LOS MISTERIOS DE ASAR-HAPI
Manly P. Hall
La identidad del Serapis greco-egipcio (conocido por los griegos como Serapis, y por los egipcios como Asar-Hapi) se esconde bajo un impenetrable velo de misterio. Aunque esta deidad era una figura familiar entre los símbolos de los ritos de iniciación egipcios, su naturaleza arcana le fue revelada solo a aquellos que habían cumplido los requisitos del culto Serápico. Por lo tanto, con toda probabilidad, y exceptuando a los sacerdotes iniciados, los propios egipcios ignoraban su verdadera identidad. Que se sepa, no existe una descripción auténtica de los ritos de Serapis, pero un análisis de la deidad y de sus símbolos acompañantes revela sus puntos principales. En un oráculo entregado al Rey de Chipre, Serapis se autodescribió de la siguiente manera:
“Soy un dios y así me muestro ante ti,
Los Cielos Estrellados son mi cabeza, el mar es mi tronco,
La tierra forma mis pies, mis oídos suministran el aire,
El lejano lanzador del Sol, rayos brillantes, son mis ojos”.
Muchos intentos infructuosos se han hecho para etimologizar la palabra Serapis. Godfrey Higgins dice que Soros fue el nombre dado por los egipcios a un ataúd de piedra, y Apis era Osiris encarnado en el toro sagrado. Cuando se combinan estas dos palabras, resultan en Soros-Apis, o Sor-Apis, “la tumba del toro”. Pero es improbable que los egipcios adorasen un ataúd en forma de hombre.
Muchos autores antiguos, incluyendo a Macrobio, han afirmado que Serapis era un nombre para el Sol, porque a veces su imagen tenía una aureola de luz alrededor de su cabeza. En su Discurso Sobre el Sol Soberano, Julián habla de la deidad con estas palabras: “Serapis es un Jove, un Plutón, un Sol”. En hebreo, Serapis es Saraph, que significa “resplandecer” o “resplandeciente”. Por tal razón, los judíos designaron a una de sus jerarquías de seres espirituales con el nombre de Serafín.
Sin embargo, la teoría más común relacionada al origen del nombre Serapis es aquella que traza su derivado del compuesto Osiris-Apis. Por un tiempo, los egipcios creían que los muertos eran absorbidos dentro de la naturaleza de Osiris, el dios de los muertos. Aunque existe una similitud bien marcada entre Osiris-Apis y Serapis, la teoría adelantada por los egiptólogos de que Serapis es meramente un nombre dado al muerto Apis, o toro sagrado de Egipto, es insostenible para la sabiduría trascendental que poseían los sacerdotes egipcios, quienes, con toda probabilidad, usaban al dios para simbolizar el alma del mundo (anima mundi). El cuerpo material de la Naturaleza fue llamado Apis; el alma que escapó del cuerpo tras la muerte pero fue enredada con la forma durante la vida física, fue designada Serapis.
C. W. King cree que Serapis era una deidad de origen Brahmánico, ya que su nombre fue sacado del griego Ser-adah, o Sri-pa, dos títulos adscritos a Yama, el dios hindú de la muerte. Esto parece razonable, especialmente porque hay una leyenda al efecto de que Serapis, cuando era un toro, fue llevado por Baco desde India hasta Egipto. Más adelante, la antelación de los Misterios hindúes podrá sustentar esta teoría.
Entre otros significados sugeridos para la palabra Serapis están: “El Toro Sagrado” , “El Sol en Tauro”, “El Alma de Osiris”, “La Serpiente Sagrada” y “El Retroceso del Toro”. Esta última apelación se refiere a la ceremonia de sumergir el Apis sagrado en las aguas del Nilo cada veinticinco años.
Hay evidencia considerable de que la famosa estatua de Serapis en el Serapeum de Alejandría originalmente fue adorada bajo otro nombre en Sinope, desde donde ésta fue traída hasta Alejandría. También existe una leyenda que dice que Serapis era uno de los antiguos reyes de los egipcios, a quien te debían la fundación de su poder científico y filosófico. Tras su muerte, este rey fue elevado al estado de dios. Filarco manifestó que la palabra Serapis significa “el poder que dispuso al universo en su presente orden bello”.
