VIDA
Y FILOSOFIA DE PITAGORAS
Manly
P. Hall
ASTRONOMIA
PITAGORICA
Según
Pitágoras, la posición de cada cuerpo en el universo estaba determinada por la
dignidad esencial de ese cuerpo. El
concepto popular de su época era que la Tierra ocupaba el centro del sistema
solar; que los planetas, incluyendo el sol y la luna, se movían alrededor de la
Tierra y que la Tierra en sí era plana y cuadrada. Contrario a este concepto, y sin importar las
críticas, Pitágoras decía que el fuego era el más importante de todos los
elementos; que el centro era la parte más importante de cada cuerpo y que, de
la misma forma que el fuego de Vesta estaba en el centro de cada hogar, así también
había una ardiente esfera de esplendor celestial en el centro del universo. A este orbe central él lo llamó la Torre de Júpiter, el Orbe de la Unidad, la Gran Mónada y el Altar de Vesta. Como el
sagrado número 10 simbolizaba la suma de todas las partes y la integridad de
todas las cosas, a Pitágoras se le hacía natural dividir el universo en diez
esferas, simbolizadas por diez círculos concéntricos. Estos círculos comenzaban en el centro con el
orbe del Fuego Divino; entonces venían los siete planetas, la Tierra y otro
misterioso planeta llamado Antichton,
que nunca fue visible.
Existen
diversas opiniones en cuanto a la naturaleza de Antichton. Clemente de Alejandría
creía que éste representaba la masa de los cielos; otros opinaban que era la
luna. Muy probablemente era la misteriosa octava esfera de los antiguos, el
planeta oscuro que se movía en la misma orbita de la Tierra pero que siempre estaba
oculto de la Tierra por el cuerpo del sol que en todo momento estaba en exacta oposición
con la Tierra. Será ésta la misteriosa
Lilith de quien los astrólogos han especulado por tanto tiempo?
Isaac
Myer declaró: “Los pitagóricos decían que cada estrella era un mundo que tenía
su propia atmósfera con una inmensa magnitud de éter rodeándolo”. (Ver La
Cábala). Los discípulos de Pitágoras
también reverenciaban mucho al planeta Venus debido a que éste era el único planeta
lo suficientemente brillante como para arrojar una sombra. Al igual que la estrella de la mañana, Venus
es visible antes de la salida del sol; y al igual que la estrella de la noche,
brilla inmediatamente después de la puesta del sol. Debido a estas cualidades, los antiguos le
otorgaron un gran número de nombres a
esta estrella. Al ser visible en el
cielo en la puesta del sol, fue llamada vesper;
y cuando salía antes del sol, fue llamada la
falsa luz, la estrella de la mañana o Lucifer,
que significa el portador de luz. Debido a esta relación con el sol, el planeta
también fue llamado Venus, Astarté, Afrodita, Isis y La Madre de los
Dioses. Es posible que en algunas
estaciones del año en ciertas latitudes, el hecho de que Venus era una
creciente podía ser detectado sin la ayuda de un telescopio. Esto podría explicar a la creciente que a
veces se ve en conexión con las diosas de la antigüedad cuyas historias no concuerdan
con las fases de la luna. Sin duda, el
conocimiento preciso que Pitágoras poseía con relación a la astronomía pudo
haber sido obtenido en los templos egipcios ya que los sacerdotes entendían la
verdadera relación de los cuerpos celestiales muchos miles de años antes de que
ese conocimiento le fuese revelado al mundo no iniciado. El hecho de que el conocimiento que adquirió en
los templos lo capacitó para hacer afirmaciones que requerían dos mil años para
corroborarse evidencia por que Platón y Aristóteles le tenían gran estima a la
profundidad de los Misterios antiguos.
En medio de la ignorancia científica comparativa, y sin la ayuda de
instrumentos modernos, los sacerdotes-filósofos descubrieron el verdadero
fundamento de la dinámica universal.
Una
interesante aplicación de la doctrina pitagórica de los sólidos geométricos expuesta
por Platón se encuentra en El Canon. Su anónimo autor dice: “Casi todos los
antiguos filósofos diseñaron una teoría armónica con respecto al universo; y la
práctica continuó hasta que el antiguo modo de filosofar murió. Para demostrar la doctrina platónica de que
el universo se formó de los cinco sólidos regulares, Kepler (1596) propuso la siguiente
regla. ‘La Tierra es un círculo, el medidor de todo. Alrededor de éste hay un dodecaedro; el círculo
que lo encierra será Marte. Alrededor de
Marte hay un tetraedro; la esfera que lo encierra será Júpiter. Entonces, hay un cubo alrededor de Júpiter;
la esfera que lo contiene será Saturno.
Entonces, hay un icosaedro grabado en la Tierra; el círculo grabado en éste
será Venus. Un octaedro está grabado en
Venus; el círculo grabado en éste será Mercurio’ (Misterio Cosmográfico, 1596).
Esta regla no puede ser tomada seriamente como una verdadera declaración
de las proporciones del cosmos ya que no tiene ninguna verdadera semejanza con
las proporciones publicadas por Copérnico al comienzo del decimosexto
siglo. Aun así, Kepler estaba muy
orgulloso de su fórmula, y dijo que la valoraba más que al Electorado de
Sajonia. Esta fórmula también fue
aprobada por aquellas dos autoridades eminentes, Tycho y Galileo, que
evidentemente la entendieron. El propio
Kepler nunca ofrece la más mínima pista de cómo su preciada regla debe ser
interpretada”. La astronomía platónica no
tenía relación alguna con la constitución o la disposición material de los
cuerpos celestiales; más bien consideraba las estrellas y los planetas,
principalmente, como puntos focales de la inteligencia Divina. La astronomía física fue vista como la
ciencia de las “sombras”; la astronomía filosófica fue vista como la ciencia de
las “realidades”.
Traducción del original en
inglés Pythagorean Astronomy del
capítulo The Life and Philosophy of
Pythagoras del libro The Secret Teachings of All Ages de
Manly P. Hall. ®Sánchez&Rivera,
Traductoras. 2014, Puerto Rico. madias85@yahoo.com

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