Hay personas que se incomodan contigo no porque les hiciste daño, sino porque tu discernimiento dejó al descubierto lo que ellos pretendían ocultar.
No fue orgullo. No fue juicio. No fue dureza.
Fue el Espíritu Santo afinando tu vista y tu corazón.
“Pero el espiritual juzga todas las cosas; él no es juzgado de nadie.” — 1 Corintios 2:15
Cuando caminas con Dios, Él te enseña a ver más allá de las palabras, a sentir lo que no se dice, y a reconocer cuando algo no viene de Él, aunque tenga apariencia piadosa.
“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios." — 1 Juan 4:1
Tu discernimiento no es arrogancia.
Es protección.
Es respuesta a oración.
Es fruto de intimidad con Dios.
Algunos se alejarán cuando ya no puedan manipularte.
Otros se enojarán cuando ya no puedan confundirte.
Y algunos te llamarán “fría” cuando simplemente aprendiste a obedecer a Dios antes que a agradar personas.
“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” — 1 Samuel 16:7
No te disculpes por haber despertado.
No te encoges por haber madurado.
No apagues el discernimiento que Dios te dio para cuidar tu alma, tu llamado y tu paz.
Si tu luz incomoda, sigue brillando.
Si tu discernimiento revela, sigue obedeciendo.
Dios no te llamó a convivir con lo falso, sino a caminar en verdad.
“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” — Juan 8:32

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.