MISTERIOS ANTIGUOS Y SOCIEDADES
SECRETAS
Parte III
Los Misterios Eleusinos
2da. Parte - Final
Manly P. Hall
Los Misterios Mayores (dentro de los cuales el candidato
era aceptado solo después de haber pasado exitosamente por las pruebas de los
Menores, y no siempre) eran sagrados para Ceres, la madre de Perséfone, y la
representan vagando por el mundo en busca de su secuestrada hija. Ceres llevaba consigo dos antorchas,
intuición y razón, para ayudarla en la búsqueda de su hija perdida (el
alma). Finalmente, encontró a Perséfone
no muy lejos de Eleusis; y en gratitud, le enseñó a la gente allí a cultivar
maíz, que es sagrado para ella. También
fundó los Misterios. Ceres se apareció
ante Plutón, dios de las almas de los muertos, y le suplicó que le permitiera a
Perséfone regresar a su hogar. En
primera instancia, el dios rehusó hacerlo porque Perséfone había comido
granada, el fruto de la mortalidad. Sin
embargo, finalmente el dios transó y aceptó permitirle a Perséfone vivir la
mitad del año en el mundo superior si se quedaba con él en la oscuridad del
Hades por la restante mitad.
Los griegos creían que Perséfone era una manifestación de
la energía solar que en los meses de invierno vivía bajo la tierra con Plutón,
pero en el verano regresaba nuevamente con la diosa de la productividad. Hay una leyenda que dice que las flores
amaban a Perséfone; y que cada año, cuando ella se retiraba hacia los oscuros reinos de Plutón, las plantas y arbustos
morían de tristeza. Aunque los profanos
y no iniciados tenían sus propias opiniones sobre estos temas, las verdades de
las alegorías griegas permanecían ocultas de forma segura por los sacerdotes,
quienes reconocían la sublimidad de estas grandes parábolas filosóficas y
religiosas.
Thomas Taylor resume las doctrinas de los Misterios
Mayores con la siguiente declaración: “Por medio de místicas y espléndidas
visiones, los (Misterios) Mayores oscuramente insinuaban la dicha del alma
tanto en el ahora como en lo sucesivo cuando era purificada de la corrupción de
una naturaleza material y constantemente se elevaba a las realidades de la visión
intelectual (espiritual)”.
De la misma forma que los Misterios Menores discutían la
época prenatal del hombre cuando la conciencia en sus nueve días
(embriológicamente, meses) descendía hasta el reino de la ilusión y adoptaba el
velo de la irrealidad, así también los Misterios Mayores discutían los
principios de la regeneración espiritual y les revelaban a los iniciados no
solo el método más simple, sino también
el más directo y completo para liberar sus naturalezas superiores de la atadura
de la ignorancia material. Al igual que
Prometeo está encadenado a la parte superior del Monte Cáucaso, la naturaleza
superior del hombre está encadenada a su deficiente personalidad. Los nueve días de iniciación también
simbolizaban las nueve esferas por las cuales desciende el alma humana durante
el proceso de adoptar una forma terrestre.
Se desconocen los ejercicios secretos del desenvolvimiento espiritual
otorgados a los discípulos de los grados más altos; pero hay muchas razones
para creer que estos eran similares a los Misterios Brahmánicos; ya que se sabe
que las ceremonias Eleusinas se cerraban con las palabras en sanscrito “Konx Om
Pax”.
La parte de la alegoría que se refiere a los dos períodos
de seis meses, durante uno de los cuales Perséfone debía permanecer con Plutón mientras que durante el otro podía volver a
visitar el mundo superior, ofrece material para una profunda
consideración. Es probable que los
Eleusinos se hayan dado cuenta de que el alma dejaba al cuerpo durante el
sueño, o por lo menos era capaz de marcharse por medio del entrenamiento
especial que sin duda ellos estaban dispuestos a ofrecer. De esta forma, Perséfone permanecería como
reina del dominio de Plutón durante las horas de vigilia; pero ascendería a los
mundos espirituales durante los períodos de sueño. Al iniciado se le enseñaba cómo interceder
ante Plutón para que le permitiera a Perséfone (el alma del iniciado) ascender
de la oscuridad de su naturaleza material hasta la luz del entendimiento. De esta forma, cuando se liberaba de los
grilletes de barro y de los conceptos cristalizados, el iniciado no solo se
liberaba por el período de su vida, sino por toda la eternidad; ya que desde
entonces, él nunca se desligaba de aquellas cualidades del alma que después de
la muerte eran sus vehículos de manifestación y expresión en el llamado mundo
celestial.
