ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall
Paracelso
de Hohenheim
El más famoso de los filósofos
alquímicos y Herméticos fue Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus von
Hohenheim. Este hombre, que se hacía
llamar Paracelso, dijo que algún día
todos los médicos de Europa se apartarían de las otras escuelas y, siguiéndolo,
lo admirarían por encima de los demás médicos.
La fecha admitida del nacimiento de Paracelso es el 17 de diciembre de
1493. Fue hijo único. Tanto su padre como su madre estaban
interesados en la medicina y en la química.
Su padre fue médico y su madre fue superintendente de un hospital. Aún en su adolescencia, Paracelso tuvo un
gran interés en los escritos de Isaac de Holanda, y decidió reformar la ciencia
médica de su época.
A los veinte años de edad comenzó una
serie de viajes que continuaron por aproximadamente doce años. Visitó muchos países europeos, incluyendo
Rusia. Es posible que, incluso, llegara
a Asia. Fue en Constantinopla que los
adeptos árabes le confiaron el gran secreto de las artes Herméticas. Probablemente obtuvo su conocimiento de los
espíritus de la Naturaleza y de los habitantes de los mundos invisibles de los
Brahmanes de India, con los cuales se contactó ya fuese directamente o a través
de sus discípulos. Se convirtió en un
médico del ejército, y su entendimiento y habilidad lo condujeron hacia un gran
éxito.
A su regreso a Alemania, comenzó su tan
soñada reformación de las artes y las ciencias médicas. Por todos lados se opuso y criticó sin
misericordia. Sin duda, su violento
temperamento y su profundamente fuerte personalidad provocaron muchas
tempestades sobre su cabeza que pudieron haberse evitado si él hubiese tenido
una disposición menos mordaz.
Desolló a los boticarios argumentando que estos no usaban los
ingredientes correctos en sus prescripciones y tampoco consideraban las
necesidades de sus pacientes; éstos solo deseaban recolectar exorbitantes
honorarios por sus brebajes.
Los notables remedios que Paracelso
realizó solo provocaron que sus enemigos lo odiaran más duramente debido a que no podían duplicar los aparentes
milagros que éste realizaba. No solo
curó las enfermedades más comunes de su época, sino que se dice que realmente
curó la lepra, el cólera y el cáncer. Sobre
todo, sus amigos decían que resucitaba a los muertos. Sin embargo, sus sistemas de curación eran
tan heterodoxos que lenta pero seguramente sus enemigos lo abrumaban; y una y
otra vez lo obligaban a dejar los campos de su trabajo y a buscar refugio donde
no fuese conocido.
Existe mucha controversia con relación a
la personalidad de Paracelso. No hay
duda de que éste tenía una irritable disposición. Su aversión por los médicos y por las mujeres llegaba a la
locura; para ellos no había más que insultos.
De lo que se sabe, nunca existió un amorío en su vida. Sus adversarios siempre estaban en contra de
su peculiar apariencia y su inmoderado sistema de vida. Se cree que sus anomalías físicas fueron las
responsables de todo el resentimiento que él tenía contra la sociedad durante
toda su intolerante y tempestuosa vida.
Su supuesta intemperancia le provocó aún
más persecuciones, ya que se decía que aún durante la época de su profesorado
en la Universidad de Basel casi nunca estaba sobrio. Es difícil entender dicha acusación en vista
de la maravillosa claridad mental que exhibía en todo momento. La amplia cantidad de escritos que realizó
(la Edición Estrasburgo de sus trabajos coleccionados está en tres grandes
tomos, cada uno contiene varios cientos de páginas) es una monumental
contradicción de los relatos relacionados a su uso excesivo de alcohol.
Sin duda, muchos de los vicios de los
cuales se le acusa eran puros inventos de sus enemigos quienes, no estando
satisfechos con la contratación de personas para asesinarlo, buscaban mancillar
su memoria después de haber terminado con su vida en venganza. La forma en la cual Paracelso murió es
incierta, pero el relato más creíble es que éste murió como resultado indirecto
de un enfrentamiento con varios asesinos que habían sido contratados por
algunos de sus enemigos profesionales para deshacerse de aquél que había
expuesto sus artimañas.
