A veces vienen de la misma familia.
Y aceptarlo duele… pero es verdad.
Hay críticas que lastiman más porque vienen de quien debería cuidarte.
Palabras que pesan más porque salen de bocas que comparten tu sangre.
Y en silencio uno se pregunta:
“¿Por qué alguien tan cercano quiere verme caer?”
La familia debería ser refugio, apoyo, abrazo seguro.
Pero no siempre lo es.
A veces se convierte en el lugar donde más duele estar.
No todos los lazos familiares son sanos.
Y no, no es tu obligación aguantar faltas de respeto solo porque dicen “somos familia”.
El amor no humilla.
El amor no envidia.
El amor no destruye.
Si alguien de tu familia te lastima, te minimiza o te apaga,
poner distancia no es traición…
es protección.
La verdadera familia es la que te respeta,
la que se alegra con tus logros,
la que no compite contigo,
la que no te hiere para sentirse superior.
No te sientas culpable por elegir tu paz.
Tu salud emocional vale más que cualquier apellido.
Recuerda esto:
La familia no siempre es sangre.
A veces es quien te cuida el corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.