En contraste con la idea del Hades como un estado de
oscuridad inferior, se dice que los dioses habitaban las cúspides de las montañas;
un ejemplo bien conocido es el Monte Olimpo, donde se dice que las doce
deidades del panteón griego moraban juntas.
Por lo tanto, en sus viajes de iniciación, el neófito entraba a cámaras de
brillantez en constante incremento para mostrar el ascenso del espíritu de los
inframundos hasta los reinos de felicidad.
Como punto culminante de estos viajes, el neófito entraba a una gran
habitación abovedada en cuyo centro estaba una brillantemente iluminada estatua
de la diosa Ceres. Allí, en presencia
del hierofante y rodeado por sacerdotes vestidos con magníficas túnicas, el
neófito era instruído en los más altos misterios secretos de Eleusis. Para concluir esta ceremonia, el neófito era
aclamado como un Epoptes, que
significa uno que ha observado o visto directamente. Por esta razón, también a la iniciación se le
llamaba autopsia. Luego, al Epoptes se le daban ciertos libros
sagrados probablemente escritos en códigos junto con tabletas de piedra sobre
las cuales se tallaban instrucciones secretas.
En El Obelisco en
la Francmasonería, John A. Weisse describe a los personajes oficiantes de
los Misterios Eleusinos, que consistían de un hierofante masculino y uno
femenino que dirigían las iniciaciones; un portador de antorchas masculino y
uno femenino; un heraldo masculino y un asistente de altar masculino y uno
femenino. También había varios oficiales
menores. El dice que, según Porfirio, el
hierofante representa el Demiurgo de
Platón, o Creador del mundo; el portador de antorcha, el Sol; el hombre del altar,
la Luna; el heraldo, a Hermes o Mercurio y los otros oficiales eran estrellas
menores.
De los registros disponibles, un número de fenómenos
extraños y aparentemente sobrenaturales, acompañaba a los rituales. Muchos iniciados alegan haber realmente visto
a los propios dioses vivientes. Si esto
fue el resultado de un éxtasis religioso o de la efectiva cooperación de los
poderes invisibles con los sacerdotes visibles, debe permanecer como un
misterio. En La Metamorfosis, o Vellocino
Dorado, Apuleyo describe de la siguiente forma lo que con toda probabilidad
fue su iniciación en los Misterios Eleusinos:
“Me acerqué a los confines de la muerte y, habiendo pasado por el umbral de Proserpina,
regresé de la muerte siendo llevado a través de todos los elementos. A la medianoche, vi el sol brillando con una
espléndida luz; y manifiestamente me acerqué a los dioses inferiores y a los
dioses superiores; y de modo directo, los adoré”.
Las mujeres y los niños eran aceptados en los Misterios
Eleusinos; y por un tiempo, literalmente había miles de iniciados. Debido a que estas vastas huestes no estaban preparadas para las más altas
doctrinas espirituales y místicas, necesariamente se llevó a cabo una división
dentro de la misma sociedad. Las
enseñanzas superiores solo se le ofrecían a un número limitado de iniciados
quienes, debido a su mentalidad superior, mostraban un agarre comprensivo de
sus subyacentes conceptos filosóficos.
Sócrates rehusó ser iniciado en los Misterios Eleusinos porque al
conocer sus principios sin ser miembro de la orden, se dio cuenta que la
membrecía sellaría su lengua. Que los
Misterios de Eleusis se basaban en grandes y eternas verdades está demostrado
por la veneración que las grandes mentes del mundo antiguo le tenían. M. Ouvaroff pregunta: “Hubiesen Pindar,
Platón, Cicerón y Epícteto hablado de ellas con tanta admiración si el
hierofante se hubiese satisfecho proclamando a viva voz sus propias opiniones o
las de su orden?”.
