LOS MISTERIOS Y SUS EMISARIOS
Manly P. Hall
Hypatia
Sentada en la silla de la filosofía
previamente ocupada por su padre, Theon el matemático, por muchos años la
inmortal Hypatia fue la figura central en la Escuela Alejandrina de
Neo-Platonismo. Afamada de igual forma
por la profundidad de su aprendizaje y por el encanto de su persona, amada por
los ciudadanos de Alejandría y en ocasiones consultada por los magistrados de
esa ciudad, esta noble mujer sobresale de las páginas de la historia como la más
grande de los mártires paganos. Discípula
personal del mago Plutarco, y versada en las profundidades de la Escuela Platónica,
Hypatia eclipsó en argumento y estima pública a cada defensor de las doctrinas
cristianas en el norte de Egipto. Mientras
sus escritos perecieron para la época de la quema de la biblioteca de Alejandría
por los mahometanos; de los escritos de autores contemporáneos, podría
recogerse alguna pista de su naturaleza.
Evidentemente, Hypatia escribió un comentario sobre la Aritmética de Diophantus, otro sobre el Canon Astronómico de Ptolomeo y un
tercero sobre las Cónicas de Apolonio
de Perga. Synesius, Obispo de Ptolemais,
su devoto amigo, le escribió a Hypatia para que lo ayudara en la construcción de
un astrolabio y un hidroscopio.
Reconociendo la trascendencia de su intelecto, los eruditos de muchas
naciones se trasladaron a la academia donde ella disertaba.
Muchos escritores han reconocido que las
enseñanzas de Hypatia tenían espíritu cristiano; de hecho, ésta removió el velo
de misterio en el cual el nuevo culto se había ocultado, discurriendo con tanta
claridad sobre sus principios más ocultos, que muchos recién convertidos a la
fe cristiana lo abandonaron para convertirse en sus discípulos. Definitivamente, Hypatia no solo evidencio el
origen pagano de la fe cristiana, sino que también desenmascaró los pretendidos milagros que para ese entonces
habían promovido los cristianos como señales de preferencia divina, al
demostrar las leyes naturales que controlaban los fenómenos.
Para esta época, Cirilo ---que más tarde fue nombrado fundador de la
doctrina de la Trinidad Cristiana y canonizado por su fervor--- era Obispo de Alejandría. Viendo en Hypatia una contínua amenaza para
la propagación de la fe cristiana, Cirilo
---al menos indirectamente---
fue el responsable de su trágico fin.
A pesar de cada posterior esfuerzo para exonerarlo del estigma de su
asesinato, permanece el incontrovertible hecho de que el no hizo ningún
esfuerzo para evitar el viciado y brutal delito. La única pizca de excusa que podría darse en
su defensa es que, cegado por el hechizo del fanatismo, Cirilo consideraba a
Hypatia como una hechicera que estaba aliada con el Diablo. En contraste con la general excelencia de los
trabajos literarios de Charles Kingsley, puede señalarse la pueril delineación del
carácter de Hypatia, en su libro del mismo nombre. Sin excepción, las escasas referencias históricas
sobre esta virgen filósofa atestiguan su virtud, integridad y absoluta devoción
a los principios de Verdad y Derecho.
Mientras es cierto que las mejores mentes
del cristianismo de ese período pueden fácilmente ser absueltas del cargo de participes criminis, sin duda el
implacable odio de Cirilo le fue comunicado a los miembros más fanáticos de su
fe, particularmente a un grupo de monjes del desierto Nitrio. Comandados por Pedro el Lector, un hombre
salvaje e iletrado, estos monjes atacaron a Hypatia en la calle al aire libre
mientras ésta se trasladaba de la academia hasta su hogar. Lanzando a la indefensa mujer de su carroza,
la llevaron a la Iglesia Cesárea.
Desgarrando sus ropas, la golpearon hasta la muerte con palos, tras lo
cual desgarraron la piel de sus huesos con cascarones de ostras y llevaron los
restos mutilados a un lugar llamado Cindron, donde fueron convertidos en
cenizas.
De esta forma, en el año 415 d.C. pereció
la más grande iniciada del mundo antiguo, y con ella también cayó la Escuela
Neo-Platónica de Alejandría.
Probablemente, la memoria de Hypatia ha sido perpetuada en la adoración
de santos de la Iglesia Católica Romana en la persona de Sta. Catalina de
Alejandría.
Traduccion del original en ingles The Mysteries and Their Emissaries (Hypatia)
del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sanchez&Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com

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