Conserven sagradamente las intimidades de su propia casa, su estado de casados y su corazón. Que nadie nunca se atreva a interponerse entre ustedes ni a compartir las alegrías o tristezas que pertenecen solo a los dos.
Con ayuda mutua, construyan su mundo tranquilo, sin permitir que su amigo terrenal más querido sea el confidente de algo que concierna a su paz doméstica. Que los momentos de distanciamiento, si ocurren, se sanen de inmediato. Nunca, nunca hablen de ello afuera; pero confiesen todo el uno al otro, y todo saldrá bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.