Un hombre que no para de calcular es un cobarde. Digo esto porque las suposiciones siempre tienen una relación con las ideas de provecho y de perdida; el individuo que las hace está siempre preocupado por las nociones de ganancia o de perdida. Esto es cobardía.
Del mismo modo, un hombre que ha recibido una buena educación puede camuflar, con su inteligencia y su elocuencia, su pusilanimidad o su estupidez, que son su verdadera naturaleza.
Mucha gente no se da cuenta.
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