Cuando estás herido, siempre habrá quienes en lugar de ser sanadores, en lugar de levantarte, en lugar de verter sobre ti aceite para calmar la herida, en lugar de ayudarte para volver a ponerte de pie, te juzgarán y tratarán de descalificarte.
Recuerda... la gente no tiene la última palabra.
Ellos no te dieron vida, no te dieron nombre,
no te conocían antes de fueras formado.
Te descartaran, pero no te preocupes;
fuiste elegida antes de que tu pudieras elegir.
Su llamado es irrevocable.
Confía!
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