ALQUIMIA Y SUS EXPONENTES
Manly P. Hall
Introducción
Es posible la transmutación de los metales
básicos en oro? Será una idea de la cual
el erudito del mundo moderno puede burlarse?
La alquimia era más que un arte especulativo: también era un arte
operativo. Desde la época del inmortal
Hermes, los alquimistas han afirmado (y no sin pruebas fundamentadas) que ellos
podían hacer oro del estaño, la plata, el plomo y el mercurio. Aún estando completamente confundidos en este
punto, no se sostiene que en todos los demás problemas de la filosofía y la
ciencia sean completamente sensatas y racionales la infinidad de mentes
brillantes, filosóficas y científicas, quienes en un periodo de dos mil años
afirmaban la realidad de la transmutación y multiplicación metálica. Tampoco es razonable que los cientos que
dicen haber visto y realizado transmutaciones de metales puedan haber sido
timadores, imbéciles o mentirosos.
Aquellos que piensan que todos los
alquimistas eran de mentalidad irracional estarían obligados a colocar en esta categoría
a casi todos los filósofos y científicos de los mundos antiguos y
medievales. Emperadores, príncipes,
sacerdotes y ciudadanos comunes han atestiguado el aparente milagro de la
metamorfosis metálica. Ante los
testimonios existentes, cualquiera tiene el privilegio de quedar no convencido,
pero el burlador elige ignorar evidencias dignas de respetuosas
consideraciones. Muchos grandes
alquimistas y filósofos Herméticos ocupan un lugar distinguido en el Salón de
la Fama, mientras que sus numerosos críticos quedan desconocidos. Es imposible hacer una lista de todos estos
sinceros buscadores del gran arcano de la Naturaleza, pero bastará con
mencionar unos pocos para familiarizar al lector con la clase de inteligencia
superior que se interesaba en este recóndito tema.
Entre los nombres más prominentes están el
de Thomas Norton, Isaac de Holanda, Basil Valentine (el supuesto descubridor
del antimonio), Jean de Meung, Roger Bacon, Alberto Magno, Quercetanus
Gerber (el árabe que, a través de sus escritos, llevó el conocimiento de la
alquimia hasta Europa), Paracelso, Nicholas Flammel, John Frederick Helvetius,
Raymond Lully, Alexander Sethon, Michael Sendivogius, Conde Bernardo de
Treviso, Sir George Ripley, Picus de Mirandola, John Dee, Henry Khunrath,
Michael Mier, Thomas Vaughan, J. B. von Helmont, John Heydon, Lascaris, Thomas
Charnock, Synesius (Obispo de Tolemais), Morieu, el Conde de Cagliostro y el
Conde de St. –Germain. Existen leyendas
al efecto de que el Rey Salomón y Pitágoras eran alquimistas y que el primero elaboró,
por medios alquímicos, el oro utilizado en su templo.
Albert Pike respaldó a los filósofos alquímicos
al declarar que el oro de los Herméticos era una realidad. El dice: “La ciencia Hermética, al igual que
todas las verdaderas ciencias, es matemáticamente
demostrable. Sus resultados, incluso los
materiales, son tan rigurosos como los de una correcta ecuación. El Oro Hermético no solo es un verdadero
dogma, una luz sin Sombra, una Verdad sin mezcla de falsedad; es también un oro
material, real, puro, el más preciado que puede encontrarse en las minas de la
Tierra”. Por el ángulo Masónico.
