ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall
RAYMOND LULLY
El más famoso de todos los alquimistas
españoles nació alrededor del año 1235.
Su padre fue senescal de Jaime I de Aragón, y el joven Raymond fue
llevado a la corte rodeado por las tentaciones y el libertinaje que abundaban
en estos lugares. Más tarde, fue
designado a la posición que su padre había ocupado. Un matrimonio de riquezas aseguró la posición
financiera de Raymond, y este vivió la vida de un grande.
Una de las mujeres más bellas de la
corte de Aragón era Doña Ambrosia Eleonora Di Castello, cuya virtud y belleza
le habían traído grandes reconocimientos.
Para ese tiempo, estaba casada y no estaba particularmente complacida
cuando descubrió que el joven Lully rápidamente estaba desarrollando una pasión
por ella. A donde quiera que ella fuera,
Raymond la seguía; y finalmente, en un suceso trivial, éste le escribió algunos
versos muy amorosos que produjeron un
efecto muy diferente al que él había esperado.
Recibió un mensaje que lo invitaba a visitar a la dama. Este respondió con prontitud. Ella le dijo que era justo que observara más
de la belleza con relación a la cual escribió aquellos atractivos poemas y,
despojándose de parte de su vestimenta, le reveló que un lado de su cuerpo
estaba casi corroído por un cáncer. Raymond
nunca se recuperó del impacto. Todo el
curso de su vida cambió. Renunció a las
frivolidades de la corte y se convirtió en un recluso.
Poco tiempo después, mientras hacía
penitencia por sus pecados mundanales, se le apareció una visión donde Cristo le
dijo que siguiera la dirección en la cual El le serviría de guía. Más tarde se repitió esa visión. Sin titubear, Raymond dividió su propiedad entre
su familia y se retiró a una cabaña al lado de un valle donde se dedicó al
estudio del árabe para poder seguir adelante y convertir a los infieles. Tras seis años en este retiro, se contactó
con un servidor mahometano quien, cuando supo que Raymond estaba a punto de
atacar la fe de su pueblo, enterró su cuchillo en la espalda de su
maestro. Raymond rehusó permitir que su
asesino en potencia fuese ejecutado, pero más tarde el hombre se estranguló en
prisión.
Cuando Raymond recuperó su salud se
convirtió en maestro del idioma árabe para aquellos que intentaban viajar a
Tierra Santa. Fue mientras estaba comprometido
con ésto que se contactó con Arnaldo de Villa Nueva, quien le enseñó los
principios de la alquimia. Como
resultado de este entrenamiento, Raymond aprendió el secreto de la
transmutación y multiplicación de metales.
Su vida de peregrinajes continuó, y durante el transcurso de éstos llegó
a Túnez, en donde comenzó a debatir con los maestros mahometanos y casi perdió
su vida como resultado de sus ataques fanáticos hacia su religión. Fue ordenado a salir del país y a nunca
regresar so pena de muerte. Aún con sus
amenazas, visitó a Túnez por segunda vez; pero los habitantes, en lugar de
asesinarlo, simplemente lo deportaron a Italia.
Un artículo sin firmar que aparece en Palabras Domésticas, Núm. 273, una
revista realizada por Charles Dickens, arroja una considerable cantidad de luz
sobre la capacidad alquímica de Lully.
“Mientras estaba en Viena, [Lully] recibió halagadoras cartas de Eduardo
II, Rey de Inglaterra, y de Robert Bruce, Rey de Escocia, suplicándole que los
visitara. En el transcurso de sus
viajes, también conoció a John Cremer, Abad de Westminster, con quien formó una
fuerte amistad; y a él le complació más que al Rey que Raymond consintiera para
irse a Inglaterra. [Un documento realizado
por John Cremer aparece en el Museo Hermético, pero no hay registro en los
anales de Westminster de alguien que tuviese ese nombre]. Cremer tenía un gran deseo por aprender el
último gran secreto de la alquimia
---realizar el polvo de la transmutación--- y Raymond, con toda su amistad, nunca lo
reveló. Sin embargo, Cremer se puso a trabajar
muy astutamente; no tardó mucho en descubrir el objetivo que estaba más cerca
al corazón de Raymond ---la conversión
de los infieles. Le dijo al rey maravillosas
historias sobre el oro que Lully tenía el arte de realizar; y trabajó con
Raymond con la esperanza de que el Rey Eduardo estuviese fácilmente inducido a
levantar una cruzada contra los mahometanos, si tuviese los medios.
“Raymond había apelado tan a menudo a
Papas y Reyes, que había perdido toda la fe en ellos; sin embargo, como última
esperanza, acompañó a su amigo Cremer hasta Inglaterra. Cremer lo alojó en su abadía, tratándolo con
distinción; y allí, finalmente Lully lo instruyó en el polvo, cuyo secreto
Cremer había deseado conocer por mucho tiempo.
Cuando el polvo fue perfeccionado, Cremer le presentó a Lully al rey,
quien lo recibió como se supone que un hombre recibiese a alguien que le
pudiese otorgar infinitas riquezas.
Raymond solo puso una condición; que el oro que realizó no debía ser
gastado en lujos para la corte o en una guerra con cualquier rey cristiano; y
que el propio Eduardo debía ir en persona con un ejército contra los
infieles. Eduardo lo prometió todo.
“Raymond tenía departamentos asignados
en la Torre, y nos dice que allí transmutó en oro puro un peso de cincuenta mil
libras de azogue, plomo y estaño, que fueron acuñadas, en la casa de monedas,
en seis millones de nobles; cada uno con un valor que hoy día equivale a
aproximadamente tres libras esterlinas. Aún
pueden encontrarse en colecciones anticuarias algunas de las piezas que se dice
que fueron acuñadas de este oro.
[Mientras se han hecho desesperados intentos por desaprobar estas
declaraciones, la evidencia aún está igualmente dividida]. Raymond le envió a Robert Bruce un pequeño trabajo
titulado Sobre el Arte de Transmutar
Metales. El Dr. Edmund Dickenson narra que cuando el claustro que Raymond ocupó
en Westminster fue removido, los trabajadores encontraron un poco del polvo,
con el cual se enriquecieron.
“Lully se hizo amigo de Roger Bacon
durante su permanencia en Inglaterra. Por supuesto, nada podía estar más lejos de
los pensamientos del Rey Eduardo que ir en una cruzada. Los departamentos de Raymond en la Torre solo
eran una honorable prisión; y allí pronto percibió como eran las cosas. Dijo que Eduardo no encontraría nada más que
infortunios y miseria por su violación de fe.
Escapó de Inglaterra en 1315, y una vez más se dispuso a predicarles a
los infieles. Ya era un hombre muy
anciano y ninguno de sus amigos podía esperar ver su rostro otra vez.
“Primero fue a Egipto, de allí a Jerusalén
y de allí a Túnez, por tercera vez. Allí,
finalmente encontró el martirio que tan a menudo había afrontado. El pueblo cayó sobre él y lo apedreó. Algunos mercaderes genoveses llevaron consigo
su cuerpo, en el cual descubrieron algunos débiles signos de vida. Lo llevaron a bordo de su buque; pero aunque
pudo durar por un rato, murió mientras se acercaban a Mallorca el 28 de junio
de 1315 a la edad de ochenta y uno. Fue
enterrado con grandes honores en la capilla de su familia en St. Ulma; y a su
funeral asistieron el virrey y toda la nobleza principal”.
Traducción del original en inglés Raymond Lully del capítulo Alchemy and Its Exponets del libro The
Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Indira Sánchez- Rivera, Traductora. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
Raymond Lully

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