Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.

Este libro está dedicado a todas las almas racionales del mundo.
MANLY P. HALL - "ESTE LIBRO ESTA DEDICADO A TODAS LAS ALMAS RACIONALES DEL MUNDO".

sábado, 3 de agosto de 2013

ELEMENTOS Y SUS HABITANTES - Introducción - 2da. Parte - Final



LOS ELEMENTOS Y SUS HABITANTES
 
 
Manly P. Hall
 
 
Introducción
 
2da. Parte – Final
 
 
 
Para la mente prosaica de nuestros días podría parecerle ridícula  la idea de antaño de que los elementos invisibles que rodean e interpenetran la Tierra estaban poblados de seres vivos e inteligentes.  Sin embargo, esta doctrina ha encontrado apoyo en algunos de los más grandes intelectos del mundo.  Los silfos de Facio Cardan, el filósofo de Milán; la salamandra vista por Bienvenido Cellini, el Pan de San Antonio y el hombrecito rojo (o gnomo) de Napoleón Bonaparte, han encontrado sus lugares en las páginas de la historia.
 
La literatura también ha perpetuado el concepto de los espíritus de la Naturaleza.  El malvado Puck del Sueño de una Noche de Verano de Shakespeare; los elementales del poema Rosacruz, La Corsa de la Cerradura, de Alexander Pope; las misteriosas criaturas del Zanoni de Lord Lytton; la inmortal Campanita de James Barrie; y los famosos sombreros de hongo que Rip Van Winkle encontró en las montanas Catskill, son personajes muy bien conocidos para los estudiantes de literatura.  El folclor y la mitología de todos los pueblos abunda en leyendas relacionadas a estas misteriosas pequeñas figuras que aparecen en antiguos castillos, custodian tesoros en las profundidades de la Tierra y construyen sus hogares bajo la amplia protección de setas.  Las hadas son el deleite de la niñez, y muchos niños se resisten a renunciar a ellas.  No hace mucho tiempo atrás, las mentes más grandes del mundo creían en la existencia de las hadas; y aún queda una pregunta abierta en cuanto a si Platón, Sócrates e Iamblico erraban al reconocer su realidad.
 
Al describir las substancias que constituyen los cuerpos de los elementales, Paracelso dividió la carne en dos clases: la primera es aquella que heredamos a través de Adán.  Esta es la carne visible y corpórea.  La segunda es la carne que no desciende  de Adán y que, al estar más atenuada, no está sujeta a los límites de la primera.  Los cuerpos de los elementales se componían de esta carne transubstancial.  Paracelso decía que existe la misma diferencia entre los cuerpos de los hombres y los cuerpos de los espíritus de la Naturaleza como la que existe entre la materia y el espíritu.
 
El añade: “Aún así, los Elementales no son espíritus ya que tienen carne, sangre y huesos; viven y tienen descendencia; comen y hablan, actúan y duermen, etc., y, consecuentemente, no pueden ser llamados con propiedad ‘espíritus’.  Son seres que ocupan un lugar entre los hombres y los espíritus, que se asemejan a hombres y a espíritus, que se asemejan a hombres y a mujeres en su organización y forma y que se asemejan a espíritus en la rapidez de su locomoción”.  (Filosofía Oculta, traducido por Franz Hartmann).  Más tarde, el mismo autor denomina a estas criaturas como compuesto, ya que la substancia de la cual se componen parece ser un compuesto del espíritu y de la materia.  El utiliza el color para explicar la idea.  Por lo tanto, la mezcla de azul y rojo produce violeta, un nuevo color, que en nada se asemeja a los otros de los cuales se compone.  Este es el caso de los espíritus de la Naturaleza; no se asemejan ni a criaturas espirituales ni a seres materiales; aún así, están compuestos de la substancia que podemos llamar materia espiritual, o éter.
 