En la escritura de Paracelso existen
pocos manuscritos, ya que este les dicto la mayoría de sus trabajos a sus discípulos,
quienes los escribieron. El Profesor John Maxson Stillman, de la
Universidad de Stanford, le rinde el siguiente tributo a su memoria: “Cualquiera
que sea el juicio final de la relativa importancia de Paracelso en la edificación
de la ciencia y la práctica médica, debe reconocerse que él entró a su carrera en
Basel con el entusiasmo y la seguridad de uno que se creía inspirado por una
gran verdad y destinado a realizar un
adelanto en la ciencia y la práctica de la medicina. Por naturaleza, él era un observador agudo y
de mente abierta de cualquier cosa que estuviese bajo su estudio, aunque
probablemente no era un analista muy crítico del fenómeno observado. Evidentemente él era un inusual e
independiente pensador, aunque el grado de originalidad en su pensamiento puede
ser un asunto de legítimas diferencias de opinión. Ciertamente, habiendo encontrado lo que para
su mente era un substituto satisfactorio de los antiguos dogmas en su propia modificación
de la filosofía neo-Platónica, no vaciló en quemar las naves tras él una vez
que formó su mente, de cualquier combinación de influencias, para rechazar la
sacralidad de la autoridad de Aristóteles, Galen y Avicenna.
“Habiéndose liberado del Galenismo
dominante de su época, decidió predicar y enseñar que la base de la ciencia médica
del futuro debía ser el estudio de la naturaleza, la observación del paciente,
la experimentación y la experiencia; y no los dogmas infalibles de autores que habían
fallecido hacía ya mucho tiempo. Sin
duda, en la soberbia y autoconfianza de su entusiasmo de adolescente, no estimó
correctamente la extraordinaria fuerza del conservadurismo contra el cual dirigió
sus ataques. Si esto es así, su
experiencia en Basel seguramente lo desilusionó. Desde ese tiempo hasta ahora él nuevamente
fue peregrino, a veces en gran pobreza, a veces en moderada comodidad, pero manifiestamente
desilusionado con el éxito inmediato de su campaña; aunque nunca dudó de su éxito
final ---porque para su mente, sus
nuevas teorías y prácticas de la medicina estaban unidas con las fuerzas de la
naturaleza, que eran la expresión de la voluntad de Dios y, eventualmente, debían
prevalecer”.
Este extraño hombre, cuya naturaleza era
un conglomerado de contradicciones, tenía un estupendo genio que brillaba como
una estrella a través de la oscuridad filosófica y científica de la Europa
medieval; batallando contra la envidia de sus colegas al igual que contra la
irascibilidad de su propia naturaleza, luchó por el bien de los muchos que
estaban contra el dominio de los pocos.
Fue el primer hombre que escribió libros científicos en el idioma de la
gente común para que todos pudiesen leerlos.
Aún en la muerte, Paracelso no encontró descanso. Una y otra vez sus huesos fueron desenterrados
y reenterrados en otro lugar. La lápida
de mármol sobre su tumba tiene la siguiente inscripción: “Aquí yace enterrado Philip Theophrastus el famoso Doctor en Medicina
que con maravilloso Conocimiento curó Heridas, Lepra, Gota, Hidropesía y otras
incurables Enfermedades del Cuerpo y ofreció sus Bienes para que fuesen
divididos y distribuidos entre los Pobres.
En el Año 1541, el 24to. día de septiembre intercambió la Vida por la
Muerte. A la Paz Viviente, al Sepulcral
Eterno Descanso”.
En su Vida de Paracelso, A. M. Stoddart ofrece un importante testimonio
del amor que la gente le tenía al gran médico.
Al hacer referencia a su tumba, ella escribe: “Hoy día los pobres rezan allí. La memoria de Hohenheim ha ‘florecido en el
polvo’ hacia la santidad porque los pobres lo han canonizado. Cuando el cólera amenazó a Salzburgo en 1830,
el pueblo realizó un peregrinaje hacia su monumento y le rezó para que lo
alejara de sus hogares. El mortífero azote
pasó lejos de ellos y asoló a Alemania y
al resto de Austria”. Se suponía que un
antiguo profesor de Paracelso fue un misterioso alquimista que se hacía llamar
Solomon Trismosin. Nada se sabe con relación
a esta persona salvo que, después de algunos años de peregrinaje, obtuvo la
fórmula de la transmutación y dijo haber realizado amplias cantidades de
oro. Un bellamente iluminado manuscrito
de este autor, fechado de 1582 y llamado Splendor
Solis, se encuentra en el Museo Británico.
Trismosin dijo haber vivido hasta la edad de 150 años como resultado de
su conocimiento de la alquimia. Una declaración
muy importante aparece en sus Peregrinajes
Alquímicos, cuyo trabajo se supone que relate su búsqueda de la Piedra
Filosofal: “Estudia lo que eres, de dónde eres, lo que conoces de este arte;
esto es realmente lo que eres. Todo lo
que está fuera de ti también está dentro de ti; así escribió Trismosin”.
Traducción del original en inglés Paracelsus of Hohenheim del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The
Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Indira Sánchez- Rivera, Traductora. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
N. de la T. Puede ver un resumen (en inglés, incluye 22 reproducciones de las imágenes alegóricas originales) del proceso alquímico de Solomon Trismosin en: http://www.rexresearch.com/splsol/trismosin.htm

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