LAS VESTIMENTAS DE GLORIA
Manly P. Hall
Nota de
Sánchez & Rivera: Publicamos la traducción
de este capítulo tal como nos llegó a través del participante WOOZ en el grupo
Secret Teachings. El documento no indica
el nombre del traductor para darle el merecido crédito. Agradecemos a WOOZ por su valiosa aportación.
Como se explicara en la cita de Josephus, las vestimentas y
adornos de los sacerdotes judíos tenían un significado secreto, y aún hasta hoy
hay un código lingüístico religioso oculto en los colores, formas y usos de las prendas sagradas, no sólo entre
los sacerdotes cristianos y judíos sino también entre las religiones paganas. Las vestimentas de los sacerdotes del
Tabernáculo se llamaban Cahanææ; las del Sumo Sacerdote se denominaban Cahanææ
Rabbæ. Sobre la Machanese,
una prenda interior que se parece a pantalones cortos, usaban el Chethone,
una túnica de lino finamente tejida, que llegaba al piso y tenía mangas largas
atadas a los brazos del que la usaba. Una faja brillantemente bordada, enroscada
varias veces alrededor de la cintura (un poco más alta de lo que se acostumbra), con un pendiente colgante en el frente, y un gorro de
lino muy ajustado, denominado Masnaemphthes, completaba el traje de un
sacerdote común.
Las vestimentas del Sumo Sacerdote eran las mismas que las de
aquellos de grados menores, excepto que se agregaban determinadas prendas y
adornos. Sobre la túnica de lino blanco especialmente
tejida el Sumo Sacerdote usaba un hábito sin costura y sin mangas, de color
azul cielo y que casi le llegaba a los pies. Se llamaba Meeir y estaba ornamentado
con un borde alternado de campanillas doradas y granadas. En el Eclesiastés (uno de los libros
rechazados de la Biblia moderna), se describen estas campanillas y su propósito
con las siguientes palabras: "Y él se rodeaba con granadas, y con muchas campanillas
doradas a su alrededor, que a medida que pasaba, producían un sonido y un ruido
que podía oírse en el templo, como un conmemorativo a los hijos de su pueblo".
El Meeir también estaba ceñido
con una faja veteada finamente bordada y con un filamento de oro insertado a
través del bordado.
El Efod, vestimenta corta descrita por Josephus como parecida
a un abrigo o una chaqueta, se usaba sobre la parte superior del Meeir. Las hebras de las cuales se tejía el Efod eran
de muchos colores, probablemente rojas, azules, purpuras, y blancas, como las
cortinas y mantas del Tabernáculo. También se tejían finos filamentos de oro en
la tela. El Efod se abrochaba a
cada hombro con un gran ónix en forma de botón, y los nombres de los doce hijos
de Jacob estaban grabados sobre estas dos piedras, seis sobre cada una. Se suponía que estos botones de ónix tuviesen poderes de oráculo, y cuando el Sumo Sacerdote
hacía ciertas preguntas, emitían una brillantez celestial. Cuando el ónix se iluminaba sobre el hombre
derecho, significaba que Jehová
contestaba afirmativamente la pregunta del Sumo Sacerdote, y cuando brillaba el izquierdo, indicaba una respuesta
negativa a la pregunta.
En el medio de la superficie frontal del Efod había un
espacio para acomodar el Essen, o Peto de la Rectitud y Profecía,
que, como su nombre lo indica, era también un oráculo de gran poder. Este pectoral tenía una forma más o menos cuadrada y
consistía en una montura de bordados en la cual se colocaban doce piedras, cada
una sostenida en una cavidad de oro. Debido
al gran peso de sus piedras, cada una de las cuales era de tamaño considerable e
inmenso valor, el peto estaba sostenida en su posición por cadenas y cintas
doradas especiales. Las doce piedras del
peto, como las piedras de ónix en los hombros del Efod, tenían el misterioso
poder de encenderse con gloria Divina y así servir como oráculos. Con respecto al extraño poder de estos símbolos destellantes de
las doce tribus de Israel, Josephus escribe:
"Sin embargo mencionaré lo que es aún más maravilloso que
esto: En cuanto Dios declaró de
antemano, por aquellas doce piedras que el Sumo Sacerdote ponía sobre su pecho
y que estaban insertas en su peto, cuando debieran ser victoriosos en la
batalla, porque tan grande esplendor brillaba de ellas antes de que el ejército
comenzara a marchar, que todo el pueblo estaba sensible de la presencia de Dios
en su ayuda. Ocurrió que aquellos griegos, que tenían veneración por nuestras
leyes, porque posiblemente no podían contradecir esto, llamaron al peto, 'el
Oráculo' ". El escritor después
agrega que las piedras cesaron de encenderse y brillar unos doscientos años
antes de que escribiera su historia, porque los judíos habían violado las leyes
de Jehová y el Dios de Israel ya no estaba satisfecho con Su pueblo elegido.
Los judíos aprendieron astronomía de los egipcios, y no es
improbable que las doce joyas del peto fueran simbólicas de las doce
constelaciones del zodíaco. Estas doce
jerarquías celestiales eran admiradas como joyas que adornaban el peto del
Hombre Universal, el Macroprosophus, al que se hace referencia en el Zohar como
El Anciano de Días. El número doce frecuentemente
aparece entre los pueblos antiguos, que en casi todos los casos tenían un
panteón que consistía en doce semidioses y diosas presididos por El Invencible,
que era El mismo, sujeto al Incomprensible Padre Todo. Este uso del número doce se nota especialmente
en los escritos judíos y cristianos. Los
doce profetas, los doce patriarcas, las doce tribus y los doce Apóstoles ---cada grupo tiene un determinado significado
oculto, ya que cada uno se refiere al Divino Duodécimo, o Deidad Doce Veces,
cuyas emanaciones se manifiestan en el Universo tangible creado a través de doce
canales individualizados. La doctrina
secreta también les enseñó a los sacerdotes que las joyas representaban centros
de vida dentro de sus propias constituciones, que cuando se desplegaban de
acuerdo con las instrucciones esotéricas del Templo, eran capaces de absorber
dentro de sí e irradiar nuevamente la luz Divina de la Deidad. (Las flores de loto de la India Oriental
tienen un significado similar). Los
Rabinos han enseñado que cada hebra de
lino retorcido usada para tejer las cortinas y ornamentaciones del Tabernáculo consistían
en veinticuatro hilos separados, recordándole a los entendidos que la
experiencia ganada durante las
veinticuatro horas del día (simbolizadas en la Masonería por la regla de veinticuatro
pulgadas) se convierte en hebras de las
cuales se tejen las Prendas de Gloria.
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