Durante años hablé con tanta amabilidad
que ya no recordaba cómo
sonaba mi verdadera voz...
Sonreía a los espejos
con la obediencia de un dolor bien entrenado...
La gente me consideraba tranquila
porque nunca habían oído
la tormenta que mantenía
guardada bajo mi lengua...
Por la noche,
susurraba mi propio nombre
solo para asegurarme
de que todavía estaba en mí...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.