CONCLUSION
(4ta. Parte)
Manly P. Hall
Los platónicos reconocieron dos formas principales de ignorancia: ignorancia simple e ignorancia compleja. La ignorancia simple es meramente falta de conocimiento, y es común para todas las criaturas existentes en la época posterior a la Primera Causa, que por sí sola tiene perfección de conocimiento. La ignorancia simple es un agente siempre activo, que impulsa al alma hacia la adquisición de conocimiento. De este estado virginal de inconsciencia crece el deseo de estar conscientes del mejoramiento resultante en su condición mental. El intelecto humano siempre está rodeado por formas de existencia que van más allá de la estimación de sus facultades parcialmente desarrolladas. En este reino de objetos no entendidos hay una fuente infalible de estimulo mental. Por lo tanto, la sabiduría es, eventualmente, el resultado del esfuerzo para arreglárselas racionalmente con el problema de lo desconocido.
En el análisis final, la Ultima Causa, por si sola, puede denominarse como sabia; en palabras simples, solo Dios es bueno. Sócrates dijo que el conocimiento, la virtud y la utilidad eran uno con la naturaleza innata del bien. El conocimiento es una condición de saber; la virtud es una condición de ser; la utilidad es una condición de hacer. Considerando la sabiduría como sinónimo de integridad mental, es evidente que este estado solo puede existir en el Todo, ya que aquello que es menos que el Todo no puede poseer la plenitud del Todo. Ninguna parte de la creación esta completa; por lo tanto, cada parte es imperfecta al extremo de que se queda corta de la totalidad. Donde está la incompleto, también sigue que la ignorancia debe ser coexistente; ya que cada parte, como es capaz de conocer su propio Yo, no puede estar consciente del Yo en las otras partes. Filosóficamente considerado, desde el punto de vista de la evolución humana, el crecimiento es un proceso que va desde la heterogeneidad hasta la homogeneidad. Por lo tanto, con el tiempo, la consciencia separada de los fragmentos individuales se reúne para convertirse en la conciencia completa del Todo. Entonces, y solo entonces, la condición de saberlo todo es una realidad absoluta.
Es por esto que todas las criaturas son relativamente ignorantes y relativamente sabias; comparativamente, no son nada y comparativamente lo son todo. El microscopio le revela al hombre su importancia; el telescopio, su insignificancia. A través de las eternidades de la existencia, el hombre esta gradualmente aumentando tanto en sabiduría como en entendimiento; su consciencia siempre expansible incluye, dentro de su propia área, más de lo externo. Aun en el presente estado de imperfección del hombre, este empieza a comprender que nunca puede ser verdaderamente feliz hasta alcanzar la perfección, y que de todas las facultades que contribuyen a su autoperfeccion, ninguna es igual en importancia al intelecto racional. A través del laberinto de la diversidad, solo la mente iluminada puede, y debe, guiar al alma hasta la perfecta luz de la unidad.
Además de la ignorancia simple, que es el factor más potente en el crecimiento mental, existe otra que es de una clase mucho más peligrosa y sutil. Esta segunda forma, llamada ignorancia doble o compleja, puede definirse brevemente como ignorancia de la ignorancia. Cuando adoraba al sol, a la luna y a las estrellas; y cuando ofrecía sacrificios a los vientos, el salvaje primitivo buscaba, con toscos fetiches, apaciguar a sus dioses desconocidos. El moraba en un mundo lleno de maravillas que no entendía. Ahora se erigen grandes ciudades donde una vez vagaban los hombres de Huesos Encorvados. La humanidad ya no se ve a sí misma como primitiva o aborigen. El espíritu de maravilla y sorpresa ha sido reemplazado por uno de sofisticación. Hoy día, el hombre adora sus propios logros, y relega las inmensidades del tiempo y del espacio al fondo de su consciencia o las desatiende por completo.
