Amo la belleza que reside en la imperfección.
Me gusta la gente que abraza sus cicatrices, que sonríe con los ojos, que habla con el corazón. Porque ahí hay una autenticidad que no se puede fingir, una vulnerabilidad que es fuerza, una sensibilidad que es arte.
Amo la sencillez que se esconde en la autenticidad.
Me gusta la gente que sabe encontrar el asombro en lo ordinario, que se emociona con un amanecer, que se conmueve con una melodía. Porque ahí hay una conexión profunda con la vida, una capacidad de maravillarse, de sentir el latido del mundo. Son esos momentos de belleza silenciosa los que nos hacen más humanos.

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