No le debo respeto a quien primero eligió faltármelo.
El respeto no se exige después de haber pisoteado el de los demás.
No le debo empatía a quien se burló justo de aquello que sabía que me rompía por dentro. Hay heridas que no vienen de extraños… sino de personas que conocían exactamente dónde dolía.
Y mucho menos le debo lástima a quien actuó con plena conciencia, sabiendo el daño que causaba… y aun así no le importó. Porque una cosa es equivocarse, y otra muy distinta es herir con intención.
A veces la gente cree que, solo porque hoy guarda silencio, uno tiene la obligación de olvidar, comprender y suavizar lo que pasó. Pero no. Madurar no significa permitirlo todo.
Sanar no significa justificar a quienes te destruyeron por dentro. Y soltar tampoco significa volver a abrir la puerta.
Hay decisiones que tienen consecuencias.
Hay acciones que rompen puentes para siempre.
Y hay personas que, después de todo el daño que hicieron, todavía esperan recibir de ti una bondad que nunca tuvieron contigo.
No es rencor. Es memoria.
No es crueldad. Es dignidad.
No es odio. Es amor propio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.