Más tarde, Paracelso añade que aunque el hombre se compone de diferentes naturalezas (espíritu, alma, mente y cuerpo) combinadas en una sola unidad, el elemental tiene solo un principio, el éter del cual se compone y en el cual vive.  El lector debe recordar que el éter se define como la esencia espiritual de uno de los cuatro elementos.  De la misma forma que hay elementos, hay muchos éteres; y también hay muchas familias distintas de espíritus de la Naturaleza de la misma forma que hay éteres.  Estas familias están completamente aisladas en su propio éter y no tienen intercambio alguno con los habitantes de los otros éteres; pero como el hombre tiene dentro de su propia naturaleza centros de conciencia sensibles a los impulsos de todos los cuatro éteres, bajo condiciones adecuadas le es posible comunicarse con cualquiera de los reinos elementales.
 
Los espíritus de la Naturaleza no pueden ser destruídos por los elementos más gruesos tales como el fuego, la tierra, el aire o el agua material porque funcionan en una proporción de vibración superior a la de las substancias terrenas.  Al estar compuestos de solo un elemento o principio (el éter en el cual funcionan), no tienen espíritu inmortal y, tras la muerte, simplemente se desintegran en el elemento del cual originalmente se individualizaron.  Ninguna conciencia individual se preserva después de la muerte ya que no hay vehículo superior presente que la contenga.  Al estar hechos  de solo una substancia, no hay fricción entre los vehículos; por esta razón, hay poco desgaste en sus funciones corporales, y por lo tanto, viven hasta una edad más adulta.  Aquellos que se componen de éter de tierra viven menos; aquellos que se componen de éter de aire, viven más.  La duración  promedio de vida es de entre trescientos y mil años.  Paracelso decía que viven en condiciones similares a nuestros ambientes terrenales y que de alguna forma están sujetos a las enfermedades.  Se cree que estas criaturas son incapaces de desarrollarse espiritualmente, pero muchas de ellas tienen un carácter moral superior.
 
Con relación a los éteres primarios en los cuales existen los espíritus de la Naturaleza, Paracelso escribió: “Ellos habitan en los cuatro elementos: las Ninfas en el elemento del agua, los Silfos en el del aire, los Pigmeos en la tierra y las Salamandras en el fuego.  Ellos también son llamados Ondinas, Silvestres, Gnomos, Vulcanos, etc.  Cada especie se mueve solamente en el elemento al cual pertenece y ninguna puede salir de su elemento correspondiente, que para ellos es como el aire es para nosotros, o el agua para los peces; y ninguno de ellos puede vivir en el elemento perteneciente a otra clase.  Para cada ser primario, el elemento en el cual vive es transparente, invisible y respirable, como la atmosfera lo es para nosotros”.  (Filosofía Oculta, traducido por Franz Hartmann).
 
El lector debe cuidarse de no confundir a los espíritus de la Naturaleza con las verdaderas ondas de vida que evolucionan a través de los mundos invisibles.  Mientras los elementales se componen de solo una esencia etérica (o atómica), los ángeles, arcángeles y otras entidades superiores y trascendentales tienen organismos compuestos que consisten de una naturaleza espiritual y una cadena de vehículos que expresan esa naturaleza que no es diferente a la de los hombres, pero que no incluye el cuerpo físico con sus consiguientes limitaciones.
 
Generalmente a la filosofía de los espíritus de la Naturaleza se le atribuye un origen oriental, probablemente Brahmánico; y Paracelso obtuvo su conocimiento de estos espíritus de los sabios orientales con los cuales hizo contacto durante su vida de filósofo errante.  Los egipcios y griegos recogieron su información de la misma fuente.  Las cuatro divisiones principales de los espíritus de la Naturaleza ahora deben ser consideradas de forma separada, según las enseñanzas de Paracelso y el Abad de Villars y de los escasos escritos disponibles de otros autores.
 
 
 
Traducción del original en inglés The Elements and Their Inhabitants del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall.  ®Sánchez & Rivera, Traductoras.  2013, Puerto Rico.  madias85@yahoo.com
 
 
 


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