En su Isis y Osiris, Plutarco da la siguiente narración del origen de la magnífica estatua de Serapis erigida en el Serapeum de Alejandría:
Mientras era faraón de Egipto, Tolomeo Soter tuvo un extraño sueño en el cual vio una gran estatua que fue traída a la vida y ordenó al faraón a traerla a Alejandría con toda la rapidez posible. Desconociendo los orígenes de la estatua, Tolomeo Soter se quedó perplejo sobre cómo pudo descubrirla. Mientras el faraón contaba su sueño, un gran viajero de nombre Sosibio, pasando adelante, manifestó que había visto esta imagen en Sinope. El faraón inmediatamente despachó a Soteles y a Dionisio para negociar la remoción de la figura hasta Alejandría. Pasaron tres años antes de que finalmente se consiguiera la imagen, los representantes del faraón finalmente la robaron y escondieron al ladrón al difundir una historia que decía que la estatua había vuelto a la vida, y, caminando por la calle desde el templo, abordó el barco que había sido preparado para su transportación hasta Alejandría. A su arribo a Egipto, la figura fue traída a la presencia de dos iniciados egipcios ---Timoteo el Eumolpido y Maneto el Sebenita--- quienes inmediatamente declararon que este era Serapis. Los sacerdotes declararon que era equivalente a Plutón. Este fue un golpe de grandes proporciones, ya que los griegos y los egipcios encontraron en Serapis una deidad en común y esta unidad religiosa se consumó entre las dos naciones.
Varias figuras de Serapis que se erigieron en sus diferentes templos de Egipto y Roma han sido descritas por autores antiguos. Casi todos tenían más influencia griega que egipcia. En algunas estatuas el cuerpo del dios fue rodeado por las colas de una gran serpiente. Otras lo mostraban como un compuesto de Osiris y Apis.
Una descripción del dios que con toda probabilidad sea la más adecuada, es aquella que lo representa como una figura alta y poderosa, que combina la doble impresión de fuerza masculina y gracia femenina. Su rostro era retratado con un aspecto profundamente pensativo, cuya expresión se inclinaba más hacia la tristeza. Su cabello era largo y estaba arreglado de una manera algo femenina, con sus rizos descansando sobre su pecho y hombros. Salvo por su abultada barba, el rostro también poseía grandes rasgos femeninos. La figura de Serapis estaba usualmente vestida de pies a cabeza con ropajes abultados, los cuales los iniciados creían que escondían el hecho de que su cuerpo era andrógino.
Varias substancias fueron usadas para hacer las estatuas de Serapis. Sin duda, algunas fueron esculpidas de piedra o marfil por diestros obreros; otras pudieron haber sido hechas de substancias bases o metales preciosos. Un coloso de Serapis estaba compuesto de placas de varios metales puestos juntos. En un laberinto consagrado a Serapis se erigió en su honor una estatua de 13 pies que tenía la reputación de haber sido hecha con una sola esmeralda. Al discutir sobre esta imagen, escritores modernos declararon que estaba hecha de vidrio verde derramado dentro de un molde. Sin embargo, según los egipcios, sobrevivió todas las pruebas que decían que estaba hecha con una esmeralda.
Clemente de Alejandría describe una figura de Serapis compuesta de los siguientes elementos: Primero, limaduras de oro, plata, plomo y estaño; segundo, todas las formas de piedras egipcias, que incluían zafiros, hematitas, esmeraldas y topacios; todos estos elementos fueron pulverizados y mezclados con los colores que sobraron del funeral de Osiris y Apis. El resultado fue una rara y curiosa figura de color añil. Algunas estatuas de Serapis debieron haber sido formadas de substancias extremadamente duras, ya que cuando un soldado cristiano que llevaba el edicto de Teodosio golpeó el Serapis alejandrino con su hacha, ese instrumento se rompió en pedazos y boto chispas. También es muy probable que Serapis fuera adorado como si tuviera forma de una serpiente, en común con muchas de las deidades superiores de los panteones egipcios y griegos.
