Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

viernes, 14 de octubre de 2011

EL MISTERIO DEL APOCALIPSIS


Manly P. Hall


Parte II


En el capítulo de apertura del Apocalipsis, San Juan describe el Alpha y Omega que se erigieron en medio de siete candelabros de oro.  Rodeado por sus resplandecientes regentes planetarios, este Sublime epitomiza en una figura impresionante y misteriosa el recorrido completo del crecimiento evolutivo de la humanidad   ---pasado, presente y futuro.

El Dr. Rodolfo Steiner escribe: “Las primeras etapas del desarrollo terrenal del hombre  transcurrieron en un periodo cuando la Tierra aun ‘ardía’; y las primeras encarnaciones humanas se formaron del elemento del fuego; al final de su curso de vida terreno, el hombre, en sí mismo, radiara creativamente su ser interno hacia afuera por la fuerza del elemento del fuego.  Este continuo desarrollo del principio al fin de la Tierra,  se le revela al ‘vidente’ cuando ve en el plano astral el arquetipo del hombre en evolución.   ***El principio de la evolución terrena subsiste en los pies ardientes, su fin en el semblante ardiente, y en la fuente ardiente que sale de la boca se ve el poder completo de la ‘palabra creativa’ a ser finalmente logrado.”  (Véase Columnas y Sellos Ocultos).

En su Nuevo Testamento Restaurado, James Morgan Pryse señala la relación de las diferentes partes del Alfa y Omega con los siete planetas sagrados de los antiguos.  Citamos:

“La figura en forma de Logos que se describe es un cuadro compuesto de los siete planetas sagrados: el tiene el pelo blanco como nieve de Cronos (‘Padre Tiempo’), los ojos deslumbrantes del Zeus ‘que todo lo ve’, la espada de Ares, el rostro brillante de Helios, y la túnica y el cinto de Afrodita; sus pies son de mercurio, el metal sagrado para Hermes, y su voz es como el murmullo de las olas del océano (las ‘muchas aguas’), en alusión a Selene, la Diosa de la Luna, de las cuatro estaciones y de las aguas.”

Las siete estrellas llevadas por este inmenso Ser en su mano derecha son los Gobernantes del mundo.  La espada ardiente que sale de su boca es el Decreto Creativo, o Palabra de Poder, por la cual la ilusión de la permanencia material esta herida.  Aquí también se representa, en todo su esplendor simbólico, al hierofante de los Misterios Frigios, sus diferentes insignias son emblemas de sus atributos divinos.  Siete sacerdotes cargando lámparas son sus ayudantes y las estrellas que lleva en su mano son las siete escuelas de los Misterios cuyo poder el administra.  Como uno nacido de la oscuridad espiritual hacia la sabiduría perfecta, este archimago dice: “Yo soy aquel que vive, y morí; y, he aquí, que viviré por siempre, Amen; y tengo las llaves del infierno y la muerte.”

En el segundo y el tercer capítulo, San Juan le entrega a las “siete iglesias que están en Asia” los preceptos recibidos por este del Alfa y el Omega.  Aquí las iglesias son análogas a los peldaños de una escalera Mitraica, y Juan, estando “en el espíritu”, ascendió a través de las orbitas de los siete planetas sagrados hasta alcanzar la superficie interna del Firmamento.

El autor anónimo de Humanidad: Su Origen y Destino, escribe: “Tras el alma del profeta, en su estado de éxtasis, paso en su vuelo rápido a través de las siete esferas, desde la esfera de la luna hasta la de Saturno, o desde el planeta que corresponde a Cáncer, la puerta de los hombres, hasta la de Capricornio, que es la puerta de los dioses, una nueva puerta se le abre en el más alto cielo, y en el zodiaco, bajo el cual los siete planetas se mueven; en una palabra, en el firmamento, o aquello que los antiguos llamaron crystallinum primum, o el cielo de cristal.”

