Con derecho de reproducción
de Manly P. Hall.
LA
CONSUMACION DE LA GRAN OBRA.
Cuando
el gran Rosacruz, Robert Fludd, confirmó sus especulaciones alquímicas con relación
a la Piedra Católica o Universal por medio de citas de las Sagradas Escrituras,
hizo caer sobre su cabeza los anatemas de un furioso clero. Alegando
que Fludd intentaba distorsionar las Escrituras en un libro de fórmulas químicas,
los piadosos pedagogos del Siglo Diecisiete solemnemente lavaron sus manos de
cualquier coincidencia con las premisas del erudito médico. Cuando Fludd dijo que el universo era un
amplio laboratorio químico y que las diferentes manifestaciones de la vida allí
existentes eran el resultado de algunos procesos alquímicos análogos a la evolución,
alguien de nombre Gassendi no pudo controlarse más y en 1630 publicó un libro
en el cual inconscientemente intentó evidenciar que la Biblia no contenía nada
razonable, lógico o filosófico. Más bien
evidenciaba que la Biblia era la inspiración directa de Dios! Conmovido por la puerilidad de un intelecto
que intentaba evidenciar que Dios podía hacer un universo de la nada,
simplemente a través del ejercicio de la prerrogativa Divina, Fludd preparó un
tratado muy erudito en el cual expuso los más profundos principios de la
alquimia Rosacruz.
Fludd
afirmaba que Cristo es la piedra angular del templo alquímico y que también era
el misterioso polvo de proyección que transmuta cada substancia básica con la
cual hace contacto. El desenvolvimiento
del Cristo dentro de cada alma humana es la gran
obra que, cuando se logra, eleva al
filosofo a la exaltada posición de un Frater R. C. o de un Caballero de la Piedra Dorada.
En la lámina superior, el anciano filósofo representa la madurez de la sabiduría,
el libro abierto ante él representa la Naturaleza y las figuras en la réplica
son la consumación del arte alquímico.
Reclinado con su cabeza sobre el lapis philosophorum, el patriarca Jacob observó la escalera de
pasos alquímicos que asciende a través de tres mundos y que termina en el trono
de Jehová. Al darse cuenta que la
Naturaleza es una epítome de Dios y que el hombre es un epítome de la
Naturaleza, el filosofo crea, en su réplica, universos en miniatura de cuyo
estudio él descubre las leyes que gobiernan la vida y la muerte. Con este conocimiento, el filósofo no solo
emancipa su propia alma, más bien contribuye a la regeneración del mundo.
Traducción del original en
inglés The Consummation of the Magnum
Opus del capítulo Hermetic
Pharmacology, Chemistry, and Therapeutics del libro The Secret Teachings of All Ages
de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera,
Traductoras. 2013, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
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