Me aferraba con inmenso dolor a la vida que se me escapaba y se extinguía.
Entonces, de las lejanías azules, de las cimas de mi antigua bienaventuranza, vino un tembloroso fulgor.
Y súbitamente la atadura del nacimiento, la cadena de la Luz se rompió.
Desapareció el resplandor terrestre y con él el dolor.
La aflicción del cuerpo sólido quedó fundida dando paso a un mundo nuevo; tan sutil, que no puede ser explicado con palabras.
---Novalis---
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