Guillermo y María ascendieron juntos al
trono de Inglaterra en 1689, época para la cual los alquimistas abundaban en el
reino, ya que durante el primer año de su reinado, estos anularon un Acta
realizada por el Rey Enrique IV en la cual dicho soberano dijo que la multiplicación de metales era un delito
en contra de la corona. En la Colección de Manuscritos Alquímicos del
Dr. Segismundo Bacstrom, hay una copia escrita a mano del Acta aprobada por
Guillermo y María, copiada del Capítulo 30 de los Estatutos en General del
primer año de su reinado. El Acta lee
como sigue:
“Acta para anular el Estatuto realizado
en el 5to. año del reinado de Enrique IV, fallecido rey de Inglaterra, [en el
cual] fue decretado, entre otras cosas, en estas palabras, o a este efecto, a
saber: ‘que en adelante nadie debe multiplicar Oro o Plata, o usar el arte de
la multiplicación, y si alguien hace lo mismo, puede incurrir en el acto de
delito grave’. Y considerando que, desde
la creación de dicho estatuto, diferentes personas han tenido una gran destreza
y perfección en el arte de fundir y refinar metales, por su estudio, aplicación
y aprendizaje, y mejorándolos y multiplicándolos
a estos y a sus minerales, que tanto abundan en este reino, y extrayendo oro y
plata con el mismo, pero que no se atreven ejercitar dicha destreza dentro de
este reino por temor a caer bajo la penalidad de dicho estatuto, pero ejercitan
dicho arte en lugares extraños, para la gran pérdida y detrimento de este reino:
por lo tanto, sea aprobada por las mas excelentes majestades del Rey y la
Reina, por y con el consejo y el consentimiento de los Señores y Comunes
espirituales y temporeros en este presente parlamento congregado, que de aquí en
adelante la rama, articulo u oración antes mencionada y contenida en dicho
acto, y cada palabra, asunto y cosa contenida en dicha rama u oración, debe ser
derogada, anulada, revocada y para siempre anulada, cualquier cosa en dicha
acta, a lo contrario, en cualquier manera, de ningún modo, no obstante. Siempre provisto, y que sea promulgado por la
autoridad antes mencionada, que todo el oro y la plata que sea extraída por el
antes mencionado arte de fundir o refinar metales, y de mejorar y multiplicar estos y sus minerales, como
se estableció anteriormente, no sea de aquí en adelante empleado para ningún
otro uso que no sea aumentar dinero; y que el lugar aquí citado para su disposición
sea el cuño de sus Majestades, dentro de la Torre de Londres, en cuyo lugar van
a recibir el completo y verdadero valor de su oro y plata, tan procurado, de
tiempo en tiempo, según su ensayo y fineza, y así, para cualquier peso mayor o
menor, y que nada de ese metal de oro y plata tan refinado y procurado pueda
ser usado o desechado en cualquier otro lugar dentro de los dominios de sus
Majestades”. Después que esta medida
anulante se volvió efectiva, Guillermo y María fomentaron un mayor estudio de
la alquimia.
El Dr. Franz Hartmann ha recolectado
evidencia confiable con relación a cuatro diferentes alquimistas que
transmutaron metales básicos en oro, no solo una vez, sino muchas veces. Uno de estos relatos tiene que ver con un monje
de la Orden de San Agustín llamado Wenzel Seiler, quien descubrió una pequeña cantidad
de un misterioso polvo rojo en su convento.
En presencia del Emperador Leopoldo I, Rey de Alemania, Hungría y
Bohemia, éste transmutó grandes cantidades de estaño en oro. Entre otras cosas que él sumergió dentro de
su misteriosa esencia había una gran medalla de plata. Aquella parte de la medalla que hizo contacto
con la substancia que producía oro fue
transmutada en la calidad más pura del más preciado metal. El resto se quedó en plata. Con relación a esta medalla, el Dr. Hartmann
escribe:
“La evidencia más indiscutible (si las
apariencias pudieran evidenciar algo) de la posibilidad de transmutar metales básicos
en oro, puede ser vista por cualquiera que visite Viena; esta evidencia es una
medalla preservada en la cámara Imperial del tesoro, y se dice que esta
medalla, que originalmente era de plata, fue parcialmente transformada en oro,
por medios alquímicos, por el mismo Wenzel Seiler, a quien más tarde el
Emperador Leopoldo I convirtió en caballero y le otorgó el título Wenzeslaus
Ritter von Reinburg”. (En el Pronaos del Templo de la Sabiduría).
Las limitaciones de espacio
imposibilitan que se realice una discusión más detallada de los
alquimistas. Un breve esbozo de las
vidas de estos cuatro alquimistas puede servir para mostrar los principios
generales sobre los cuales trabajaban, el método mediante el cual obtuvieron su conocimiento, y el uso
que le dieron. Estos cuatro alquimistas
eran Grandes Maestros de esta ciencia secreta; y las historias de sus andanzas
y esfuerzos, según fueron registradas por sus propias plumas y por discípulos contemporáneos
del arte Hermético, son tan fascinantes como cualquier romance de ficción.
Traducción del original en
inglés Alchemy and Its Exponents (Introduction)
del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera,
Traductoras. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
N.
de las T. Los
cuatro alquimistas a los cuales se refiere Mr. Hall son: Paracelso de
Hohenheim, Raymond Lully, Nicholas Flammel y el Conde Bernardo de Treviso. Los esbozos de sus vidas son los temas que continúan.
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