Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

domingo, 25 de agosto de 2013

OBSERVACIONES GENERALES - Elementos y sus Habitantes



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Observaciones Generales
 
 
A diferencia de Paracelso, algunos antiguos compartían la opinión de que los reinos elementales eran capaces de hacer guerras unos sobre otros, y en las batallas de los elementos reconocían desacuerdos entre estos reinos de los espíritus de la Naturaleza.  Cuando un relámpago golpeaba una roca y la fragmentaba, los antiguos creían que las salamandras estaban atacando a los gnomos.  Como no podían atacarse unos a otros en el plano de sus propias y peculiares esencias etéricas, debido al hecho de que no había correspondencia vibratoria alguna entre los cuatro éteres de los cuales se componían estos reinos, tenían que atacar a través de un denominador común, es decir, la substancia material del universo físico sobre el cual tenían una cantidad específica de poder.
 
Las guerras también se peleaban dentro de los mismos grupos; un ejército de gnomos atacaba a otro ejército, y podría darse una guerra civil entre ellos.  Los filósofos de hace mucho tiempo atrás resolvían los problemas de las aparentes inconsistencias de la Naturaleza individualizando y personificando todas sus fuerzas, acreditándoles temperamentos que no eran diferentes a los humanos y esperando que exhibieran típicas inconsistencias humanas.  Los cuatro signos fijos del zodíaco les fueron asignados a los cuatro reinos de elementales.  Se dice que nos gnomos eran de la naturaleza de Tauro; las ondinas eran de la naturaleza de Escorpio; las salamandras ejemplificaban la constitución de Leo; mientras que los silfos manipulaban las emanaciones de Acuario.
 
La Iglesia Cristiana reunía a todas las entidades elementales bajo el título de demonio.  Este es un nombre inapropiado que tiene consecuencias de gran alcance ya que para la mente promedio la palabra demonio significa una cosa mala, y los espíritus de la Naturaleza no son, en esencia, más malévolos que los minerales, plantas y animales.  Muchos de los antiguos Padres de la Iglesia afirmaban haber conocido y debatido con elementales.
 
Como ya se ha dicho antes, los espíritus de la Naturaleza no tienen esperanza de inmortalidad, aunque algunos filósofos han sostenido que, en casos aislados, la inmortalidad era conferida sobre ellos por adeptos e iniciados que entendían algunos principios sutiles de los mundos invisibles.  De la misma forma que la desintegración se lleva a cabo en el mundo físico, también se lleva a cabo en la contraparte etérea de la substancia física.  Bajo condiciones normales en la muerte, un espíritu de la Naturaleza simplemente se disuelve dentro de la primordial esencia transparente de la cual originalmente se individualizó.  Cualquier crecimiento evolutivo que se haya hecho está registrado únicamente en la conciencia de esa esencia o elemento primordial, y no en la entidad temporeramente individualizada del elemental.  Al estar sin el organismo compuesto del hombre y al carecer de sus vehículos espirituales e intelectuales, los espíritus de la Naturaleza son subhumanos en su inteligencia racional, pero de sus funciones   ---que están limitadas a un elemento---   ha resultado una clase especializada de inteligencia que está más adelantada del hombre en aquellas líneas de investigación peculiares al elemento en el cual existen.
 
Los Padres de la Iglesia han aplicado indiscriminadamente los términos íncubos y súcubos  a los elementales.  Sin embargo, los íncubos  y los súcubos  son creaciones malignas y no naturales, mientras que elementales es un término colectivo para todos los habitantes de las cuatro esencias elementales.  Según Paracelso, los íncubos y los súcubos (que son masculinos y femeninos respectivamente) son criaturas parasitarias que subsisten sobre los pensamientos y emociones malignas del cuerpo astral.  Estos términos también se aplican a los organismos superfísicos de los hechiceros y magos negros.  Aunque estas larvas no son seres imaginarios, son, sin embargo, los vástagos de la imaginación.  Los antiguos sabios reconocían a estas larvas como la causa invisible de los vicios, ya que ellas se desplazaban en los éteres que rodeaban a los moralmente débiles y continuamente los incitaban a cometer excesos de una naturaleza degradante.  Por esta razón frecuentaban la atmósfera de las madrigueras de marihuana, las tabernas y los burdeles, donde se adherían  a aquellos desafortunados que se habían rendido a la iniquidad.  Al permitir que sus sentidos se amortigüen por medio de la indulgencia a las drogas que causan hábito o a los estimulantes alcohólicos, el individuo temporeramente se relaciona con estos habitantes del plano astral.  La mujer bella y seductora vista  por el adicto al hachís o el opio y los morbosos monstruos que persiguen a la víctima de delirium tremens son ejemplos de seres submundanos, visibles solo para aquellos cuyas prácticas malignas son el imán de su atracción.
 
El vampiro, que Paracelso define como el cuerpo astral de una persona viva o muerta (usualmente se refiere al último estado), difiere ampliamente de los elementales y también de los íncubos y los súcubos.  El vampiro busca prolongar la existencia sobre el plano físico al robar las energías vitales de los vivos y al apropiarse indebidamente de estas energías para sus propios fines.
 
En su De Ente Spirituali, Paracelso escribe lo siguiente sobre estos seres malignos: “Estos seres no pueden volver obsesivas a las personas saludables y puras, porque estas Larvas solo pueden actuar sobre los hombres si estos últimos hacen espacio para ellas en sus mentes.  Una mente saludable es un castillo que no puede ser invadido sin la voluntad de su amo; pero si estas larvas son autorizadas a entrar, levantan las pasiones de los hombres y las mujeres, les crean deseos, producen malos pensamientos que actúan nocivamente sobre el cerebro; afilan el intelecto animal y sofocan el sentido moral.  Los espíritus malignos solo obsesionan a aquellos seres humanos en quienes predomina la naturaleza animal.  Las mentes que son iluminadas por el espíritu de la verdad no pueden ser poseídas; solo aquellos que habitualmente se dejan llevar por sus propios bajos impulsos pueden estar sujetos a sus influencias”.  (Ver Paracelso, por Franz Hartmann).
 
Un extraño concepto,  que de alguna forma difiere del concepto convencional,  es el que el Conde de Gabalis desarrolló con relación a la inmaculada concepción, es decir, que representa la unión de un ser humano con un elemental.  Entre los vástagos de estas uniones, el Conde menciona a Hércules, Aquiles, Eneas, Teseo, Melquisedec, el divino Platón, Apolonio de Tiana y Merlín el Mago.
 
 
Fin de este Capítulo
 

Traducción del original en inglés General Observations, del capítulo The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 


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