El Siglo Veinte hace un fetiche de la civilización y esta abrumado por sus propias invenciones; sus dioses son su propia fabricación. La humanidad ha olvidado cuan infinitésima, cuan impermanente y cuan ignorante es actualmente. Tolomeo ha sido ridiculizado por decir que la Tierra era el centro del universo, aun así, parece que la civilización moderna está fundamentada sobre la hipótesis de que el planeta Tierra es la más permanente e importante de todas las esferas celestiales, y que los dioses de sus rutilantes tronos están fascinados por los eventos monumentales y de época que tienen lugar sobre este esférico valle de hormigas en el Caos.
De época en época, los hombres, incesantemente se afanan por construir ciudades que puedan gobernar con suntuosidad y poder ---como si una cinta de oro o diez millones de vasallos pudieran elevar al hombre sobre la dignidad de sus propios pensamientos, y hacer el brillo de su cetro visible a las estrellas distantes. Como este pequeño planeta se mueve por su órbita en el espacio, se lleva consigo a dos billones de seres humanos que viven y mueren absortos en esa inmensurable existencia que yace mas allá del conjunto en el que moran. Medidos por las infinidades del tiempo y del espacio, que son los capitanes de la laboriosidad o los amos de las finanzas? Si uno de estos plutócratas se eleva hasta gobernar la propia Tierra, que sería el si no es un insignificante déspota sentado sobre un grano de polvo Cósmico?
La filosofía le revela al hombre su reinado con el Todo. Le muestra que el es un hermano de los soles que salpican el firmamento; lo saca de ser un cobrador de impuestos sobre un átomo giratorio a ser un ciudadano del Cosmos. Le ensena que aun estando físicamente atado a la Tierra (de la cual su sangre y sus huesos son parte), hay, sin embargo, dentro de el un poder espiritual, un Yo mas divino, a través del cual él se vuelve uno con la sinfonía del Todo. Entonces, la ignorancia de la ignorancia, es aquel estado autosatisfecho de la inconsciencia en la cual el hombre, que no conoce nada mas allá del área limitada de sus sentidos físicos, presuntuosamente dice que no hay nada más que conocer! Aquel que no conoce otra vida que no sea la física es simplemente un ignorante; pero aquel que dice que la vida física es muy importante y la eleva a la posición de la realidad suprema ---este individuo es un ignorante de su propia ignorancia.
Si el Infinito no hubiese querido que el hombre se volviese sabio, no le hubiese conferido la facultad de conocer. Si no le hubiese prometido al hombre que este se iba a volver virtuoso, no hubiese plantado dentro del corazón humano las semillas de la virtud. Si no hubiese predestinado al hombre a limitarse a su estrecha vida física, no le hubiese equipado con percepciones y sensibilidades capaces de agarrar, al menos en parte, la inmensidad del universo exterior. Los pregoneros de la filosofía llaman a todos los hombres hacia una camaradería del espíritu: a una hermandad de pensamiento: a una convocación de los Yo. La filosofía invita al hombre a que salga de la vanidad del egoísmo; a que salga de la penitencia de la ignorancia y de la desesperanza de la mundanalidad; a que salga de la parodia de la ambición y de las crueles garras de la avaricia; a que salga del rojo infierno del odio y de la tumba fría del idealismo muerto.
La filosofía llevara a todos los hombres a los amplios y calmados panoramas de la verdad, ya que el mundo de la filosofía es una tierra de paz donde a aquellas cualidades más bellas que están contenidas dentro de cada alma humana se les da la oportunidad para expresarse. Aquí se le enseña a los hombres las maravillas de las hojas de la hierba; cada tallo y cada piedra está dotada con el poder de la palabra y revela el secreto de su ser. Toda vida, bañada en el resplandor del entendimiento, se convierte en una maravillosa y bella realidad. De las cuatro esquinas de la creación emerge un poderoso himno de regocijo, ya que aquí, a la luz de la filosofía, se revela el propósito de la existencia; la sabiduría y la bondad que permean el Todo se vuelven evidentes aun en el imperfecto intelecto del hombre. Aquí el anhelante corazón de la humanidad encuentra esa compañía que saca de los huecos mas intrínsecos del alma aquel magnifico almacén de bien que allí mora como un metal precioso escondido en alguna profunda vena.
Continúa… (Parte final)
Traducción del original en ingles Conclusion del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sánchez & Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
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