Serapis fue llamado Theon Heptagrammaton, o el dios con el nombre de siete letras. El nombre Serapis (como el de Abraxas y Mithras) contiene siete letras. En sus himnos a Serapis los sacerdotes decían las siete vocales. Ocasionalmente, Serapis es mostrado con cuernos o una corona de siete rayos. Evidentemente, éstos representaban las siete inteligencias divinas manifestándose a través de la luz solar. La Enciclopedia Británica señala que la más antigua mención auténtica de Serapis está conectada con la muerte de Alejandro. Tal era el prestigio de Serapis que, de los dioses, solo él fue consultado a nombre del fenecido rey.
La escuela secreta egipcia de la filosofía estaba dividida en los Misterios Inferiores y los Misterios Superiores, los primeros eran consagrados a Isis y los últimos a Serapis y Osiris. Wilkinson opina que solo los sacerdotes estaban autorizados a entrar a los Misterios Superiores. Aún el heredero al trono no era elegible hasta que fuese coronado faraón cuando, por virtud de su oficio real, automáticamente se convertiría en sacerdote y cabeza temporera de la religión del estado. (Ver Maneras y Costumbres de los Egipcios de Wilkinson). Un limitado número era admitido a los Misterios Superiores: estas personas preservaban sus secretos intactos.
La mayoría de la información relacionada a los rituales de los grados superiores de los Misterios egipcios ha sido recogida de un examen de las cámaras y pasadizos en los cuales se daban iniciaciones. Bajo el templo de Serapis, que fue destruído por Teodosio, en las criptas y cavernas subterráneas en donde se celebraban los ritos nocturnos de iniciación, se encontraron extraños artefactos mecánicos construídos por los sacerdotes. Estas máquinas indican las severas pruebas de valor moral y físico a las que eran sometidos los candidatos. Después de pasar por estas torturas, los neófitos que sobrevivían a dichas pruebas eran llevados ante la presencia de Serapis, una figura noble y que inspiraba compasión, iluminada por luces no vistas.
Los laberintos también eran un rasgo llamativo en conexión con el Rito de Serapis, y en su Dioses de los Egipcios, E. A. Wallis Budge muestra a Serapis (en forma de minotauro) con el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro. Los laberintos eran símbolo de los envolvimientos y las ilusiones del mundo inferior a través de los cuales el alma del hombre vaga en su búsqueda de la verdad. En el laberinto mora el hombre animal inferior con la cabeza del toro, que busca destruir el alma enmarañada en el laberinto de la ignorancia mundanal. En esta relación, Serapis se convierte en el Juzgador o Adversario que prueba las almas de aquellos que buscan la unión con los Inmortales. Sin duda, el laberinto también fue usado para representar el sistema solar, el Hombre-Toro representa al sol morando en el laberinto místico de sus planetas, lunas y asteroides.
Los Misterios Gnósticos tenían mucha relación con el significado arcano de Serapis y, a través del medio del Gnosticismo, este dios se volvió inextricablemente asociado con el antiguo cristianismo. De hecho, mientras viajaba a Egipto en el año 134 d.C., el emperador Hadrian declaró, en una carta a Serviano, que los adoradores de Serapis eran cristianos y que los Obispos de la iglesia también adoraban en su templo. El incluso declaró que, cuando estaba en Egipto, el propio Patriarca fue obligado a adorar a Serapis de la misma manera que adoraba a Cristo. (Ver Nueva Luz sobre la Gran Pirámide de Parson).
La poco sospechada importancia de Serapis como un prototipo de Cristo puede apreciarse mejor después de hacerse una consideración del siguiente extracto de Gnósticos y sus Remanentes de C. W. King: “No puede haber duda de que la cabeza de Serapis, marcada como el rostro, es de una fuerte y pensativa majestad que atrajo la primera idea para los retratos convencionales del Salvador. Los prejuicios judíos de los primeros conversos eran tan poderosos que podemos estar seguros de que no se hizo ningún intento para mostrar Su semblante hasta que después de todo, algunas generaciones que lo adoraron en la Tierra hubiesen muerto”.
