Cuando atraes la atención de forma natural y sin siquiera intentarlo, ten cuidado. Ese tipo de luz, tan espontánea y genuina, no solo genera admiración. También despierta envidia en quienes aún buscan su propio brillo.
No todos los que te aplauden se alegran de verdad por ti. Algunos observan, esperan, a que te apagues, a que te deslices. ¿Y lo más difícil? No pediste este protagonismo. Simplemente estabas siendo tú mismo. Simplemente apareciendo con el corazón abierto, el espíritu sin filtros, tu presencia innegable.
Así que cuida tu paz. Protege tu energía. Mantén la amabilidad, pero no seas ingenuo. Porque cuando llevas una luz excepcional, notarás que algunos intentarán atenuarla, simplemente porque no saben cómo encontrar la suya propia.
Pero no te acobardes.
Deja que te miren. Deja que susurren. Deja que se pregunten cómo brillas como lo haces.
Sigue brillando de todas formas.
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