La noche es sublime, el día es bello.
Los que poseen el sentimiento de lo sublime están inclinados hacia los sentimientos elevados de la amistad, la eternidad, el desprecio del mundo, el silencio de las noches de verano tachonadas por la temblorosa luz de las estrellas y la solitaria luna en el horizonte.
Lo sublime emociona, lo bello encanta.
Lo sublime terrible, cuando se produce fuera de lo natural, se convierte en fantástico.
Una cadena de montañas cuyos picos elevados se pierden en las nubes, la descripción de una tormenta o del reino infernal, nos producen placer mezclado con terror. El espectáculo de prados poblados de flores, valles surcados por arroyuelos donde pacen los rebaños también nos producen un sentimiento agradable, pero plenamente gozoso y amable...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.