LOS MISTERIOS Y SUS EMISARIOS
Manly P. Hall
EL CONDE DE ST. –GERMAIN
Durante la primera parte del Siglo Dieciocho,
en los círculos diplomáticos de Europa apareció la personalidad más
desconcertante de la historia ---un
hombre cuya vida era casi un sinónimo de misterio y el enigma de su verdadera
identidad era tan irresoluble para sus contemporáneos como lo ha sido para los
posteriores investigadores. El Conde de
St. –Germain fue reconocido como el erudito y lingüista sobresaliente de su
época. Sus versátiles logros se
extendían desde la química y la historia hasta la poesía y la música. Tocaba varios instrumentos musicales con gran
destreza y entre sus numerosas composiciones había una corta opera. También era un artista de excepcional habilidad
y se cree que los extraordinarios efectos luminosos que creó sobre lienzo
fueron el resultado de la mezcla que él hacía de nácar en polvo con sus
pigmentos. Obtuvo una distinción mundial
por su habilidad para reproducir en sus pinturas el lustro original de las
piedras preciosas que aparecían sobre las vestiduras de sus sujetos. Su habilidad lingüística rayaba en lo
sobrenatural. Hablaba alemán, inglés,
italiano, portugués, español, francés con acento piamontés, griego, latín,
sanscrito, árabe y chino, con tal
fluidez que en cada país que visitaba fue aceptado como nativo. Era ambidiestro a tal grado que podía
escribir el mismo artículo con ambas manos en forma simultánea. Cuando los dos pedazos de papel se unían con
una luz detrás de ellos, el escrito en una hoja cubría exactamente, letra por
letra, el escrito en la otra hoja.
Como historiador, el Conde de St.
–Germain poseía un asombroso conocimiento de cada evento de los dos mil años anteriores,
y en sus reminiscencias describía con gran detalle eventos de siglos pasados en
los que protagonizaba papeles importantes.
Ayudó a Mesmer a desarrollar la
teoría del mesmerismo, y con toda probabilidad fue el verdadero descubridor de
esa ciencia. Su conocimiento de la
química era tan profundo que podía remover imperfecciones de los diamantes y de
otras piedras preciosas ---una hazaña que
realizó a pedidos de Luis XV en 1757. También
fue reconocido como un crítico de arte sin igual y a veces fue consultado con relación a
las pinturas que se les acreditaban a los grandes maestros. Su afirmación de la posesión del legendario elixir de la vida fue atestiguado por
Madame de Pompadour quien, según ella, descubrió que él le había regalado a una
dama de la corte un líquido específico,
que no tenía precio, pero que tenía el efecto de preservar su viveza y belleza
juvenil por sobre veinticinco años más allá del término normal.
La asombrosa precisión de sus
declaraciones proféticas le ganó un gran grado de fama. Le predijo a María Antonieta la caída de la
monarquía francesa, y éste también tenía conocimiento del infeliz destino de la
familia real años antes de que la Revolución se llevase a cabo. Sin embargo, la mayor evidencia del genio del
Conde era su penetrante entendimiento de la situación política de Europa y la
destreza consumada con la cual esquivaba los impulsos de sus adversarios
diplomáticos. Fue contratado por varios
gobiernos europeos, incluyendo el francés, como agente secreto y todo el tiempo
tenía credenciales que le daban entrada
a los círculos más exclusivos.
En su excelente monografía, El Conde de St. –Germain, el Secreto de los
Reyes, la Sra. Cooper-Oakley hace una lista de los nombres más importantes
bajos los cuales se ocultaba esta maravillosa persona entre los años 1710 y
1822. Ella escribe, “Durante este
tiempo, tenemos a M. de St. –Germain como el Marqués de Montferrat, Conde
Bellamarre o Aymar, en Venecia; Caballero Schoening, en Pisa; Caballero Weldon,
en Milán y Leipzig; Conde Soltikoff, en Génova y Leghorn; Graf Tzarogy, en
Schwalbach y Triesdorf; Prinz Ragoczy, en Dresden; y Conde de St. –Germain, en
Paris, La Haya, Londres y St. Petersburgo.”
