Página 17. El verso en la parte superior de la página lee: “Esta
sustancia no sólo debe ser fija, sino que debe permitírsele entrar a todo para que
ésta pueda completarse bien y tener virtud infinita. Al hacerla espesa, se vuelve toda blanca de
una vez; entonces, por sublimación, de blanco se vuelve resplandeciente”. Sobre el sol están las palabras: “Dios y la
Naturaleza no hacen nada en vano”. El
hombre a la izquierda es una concepción medieval de Hermes, el gran filósofo
egipcio; el de la derecha es Christopher, el filósofo de Paris. En la parte superior del último está escrito:
“Si la Piedra es negra, no es inservible”.
Las palabras en la parte superior del horno son: “Allí está el aire, el
fuego, el agua y la tierra”. Abajo se añade:
“El primer paso es una disolución del cuerpo”.
El curioso mecanismo químico debe ser considerado como puramente simbólico
en esta obra y, como su propio autor lo dice, solo pretende dar una pista del “Arte”.
Página 18. A la izquierda, sosteniendo un libro, está Aristóteles,
que se describe como el más erudito de todos los griegos. El árbol coronado por el Sol y la Luna está acompañado
por las palabras: “Cuando la Piedra muera, que es cambiada a agua, en este árbol
producirá flores”. Debajo de Aristóteles
y la figura humana postrada, de la cual sale el árbol floreciente, están estas
declaraciones: “Aquél que lo hace todo
descender del cielo a la tierra, y lo vuelve a ascender de la tierra al cielo,
tiene conocimiento sobre la Piedra. En el Mercurio hay algo que los sabios
buscan, que no es invocado excepto por el fermento blanco o rojo”. La primera parte de esta cita se basa en la
Tableta Esmeralda de Hermes (que ve). En
el hombre ordinario, el espíritu está figurativamente absorbido por el cuerpo;
pero en el verdadero filósofo, el espíritu aumenta tan grandemente en poder que
se absorbe dentro de sí mismo y se alimenta del cuerpo corpóreo del hombre.
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