EL
SIMBOLISMO DEL CUERPO HUMANO
Manly
Hall
(Este capítulo
nos llegó como cortesía, no se identifica al traductor/a)
Parte
II
Según
otro concepto de la sabiduría antigua,
todos los cuerpos ---sean espirituales o
materiales--- tienen tres centros que
los griegos llamaban el centro superior, el centro medio, y el
centro inferior. Aquí se notará una
aparente ambigüedad. Es imposible hacer un diagrama o simbolizar apropiadamente las verdades
mentales abstractas, porque la representación diagramática de un aspecto de las relaciones metafísicas
puede ser una real contradicción de algún otro aspecto. Mientras que eso que está arriba generalmente se
considera superior en dignidad y poder, en realidad aquello que está en el
centro es superior y anterior tanto a aquello que se dice que está arriba y
aquello que se dice que está abajo. En
consecuencia, debe decirse que lo primero
---que se considera que está arriba---
realmente está en el centro,
mientras que los otros (que se dice están arriba o abajo)
están en realidad abajo. Este punto
puede simplificarse más si el lector considerara
arriba como si se indicara el grado de proximidad a la fuente y abajo
como si se indicara el grado de distancia desde la fuente, esa que está
situada en el centro real y que es la distancia relativa, que son los
diferentes puntos a lo largo del radio
desde el centro hacia la circunferencia. En asuntos concernientes a la
filosofía y la teología, arriba puede considerarse hacia el centro y abajo
hacia la circunferencia. El centro es el espíritu; la circunferencia es la
materia. En consecuencia, arriba está hacia el espíritu junto a una escala
ascendente de espiritualidad; abajo está hacia la materia junto a una
escala ascendente de materialismo. El último concepto está expresado en parte
por el vértice de un
cono que, cuando es visto desde arriba, se ve como un punto en el centro exacto
de la circunferencia formada por la base del cono.
Estos
tres centros universales ---el de arriba,
el de abajo y el vínculo que los une--- representan tres soles o tres aspectos de un
sol ---centros de resplandor. Estos también tienen sus análogos en los tres grandes centros del cuerpo humano
que, como el universo físico, es una fabricación demiúrgica. "El primero de estos [soles]," dice Thomas Taylor, "es análogo a la luz cuando se la ve
subsistiendo en su fuente, el sol; el
segundo, a la luz que inmediatamente procede del sol; y el tercero, al
esplendor comunicado a otras naturalezas por esta luz."
Debido
a que el centro superior (o espiritual) está en el medio de los otros dos, su
análogo en el cuerpo físico es el corazón
---el órgano más espiritual y misterioso en el cuerpo humano. El segundo centro (o el vínculo entre los
mundos superiores e inferiores) se eleva a la posición de la más grande
dignidad física ---el cerebro. El
tercer centro (o inferior) está relegado a la posición de menor dignidad física
pero mayor importancia física ---el sistema generativo. De esta manera el corazón es simbólicamente
la fuente de vida; el cerebro el vínculo por el cual, a través de la
inteligencia racional, se unifican la vida y la forma; y el sistema generativo ---o creador infernal--- la fuente de ese poder por el cual se
producen los organismos físicos. Los
ideales y aspiraciones del individuo dependen en gran medida de cuál de estos tres
centros de poder predomina en alcance y
actividad de expresión.
En el materialista el centro inferior es
el más fuerte, en el intelectualista el centro superior; pero en el iniciado el
centro medio ---al bañar los dos extremos en una inundación de
resplandor espiritual--- controla
saludablemente tanto la mente como el cuerpo.
Como
la luz da testimonio de vida ---que es
su fuente--- así la mente da testimonio
del espíritu, y la actividad en un plano aún más inferior es testigo de la
inteligencia. De esta manera la mente da testimonio del
corazón, mientras que el sistema generativo, a su vez, da testimonio de la
mente. Por consiguiente, la naturaleza
espiritual se simboliza más comúnmente por el corazón; el poder intelectual por
un ojo abierto, que simboliza la glándula pineal o el ojo cíclope, que es el
Jano de dos caras de los Misterios paganos; y el sistema generativo por una flor, un cayado,
una copa, o una mano.
Mientras
que todos los Misterios reconocían al corazón como el centro de la conciencia espiritual,
con frecuencia decididamente ignoraron este concepto y usaron el corazón en su sentido
exotérico como el símbolo de la naturaleza emocional. En
esta disposición el centro generativo representaba el cuerpo físico, el corazón
el cuerpo emocional y el cerebro el cuerpo mental. El cerebro representaba la esfera superior,
pero después de que los iniciados pasaban a través de los grados inferiores, se les instruía
que el cerebro era el poder de la llama espiritual que vive en los recovecos
más recónditos del corazón. Antes de que pase mucho tiempo el estudiante
de esoterismo descubre que los antiguos con frecuencia recurrían a varios
subterfugios para esconder las verdaderas interpretaciones de sus Misterios. La sustitución del cerebro por el corazón era
uno de estos subterfugios.
