Página 13. Esta página contiene sólo dos figuras. A la izquierda está Morienus, el filósofo, señalando
hacia la salamandra que “vive y crece en el fuego”. Morienus, que nació en el duodécimo siglo,
fue el discípulo del gran alquimista árabe Adfar, de quien aprendió las artes Herméticas. Morienus preparó el Elixir Filosófico para el
Sultán de Egipto, inscribiendo sobre el jarrón en el cual colocó la preciada
substancia las palabras: “Aquél que lo posee todo no necesita a otros”. Este filósofo pasó muchos años como un ermitaño
cerca de Jerusalén. Las líneas debajo de
la salamandra son: “Dejen que el fuego sea de un perfecto color rojo; la tierra
blanca, el agua clara. Entonces, combínenlos
por el medio filosófico y calcínenlos muchas veces con el agua fría que el
cuerpo tenía, hasta que por su bondad se vuelva blanco. Habiendo hecho esto, obtendrán el tesoro más
grande del mundo”.
Página 14. Las tres palabras en la parte superior de la página están
traducidas: “El hombre que excava”. Sobre
las aves está dicho que únicamente los gallos de Hermes, los dos Mercurios, deben
ponerle las manos al arado, y sólo después de la irrigación la tierra dará sus
frutos. El hombre sentado es el Conde
Bernardo de Treviso, que dice: “Trabajen la tierra con Mercurio”. (Véase el capítulo sobre Alquimia
y sus Exponentes). Las tres oraciones a la izquierda del Conde
leen: “Vayan al fuego y con el Mercurio, su hermano, espérenme por un mes. Desmenucen la piedra que les di e iré al
fuego. Su muerte, mi vida, no moriré pero,
viviendo, diré de las obras de esto, mi maestro”. En su especulación alquímica, Bernardo de
Treviso enfatizó la necesidad de meditar sobre los escritos filosóficos de los
grandes adeptos más que sobre la experimentación química. En última instancia, el descubrió la “Piedra”.
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