que aparece sobre esta carta podría comprobar esta interpretación ya que la cifra, o círculo, es emblema de la esfera superior de la cual salen los mundos, poderes y letras inferiores.
 
Westcott cuidadosamente recolectó las muy exiguas teorías adelantadas por diferentes autoridades, y en 1887 publicó su ahora extremadamente raro volumen, que contiene la única descripción detallada de la Tableta Isiaca publicada en inglés desde que Humphreys tradujo la vana descripción de Montfaucon en 1721.  Tras explicar su reticencia para revelar aquello que Levi evidentemente consideró que era mejor dejar oculto, Westcott resume su interpretación de la Tableta de la siguiente manera:
 
“El diagrama de Levi, por medio del cual explica el misterio de la Tableta, muestra la Región Superior dividida en las cuatro estaciones del año, cada una con tres signos del Zodiaco; y añadió el nombre sagrado de cuatro letras, el Tetragrammaton, asignándole  Jod  a Acuario, que es Canopus;  He  a Tauro, que es Apis; Vau a Leo, que es Momphta; y el He final a Tifón.  Nótese el paralelo Querúbico   ---Hombre, Toro, León y Águila.  La cuarta forma se encuentra ya sea como Escorpión o Águila, dependiendo de la intensión benigna o maligna Oculta: en el Zodiaco Demótico, la Serpiente sustituye al Escorpión.
 
“Él le adjudica la Región Inferior a las doce letras hebreas simples, asociándolas con los cuatro cuartos del horizonte.  Comparece con el Sepher Yetzirah, Cap. v., sec. 1.
 
“Él le adjudica la Región Central a los poderes Solares y a los Planetas.  En el centro vemos lo superior, el Sol, marcado Ops y en la parte inferior se ve un Sello de Salomón;  en la parte superior hay una cruz; un Hexapla con triángulos dobles, un triángulo claro y uno oscuro superpuesto; todo esto forma una especie de símbolo complejo de Venus.  Al Ibimorfos le asigna los tres planetas oscuros; Venus, Mercurio y Marte colocados alrededor de un triángulo recto oscuro que denota el Fuego.  A la triada Nephthæ le otorga tres planetas claros; Saturno, Luna y Júpiter alrededor de un triángulo claro invertido que denota el Agua.  Hay una conexión necesaria entre el agua, poder femenino, principio pasivo, Binah y Madre Sephirótica, y Novia.  (Ver la Cábala por Mathers).  Nótese que los signos antiguos de los planetas estaban compuestos por una Cruz, un Disco Solar y una Creciente: Venus es  una cruz debajo de un disco Solar; Mercurio es un disco con una creciente en la parte superior y una cruz en la inferior; Saturno es una Cruz cuyo punto inferior toca el ápice de la creciente; Júpiter es una Creciente cuyo punto inferior toca el extremo izquierdo de una cruz: todos estos son misterios profundos.  Nótese que Levi, en su lámina original, traspuso a Serapis y a Hecate, pero no al Apis negro y al Apis blanco, tal vez porque él asocia la cabeza de Bes con Hecate.  Nótese que cuando nos referimos a las doce letras simples de lo inferior, las 7 letras dobles deben corresponder a la región central de los planetas, y entonces tenemos a la gran triada A.M.S.,  cuyas letras madres que representan Aire, Agua y Fuego, que permanecen mostradas;  alrededor de S está el Iynx Central, o Yod, por la Triada Ofionia, las dos Serpientes y la Esfinge Leonina.  La palabra OPS de Levi en el centro es el Ops en latín, Terra, genio de la Tierra; y el Ops griego, Rea o Kubele  (Cibeles) que a veces está dibujada como una diosa sentada en un carruaje tirado por leones; ella está coronada con torrecillas y sostiene una Llave”.  (Ver La Tableta Isiaca).
 
 El ensayo que Alexandre Lenoir publicó en francés en 1809, aunque es curioso y original, contiene poca información real sobre la Tableta; lo que el autor buscaba demostrar era un calendario egipcio o un mapa astrológico.  Como tanto Montfaucon como Lenoir   ---que de hecho, escribieron sobre el tema desde 1651---  fundaron su trabajo sobre el de Kircher o fueron considerablemente influenciados por él, se hizo una cuidadosa traducción del artículo original del último (ochenta páginas en latín del Siglo Diecisiete).  La lámina a doble página al comienzo de este capítulo es una fiel reproducción que Kircher realizó del tallado en el Museo de Jeroglíficos.  Las letras y números pequeños utilizados para designar las figuras fueron añadidas por él para aclarar su comentario y serán utilizadas con el mismo propósito en este trabajo.
 
Como casi todas las antigüedades religiosas y filosóficas, la Tabla Bembine de Isis ha sido tema de mucha controversia.  En una nota al pie de página, A. E. Wayte   ---que era incapaz de diferenciar entre la verdadera y la supuesta naturaleza u origen de la Tableta---   se hace eco de los puntos de vista de J. G. Wilkinson, otro eminente exotérico: “La [Tabla] original es excesivamente antigua y está ásperamente clasificada como un fraude”.  Por otro lado, Eduard Winkelmann, un hombre de aprendizaje profundo, defiende el carácter genuino y la antigüedad de la Tableta.  Una sincera consideración de la Mensa Isiaca revela un hecho de fundamental importancia: que aunque la persona que moldeó la Tabla no era necesariamente egipcio, era un iniciado de la más alta orden, familiarizado con los postulados mas arcanos del esoterismo Hermético.
 
 
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Traducción del original en inglés The Bembine Table of Isis del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2014, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
 


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