EL
SIMBOLISMO DEL CUERPO HUMANO
Manly
Hall
(Este capítulo
nos llegó como cortesía, no se identifica al traductor/a)
Parte
I
El
más antiguo, el más profundo, el más universal de todos los símbolos es el
cuerpo humano. Los griegos, los persas,
los egipcios y los hindús consideraban que el análisis filosófico de la
naturaleza trina y una del hombre era una parte indispensable de las enseñanzas
éticas y religiosas. Los Misterios de todas las naciones enseñaban que las
leyes, elementos, y poderes del universo se resumían en la constitución humana;
que todo lo que existía fuera del hombre tenía su análogo dentro del hombre. El universo, siendo inmensurable en su
inmensidad e inconcebible en su profundidad, estaba más allá de la estimación
mortal. Hasta los mismos dioses comprendían sólo una parte de su inaccesible gloria
que era su fuente. Cuando está temporalmente impregnado con entusiasmo divino,
el hombre
puede trascender por un breve momento las limitaciones de su propia
personalidad y contemplar en parte ese celestial resplandor en el que se baña
toda la creación. Pero aún en sus períodos de mayor iluminación el hombre es
incapaz de imprimir en la sustancia de su alma racional una imagen perfecta de
la expresión multiforme de la actividad celestial.
Reconociendo
la inutilidad de tratar de afrontar intelectualmente aquello que transciende la comprensión de las
facultades racionales, los primeros filósofos desviaron su atención de la
inconcebible Divinidad al hombre en sí mismo, dentro de los estrechos confines
de cuya naturaleza encontraron manifestados todos los misterios de las esferas
externas. Como resultado natural de esta práctica se fabricó un sistema
teológico secreto en el cual se consideró a Dios como el Gran Hombre y,
viceversa, al hombre como el pequeño dios. Continuando esta analogía, el universo
fue considerado como un hombre y, por el contrario, el hombre como un universo
en miniatura. El universo mayor fue
denominado el Macrocosmos ---el
Gran Mundo o Cuerpo--- y la Vida Divina
o entidad espiritual que controla sus funciones fue llamada el Macroprosophus.
El cuerpo del hombre, o el universo humano individual, fue llamado el Microcosmos,
y la Vida Divina o entidad espiritual que controla sus funciones fue llamada Microprosophus.
Los Misterios paganos se ocupaban primariamente de instruir neófitos en la
verdadera relación que existe entre el Macrocosmos y el Microcosmos ---en otras palabras, entre Dios y el
hombre. Por consiguiente, la clave de
estas analogías entre los órganos y funciones del hombre Microcósmico y
las del Hombre Macrocósmico constituyó la posesión más preciada de los primeros
iniciados.
En
Isis Sin Velo, H. P. Blavatsky resumió el concepto pagano del hombre de
la siguiente manera: "El hombre es un mundo pequeño ---un microcosmos
dentro del gran universo. Como un feto,
está suspendido, por sus tres espíritus, en la matriz del macrocosmos; y
mientras su cuerpo terrestre está en constante armonía con su madre tierra, su
alma astral vive al unísono con el anima mundi sideral. El es en ello,
como ello es en él, ya que el elemento que penetra el mundo llena todo el
espacio, y es el espacio mismo, sólo que ilimitado e infinito. Con respecto a
su tercer espíritu, el divino, qué es sino un rayo infinitesimal, una de las
incontables radiaciones que proceden directamente de la Más Alta Causa ---la Luz Espiritual del Mundo? Esta
es la trinidad de naturaleza orgánica e inorgánica ---la espiritual y la física, que son tres
en una, y de la cual Proclus dice 'La primera mónada es el Dios Eterno; la
segunda, la eternidad; la tercera, el paradigma, o patrón del universo;' los
tres que constituyen la Triada Inteligible."
Mucho
antes de la implantación de la idolatría en la religión, los primeros
sacerdotes hicieron que la estatua de un hombre se colocara en el santuario del
templo. Esta figura humana simbolizaba
el Poder Divino en todas sus intrincadas manifestaciones. De esta manera los
sacerdotes de la antigüedad aceptaron al hombre como su libro de texto, y a través
del estudio de él aprendieron a entender los misterios más grandes y más
abstrusos del plan celestial del cual ellos eran una parte. No es improbable
que esta figura misteriosa que vigilaba los altares primitivos fuera realizada
algo así como un maniquí y, como ciertas manos emblemáticas en las escuelas de
Misterios, fue cubierta con jeroglíficos tallados o pintados. La estatua puede haberse abierto, de manera
que mostraba las posiciones relativas de los órganos, huesos, músculos,
nervios, y otras partes. Después de siglos
de investigación, el maniquí se convirtió en una masa de jeroglíficos intricados
y figuras simbólicas. Todas las partes tenían su significado secreto. Las
medidas formaron un estándar básico por medio de las cuales era posible medir
todas las partes del cosmos. Era un emblema glorioso compuesto por todo el
conocimiento poseído por los sabios y hierofantes.
