El designio de ser felices que nos impone el principio del placer, es irrealizable; mas no por ellos debemos abandonar los esfuerzos para acercarnos a su realización (acercanos a la felicidad). Podemos adoptar distintos caminos anteponiendo el aspecto positivo de dicho fin: obtener placer, o el aspecto negativo: evitar el dolor; mas ninguno de estos recursos nos permitirá alcanzar cuanto anhelamos. La felicidad es un asunto de la economía libidinal (de los deseos) de cada individuo; entonces, ninguna regla al respecto vale para todos, cada cual debe buscar por sí mismo la manera en que se sienta feliz y así el camino a seguir será influido por diversos factores y todo dependerá de la satisfacción que espere del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse del mundo exterior, además de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo, según sus deseos.
El Malestar en la Cultura (Fragmento), S. Freud
Subrayado y oscurecido por MyriaM.
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