Es evidente que M. de St. –Germain adoptó estos nombres diferentes en el
interés del trabajo del servicio secreto político que los historiadores creían
que era la misión más importante de su vida.
El Conde de St. –Germain ha sido
descrito como un hombre de mediana estatura, de cuerpo bien proporcionado y de
apariencia regular y agradable. Su tez
era un poco morena y su cabello oscuro, aunque a veces lo mostraba
empolvado. Vestía en forma sencilla,
usualmente de negro, pero su vestimenta era muy bien ajustada y de la mejor calidad. Aparentemente, tenía un gusto por los
diamantes, los cuales no solamente usaba en anillos, sino que también los usaba
en su reloj y cadena, su tabaquera y sobre las hebillas de sus zapatos. Un joyero estimó el valor de las hebillas de
sus zapatos en 200,000 francos.
Generalmente, el Conde es mostrado como un hombre de mediana edad,
completamente desprovisto de arrugas y libre de toda enfermedad física. No comía carne ni bebía vino; de hecho, casi
nunca comía en presencia de otros.
Aunque fue catalogado como un charlatán y un impostor por unos cuantos
nobles de la Corte Francesa, Luis XV reprendió severamente a un cortesano que
hizo un señalamiento despectivo con relación a él. La gracia y dignidad que caracterizaban su
conducta, en conjunto con su perfecto control de cada situación, atestiguaron
el refinamiento y la cultura intrínseca de uno “innato”. Esta importante persona también tenia la
sorprendente e impresionante habilidad de adivinar, incluso al mas mínimo
detalle, las preguntas de sus inquisidores antes de que fuesen hechas. Por algo parecido a la telepatía también fue
capaz de sentir cuando su presencia era necesitada en alguna ciudad o estado distante,
e incluso, de él se ha registrado que tenía el sorprendente habito, no solo de aparecer en su propio apartamento y
en el de sus amigos sin recurrir a la convencionalidad de la puerta, sino que también
tenía la habilidad de salir en forma similar.
Los viajes de M. de St. –Germain
cubrieron muchos países. Durante el
reinado de Pedro III él estuvo en Rusia y entre los años 1737 y 1742 fue
invitado de honor en la corte del Shah de Persia. Sobre el tema de sus viajes, Una Birch
escribe: “Los viajes del Conde de St. –Germain cubrieron un largo período de años
y una gran cantidad de países. Desde
Persia hasta Francia y desde Calcuta hasta Roma, fue conocido y respetado. Horacio Walpole hablo con él en Londres en
1745; Clive lo conoció en India en 1756; Madame d’Adhemar alega haberlo
conocido en París en 1789, cinco años después de su supuesta muerte; mientras
que otras personas dicen haber conversado con él a principios del Siglo Diecinueve. Estaba en términos familiares e íntimos con
las cabezas coronadas de Europa y era el amigo honorario de muchas personas
distinguidas de todas las nacionalidades.
Incluso, se le menciona en las memorias y cartas de la época, así como también
se menciona que fue un hombre de misterio.
Federico el Grande, Voltaire, Madame de Pompadour, Rousseau, Chatham y
Walpole, que lo conocieron personalmente, rivalizaban entre sí curiosos con su origen. Sin embargo, durante las muchas décadas en
las cuales estuvo ante el mundo, nadie tuvo éxito en descubrir por qué apareció
como un agente jacobita en Londres, como un conspirador en Petersburgo, como un
alquimista y conocedor de cuadros en París o como un general ruso en Nápoles. ***De vez en cuando, la cortina que oculta
sus acciones es echada a un lado, y se nos permite verlo tocando en el salón de
música de Versalles, charlando con Horacio Walpole en Londres, sentado en la
biblioteca de Federico el Grande en Berlín o dirigiendo reuniones iluministas
en grutas al lado del Rin”. (Ver El Siglo Diecinueve, enero, 1908).
