La verdadera historia de la vida de Jesús de Nazaret nunca le ha sido revelada al mundo, ya fuese en los Evangelios aceptados o en el Apócrifo, aunque unas pocas indicaciones aisladas pueden encontrarse en algunos de los comentarios escritos por los Padres ante-Nicenos. Los hechos relacionados a Su identidad y misión están entre los misterios inestimables hasta ahora preservados en las bóvedas secretas bajo las “Casas de los Hermanos”. Parte de esta peculiar historia le fue contada a unos pocos Caballeros Templarios que fueron iniciados dentro de la arcana de los Drusos, Nazarenos, Esenios, Joanitas, y otras sectas que aún habitan en las remotas e inaccesibles fortalezas de la Tierra Santa. Sin duda, el conocimiento de los Templarios relacionado a la temprana historia del cristianismo fue una de las razones principales para su persecución y posterior aniquilación. Las discrepancias en los escritos de los primeros Padres de la Iglesia no solo son irreconciliables, sino que demuestran, mas allá de toda duda, que aún durante los primeros cinco siglos después de Cristo, estos eruditos tuvieron como base de sus escritos poco mas realidad que folclor y rumores. Para el creyente fácil, todo es posible y no hay problemas. Sin embargo, la persona inconmovible y que busca hechos, es confrontada con una serie de problemas y factores inciertos, de los cuales los siguientes son típicos:
Según el concepto popular, Jesús fue crucificado durante el trigesimotercer año de Su vida y en el tercer año de Su ministerio, el cual siguió a Su bautismo. Más o menos para el año 180 d.C., San Ireneo, Obispo de Lyon, uno de los más prominentes de la teología ante-Nicena, escribió Contra las Herejías, un ataque a las doctrinas de los Gnósticos. En este trabajo, Ireneo declaró, sobre la autoridad de los propios Apóstoles, que Jesús vivió hasta una edad adulta. Citamos: “Sin embargo, ellos pueden establecer su falsa opinión con relación a aquello que está escrito, ‘para proclamar el año aceptable del Señor’, sostener que El predicó por solo un año, y después sufrió en el duodécimo mes. [Hablando de esto], se olvidan de su propia desventaja, destruyendo Su obra completa, y Lo despojan de aquella edad que es tanto más necesaria y más honorable que cualquier otra; me refiero a esa edad más avanzada durante la cual, también como maestro, El se distinguió sobre las demás. Cómo El pudo tener discípulos si no enseñó? Y, cómo pudo enseñar a menos que haya alcanzado la edad de un Maestro? Porque cuando El fue bautizado, aún no había cumplido su trigésimo año, sino que estaba a punto de cumplirlo (Lucas, quien ha mencionado Sus años lo ha expresado: ‘Jesús estaba como comenzando los treinta años de edad’ cuando vino a recibir el bautismo); y, (según estos hombre), predicó solo un año, estimado desde Su bautismo. Mientras completaba Su trigésimo año sufrió, siendo, de hecho, un hombre joven, y que no había, de ningún modo alcanzado edad adulta. Ahora, todo el mundo lo admitirá, que la primera etapa de la vida temprana abraza los treinta años, y se extiende hasta los cuarenta; desde los cuarenta hasta los cincuenta, un hombre empieza a declinar hacia la edad madura, que Nuestro Señor poseía mientras aún cumplía el oficio de Maestro, como el Evangelio y todos los ancianos testifican; aquellos que en Asia estaban familiarizados con Juan, el discípulo del Señor, (afirman) que Juan les transmitió esa información. Y él permaneció entre ellos hasta la época de Trajano. Algunos de ellos, además, no solo vieron a Juan, sino también a los otros apóstoles, y escucharon la narración de ellos, y dieron testimonio de la (validez de la) declaración. A quién entonces debemos creerle más, a hombres como éstos o a Tolomeo, que nunca vió a los apóstoles, y quien nunca, ni siquiera en sus sueños, llegó a tener siquiera un mínimo rastro de ser un apóstol?”
Al comentar sobre el anterior pasaje, Godfrey Higgins señala que, afortunadamente, éste escapó de las manos de aquellos destructores que han intentado cambiar las consistentes narrativas del Evangelio eliminando todas estas declaraciones. El también señala que la doctrina de la crucifixión era una “vexata questio” entre los cristianos, aún durante el segundo siglo. “La evidencia de Ireneo”, él dice, “no puede tocarse. Sobre cada principio del juicio crítico, y de la doctrina de probabilidades, esto es irrecusable.”
Cabe señalar, además, que Ireneo preparó esta declaración para contradecir otra, aparentemente en curso en su época, al efecto de que el ministerio de Jesús duro solo un año. De todos los primeros Padres, Ireneo, escribiendo ochenta años después de la muerte de San Juan el Evangelista, debió haber tenido información razonablemente adecuada. Si los mismos discípulos relataron que Jesús vivió hasta una edad avanzada en el cuerpo, por qué el misterioso número 33 había sido elegido arbitrariamente para simbolizar la duración de Su vida? Fueron los incidentes en la vida de Jesús alterados a propósito para que Sus acciones encajaran más cercanamente dentro del patrón establecido por los numerosos Dioses-Salvadores que lo precedieron? Una lectura cuidadosa de los escritos de Justino Mártir, otra autoridad del segundo siglo, hace evidente que estas analogías fueron reconocidas y utilizadas como influencia para convertir a los griegos y a los romanos. En su Apología, Justino se dirige así a los paganos:
“Y cuando también decimos que la Palabra, que es lo primero nacido de Dios, fue producida sin unión sexual, y que El, Jesucristo, nuestro Maestro, fue crucificado y murió, y resucitó y ascendió al cielo, no estamos exponiendo nada diferente a lo que ustedes creen con relación a aquellos a quienes ustedes consideran hijos de Júpiter.*** Y si afirmamos que la Palabra nació de Dios en forma peculiar, diferente al engendramiento ordinario, que esto, como se menciono anteriormente, no sea una cosa extraordinaria para ustedes, que dicen que Mercurio es la palabra angélica de Dios. Pero si alguien objeta que El fue crucificado, en ésto El también está a la par con aquellos estimados por ustedes como hijos de Júpiter, que sufrieron como ahora hemos enumerado.”
De ésto se evidencia que los primeros misioneros de la Iglesia Cristiana estaban muy lejos de admitir de buena gana las similitudes entre su fe y la de los paganos, de lo que estaban sus sucesores en siglos posteriores.
Continúa...
Traducción al español del original en inglés Mystic Christianity del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. Sánchez y Rivera, Traductoras. 2011, Puerto Rico
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