CONCLUSION
(1ra. Parte)
Manly P. Hall
Ambicioso por conseguir al maestro que tuviera la mayor capacidad de impartirle las ramas superiores del aprendizaje a su hijo de catorce años de edad, Alejandro, y deseando que el príncipe tuviese como mentores a los filósofos más grandes, famosos y eruditos; Felipe, Rey de Macedonia, decidió comunicarse con Aristóteles. Le despacho la siguiente carta al sabio griego: “FELIPE A ARISTOTELES, SALUD!: Sepa que tengo un hijo. Le agradezco infinitamente a los dioses; no tanto por su nacimiento, sino porque él nació en su época, espero que, al ser educado e instruido por usted, el se vuelva merecedor tanto de nosotros como del reino que debe heredar”. Aceptando la invitación de Felipe, Aristóteles viajo a Macedonia en el cuarto año de la 108va Olimpiada, y permaneció por ocho años como tutor de Alejandro. El cariño del joven príncipe hacia su instructor se volvió tan grande como el que sentía por su padre. El dijo que su padre le había dado ser, pero que Aristóteles le había dado bienestar.
Aristóteles le impartió los principios básicos de la Sabiduría Antigua a Alejandro Magno, y a los pies del filósofo, el joven macedonio se dio cuenta de la trascendencia del aprendizaje griego personificado en el discípulo inmortal de Platón. Elevado por su maestro iluminado al umbral de la esfera filosófica, el observo el mundo de los sabios ---el mundo que el destino y las limitaciones de su propia alma habían decretado que él no debía conquistar.
En sus horas de ocio, Aristóteles edito y anoto la Ilíada de Homero y le obsequio el volumen terminado a Alejandro. El joven conquistador aprecio tan altamente este libro que se lo llevo consigo durante todas sus campañas. Para la época de su victoria sobre Darío, descubriendo entre los despojos un magnifico ataúd adornado con gemas y lleno de ungüentos, vacio su contenido sobre la tierra, declarando que finalmente había encontrado un estuche digno de la edición de Aristóteles de la Ilíada!
Mientras hacía campaña por Asia, Alejandro supo que Aristóteles había publicado uno de sus discursos más preciados, un acontecimiento que entristeció profundamente al joven rey. A Aristóteles, Conquistador de lo Desconocido, Alejandro, Conquistador de lo Conocido, le envió esta admisión reprochable y patética de la insuficiencia de la suntuosidad y el poder mundanal: “ALEJANDRO A ARISTOTELES, SALUD!: Se equivoco al publicar aquellas ramas de la ciencia que hasta ahora no fueron adquiridas de otra forma que no fuese de la instrucción oral. En que debo sobrepasar a otros si usted les comunica a todos el conocimiento más profundo que obtuve de usted? De mi parte, prefiero sobresalir a la mayoría de la humanidad en las ramas más sublimes del aprendizaje, que en áreas de poder y dominio. Hasta luego”. Recibir esta maravillosa carta no causo agitación alguna en la placida vida de Aristóteles, quien contesto que aunque el discurso le había sido comunicado a las multitudes, nadie que no lo hubiese escuchado dar el discurso (nadie que careciera de comprensión espiritual) podía entender su verdadero significado.
Unos pocos años y Alejandro Magno tomo el camino de toda naturaleza humana y con su cuerpo destruyo la estructura del imperio erigido sobre su personalidad. Un año más tarde, Aristóteles también paso por ese magnífico mundo relacionado con aquellos misterios de los cuales el tanto había hablado con sus discípulos en el Liceo. Pero, de la misma forma que Aristóteles sobrepasaba a Alejandro en vida, así también lo sobrepasaba en la muerte; porque aunque su cuerpo fue puesto en una tumba oscura, el gran filosofo continuo viviendo a través de sus logros intelectuales. Una tras otra, las épocas le rindieron agradecido homenaje, generación tras generación reflexiono sobre sus teoremas hasta que por la clara trascendencia de sus facultades racionales, Aristóteles ---“el amo de aquellos que conocen”, como Dante lo había llamado--- se convirtió en el actual conquistador de aquel mundo que Alejandro había buscado subyugar con la espada.
De esta forma se demuestra que para hacer prisionero a un hombre no basta con esclavizar su cuerpo ---es necesario meterse en su intelecto; que para liberar a un hombre no basta con golpear los grilletes de sus extremidades--- su mente debe ser liberada hasta del cautiverio de su propia ignorancia. La conquista física debe fracasar, ya que, al generar odio y oposición, estimula la mente para vengarse de un cuerpo violentado; pero todos los hombres están atados, ya sea voluntaria u obligatoriamente, para obedecer a aquel intelecto en el cual ellos reconocen cualidades y virtudes que son superiores a sus propias cualidades y virtudes.
Continúa…
Traducción del original en ingles Conclusion del libro The Secret Teachings of All Ages de Manly P. Hall. © Sánchez & Rivera, Traductoras. 2012, Puerto Rico. madias85@yahoo.com
Alejandro y Aristoteles
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.