El Conde de St. –Germain generalmente ha
sido visto como una figura importante en las tempranas actividades de los
Masones. Sin embargo, se han hecho
repetidos esfuerzos, probablemente con motivos ulteriores, para desacreditar
sus afiliaciones Masónicas. Un ejemplo
de ésto es el relato que aparece en La Tradición
Secreta en la Masonería, por Arthur Edward Waite. Después de realizar varios señalamientos un
tanto despectivos sobre el tema, este autor amplia su artículo reproduciendo un
grabado del incorrecto Conde de St. –Germain,
aparentemente estando incapaz de distinguir entre el gran iluminista y el
general francés. Mas allá de toda duda,
se establecerá que el Conde de St. –Germain era un Masón y, al mismo tiempo, un
Templario; de hecho, las memorias de Cagliostro contienen una declaración directa
de su iniciación dentro de la orden de los Caballeros Templarios a manos de St. –Germain. Muchos de los ilustres personajes con los
cuales el Conde de St. –Germain se asociaba eran altos Masones, y se han preservado
suficientes memorandos con relación a las conversaciones que habían sostenido
para evidenciar que él era un maestro del saber Masónico. También es razonablemente seguro que él
estaba conectado con los Rosacruces
---posiblemente siendo la cabeza actual de esa orden.
El Conde de St. –Germain estaba
ampliamente familiarizado con los principios del esoterismo oriental. Practicaba el sistema oriental de meditación y concentración,
siendo visto en varias ocasiones sentado con sus pies cruzados y sus manos
dobladas, en la postura de un Buda hindú.
El tenía un refugio en el corazón del Himalaya al cual, periódicamente,
se retiraba del mundo. En una ocasión,
dijo que permanecería en India por ochenta y cinco años y entonces regresaría a
la escena de sus trabajos europeos. En
diferentes ocasiones, admitió estar obedeciendo las órdenes de un poder
superior y más grande que el. Lo que no
dijo fue que este poder superior era la escuela de Misterio que lo había
enviado al mundo para realizar una misión definitiva. El Conde de St. –Germain y Sir Francis Bacon
son los dos más grandes emisarios enviados al mundo por la Hermandad Secreta en los últimos dos mil años.
E. Francis Udny, un escritor Teosófico,
es de la creencia de que el Conde de St. Germain no era el hijo del Príncipe
Rakoczy de Transilvania, pero, por su edad pudo haber sido nada más y nada
menos que el mismo príncipe, de quien se conoce que tenía una profunda
naturaleza filosófica y mística. El
mismo escritor cree que el Conde de St. –Germain pasó por la “muerte filosófica”
como Francis Bacon en 1626, como François Rakoczy en 1735, y como Conde de St. –Germain
en 1784. Este autor también piensa que
el Conde de St. –Germain era el famoso Conde de Gabalis, y como Conde Hompesch,
fue el último Gran Maestro de los Caballeros de Malta. Es bien conocido que muchos miembros de las
sociedades secretas europeas han fingido estar muertos por diferentes propósitos. El Mariscal Ney, un miembro de la Sociedad de
Filósofos Desconocidos, escapó del pelotón de fusilamiento y, bajo el nombre de
Peter Stuart Ney, vivió y enseñó en una escuela de Carolina del Norte por sobre
treinta años. En su lecho de muerte, P.
S. Ney le dijo al Doctor Locke, el físico que lo atendía, que él era el
Mariscal Ney de Francia.
En la conclusión de un artículo sobre la
identidad del inescrutable Conde de St. –Germain, Andrew Lang escribe: “Realmente,
St. –Germain murió en el palacio del Príncipe Carlos de Hesse para los años
1780-85? Por otro lado, habrá escapado
de la prisión francesa donde Grosly creyó haberlo visto durante la Revolución
Francesa? Fue conocido por Lord Lytton más
o menos para el año 1860? ***Es éste el misterioso asesor moscovita del Dalai
Lama? Quién sabe? El es una quimera de los escritores de
memorias del Siglo Dieciocho”. (Ver Misterios Históricos).
Traducción del original en inglés The Mysteries and Their Emissaries (The Comte de St. –Germain) del
libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez&Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. riverafarrell@gmail.com
Conde de St. -Germain


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