Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

lunes, 9 de diciembre de 2013

CUERPO HUMANO, El Simbolismo del - Parte II



EL SIMBOLISMO DEL CUERPO HUMANO
 
 
Manly Hall
 
 
(Este capítulo nos llegó como cortesía, no se identifica al traductor/a)
 
 
Parte II
 
 
Según  otro concepto de la sabiduría antigua, todos los cuerpos   ---sean espirituales o materiales---   tienen tres centros que los griegos llamaban el centro superior, el centro medio, y el centro inferior.  Aquí se notará una aparente ambigüedad. Es imposible hacer un diagrama  o simbolizar apropiadamente las verdades mentales abstractas, porque la representación diagramática  de un aspecto de las relaciones metafísicas puede ser una real contradicción de algún otro aspecto.  Mientras que eso que está arriba generalmente se considera superior en dignidad y poder, en realidad aquello que está en el centro es superior y anterior tanto a aquello que se dice que está arriba y aquello que se dice que está abajo.  En consecuencia, debe decirse que lo primero   ---que se considera que está arriba---   realmente está en el centro, mientras que los otros (que se dice están arriba o abajo) están en realidad abajo.  Este punto puede simplificarse más si el lector considerara  arriba como si se  indicara el grado de proximidad a la fuente y abajo como si se indicara el grado de distancia desde la fuente, esa que está situada en el centro real y que es la distancia relativa, que son los diferentes  puntos a lo largo del radio desde el centro hacia la circunferencia. En asuntos concernientes a la filosofía y la teología, arriba puede considerarse hacia el centro y abajo hacia la circunferencia. El centro es el espíritu; la circunferencia es la materia. En consecuencia, arriba está hacia el espíritu junto a una escala ascendente de espiritualidad; abajo está hacia la materia junto a una escala ascendente de materialismo. El último concepto está expresado en parte por el vértice de un cono que, cuando es visto desde arriba, se ve como un punto en el centro exacto de la circunferencia formada por la base del cono.
 
Estos tres centros universales   ---el de arriba, el de abajo  y el vínculo que los une---   representan tres soles o tres aspectos de un sol   ---centros de resplandor.  Estos también tienen sus análogos  en los tres grandes centros del cuerpo humano que, como el universo físico, es una fabricación demiúrgica.  "El primero de estos [soles],"  dice Thomas Taylor,  "es análogo a la luz cuando se la ve subsistiendo en su fuente, el sol; el  segundo, a la luz que inmediatamente procede del sol; y el tercero, al esplendor comunicado a otras naturalezas por esta luz."
 
Debido a que el centro superior (o espiritual) está en el medio de los otros dos, su análogo en el cuerpo físico es el corazón   ---el órgano más espiritual y misterioso en el cuerpo humano.  El segundo centro (o el vínculo entre los mundos superiores e inferiores) se eleva a la posición de la más grande dignidad física   ---el cerebro. El tercer centro (o inferior) está relegado a la posición de menor dignidad física pero  mayor importancia física   ---el sistema generativo.  De esta manera el corazón es simbólicamente la fuente de vida; el cerebro el vínculo por el cual, a través de la inteligencia racional, se unifican la vida y la forma; y el sistema generativo   ---o creador infernal---   la fuente de ese poder por el cual se producen los organismos físicos.  Los ideales y aspiraciones del individuo dependen en gran medida de cuál de estos tres centros de poder predomina  en alcance y actividad de expresión.  En el materialista el centro inferior es el más fuerte, en el intelectualista el centro superior; pero en el iniciado el centro medio   ---al bañar  los dos extremos en una inundación de resplandor espiritual---   controla saludablemente tanto la mente como el cuerpo.
 
Como la luz da testimonio de vida   ---que es su fuente---   así la mente da testimonio del espíritu, y la actividad en un plano aún más inferior es testigo de la inteligencia.   De esta manera la mente da testimonio del corazón, mientras que el sistema generativo, a su vez, da testimonio de la mente.  Por consiguiente, la naturaleza espiritual se simboliza más comúnmente por el corazón; el poder intelectual por un ojo abierto, que simboliza la glándula pineal o el ojo cíclope, que es el Jano de dos caras de los Misterios paganos; y el  sistema generativo por una flor, un cayado, una copa, o una mano.
 