Las vestiduras con las cuales los candidatos eran iniciados
fueron preservadas por muchos años y se creía que poseían propiedades casi
sagradas. De la misma forma que el alma
no puede tener cubierta alguna que no fuese sabiduría y virtud, así también los
candidatos ---que tampoco tenían
verdadero conocimiento--- eran
presentados desvestidos en los Misterios; y primero se les daba la piel de un
animal y más tarde una túnica consagrada para simbolizar las enseñanzas
filosóficas recibidas por el iniciado.
Durante el curso de la iniciación, el candidato pasaba por dos
portales. El primero bajaba hasta los
inframundos y simbolizaba su nacimiento en la ignorancia. El segundo subía hasta una habitación
brillantemente iluminada por lámparas no vistas en la cual se encontraba la
estatua de Ceres y la cual simbolizaba el mundo superior, o la morada de la Luz
y la Verdad. Strabo dice que el gran
templo de Eleusis podía contener entre veinte y treinta mil personas. Las cuevas consagradas por Zoroastro también
tenían estas dos puertas que simbolizaban los caminos del nacimiento y la
muerte.
El siguiente párrafo de Porfirio ofrece un concepto
bastante apropiado del simbolismo Eleusino: “Siendo un principio luminoso que
reside en el centro del fuego más sutil, Dios siempre permanece invisible ante
los ojos de aquellos que no se elevan sobre la vida material: a este respecto,
la vista de los cuerpos transparentes como el cristal, el mármol blanco de
Paros, e incluso el marfil, nos recuerda la idea de la luz divina; de la misma
forma que la vista del oro despierta una idea de su pureza, porque el oro no
puede ser mancillado. Algunos piensan
que una piedra negra representaba la invisibilidad de la esencia divina. Para expresar la suprema razón, la Divinidad
se representaba bajo la forma humana
---una forma hermosa, porque Dios es la fuente de la belleza; de
diferentes épocas, y en diferentes actitudes, sentado o parado; de un sexo o
del otro, como una virgen o un joven, un esposo o una novia, para que todas las
sombras y gradaciones pudiesen ser marcadas.
Subsiguientemente, cada cosa luminosa le era atribuída a los dioses; la
esfera, y todo lo que es esférico, al universo, al sol y a la luna ---algunas veces a la Suerte y a la
Esperanza. El círculo, y todas las
formas circulares, a la eternidad ---a
los movimientos celestiales, a los círculos y las zonas de los cielos. La sección de los círculos, a las fases de la
luna; y las pirámides y obeliscos, al principio ígneo, y a través de ese
principio, a los dioses del Cielo. Un cono expresa el sol; un cilindro expresa
la Tierra; el falo y el triángulo (un símbolo de la matriz) designa la
generación”. (De Ensayo sobre los Misterios de Eleusis, por M. Ouvaroff).
Según Heckethorn, los Misterios Eleusinos sobrevivieron a
todos los demás y no dejaron de existir como institución hasta casi
cuatrocientos años después de Cristo, cuando finalmente fueron reprimidos por
Teodosio (distinguido como el Magnífico),
quien cruelmente exterminó a todos los que no aceptaron la fe cristiana. Sobre esta más grande institución filosófica,
Cicerón dijo que no solo les enseñaba a los hombres cómo vivir, sino que
también les enseñaba cómo morir.
N. de las T.: (1) El vocablo
griego Epoptes también puede ser
entendido como: “iniciado en los Misterios”, “el que ve las cosas tal como
son”, “verdadero adorador”. (2) Las
palabras en sanscrito Konx Om Pax es
un recordatorio de “vigilad y no hagáis mal alguno”.
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Traducción
del original en inglés The Ancient Mysteries
and Secret Societies (Part Three) del libro The Secret Teachings of All Ages
de Manly Palmer Hall. ®Sánchez &
Rivera, Traductoras. 2014, Puerto Rico. Revisado,
noviembre 2015. riverafarrell@gmail.com
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