VIDA
Y FILOSOFIA DE PITAGORAS
Manly
P. Hall
FUNDAMENTOS
PITAGORICOS (I)
El estudio de la geometría,
la música y la astronomía fue considerado esencial para un entendimiento
racional de Dios, el hombre o la Naturaleza, y nadie que no estuviese lo
suficientemente familiarizado con estas ciencias podía acompañar a Pitágoras
como discípulo. Muchos buscaban admisión
a su escuela. Cada aspirante era probado
en estos tres temas; y si resultaba ignorante, era sumariamente desestimado.
Pitágoras no era
extremista. Enseñaba la moderación en todas
las cosas más que el exceso en cualquier cosa, ya que creía que un exceso de
virtud era en sí un vicio. Una de sus
declaraciones preferidas era: “Debemos evitar con nuestro mayor empeño y
amputar con fuego y espada y con otros medios, la enfermedad del cuerpo; la
ignorancia del alma; el placer del estómago; la sedición de las ciudades; la
discordia de las familias y el exceso de todas las cosas”. Pitágoras también creía que no había crimen
que se igualara al de la anarquía.
Todos los hombres saben
lo que quieren, pero pocos saben lo
que necesitan. Pitágoras les advirtió a sus discípulos que
cuando oraran no lo hicieran por ellos mismos; que cuando pidieran cosas de los
dioses no las pidieran para ellos mismos porque ningún hombre sabe lo que es
bueno para él y por esta razón es indeseable pedir cosas que, si son obtenidas,
solo demostrarían ser perjudiciales.
El Dios de Pitágoras
era la Mónada, o el Uno que lo es
Todo. El describió a Dios como la Mente
Suprema distribuída por todas las partes del universo ---la Causa de todas las cosas, la
Inteligencia de todas las cosas y el Poder dentro de todas las cosas. Además, él decía que el movimiento de Dios
era circular, que el cuerpo de Dios estaba compuesto de la substancia de la luz
y que la naturaleza de Dios estaba compuesta de la substancia de la verdad.
Pitágoras decía que
comer carne nublaba las facultades del razonamiento. Aunque no condenaba su uso ni se abstenía
totalmente de hacerlo, decía que los jueces se debían abstener de comer carne
antes de un juicio para que aquellos que estuviesen frente a ellos pudiesen
recibir las más honestas e inteligentes decisiones. Cuando Pitágoras decidía (como en ocasiones
lo hacía) retirarse al templo de Dios por un extenso período de tiempo para
meditar y orar, se llevaba consigo un suministro de comida y bebida especialmente
preparadas. La comida consistía de
partes iguales de semillas de amapola y sésamo, la piel de la cebolla de
albarra de la cual el jugo había sido
totalmente extraído, la flor del narciso, las hojas de malva y una pasta de cebada
y guisantes. El mezclaba estos elementos
añadiéndole miel silvestre. Para hacer
la bebida, tomaba las semillas de los pepinos, pasas de uva deshidratadas (con
sus semillas removidas), flores de cilantro, semillas de malva y verdolaga,
queso rallado, harina y crema, mezcladas y endulzadas con miel silvestre. Pitágoras alegaba que ésta era la dieta que Hércules
hizo mientras viajaba por el desierto libio y que fue realizada según la fórmula
que la propia diosa Ceres le dio a dicho héroe.
Entre los pitagóricos,
el método preferido de sanación era por medio de la ayuda de cataplasmas. Los pitagóricos también conocían las propiedades
mágicas de un sinnúmero de plantas. Pitágoras
estimaba grandemente las propiedades medicinales de la cebolla de albarra, y se
dice que escribió un volumen completo sobre el tema. Sin embargo, hoy día este trabajo no se conoce. Pitágoras descubrió que la música tenía un
gran poder terapéutico y preparó armonías especiales para diferentes
enfermedades. Aparentemente, también
experimentó con el color logrando considerables éxitos. Uno de sus singulares procesos curativos
resultó de su descubrimiento del valor
sanador de algunos versos de la Odisea
y la Ilíada de Homero. El hacía que estos versos le fueran leídos a personas que sufrían de algunas
enfermedades. Se oponía a toda clase de cirugías
y también objetaba la cauterización. No permitía
que el cuerpo humano fuese desfigurado ya que, a su mejor entender, esto era un
sacrilegio contra la morada de los dioses.
Pitágoras enseñaba que
la amistad era la más fiel y casi perfecta de todas las relaciones. Decía que en la Naturaleza existía una
amistad de todo hacia todo; de los dioses hacia los hombres; de las doctrinas
hacia ellas mismas; del alma hacia el cuerpo; de la parte racional hacia la
irracional; de la filosofía hacia su teoría; de los hombres hacia ellos mismos;
de los compatriotas hacia ellos mismos; que la amistad también existía entre
extranjeros, entre un hombre y su esposa, sus hijos y sus servidores. Todos los lazos que no tenían amistad eran
grilletes, y no había virtud en su conservación. Pitágoras creía que las relaciones eran
esencialmente mentales más que físicas; y que un extranjero de amable intelecto
se acercaba más a él que una relación sanguínea cuyo punto de vista era
diferente al suyo. Pitágoras definió el
conocimiento como el fruto de la acumulación mental. Creía que este conocimiento podía ser
obtenido de muchas formas, principalmente a través de la observación. La sabiduría era el entendimiento de la
fuente o causa de todas las cosas; y esto solo se podía obtener al elevar el
intelecto a un punto donde intuitivamente podía reconocer lo invisible manifestándose
externamente a través de lo visible, y de esta forma volverse capaz de estar en armonía con el espíritu de las cosas más
que con sus formas. La máxima fuente que
la sabiduría podía reconocer era la Mónada,
el misterioso átomo permanente de los pitagóricos.
Pitágoras enseñaba que
tanto el hombre como el universo estaban hechos a la imagen de Dios; que ambos
estaban hechos a la misma imagen, el entendimiento de uno dependía del
conocimiento del otro. Además, enseñaba
que existía una constante interacción entre el Gran Hombre (el universo) y el
hombre (el pequeño universo).
Pitágoras creía que todos
los cuerpos siderales estaban vivos y que las formas de los planetas y las
estrellas eran simplemente cuerpos revistiendo almas, mentes y espíritus de la
misma manera que la forma humana visible solo es el vehículo que reviste un
organismo espiritual invisible que en realidad es el individuo consciente. Pitagoras veía a los planetas como magníficas
deidades dignas de la adoración y el respeto del hombre. Sin embargo, él consideraba que todas estas
deidades estaban subordinadas a la Única Primera Causa dentro de la cual todos existían
de forma temporera de la misma forma que la mortalidad existe en el centro de
la inmortalidad.
Continúa…
Traducción del original en
inglés The Life and Philosophy of
Pythagoras del libro The Secret Teachings of All Ages de
Manly P. Hall. ®Sánchez&Rivera,
Traductoras. 2014, Puerto Rico. madias85@yahoo.com

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