Vas a perder cosas…
y no te va a gustar.
Personas que creías para siempre.
Relaciones que parecían seguras.
Comodidades que te hacían sentir bien.
Y en ese momento…
vas a sentir que te quedaste sin nada.
Pero no es el final…
es una limpieza.
Marco Aurelio lo entendía así:
“Lo que perdemos no es nuestro, solo lo devolvemos.”
Y eso cambia todo.
Porque muchas veces…
no pierdes lo valioso…
pierdes lo que te estaba distrayendo de ti.
Te quedas sin ruido.
Sin máscaras.
Sin escapes.
Y ahí… apareces tú.
Sin depender.
Sin fingir.
Sin esconderte.
El estoicismo no te promete que no perderás…
te enseña a no perderte a ti.
Porque puedes perder gente…
y seguir firme.
Puedes perder comodidad…
y crecer.
Puedes perder todo afuera…
y aun así ganar adentro.
Epicteto lo dijo claro:
“Nunca digas ‘lo he perdido’, di ‘lo he devuelto’.”
Porque lo único que realmente tienes…
es quién eres.
Y si en el proceso de perder…
te encuentras…
entonces no perdiste nada.
Ganaste todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.