Luego
vino la era de la idolatría. Los Misterios decayeron desde adentro. Los
secretos se perdieron y nadie conoció la identidad del hombre misterioso que
vigilaba el altar. Se recordó solamente que la figura era un símbolo sagrado y
glorioso del Poder Universal, y finalmente llegó a ser admirado como un dios ---el Uno en cuya imagen se hizo el hombre. Habiendo
perdido el conocimiento del propósito por el cual se construyó originalmente el
maniquí, los sacerdotes rindieron culto a esta efigie hasta que al final su
falta de comprensión espiritual tumbó el templo en ruinas sobre sus cabezas y
la estatua se desmoronó con la civilización que había olvidado su significado.
Siguiendo
el supuesto de los primeros teólogos de que el hombre es realmente ideado a la
imagen de Dios, las mentes iniciadas de edades pasadas erigieron la estupenda estructura
de la teología sobre la base del cuerpo humano. El mundo religioso de hoy es casi
totalmente ignorante del hecho de que la ciencia de la biología es la fuente
primera de sus doctrinas y principios. Muchos de los códigos y leyes que los
modernos divinos creen que fueron revelaciones directas de la Divinidad son en
realidad el fruto de años de paciente ahondar en los intrincados detalles de la
constitución humana y las maravillas infinitas reveladas por dicho estudio.
En
casi todos los libros sagrados del mundo se puede rastrear una analogía anatómica.
Esto es más evidente en sus mitos de la creación.
Cualquiera que esté familiarizado con la embriología y obstetricia no tendrá
dificultad en reconocer la base de la alegoría con respecto a Adán y Eva y el
Jardín del Edén, los nueve grados de los Misterios Eleusinos, y la legenda
brahmánica de las encarnaciones de Vishnu. La historia del Huevo Universal, el mito
escandinavo de Ginnungagap (la grieta oscura en el espacio en la cual se sembró
la semilla del mundo), y el uso del pez como el emblema del poder generador
paterno ---todo muestra el verdadero
origen de la especulación teológica. Los
filósofos de la antigüedad se dieron cuenta que el hombre mismo era la clave
del acertijo de la vida, porque era la imagen
viva del Plan Divino, y en las eras futuras la humanidad también llegará a
darse cuenta más en detalle de la importación solemne de aquellas antiguas
palabras: "El verdadero estudio de la humanidad es el hombre."
Tanto
Dios como el hombre tienen una constitución doble, de la cual la parte superior
es invisible y la inferior visible. En ambos hay también una esfera intermedia,
marcando el punto donde esas naturalezas visible e invisible se tocan. Como la
naturaleza espiritual de Dios controla Su forma universal objetiva ---que es en realidad una idea cristalizada--- así la naturaleza espiritual del hombre es
la causa invisible y el poder controlador de su personalidad material visible.
De esta manera es evidente que el espíritu del hombre guarda la misma relación
con su cuerpo material que Dios guarda con el universo objetivo. Los Misterios enseñaban que el espíritu, o la
vida, era anterior a la forma y que lo
que es anterior incluye todo lo que es posterior a sí misma. Siendo el espíritu anterior a la forma, esta
última, por lo tanto, está incluida
dentro del reino del espíritu. Es
también una declaración o creencia popular que el espíritu del hombre está
dentro de su cuerpo. Sin embargo, de
acuerdo con las conclusiones de la filosofía y la teología, esta creencia es
errónea, ya que el espíritu primero circunscribe un área y luego se manifiesta
dentro de ella. Hablando filosóficamente, siendo una parte del espíritu, la
forma está dentro del espíritu; pero el espíritu es más que la suma de la
forma, por lo tanto, como la naturaleza material del hombre está dentro de la
suma del espíritu, así también la Naturaleza Universal, que incluye todo el
sistema sideral, está dentro de la esencia reinante de Dios ---el Espíritu Universal.
Continúa…
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