Todo buscador espiritual está llamado a,
de algún modo,
ser mendigo, soldado y monje.
Un MENDIGO porque la sabiduría no se conquista,
sino que se recibe (pero para recibirla
hay que desprenderse de todo lo demás).
Un SOLDADO porque el combate por la sabiduría
es largo y hay que perseverar en medio de la adversidad.
Un MONJE, en fin, porque el buscador
debe estar dispuesto a olvidarse de sí para disolverse en la comunidad
(que es lo que hacen los monjes cuando
se consagran y se visten de hábito).
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