Mientras que todos los Misterios reconocían al corazón como el centro de la conciencia espiritual, con frecuencia decididamente ignoraron este concepto y usaron el corazón en su sentido exotérico como el símbolo de la naturaleza emocional.   En esta disposición el centro generativo representaba el cuerpo físico, el corazón el cuerpo emocional y el cerebro el cuerpo mental.  El cerebro representaba la esfera superior, pero después de que los iniciados pasaban  a través de los grados inferiores, se les instruía que el cerebro era el poder de la llama espiritual que vive en los recovecos más recónditos del corazón.   Antes de que pase mucho tiempo el estudiante de esoterismo descubre que los antiguos con frecuencia recurrían a varios subterfugios para esconder las verdaderas interpretaciones de sus Misterios.   La sustitución del cerebro por el corazón era uno de estos subterfugios.
 
Los tres grados de los Misterios antiguos eran dados, con pocas excepciones, en cámaras que representaban los tres grandes centros de los cuerpos humano y Universal.   Si era posible, el templo mismo era construido con la forma del cuerpo humano.  El candidato entraba entre los pies y recibía el grado más alto en el punto correspondiente al cerebro.   De esta manera el primer grado era el misterio material y su símbolo era el sistema generativo; elevaba al candidato a través de varios grados de pensamiento concreto.  El segundo grado se daba en la cámara correspondiente al corazón, pero representaba el poder medio que era el vínculo mental.   Aquí el candidato era iniciado en los misterios del pensamiento abstracto y se elevaba tan alto como la mente era capaz de penetrar.  Luego pasaba a la tercera cámara  que, siendo  análoga al cerebro, ocupaba la posición más alta en el templo, pero siendo  análoga al corazón, era de la mayor dignidad.  En la cámara del cerebro se daba el misterio del corazón.  Aquí el iniciado por primera vez comprendía el significado de esas palabras inmortales: "Como un hombre piensa en su corazón, así es él."  De la misma forma que hay  siete corazones en el cerebro,  así también hay siete cerebros en el corazón; pero este es un asunto de suprafísica de lo cual poco se puede decir en el momento actual.
 
Proclo escribe sobre este tema en el primer libro de Sobre la Teología de Platón: "En realidad, Sócrates en el (Primer) Alcibíades correctamente observa que el alma que entra dentro sí misma contemplará todas las otras cosas, y la deidad misma.  Por tender a su propia unión, y al centro de toda la vida, dejando de lado la multitud, y la variedad de todos los múltiples poderes que ella contiene, asciende a la atalaya más alta de los seres.  Y como en el más santo de los misterios dicen que los místicos al principio se encontraron con la multiforma, y muchos géneros de formas, que son lanzados ante los dioses, pero al ingresar al templo, impasibles, y custodiados por los ritos místicos, genuinamente recibían en sus pechos [corazón] iluminación divina, y despojados de sus vestimentas, como ellos dirían, participaban de una naturaleza divina; lo mismo, como me parece a mí, sucede en la especulación de los todos.  El alma,  cuando mira las cosas posteriores a sí misma, contempla las sombras e imágenes de seres, pero cuando ella misma se convierte en ella misma, su propia esencia evoluciona, y las razones que contiene.  Y al principio,  realmente  ella es como si solamente se contemplara a sí misma; pero, cuando penetra más profundamente en el conocimiento de sí misma, encuentra en sí misma tanto el intelecto como los órdenes de los seres.  Sin embargo, cuando ella se adentra en sus recovecos interiores, y dentro del ádito como si fuera del alma, percibe con el ojo cerrado [sin la ayuda de la mente inferior], el género los dioses y las unidades de los seres. Todas las cosas están en nosotros físicamente y a través de esto somos naturalmente capaces de conocer todas las cosas, excitando los poderes y las imágenes de todo cuanto contenemos."
 
Los iniciados de la antigüedad  advertían a sus discípulos que una imagen no es una realidad sino meramente la objetualización de una idea subjetiva. Las imágenes  de los dioses no fueron  diseñadas para ser objetos de adoración sino para ser consideradas meramente como emblemas o recordatorios de poderes y principios invisibles. De manera similar, el cuerpo del hombre no debe ser considerado como el individuo sino solamente como la casa del individuo, de la misma manera que el templo era la Casa de Dios.  En un estado de pesadez y perversión,  el cuerpo del hombre es la tumba o prisión de un principio divino, en un estado de desenvolvimiento  y regeneración, es la Casa o Santuario de la Deidad por cuyos poderes creativos fue ideado. "La personalidad está suspendida en un hilo de la naturaleza del Ser," dice la obra secreta.  El hombre es en esencia un principio permanente e inmortal; solamente sus cuerpos pasan a través del ciclo de nacimiento y muerte.  Lo inmortal es la realidad; lo mortal es la irrealidad.  Durante cada período de vida terrestre, la realidad mora en la irrealidad, para ser liberada de ella temporalmente por la muerte y permanentemente por la iluminación.
 
Continúa…
 


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