Los
tres grados de los Misterios antiguos eran dados, con pocas excepciones, en
cámaras que representaban los tres grandes centros de los cuerpos humano y
Universal. Si era posible, el templo mismo era construido
con la forma del cuerpo humano. El
candidato entraba entre los pies y recibía el grado más alto en el punto
correspondiente al cerebro. De esta manera el primer grado era el misterio
material y su símbolo era el sistema generativo; elevaba al candidato a través
de varios grados de pensamiento concreto. El segundo grado se daba en la cámara
correspondiente al corazón, pero representaba el poder medio que era el vínculo
mental. Aquí el candidato era iniciado en los
misterios del pensamiento abstracto y se elevaba tan alto como la mente era
capaz de penetrar. Luego pasaba a la
tercera cámara que, siendo análoga al cerebro, ocupaba la posición más
alta en el templo, pero siendo análoga
al corazón, era de la mayor dignidad. En
la cámara del cerebro se daba el misterio del corazón. Aquí el iniciado por primera vez comprendía
el significado de esas palabras inmortales: "Como un hombre piensa en su
corazón, así es él." De la misma
forma que hay siete corazones en el
cerebro, así también hay siete cerebros
en el corazón; pero este es un asunto de suprafísica de lo cual poco se puede
decir en el momento actual.
Proclo
escribe sobre este tema en el primer libro de Sobre la Teología de Platón:
"En realidad, Sócrates en el (Primer) Alcibíades correctamente observa que
el alma que entra dentro sí misma contemplará todas las otras cosas, y la deidad
misma. Por tender a su propia unión, y
al centro de toda la vida, dejando de lado la multitud, y la variedad de todos
los múltiples poderes que ella contiene, asciende a la atalaya más alta de los
seres. Y como en el más santo de los
misterios dicen que los místicos al principio se encontraron con la multiforma,
y muchos géneros de formas, que son lanzados ante los dioses, pero al ingresar
al templo, impasibles, y custodiados por los ritos místicos, genuinamente
recibían en sus pechos [corazón] iluminación divina, y despojados de sus vestimentas,
como ellos dirían, participaban de una naturaleza divina; lo mismo, como me
parece a mí, sucede en la especulación de los todos. El alma, cuando mira las cosas posteriores a sí misma,
contempla las sombras e imágenes de seres, pero cuando ella misma se convierte
en ella misma, su propia esencia evoluciona, y las razones que contiene. Y al principio, realmente ella es como si solamente se contemplara a sí
misma; pero, cuando penetra más profundamente en el conocimiento de sí misma,
encuentra en sí misma tanto el intelecto como los órdenes de los seres. Sin embargo, cuando ella se adentra en sus recovecos
interiores, y dentro del ádito como si fuera del alma, percibe con el ojo
cerrado [sin la ayuda de la mente inferior], el género los dioses y las
unidades de los seres. Todas las cosas están en nosotros físicamente y a través
de esto somos naturalmente capaces de conocer todas las cosas, excitando los
poderes y las imágenes de todo cuanto contenemos."
Los
iniciados de la antigüedad advertían a
sus discípulos que una imagen no es una realidad sino meramente la objetualización
de una idea subjetiva. Las imágenes de
los dioses no fueron diseñadas para ser
objetos de adoración sino para ser consideradas meramente como emblemas o recordatorios
de poderes y principios invisibles. De manera similar, el cuerpo del hombre no
debe ser considerado como el individuo sino solamente como la casa del
individuo, de la misma manera que el templo era la Casa de Dios. En un estado de pesadez y perversión, el cuerpo del hombre es la tumba o prisión de
un principio divino, en un estado de desenvolvimiento y regeneración, es la Casa o Santuario de la
Deidad por cuyos poderes creativos fue ideado. "La personalidad está
suspendida en un hilo de la naturaleza del Ser," dice la obra secreta. El hombre es en esencia un principio
permanente e inmortal; solamente sus cuerpos pasan a través del ciclo de
nacimiento y muerte. Lo inmortal es la
realidad; lo mortal es la irrealidad. Durante
cada período de vida terrestre, la realidad mora en la irrealidad, para ser
liberada de ella temporalmente por la muerte y permanentemente por la
iluminación.
Continúa…
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.