Gradualmente, Serapis usurpó las posiciones previamente ocupadas por los otros dioses egipcios y griegos y se convirtió en la deidad suprema de ambas religiones. Su poder continuó hasta el cuarto siglo de la era cristiana. En el año 385 d.C., Teodosio, aquél exterminador de la filosofía pagana, redactó su edicto memorable De Ídolo Serapidis Diruendo. Cuando los soldados cristianos, obedeciendo esta orden, entraron al Serapeum de Alejandría para destruir la imagen de Serapis que se había erigido allí por siglos, su veneración por el dios fue tan grande que no se atrevían a tocar la imagen a menos que la tierra se hubiese abierto ante sus pies y los tragara. Sin embargo, sobreponiéndose a su miedo, demolieron la estatua, saquearon el edificio, y finalmente, para ponerle más fuego a su ofensa, quemaron la magnífica biblioteca que era hogar para los apartamentos del Serapeum. Varios escritores han puesto en récord el significativo hecho de que los símbolos cristianos se encontraron en las arruinadas fundaciones de este templo pagano. Sócrates, un historiador de la iglesia del siglo quinto, declaró que después de que los cristianos piadosos habían saqueado el Serapeum de Alejandría, y esparcieron a los demonios que moraban allí bajo la guía de los dioses, se encontró el monograma de Cristo debajo de esas fundaciones!
En adelante dos citas establecerán la relación que existe entre los Misterios de Serapis y los de otros pueblos antiguos. La primera es de Lenguaje Simbólico del Arte y la Mitología Antigua de Richard Payne Knight: “Así pues, Varro [en De Lingua Latina] dice que Coelum y Terra, que es mente universal y cuerpo productivo, eran los Grandes Dioses de los Misterios Samotracios; e igual que el Serapis e Isis de los posteriores AEgyptians: los Taautos y Astarté de los fenicios, y el Saturno y Ops de los latinos”. La segunda cita es de Moral y Dogma de Albert Pike: “En su himno al Sol, Martianus Capella dice: ‘los moradores del Nilo le adoran como Serapis, y Menfis le adora como Osiris: en los ritos sagrados de Persia tú eres Mithras; en Frigia, Atis; y Libia se arrodilla ante ti como Amón; y Biblos fenicio como Adonis; por lo tanto, el mundo entero te adora bajo diferentes nombres’ ”.
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Traducción del original en inglés The Mysteries of Asar-Hapi del capítulo The Ancient Mysteries and Secret Societies (Part Two) del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly Palmer Hall. Sánchez & Rivera, Traductoras. 2010, Puerto Rico. Revisado junio 2015. riverafarrell@gmail.com
Aunque la teoría más común del origen del nombre Serapis la traza a un derivado del compuesto Osiris-Apis, también se estima que Serapis era un nombre para el Sol, así como también "el poder que dispuso al universo en su presente orden bello". Una de las descripciones más adecuadas de éste lo representa así: alto y poderoso, con combinación de fuerza masculina y gracia femenina, de rostro pensativo (con inclinación hacia la tristeza), cabello largo descansando sobre los hombros, barba abultada y siempre vestido de pies a cabeza.
ResponderEliminarEl nombre SERAPIS, así como el de ABRAXAS y MITHRAS, contienen 7 letras.
ResponderEliminarEn su Himno al Sol, Marciano Capella --escritor argelio de manuscritos y otros textos, Siglo V)-- expresa: "...los moradores del Nilo le adoran como Serapis, Menfis le adora como Osiris; en Persia, tú eres Mithras; en Frigia, Atis; Libia se arrodilla ante tí como Amón; y Biblos fenicio como Adonis; por lo tanto: el mundo entero te adora bajo diferentes nombres".
ResponderEliminarLos Misterios egipcios estaban divididos en Inferiores y Superiores, los primeros consagrados a Isis y los últimos a Serapis y Osiris ---un limitado número era admitido a los Superiores y la información relacionada a los rituales ha sido recogida tras cuidadosos exámenes a las cámaras y pasadizos en los cuales se realizaban iniciaciones. Bajo el templo de Serapis ---destruido por Teodosio--- se encontraron artefactos indicativos de severas pruebas de valor moral y físico hacia los candidatos; los vencedores eran llevados a la presencia de Serapis, figura noble y compasiva.
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