VIDA
Y FILOSOFIA DE PITAGORAS
Manly
P. Hall
INTRODUCCION
(II)
Cuando Pitagoras tenía
alrededor de sesenta años de edad, se casó con una de sus discípulas y de esa unión
nacieron siete hijos. Su esposa era una
mujer notablemente capaz que no solo lo inspiró durante los años de su vida
sino que, tras su asesinato, continúo promulgando sus doctrinas.
Como muchas veces es el
caso de los genios, debido a su franqueza Pitagoras tuvo muchos enemigos políticos
y personales. Entre aquellos que
buscaban ser iniciados había uno que, debido a que Pitagoras rehusaba
admitirlo, se autodeterminó a destruir tanto al hombre como a su filosofía. Por medio de falsas propagandas, este hombre descontento
giró las mentes de la gente común en contra del filósofo. Sin aviso, una banda de asesinos descendió sobre
el pequeño grupo de edificios donde el gran maestro y sus discípulos moraban,
quemaron las estructuras y asesinaron a Pitagoras.
Los relatos de la
muerte del filósofo no concuerdan.
Algunos dicen que fue asesinado junto con sus discípulos; otros que, cuando
escapo de Crotona con un pequeño grupo de seguidores, fue atrapado y quemado
vivo por sus enemigos en una pequeña casa donde el grupo había decidido
descansar por el resto de la noche. Otro
relato dice que, al encontrarse atrapados en la ardiente estructura, los discípulos
se lanzaron a las llamas haciendo con sus cuerpos un puente sobre el cual Pitágoras
escapó solo para morir con el corazón roto poco tiempo después como resultado
de la aflicción por la aparente infructuosidad de sus esfuerzos por servir e
iluminar a la humanidad.
Sus discípulos sobrevivientes
intentaron perpetuar sus doctrinas, pero fueron perseguidos por todos lados y
hoy día queda muy poco como testigo de la grandeza de este filósofo. Se dice que los discípulos de Pitágoras nunca
lo mencionaban o se referían a él por su propio nombre; más bien siempre se referían
a él como El Maestro o Aquel Hombre. Esto pudo haber sido debido al hecho de que
se creía que el nombre Pitágoras consistía de un número específico de letras
especialmente dispuestas que tenían una gran importancia sagrada. La revista La Palabra imprimió un artículo realizado por T. R. Prater que
muestra que Pitágoras iniciaba a sus candidatos por medio de una fórmula específica
oculta dentro de las letras de su propio nombre. Esto puede explicar la razón por la cual la
palabra Pitágoras era tan altamente reverenciada.
Tras la muerte de Pitágoras,
su escuela gradualmente se desintegró; pero aquellos que se habían beneficiado
con sus enseñanzas reverenciaban la
memoria del gran filósofo de la misma forma que durante su vida reverenciaban
al hombre en sí. A medida que pasaba el
tiempo, Pitágoras llegó a ser visto como un dios más que como un hombre; y sus
diseminados discípulos estaban unidos por su común admiración por el genio
trascendente de su maestro. En su escrito,
Pitágoras y los Misterios Délficos,
Edouard Schure relata el siguiente suceso que ilustra los lazos de fraternidad
que unían a los miembros de la Escuela Pitagórica:
“Uno de los discípulos que
había enfermado y caído en pobreza fue amablemente llevado por un
mesonero. Antes de morir, éste trazó
unos cuantos signos misteriosos (el pentagrama, sin duda) sobre la puerta del mesón
y le dijo al anfitrión, ‘no te inquietes, uno de mis hermanos pagará mis deudas’. Un año después, mientras un extranjero pasaba
por este mesón, vio los signos y le dijo al anfitrión, ‘soy un pitagórico; uno
de mis hermanos murió aquí; dime lo que te debo en su cuenta’.”
Frank C. Higgins, grado
32, ofrece un excelente compendio de los postulados pitagóricos en el siguiente
bosquejo:
“Debido a que son el
fruto necesario de su contacto con los principales filósofos de todo el mundo
civilizado de su día, las enseñanzas de Pitágoras tienen una importancia muy
trascendental para los Masones y, esquiladas de toda maleza de controversia, deben
representar aquello en lo que todo concuerda.
Así pues, la firme postura de Pitágoras en defensa del monoteísmo puro es
evidencia suficiente de que, en efecto, es sustancialmente correcta la tradición
de que la unidad de Dios era el secreto supremo de todas las iniciaciones
antiguas. La escuela filosófica de Pitágoras
también era, en cierta forma, una serie de iniciaciones debido a que él hizo
que sus discípulos pasaran por una serie de grados y nunca les permitió contacto
personal alguno con él mismo hasta haber alcanzado los grados superiores. Según sus biógrafos, sus grados eran
tres. El primero, el de ‘Matemático’, les
aseguró a sus discípulos capacidad en las matemáticas y la geometría que, para
ese entonces, al igual que lo sería ahora si la masonería fuese adecuadamente
inculcada, la base sobre la cual se erigía todo el conocimiento. En segundo lugar, el grado de ‘Teorético’,
que tenía que ver con las aplicaciones superficiales de las ciencias exactas y,
en última instancia, el grado de ‘Electo’, que le dada derecho al candidato a
pasar hacia adelante hasta la luz de la más completa iluminación que fuese
capaz de absorber. Los estudiantes de la
escuela pitagórica fueron divididos en ‘exotéricos’ o estudiantes de los grados
exteriores, y ‘esotéricos’ después de que éstos pasaran el tercer grado de iniciación
y fueran autorizados a entrar hacia la sabiduría secreta. El silencio, la secretividad y la obediencia
incondicional eran principios cardinales de esta gran orden”. (Ver Francmasonería
Antigua).
Fin de la Introducción.
Traducción del original en
inglés The Life and Philosophy of
Pythagoras del libro The Secret Teachings of All Ages de
Manly P. Hall. ®Sánchez&Rivera,
Traductoras. 2014, Puerto Rico. madias85@yahoo.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.