MARAVILLAS
DE LA ANTIGÜEDAD
Manly
P. Hall
LOS
ORACULOS GRIEGOS
Parte
II – Final
En su Disertación sobre los Misterios,
Iamblico describe cómo el espíritu del oráculo
---un ardiente diablo, incluso el propio Apolo--- controlaba a la Pitonisa y se manifestaba a través de ella: “Pero la profetisa de
Delphi, ya sea que ofreciera oráculos a la humanidad a través de un atenuado y
ardiente espíritu que salía de la boca de la caverna; o que estuviese sentada
en el ádito sobre un trípode de bronce, o sobre un taburete con cuatro patas,
se vuelve sagrada para el Dios; cualquiera que sea el caso, se entrega
completamente a un espíritu divino y está iluminada por un rayo de fuego
divino. Y cuando, ciertamente, el fuego
que asciende de la boca de la caverna circularmente la enviste con abundancia
colectiva, ella se llena de este fuego con divino esplendor. Pero cuando se coloca sobre el asiento del
Dios, se coadapta a su estable poder
profético: y por ambas operaciones preparatorias, ella está completamente
poseída por el Dios. Y entonces,
ciertamente, el Dios se presenta y la ilumina de forma especial, y es diferente
del fuego, el espíritu, el asiento adecuado y, en resumen, de todos los
aparatos visibles del lugar, ya sean físicos o sagrados”.
Entre las celebridades
que visitaban el oráculo de Delphi se encontraban el inmortal Apolonio de Tiana
y su discípulo Damis. El hacia sus
ofrendas y, tras ser coronado con una guirnalda de laurel y otorgársele una
rama de la misma planta para que la llevara en su mano, pasaba detrás de la
estatua de Apolo que estaba ante la entrada de la cueva, y descendía al lugar
sagrado del oráculo. La sacerdotisa también
era coronada con laurel y su cabeza era envuelta con una banda de lana blanca. Apolonio le preguntó al oráculo si su nombre
seria recordado por futuras generaciones.
La Pitonisa respondió en la afirmativa; pero le dijo que su nombre
siempre sería calumniado. Apolonio salió
enojado de la caverna, pero el tiempo ha evidenciado la precisión de la
predicción, ya que los antiguos padres de la iglesia perpetuaron el nombre de
Apolonio como el Anticristo. (Para
detalles del relato, ver Historia de la
Magia).
Los mensajes ofrecidos
por la virgen profetisa eran pasados a los filósofos del oráculo, cuyo deber
era interpretarlos y aplicarlos.
Entonces, las comunicaciones se les entregaban a los poetas quienes
inmediatamente las traducían en odas y líricas, estableciendo, en forma
exquisita, las declaraciones que supuestamente fueron hechas por Apolo, y
haciendo que estas estuviesen disponibles para el pueblo.
Las serpientes eran muy
evidentes en el oráculo de Delphi. La
base del trípode sobre el cual se sentaba la Pitia estaba formada con los
cuerpos entrelazados de tres gigantescas serpientes. Según algunas autoridades, uno de los
procesos utilizados para producir el éxtasis profético era obligar a la joven
sacerdotisa a mirar fijamente los ojos de una serpiente. Fascinada e hipnotizada, ella hablaba con la
voz del dios.
Aunque las antiguas
sacerdotisas Pitias siempre eran doncellas
---algunas aún eran adolescentes---
más tarde se estableció una ley que decía que solo las mujeres que
pasaban de cincuenta años de edad debían ser las portavoces del oráculo. Estas mujeres maduras se vestían como jóvenes
y pasaban por las mismas ceremonias que las primeras Pitias. Probablemente, el cambio fue el resultado
indirecto de una serie de ataques que los profanos hicieron sobre las personas de las sacerdotisas.
Durante la antigua
historia del oráculo Délfico, el dios solo hablaba en cada séptimo cumpleaños
de Apolo. Sin embargo, a medida que el
tiempo pasaba, la demanda se volvió tan grande que la Pitia era obligada a
sentarse sobre el trípode cada mes. Los
tiempos elegidos para la consulta y las preguntas a ser hechas estaban determinados
a la suerte o por votación de los habitantes del Delphi.
Generalmente se acepta
que el efecto del oráculo Délfico sobre la cultura griega era profundamente
constructivo. James Gardner resume su
influencia con las siguientes palabras: “Sus respuestas revelaban a los tiranos
y predecían su destino. A través de este
medio, muchos seres humanos infelices fueron salvados de la destrucción y
muchos mortales desconcertados fueron guiados por el camino correcto. Este oráculo fomentaba las instituciones
útiles y promovía el progreso de los descubrimientos útiles. Su influencia moral estaba del lado de la
virtud; y su influencia política estaba a favor del adelanto de la libertad
civil”. (Ver Las Creencias del Mundo).
El oráculo de Dodona
estaba presidido por Júpiter, quien emitía profecías a través de árboles de
roble, aves y vasijas de bronce. Muchos
escritores han señalado las similitudes entre los rituales de Dodona y los de
los sacerdotes druidas de Bretaña y Gaul.