Cuando se comparan con el sistema Oriental de la metafísica, estas iglesias representan los chacras o nervio ganglio, a lo largo de la columna humana, la “puerta en el cielo” es el brahmarandra, o punto en la coronilla del cráneo (Gólgota), a través del cual el fuego espiritual de la columna pasa hacia la liberación.  La iglesia de Éfeso corresponde al muladhara, o ganglio sacral, y las otras iglesias, al ganglio superior según la orden dada en Revelaciones.  El Dr. Steiner halla una relación entre las siete iglesias y las divisiones de la raza Aria.  De esta forma, la iglesia de Éfeso representa la rama de línea Indo; la iglesia de Esmirna, la rama de línea Persa; la iglesia de Pergamo, la Caldeo-Egipcia-Semítica; la iglesia de Tiatira, la Greco-Latina-Romana; la iglesia de Sardis, la Teutona-Anglo-Sajona; la iglesia de Filadelfia, la Eslavica; y la iglesia de Laodicea, la Maniquea.  Las siete iglesias también representan las vocales griegas, de las cuales Alpha y Omega son la primera y la ultima.  Existe una diferencia de opiniones en cuanto al orden en el cual los siete planetas deben estar con relación a las iglesias.  Algunas proceden de la hipótesis de que Saturno representa la iglesia de Éfeso; pero del hecho de que esta ciudad era sagrada a la diosa de la luna y también de que la esfera de la luna es la primera sobre aquella de la Tierra, los planetas, obviamente, deben ascender en su orden antiguo desde la luna hasta Saturno.  Desde Saturno, el alma ascendería naturalmente hasta la puerta en el Infinito.

En el cuarto y quinto capítulo, San Juan describe el trono de Dios sobre el cual se sentó el Santo “que fue, que es, y que vendrá”.  Alrededor del trono habían veinticuatro asientos menores sobre los cuales se sentaron veinticuatro ancianos revestidos con ropajes blancos y portando coronas de oro.  “Y de fuera del trono salieron rayos, truenos y voces: y allí habían siete lámparas de fuego ardiendo ante el trono, estas lámparas son los siete Espíritus de Dios”.  Aquel que se sentó sobre el trono sostuvo en Su mano derecha un libro cerrado con siete sellos que ningún hombre en el cielo o en la Tierra ha sido capaz de abrir.  Entonces apareció un Cordero (Aries, el primero y el principal de los signos zodiacales) que había sido herido, tenía siete cuernos (rayos) y siete ojos (luces).  El Cordero tomo el libro de la mano derecha de Aquel que se sentó sobre el trono, y las cuatro bestias y los ancianos cayeron y adoraron a Dios y al Cordero.  Durante los primeros siglos de la Iglesia Cristiana, el cordero fue reconocido universalmente como el símbolo de Cristo, y no fue hasta el quinto sínodo de Constantinopla (“el Sínodo Pentasexto”, 692 d.C.)  que esta fue la figura del hombre crucificado substituida por aquella del Agnus Dei.  Como sagazmente lo señaló un escritor sobre este tema, el uso de un cordero indica el origen persa del cristianismo, ya que los persas fueron el único pueblo que simbolizo el primer signo del zodiaco con un cordero.

Debido a que un cordero era la ofrenda de pecado de los antiguos paganos, los primeros místicos cristianos consideraban este animal como un emblema adecuado de Cristo, a quienes vieron como una ofrenda de pecado para el mundo.  Los griegos y egipcios veneraban altamente al cordero o al carnero, a veces colocando sus cuernos sobre las frentes de sus dioses.  El dios escandinavo Thor llevo un martillo hecho de un par de cuernos de carnero.  Aparentemente, el cordero se usa en lugar del carnero debido a su pureza y benignidad; también, ya que el Propio Creador estaba simbolizado por Aries, en consecuencia, Su Hijo seria el Carnerito o el Corderito.  El delantal hecho de piel de cordero usado por los Masones sobre aquella parte del cuerpo simbolizada por Tifón o Judas representa aquella purificación de los procesos generativos  que es un prerrequisito para la verdadera espiritualidad.  En esta alegoría, el Cordero representa al candidato purificado, sus siete cuernos representan las divisiones de la razón iluminada, y sus siete ojos, los chacras o la perfección de las percepciones de los sentidos.



Continúa…


Traduccion del original en ingles The Mystery of the Apocalypse del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  © Sánchez & Rivera.  2011, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com



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