La famosa paloma oracular de Dodona, posada sobre las ramas de los
robles sagrados, no solo conversaba con profundidad sobre filosofía y religión
en lengua griega, sino que también respondía las preguntas de aquellos que
llegaban de distantes lugares para consultarla.
Los árboles “parlantes”
estaban unidos formando un bosquecillo sagrado.
Cuando los sacerdotes querían respuestas a preguntas importantes, tras
cuidadosas y solemnes purificaciones, se retiraban al bosquecillo. Ellos abordaban a los árboles buscando una
respuesta del dios que allí moraba. Tras
realizar sus preguntas, los árboles hablaban con las voces de seres humanos
revelándoles a los sacerdotes la información deseada. Algunos afirman que allí había solo un árbol que hablaba ---un roble o una haya levantada en el mismo
corazón del antiguo bosquecillo. Debido
a que se cree que Júpiter habitaba en este árbol, a veces era llamado Phegonæus, o uno que vive en una haya.
Los más curiosos
oráculos de Dodona eran las vasijas o teteras “parlantes”. Estas estaban hechas de bronce y estaban tan
cuidadosamente moldeadas que cuando eran golpeadas sonaban por horas. Algunos escritores, al describir una hilera
de estas vasijas, han dicho que si una
era golpeada sus vibraciones les eran comunicadas a las demás y se generaba un
ruido espeluznante. Otros autores han
descrito una sola vasija grande montada sobre un pilar, cerca de la cual
estaba otra columna que sostenía la
estatua de un niño sujetando un látigo.
En la punta del látigo había una cantidad de cuerdas en movimiento
cargadas con pequeñas esferas de metal, y el viento, que soplaba incesantemente
a través del edificio abierto, hacia que las esferas golpearan la vasija. El número y la intensidad de los impactos y
las oscilaciones de la vasija eran cuidadosamente anotados, y los sacerdotes
ofrecían sus oráculos según este número y esta intensidad.
Cuando los sacerdotes
originales de Dodona ---los Selloi--- desaparecieron misteriosamente, por muchos
siglos el oráculo fue ofrecido por tres sacerdotisas que interpretaban las
vasijas y a
medianoche interrogaban a los árboles sagrados. Se esperaba que los patrocinadores de los
oráculos llevaran ofrendas e hicieran contribuciones.
Otro importante oráculo
era la Cueva de Trofonio que estaba sobre el costado de una colina con una
entrada tan pequeña que parecía imposible que un ser humano entrase a
ella. Después de que el consultor hacia
su ofrenda en la estatua de Trofonio y donaba las vestimentas
santificadas, subía por la colina hasta
la cueva llevando un pastel de miel en una de sus manos. Al sentarse sobre la borda de la abertura,
bajaba sus pies hasta la caverna.
Entonces, todo su cuerpo era aceleradamente atraído hasta la cueva; esto
fue descrito por aquellos que entraban hasta esta caverna como si solo tuviese
las dimensiones de un horno de tamaño normal.
Cuando el oráculo completaba su revelación, el consultor, que usualmente
estaba en delirio, era obligado a salir de la cueva con los pies hacia
adelante.
Cerca de la cueva del
oráculo, dos fuentes burbujeantes salían de la tierra; estas estaban separadas
solo unos cuantos pies. Aquellos que
estaban a punto de entrar a la cueva primero bebían de estas fuentes cuyas
aguas parecían poseer peculiares propiedades ocultas. La primera contenía el agua del olvido; y
todos los que de allí bebían olvidaban sus penas terrenales. De la segunda fuente fluía el agua sagrada de
Mnemosine, o de los recuerdos; esta
fuente capacitaba a aquellos que formaban parte de ella a más tarde recordar
sus experiencias mientras estaban dentro de la cueva.
Aunque su entrada
estaba marcada por dos obeliscos de bronce, la cueva, que estaba rodeada por un
muro de piedras blancas y oculta en el corazón de un bosquecillo de árboles
sagrados, no presentaba una imponente apariencia. No hay duda de que aquellos que entraban a
ella pasaban por extrañas experiencias, ya que eran obligados a dejar en el
templo adyacente un relato completo de lo que vieron y escucharon mientras
estaban en el oráculo. Las profecías
eran ofrecidas en forma de sueños y visiones,
y estaban acompañadas por severos dolores de cabeza; algunos nunca se
recuperaron completamente de los efectos secundarios de su delirio. El confuso recitar de sus experiencias era
interpretado por los sacerdotes según la pregunta a ser respondida. Aunque probablemente los sacerdotes
utilizaban alguna hierba desconocida para producir los sueños o visiones de la
caverna, su destreza de interpretarlos rayaba en lo sobrenatural. Antes de consultar el oráculo, era necesario
ofrecer un carnero al espíritu de la cueva y, por medio de la hieromancia, el
sacerdote decidía si el tiempo elegido era propicio y el sacrificio era satisfactorio.
Fin de este tema.
Traducción del original en
inglés The Greek Oracles del capítulo
Wonders of Antiquity del libro The
Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. ®Sánchez & Rivera, Traductoras. 2014, Puerto Rico. madias85@yahoo.com

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